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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2019

Francia
Los "chalecos amarillos", un objeto social no identificado

Eduardo Febbro
Nueva Sociedad


Los chalecos amarillos sorprendieron a la derecha y a la izquierda y representan un fuerte cuestionamiento a las elites y al carcter casi monrquico de la toma de decisiones por el poder poltico francs. Adems, pusieron en cuestin la premisa de que el xito es solo posible en las ciudades y mediante la tecnologa y de que el resto no existe. Los gilets jaunes surgieron desde ese fondo que los medios y la tecnocultura liberal tornaron invisible o vagamente lejano y extico y llegaron al centro de la prosperidad y la abundancia parisina.

La secuencia de insurreccin social abierta a mediados de noviembre de 2018 por los chalecos amarillos sigue pesando sobre el mandato del presidente Emmanuel Macron. El Poder Ejecutivo francs apost por la extenuacin de este movimiento que surgi en octubre en las redes sociales Change.org, Facebook pero, en vez de dislocarse, los chalecos amarillos se afianzaron como voz legtima y terminaron abriendo una secuencia poltica y otra institucional que condicionan los pasos del gobierno.

La rebelda amarilla fue al principio una suerte de objeto social no identificado: la expansin y los orgenes sociales de sus protagonistas condujeron a los comentaristas a situarlos en una suerte de imaginaria Francia invisible. Sin embargo, esa Francia solo era invisible para las elites urbanas y tecnolgicas que asimilan con la periferia o la invisibilidad cualquier territorio que est fuera de sus barrios. Los gilets jaunes son, de hecho, el elemento narrativo autntico del gran relato engaoso de la globalizacin.

Desde sus periferias, a la vez suburbanas, rurales y perirrurales, los chalecos amarillos se lanzaron a la denuncia del mundo en el que todos vivimos: injusto, desigual, embaucador y lleno de castas que se protegen a s mismas sin la ms mnima nocin de cuerpo social. Constituyen todava un fenmeno extrao, atravesado por corrientes polticas que incluyen la extrema derecha y la extrema izquierda, el populismo y la brutal lucidez de quienes, con pocas palabras y un lenguaje rudo, ofrecen la caricatura ms feroz de las democracias liberales. Existen con una libertad que tampoco es comn: partidos polticos, sindicatos o asociaciones carecen de influencia sobre ellos.

A su manera repentina y sincera, los chalecos amarillos son la otra cara de la moneda global. All donde los otros movimientos sociales surgidos en Francia en los ltimos aos fracasaron, ellos llevaron con xito sus reclamos a la cima de la visibilidad y la aceptacin: 75% de la opinin pblica los respalda.

Resulta paradjico que el levantamiento social que ellos precipitaron haya nacido sin mediadores sospechosos en el territorio ms expuesto a las manipulaciones y las teoras complotistas: las redes sociales. El 10 de octubre de 2018, el camionero Eric Drouet abri la brecha en Facebook con una protesta contra el aumento del precio del gasoil decidido por el gobierno en el marco de la mal llamada poltica de transicin ecolgica. Una semana despus, una hipnoterapeuta, Jacline Mouraud, fustig en las redes la caza contra los automovilistas. Cuatro das ms tarde, en Change.org, una microempresaria de 30 aos, Priscilla Ludosky, emiti una peticin contra el aumento del gasoil. De inmediato, las adhesiones se multiplicaron a una velocidad digna de las redes virtuales.

Drouet acumul ms de un milln de adhesiones, Jacline Mouraud seis millones y medio y Priscilla Ludosky lleva ya tres millones. En diez das, se crearon casi 300 grupos de apoyo que totalizan ya ms de cinco millones de usuarios. Nadie los vio venir. Los bloqueos de rutas y los piquetes en las rotondas empezaron casi en el anonimato. El primero se llev a cabo el 17 de noviembre. Con esa metodologa, el movimiento inaugur una nueva fase de la lucha social.

A diferencia de movimientos como los indignados en Espaa, Occupy Wall Street en Estados Unidos o la Plaza Tahrir en Egipto, el espontneo grupo francs no convoc a ocupar un lugar central de la capital sino todo el territorio nacional. Ms tarde se produciran manifestaciones en Pars con, tambin esta vez, otro dato indito: la ocupacin y el saqueo de los barrios ricos de Pars, en particular el smbolo de la opulencia mundial que son los Campos Elseos o la Avenida Foch, una de las ms caras del mundo. Ni siquiera se intimidaron ante esa alegora nacional que es la Tumba del Soldado Desconocido instalada en el Arco de Triunfo: la llenaron de pintadas y la destruyeron parcialmente.

Desde entonces, en cada manifestacin de los sbados, los chalecos amarillos arremeten no solo contra los smbolos evidentes de riqueza, autos de lujo o comercios, sino contra los emblemas del Estado: edificios pblicos, municipalidades, paradas de buses, centros de estudios, bicicletas pblicas. Para ellos, el Estado es una casta al servicio de otra casta que est por encima cuyo propsito consiste en que paguen los de abajo para proteger a los de arriba. Queremos vivir, no sobrevivir, dice la frase que aparece a menudo pintada sobre los chalecos.

Su encono hacia el sistema no solo es irrenunciable sino sin lmites. Se enfrentaron reiteradamente a la polica a campo abierto, avanzaron para ocupar el palacio presidencial y, en una de las ltimas manifestaciones, se apoderaron de una gra de trabajos pblicos con la que derribaron las puertas del Ministerio de Relaciones Exteriores (5 de enero). Los diputados, los alcaldes y los consejeros municipales reciben decenas de insultos y amenazas, tanto como los medios de comunicacin. De lo pblico pasaron enseguida a la ofensiva privada. Uno de los lderes, Maxime Nicole, alias Fly Rider, hizo un llamado contra el sistema con una peticin simple. En su pgina de Facebook escribi: En vez de ir a la calle, vayan al banco de su pueblo, retiren el dinero. Y si hay 20 millones de personas que sacan su plata, el sistema se hunde. Sin sangre, sin armas, sin nada.

La revuelta inicial se fue transformando en apenas un mes. Al principio, la protesta se articul en torno de la decisin del gobierno de equiparar el precio del gasoil con el de la gasolina comn para empujar hacia abajo el consumo del gasoil, que es un combustible mucho ms contaminante. Pero esa medida sac a la luz varias heridas. La primera: esa Francia semirrural organiza su vida en torno del automvil. Los chalecos amarillos pertenecen a una generacin que se fue de las ciudades y sus alrededores prcticamente expulsada por la especulacin inmobiliaria. Se fueron instalando en zonas semirrurales al mismo tiempo que el Estado desmantelaba los servicios: desaparecieron las oficinas de correos, las guarderas, las escuelas, los hospitales, las sucursales bancarias, y hasta cerraron muchas estaciones de trenes.

Hace falta recorrer ms de 100 kilmetros por da para ir a trabajar, y otros tantos para llevar y traer los nios al colegio. Los gilets jaunes sintieron que ese presidente que haba inaugurado su mandato en 2017 con un gigantesco regalo a los ricos, la modificacin generosa del impuesto a las grandes fortunas, los castigaba exclusivamente a ellos trasladando a sus monederos el tributo de la ecologa: los ricos pagan menos impuestos, las industrias contaminantes no aportan nada y ellos deben poner ms y ms de sus bolsillos. Esa poltica ecolgica justific el apodo que retrat a Macron apenas lleg al poder: el de presidente de los ricos.

A lo largo de un mes de lucha, los chalecos amarillos demostraron el perfil desigual de las polticas del Estado, sancionaron el liberalismo a ultranza del modelo de desarrollo promovido por la Unin Europea, estampillaron el fracaso francs de esa poltica y restauraron el tan utilizado concepto de soberana popular. Sin ideologas ni retricas sindicales. La Francia de los desiertos asalt las intersecciones que los comunican, las rotondas, y luego march hacia la capital. La segunda herida que qued en evidencia es el subdesarrollo del mundo suburbano o rural, su falta de oportunidades profesionales y su aislamiento social. La modernidad instal la mentira segn la cual el xito es solo posible en las ciudades y mediante la tecnologa. El resto no existe. Los chalecos amarillos surgieron desde ese fondo que los medios y la tecnocultura liberal tornaron invisible o vagamente lejano y extico.

Esa secuencia social se transform poco a poco en secuencia poltica. Los partidos, desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, no tenan ni ideas ni respuesta para el movimiento francs. As, la modesta demanda del comienzo se ampli hacia una exigencia poltica de justicia fiscal, transformacin del reparto de las riquezas, aumento de los salarios, mejora del poder adquisitivo, reformulacin global de un sistema depredador que sacrifica el bienestar de una mayora en beneficio de una minora. Aqu deca un gilet jaune en una rotonda hay mucha gente que tiene que elegir entre comer bien y pasar fro porque no les alcanza la plata para la calefaccin, o estar calefaccionada y pasar hambre.

La tercera secuencia que abri el movimiento es la institucional: puso en tela de juicio el carcter casi monrquico de la toma de decisiones por el poder poltico francs y plante otro esquema. Los chalecos amarillos presentaron una lista de 42 reivindicaciones o directivas del pueblo en la que entran reclamos a favor del poder adquisitivo, los impuestos, la inmigracin o la reforma de las instituciones. La clave de ese cambio sera una reforma de la Constitucin para introducir el llamado referndum de iniciativa ciudadana (RIC). Esta herramienta tendra como objeto dejar en manos del pueblo las decisiones que le conciernen. El RIC, por ejemplo, podra funcionar para suprimir una ley injusta o revocar el mandato de un representante.

Los chalecos amarillos introdujeron en el debate social, poltico e institucional variables que estaban anestesiadas por la masiva promocin de un modelo de desarrollo presentado como la nica posibilidad de existir. El movimiento francs parece decir aqu tambin hay gente, y no vamos a ser nosotros quienes nos quedemos fuera de la historia ni tampoco quienes asumamos, solos, el costo de las transformaciones en curso. La historia est llena de invitados sorpresa. Los chalecos amarillos llegaron desde una aparente y lejana galaxia social. Se instalaron en el corazn de la mecnica liberal para impugnar, a menudo con una violencia sin reparos, la vorgine de una economa esclava de los privilegiados, del crecimiento y de los beneficios.

En un operativo represivo sin precedentes, el gobierno de Macron moviliz a miles y miles de policas y gendarmes, procedi a cientos de arrestos preventivos y a detenciones arbitrarias. Nada alter la conviccin de esa Francia invisible. Los nuevos lderes sociales franceses se forjaron en estas semanas de luchas: una microempresaria, un camionero y un trabajador intermitente son los abanderados de la combatividad social. Irreverentes o insolentes, hasta ahora, los chalecos amarillos sobrevivieron a los intentos de colonizacin poltica, tanto de la extrema derecha de Marine Le Pen como de la izquierda radical de Jean-Luc Mlenchon.

Como lo expres hace unos das la lder Priscilla Ludosky, este es un movimiento del pueblo, es decir, que pertenece a todos y a nadie. La burguesa francesa vio la autenticidad del peligro. Varias empresas pagaron primas y suplementos en los salarios de fin de ao. La secuencia amarilla sigue abierta. La monarqua liberal no la tena en sus previsiones. Corre asustada entre los ndices de las bolsas y un renovado arsenal represivo. El Estado exhibe sus msculos al mismo tiempo que su impotencia, su irrecuperable ceguera social. No sabe cmo desarticularlos. Ya es demasiado tarde. Los chalecos amarillos son una innovacin en la expresin de la injusticia: salieron a denunciar el virus social recurrente que cada da se traga la riqueza de las sociedades del mundo.


Eduardo Febbro es periodista. Es corresponsal en Francia del diario Pgina/12. Fue responsable de redaccin en Radio Francia Internacional.

Fuente original: http://nuso.org/



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