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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-01-2019

La tragedia en Tlalhuelilpan y la opinocracia

Sebastin Liera
Rebelin


Algo delicado y peligroso est pasando tras la lamentable tragedia en Tlalhuelilpan, Hidalgo: en las llamadas redes sociales, el linchamiento opincrata, que se ha vuelto pan de todos los das, est pasando de su inicial deshumanizacin al juzgar a las vctimas fsicas, mortales y no, de la explosin del ducto de gasolina, y ha comenzado a manejar un discurso de descalificacin de la defensa y promocin de los derechos humanos mientras, en correspondencia, hace apologa de la militarizacin. Unas opiniones acusan a una oposicin "progresista" (el entrecomillado es suyo) de manifestarse en contra de la militarizacin del pas, pero de exigir en el caso de Tlalhuelilpan que el ejrcito detuviera a quienes desesperados tomaban la gasolina que sala del ducto robndola. Otras, aseguran que si el ejrcito hubiera actuado a tiempo estas personas no hubieran resultado muertas y/o heridas, pero que de ser as las organizaciones defensoras de derechos humanos hubieran dicho que eso implicaba una violacin a los mismos derechos.

En el primer caso asoma una especie de burla por, como me dijeron por ah, "inconsistencia ideolgica", que concluye que lo mejor es dejar de rechazar la militarizacin del pas; en el segundo caso, adems de reafirmar que el ejrcito debi de haber intervenido para impedir el robo de la gasolina, se adelanta un juicio de descalificacin de quienes seguramente diran desde la sociedad civil,que podra haberse hecho de otra forma: quienes defienden los derechos humanos.

El inters de desacreditar a quienes se oponen desde las izquierdas al proyecto de pas lopezobradorista y de quienes pretenden desacreditar a lxs defensorxs de los derechos humanos es el mismo: allanar el paso a la militarizacin. Las razones detrs de esos inters parecen ser diversas: desde quien habla desde la desesperacin de sentirse indefenso en un pas que se ha cado a pedazos en manos de los capitalistas neoliberales (y por ende criminales) que antecedieron a AMLO en el poder de arriba, hasta quin lo hace porque de suyo siempre ha pensado que lo mejor para una sociedad es acotar las libertades a su mnima expresin y que se erija un imperio de orden, y, en medio, un gran abanico.

El espectro ideolgico (y poltico) de quienes de una u otra manera estn pidiendo al ejrcito en las calles y el silencio de la sociedad civil que exige un alto a la militarizacin va desde quienes habiendo militado en alguna expresin de las izquierdas ahora han perdido el pensamiento crtico y apoyan ciegamente cualquier iniciativa del gobierno lopezobradorista, as estas sean las mismas e igualmente lesivas que las que implementaron las administraciones, insisto: criminales, anteriores, hasta quienes caminan las derechas ms neofascistas y extractivistas, y ren como hienas salivando en tanto ven al pas arder en llamas literalmente.

Detrs de la tragedia en Tlalhuelilpan hay una cadena de corrupcin que pasa por el crimen organizado, valga la redundancia, prista incrustado en Pemex con la complicidad de quienes han sido y, gracias a la amnista de facto lopezobradorista, an son gobierno. Como jefe del Ejecutivo federal, AMLO est obligado a dejar de lado su discurso y su actuar de conciliacin con los grandes delincuentes que han saqueado, explotado, burlado y ensangrentado el pas (muchos de ellos, asesores y/o colaboradores suyos), y, ahora, aprobado con su partido la continuidad de la militarizacin del pas.

Lo ocurrido en Tlalhuelilpan es un crimen, no un accidente, y los responsables de este crimen siguen en Pemex, en la cpula charra del sindicato de trabajadores de Pemex o han encontrado curules y puestos en el gobierno de la llamada "4a. Transformacin"; si AMLO quiere dar muestras de que en verdad pretende acabar con la corrupcin que, hemos visto, es criminal, debe solicitar al poder Judicial el inicio de las investigaciones correspondientes en el deslinde de responsabilidades, lleguen estas hasta donde lleguen; al poder Legislativo, que ofrezca el marco legal para que quienes resulten responsables de estos crmenes sean llevados a la justicia, y, como Ejecutivo, mandar obedeciendo y no impedir con su discurso moralista que se haga justicia. se es el AMLO que quienes votaron por l siendo de izquierdas esperan ver: el que jur acabar con la corrupcin y poner coto al crimen organizado.

Usar el ejrcito? Lo ocurrido en Tlalhuelilpan demuestra que el ejrcito no sabe qu hacer en estos casos; lo suyo no es la contencin, sino el exterminio, la aniquilacin; para eso estn formados y entrenados nuestros militares (s, nuestros); el ejrcito debe regresar a los cuarteles y como pas estamos obligados a abrir una discusin muy seria y rigurosa sobre lo que tenemos que hacer para acabar con el crimen organizado, que, dicho sea de paso, tiene como caldo de cultivo un modo de produccin econmica criminal que no solo lo cobija: lo cre.

se modo de produccin econmica est en la raz del problema; sin acabar con l, no se podr pensar que existen otras formas para vivir que no sea la petrolizacin de nuestras vidas; sin acabar con l, no se podr imaginar que esas formas "limpias" no estn por encima del derecho a la alimentacin y el respeto a los pueblos originarios; sin acabar con l, no se podr acorralar a la red criminal de quienes se enriquecen a gran escala con el robo de combustible, porque son los principales socios y accionistas beneficiados por este modo; sin acabar con l, no se pondr fin a la corrupcin de quienes son cmplices de estos criminales en la clase poltica y el servicio pblico; sin acabar con l, no sern menos la deshumanizacin y la estulticia de quienes terminan defendiendo lo indefendible porque estn desesperados de tanta burla y muerte; sin acabar con l, no habr fin a la ignorancia de quienes seguirn perdiendo la vida, legal o ilegalmente, como vctimas y carne de can de se mismo modo de produccin, desesperados tambin, por todas las formas de miseria.

se modo de produccin econmica criminal se llama capitalismo y si el seor presidente decide seguirle dando continuidad y, adems, alentar a las voces que le secundan en la militarizacin del pas y en el descrdito a la prensa y la sociedad civil organizada que disiente de su proyecto de pas por razones anticapitalistas (que son muy diferentes a quienes lo quieren ver fracasar porque quieren la gerencia de Mxico, S.A. para ellxs, los criminales de siempre); el seor presidente y quienes le aplaudan de los 30 millones que votaron por l, sern igualmente unos criminales.

Notas:

1. No ser fcil, quizs sea hasta imposible: revertir 90 aos de cochinero desde la creacin del PNR por Calles no parece una tarea nada fcil; pero, puede comenzarse a hacer: no con leyes punitivas, no con militarizacin, mucho menos con choremas moralistas as hayan sido escritos por Alfonso Reyes; sino dejando de aliarse con quienes han sido los criminales de siempre, dejando de protegerlos, dejando de callar ante sus crmenes y componendas en todas (todas) sus formas. No se pretende que se deshaga en seis aos la red criminal y la ruptura de un entramado social que se ha construido, la primera, y roto, el segundo, sistemticamente en nueve dcadas. No somos ingenuos. La exigencia es de poner fin a la impunidad, y no hay un solo gesto hasta ahora en se sentido.

2. De sobra est decir que yo no espero que un capitalista encare al sistema del que es producto; pero, se es otro tema.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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