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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 22-01-2019

De conservador a facha, o como ser lo que no se aparenta

Jorge Alczar
Rebelin


Antes que nada, quiero advertir al posible lector de este artculo que si busca objetividad, imparcialidad, diplomacia o mesura en las sucesivas lneas que lo componen, hara bien en dejar inmediatamente de leer para dedicarse a otros menesteres. Lo que ms abajo expondr pretende prescindir de cualquier tipo de actitud conciliadora o moderada. Vaya por tanto la subjetividad de este que escribe por delante para que nadie se rasgue las vestiduras o ponga el grito en el cielo por el celo y la perspectiva con que el autor aborda el tema, pues este persigue reconocerse a s mismo y a sus intereses frente a los de esa derecha y sus gentes a los que quiere derribar, vencer y borrar.

De un tiempo a esta parte asisto a debates y conversaciones que hace no mucho tiempo me pareca inverosmil que se pudieran mantener, al menos en los crculos comunes en los que un simple mortal como yo se mueve y en los trminos en que se producen. Trabajo, familia, amigos o mercado se han convertido hoy en lugares en los que ya se habla abiertamente y sin rubor sobre inmigracin, derechos laborales, feminismo o economa, por citar algunos temas, en trminos involutivos. As, aquel que nunca haba abierto la boca o que de puntillas pasaba por tales temas aduciendo su desinters, diplomacia o falta de opinin, hoy resulta mostrar una postura frrea de la que hace alarde defendiendo la supresin de la Ley de Violencia de Gnero, la deportacin de inmigrantes, el endurecimiento de las polticas migratorias (perdn por el eufemismo), la defensa de lo privado frente a lo pblico o la importancia y necesidad de la Iglesia Catlica, comprando fervientemente el todo por la parte. Pareciera como si de buenas a primeras la derecha hubiera conseguido en tan corto espacio de tiempo (apenas unos pocos aos) educar y adoctrinar en su ideario a toda esa masa amorfa que hoy rebuzna con total desparpajo tropelas que creamos superadas. Desafortunadamente, la experiencia nos muestra lo contrario. El espaolito facha ha vuelto, la derecha rancia revive, y los seoritos con o sin cortijo de nuevo pasean la plaza con la chulera y el desdn que siempre los caracteriz.

Pero que hayan vuelto, revivan o paseen de nuevo no significa que se fueron o que dejaron de estar. Estos, y no slo hablo por los voxtantes, siempre estuvieron con nosotros y entre nosotros. Vestidos de moderados, conservadores o centristas, hicieron sus vidas confundidos en la maleza, camuflndose al calor de las mayoras que se imponan y alzando la voz slo para reivindicar lo que negaron o prohibieron poco tiempo atrs. Aunque se den palmadas en el pecho al defender la Constitucin o la Democracia y hagan gala verbal del respeto hacia los Derechos Humanos, de los trabajadores o de las mujeres, esta derecha siempre es y ser lo que fue. Conviviendo con el miedo del que se siente a disgusto ante una mayora con la que no puede, ideolgica o materialmente, compartir nada, pero de la que depende su coexistencia, tuvieron que tragar a regaadientes con lo que se les daba, acechantes a cualquier cambio en los tiempos. Y los tiempos han cambiado. Cada crisis econmica viene precedida por una crisis sistmica que afecta en su raz a la sociedad, a sus instituciones y a las relaciones que en esta se producen. Por ello, hablar de crisis econmica en abstracto es absurdo, como lo es la concepcin pura y casta de la Virgen Mara o la banderita espaola como solucin a nuestros males, por mucho que guste y por muchos devotos que desfilen tras la imagen, pues la imagen es un trozo de madera o de tela made in China, ninguna Mara fue virgen, y la crisis econmica fue el mito que tap las crisis sistmicas que asolan a Europa y a su sur, Espaa. As, en plena crisis de sistema y de identidad, parece que la polarizacin derechizante est en camino, viento en popa y a toda vela.

Pero nuestra sociedad estaba ya de viejo enferma, viciada por un franquismo galopante, un tardofranquismo resucitado y una monarqua lampante que la correlacin de fuerzas favorable no pudo erradicar de raz por la traicin socialdemcrata, que a su vez contribuy con toda su plyade de arribistas y mercenarios ideolgicos a este cctel putrefacto, dejando un caldo de cultivo propicio para el crecimiento de estas malas yerbas. Y ahora, cuanto ms ignorante, cuanto ms miserable y simple el argumento, cuanto ms visceral la argucia, mayor grado de impacto y mayor poder de seduccin poseen estas para transformar al pequeo burgus aptico, tmido y reprimido, que as mismo se llama moderado, apoltico o conservador, en un derechn de rancia capa. Lo que fue potencia se convierte en producto evolucionado. No nos engaemos, pues con las mismas fuerzas con que este abraz unos ideales ayer, con el mismo pudor con el que hoy todava tapa a media voz las vergenzas de su ralea, maana demandar y justificar un Franco, un Mussolini o un Hitler, sealar con el dedo a su enemigo y aplaudir o silenciar crceles, censura, presos y campos de concentracin, atropellando con complicidad aquello que tanto cost conquistar. Su concepcin del mundo se encierra entre cuatro hueras paredes: nacionalismo, catolicismo, clasismo y conservadurismo, todo ello pobremente amueblado con la espuma del odio y de la inquina que le dan el sentirse superior. Da igual que tenga cortijo o viva de alquiler, da igual que sea parado, simple currela o hacendado, da igual que su hija trabaje y viva en un suburbio de Londres o en la empresa de pap. Slo en ese reducido y miserable espacio se desenvuelve con soltura. Y ya se reconoce con sus iguales, entendindose ms y ms fuerte con la fuerza que le da su identidad nacional, su bandera, su estatus, su pas. No importan las incongruencias, porque en su planteamiento -que ni siquiera es de clase, pobre de l- cualquier atisbo de razn o lgica que se oponga al soniquete machacn que le suena, deben aniquilarse. Y como digo son muchos, muchos ms de los voxtantes radicales, pues tambin son los populares conservadores, los ciudadanos centristas, los moderados apticos quienes demandan estar a la altura del discurso, necesitan demostrar que ellos aman y representan a Espaa ms que nadie, pues de ese molde sale el espaol de una pieza; que son duros como la piedra frente al inmigrante, que ya no es ser humano sino invasor; necesitan empuar la espada de la tradicin, las costumbres, el macho y la familia y a la mujer en su casa, como Dios manda, coo!; deben ensalzar y gloriar el catolicismo, los toros y la caza, la economa especulativa, al seorito y su cortijo, a las inmensas fortunas, a la gran industria y sus industriales, a la gran banca y sus banqueros, a las desigualdades, porque siempre hubo clases oiga, y el muy espaol, mucho espaol. Y todo esto frente al comunista quema iglesias y viola mujeres, frente al bolchevique Satans, con el cuchillo todava hoy entre los dientes pero ya presto a blandirlo.

As, que nadie se engae ni lleve o pretenda llevar a engao a nadie. Quien hoy defiende, ampara o justifica ese ideario, quien hoy se polariza bajo ese grito, quien se llama conservador, moderado, centrista o cualquier otra zarandaja eufemstica, quien acude con ese voto (oxmoron democrtico) txico a las urnas, quien se arropa al calor de los miserables que propalan la injusticia, la desigualdad y el odio en defensa de la patria y de Dios, ayer fue franquista redomado, silente o hablante, activo o pasivo, por omisin o por accin, para volver a mostrarse hoy derechn en vas de fascista, arcilla de nazis y franquistas, sedimento del peor trozo de historia reciente. Por ello, mientras el enemigo se arma, mientras se ensancha y expande, ms necesario que nunca es nuestra polarizacin al otro lado de la trinchera, ms necesaria nuestra capacidad de organizarnos y hacer masa, nuestro valor de resistir para golpear y aniquilar, pues de ah depender nuestra supervivencia futura. Ha llegado el momento pues de alinearse: o conmigo o contra m. Que cada uno ocupe su lugar y a por ellos. A galopar hasta enterrarlos en el mar.

Jorge Alczar. Colectivo Prometeo

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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