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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2019

Chalecos amarillos, prembulo de una crisis ecosocial global

Jos Bautista
La Marea

Es probable que la rabia que expresa la poblacin francesa no sea ms que un sntoma visible de la inminente crisis ecolgica y social global que se avecina, reflexiona Jos Bautista.


Chalecos amarillos, prembulo de una crisis ecosocial global

Protesta de los chalecos amarillos en la Plaza de la Repblica en Pars. STEPHANE MAHE / REUTERS 

 

Quines son exactamente los chalecos amarillos? A qu se debe su irrupcin y la violencia desproporcionada que tiene lugar en buena parte del pas? La prensa internacional vuelve a poner el foco en Francia, uno de los pases ms estereotipados del mundo. Las dudas abundan, pero hay varias cosas claras: el movimiento de los chalecos amarillos naci tras la decisin del gobierno de aumentar los impuestos a los carburantes (no solo al disel), se caracteriza por ser heterogneo, apartidista, lquido, autoorganizado e impredecible, y es percibido con simpata por ms del 70% de la poblacin, segn las ltimas encuestas. La mayora de sus integrantes son personas blancas, de mediana edad, procedentes de zonas perifricas y rurales .

Los gilets jaunes o chalecos amarillos han logrado incluso cortar los Campos Elseos y tomar el Arco del Triunfo. Esta accin tiene una importante carga simblica: Napolen, el gran lder de la Francia posrevolucionaria, haba concebido avenidas amplias y grandiosas para, entre otras cosas, dificultar que las protestas bloquearan el trnsito de la capital francesa. La revolucin y sus herencias parecen cada vez ms obsoletas. Qu hay de transgresor en este nuevo movimiento?

La aparicin de los chalecos amarillos est generando amplios debates sobre su orientacin ideolgica (Le Pen y Mlenchon son los dos favoritos en este movimiento, con el apoyo de 4 y 2 de cada 10 chalecos amarillos respectivamente, segn Elabe), el rol de las redes sociales y los bulos en la propagacin de la ira , y el liderazgo improvisador de Macron. Rafael Poch, cronista privilegiado y de mirada larga, descarta una posible insurreccin francesa porque las banlieues o periferias empobrecidas, conflictivas y de origen migrante estn ausentes . Sin embargo, hay una discusin subyacente que tambin toma fuerza y resulta cuanto menos interesante: Francia parece estar viviendo la precuela de una lucha que ana justicia social y lucha contra el cambio climtico, un fenmeno que pronto podra extenderse a otros pases, entre ellos Espaa. Vayamos por partes.

La raz del asunto

Macron decidi subir el precio de los carburantes y aquello fue la gota que colm un vaso que ya estaba lleno: volvan a pagar los de siempre, los que ms sufrieron recortes sociales , servicios pblicos mermados, reduccin de impuestos a las grandes fortunas (una de las primeras decisiones del presidente al llegar al Elseo), precarizacin del trabajo, desigualdad en aumento en el pas de la egalit . Pero para entender el desbordamiento del vaso hay que mirar ms atrs: hoy se cosecha la ira sembrada por la desindustrializacin de Francia en las dcadas anteriores, el centralismo del Estado (Pars, Pars, Pars), la precarizacin del empleo y el abandono del mundo rural y las zonas perifricas, grandes vctimas de la deslocalizacin de fbricas y las polticas implantadas desde Pars (lo analiza con precisin quirrgica Christophe Guilluy en La Francia Perifrica ).

El gegrafo Roger Brunet habla de la diagonal del vaco para referirse a la franja que va desde el noreste al suroeste, un territorio en proceso de despoblacin y con las tasas de desempleo ms altas de Francia. All es donde explot y se hizo fuerte el movimiento de los chalecos amarillos. Por qu? Porque los factores que llenaron y desbordaron el vaso retumban all con ms fuerza. En las zonas rurales, con ciudades pequeas y medianas, el coche es prcticamente imprescindible para ir al sper o a la estacin de tren ms cercana. La violencia extrema de la polica, habitual en entornos urbanos pero no tanto fuera de ellos, apuntal la indignacin de los chalecos amarillos. Los enfrentamientos con las autoridades y con otros ciudadanos ya han causado seis muertos, ms que en el reciente atentado de Estrasburgo.

He ah el quid de la cuestin: es imperativo combatir el cambio climtico y, por tanto, es imprescindible subir el precio de los carburantes y concebirlos como un combustible del pasado, le pese a quien le pese. Pero cuando esta responsabilidad solo recae en una parte de la sociedad la misma que padece la austeridad, los recortes y la precarizacin, aparecen grandes fricciones, la ciudadana pierde la confianza en sus representantes y los partidos ultraderechistas engordan. Macron lleg a ser la personificacin de la esperanza en Europa, pero su gestin de esta crisis demuestra que no ha entendido el reto. La violencia policial, que ha dejado miles de detenciones y personas heridas (entre ellas, periodistas), no hace ms que agitar una olla a presin que pide a voces vlvulas de escape, no golpes. Una de las imgenes que estas movilizaciones dejan para la posteridad es la de los estudiantes de instituto arrodillados y custodiados por la polica (haba 151 estudiantes detenidos, segn los medios franceses). Qu paradoja que la escena se viviera en Mantes-la-Jolie, periferia de la periferia de Pars, ejemplo poblacin deprimida y despoblada de Francia en la que las fachadas todava reflejan trazas de un pasado prspero de fbricas abiertas y bares repletos.

Punto de inflexin

Macron improvisa. Est demasiado lejos de la realidad del francs de a pie para entender la rabia que expresan las calles. Primero dio marcha atrs en la subida del precio de los carburantes (se estimaba una recaudacin anual de 33.000 millones de euros, de los que solo 7.000 millones seran revertidos en asuntos sociales). Despus, viendo que la violencia no cesaba, apareci en televisin 23 millones de espectadores para anunciar cuatro medidas: otorgar 100 euros extra a quienes cobran el salario mnimo (nota demaggica: Macron gastaba ms de 8.000 euros al mes en su maquillador personal), anular el alza de las cotizaciones para pensiones bajas, y eliminar impuestos a las horas extra y a las bonificaciones que voluntariamente los empresarios dan a sus plantillas. Dos de estas medidas tienen trampa (estn supeditadas a la voluntad del empresario), mientras que la ayuda complementaria al salario mnimo parece ms una decisin publicitaria o que pretende dividir: de los casi 70 millones de habitantes que tiene Francia, solo 1,8 millones percibe la remuneracin mnima y, en todo caso, ya estaba prevista una subida de 30 euros. Por si fuera poco, todo esto aumentar el gasto pblico. Macron puede permitrselo porque, a diferencia de Italia, Bruselas no le puede levantar la voz a Francia si se salta el objetivo de dficit (es el pas europeo que ms incumple este objetivo: 11 veces desde 1999). En resumen: respuestas cortoplacistas y superficiales por parte del Gobierno y la sociedad ante problemas que afectan a la mdula de la nacin y al gran desafo del siglo XXI.

Es probable que la rabia que expresa la poblacin francesa no sea ms que un sntoma visible de la inminente crisis ecolgica y social global que se avecina. Tambin es reflejo del individualismo que nos mueve: ni la crisis de las personas refugiadas, ni el trato favorable de Francia hacia regmenes autoritarios o su intervencin en guerras lejanas produjeron niveles de indignacin como los que se ven ahora ante una medida que afecta directamente al bolsillo de los ciudadanos. Pero tambin hay espacio para el optimismo . Por un lado, los chalecos amarillos revelan que hay vida ms all de sindicatos y partidos. Por otro, es la primera vez que en la Cumbre del Clima celebrada en Polonia (la llamada COP24), los representantes gubernamentales han hecho referencias constantes a los chalecos amarillos y la necesidad de acordar una transicin ecolgica justa para los trabajadores y trabajadoras. El eurodiputado espaol de origen francs Florent Marcellesi asegura que estamos ante una oportunidad para construir una transicin, pero esta solo puede ser justa y no dejar a nadie atrs. La ltima encuesta Ipsos divulgada antes del cierre de esta edicin tambin arroja un halo de esperanza: los Verdes aumentan del 9% al 14% en intencin de voto entre los franceses de cara a las elecciones europeas.

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Fuente: https://www.lamarea.com/2019/01/19/chalecos-amarillos-preambulo-de-una-crisis-ecosocial-global/

 



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