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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 23-01-2019

La novela Cuba

Ailynn Torres Santana
OnCuba

Si te hablan del pas que corre por tus venas, y no lo reconoces, perdiste la patria?


A veces pienso que me fui. Pero no me he ido. Al menos no del todo. Me he quedado, por ratos ntegramente. Y a veces solo en cuerpo, mientras el resto de m est en otros lugares. O he tenido el cuerpo por cualquier sitio, pero he estado aqu. Algunas partes mas s se han ido y no han regresado ms.

Le pasa a mucha gente. No solo a nacidos en Cuba. Les pasa a nueve de cada diez personas que son o han sido migrantes; as sea por un tiempo, as no se sientan del todo migrantes, as hayan soado con migrar o as estn convencidos que ese fue el mejor camino, o el nico posible.

Lo que no le pasa a cualquiera es el extraamiento respecto al punto de partida. Si te hablan del pas que corre por tus venas y no lo reconoces, perdiste la patria?

La mirada sobre Cuba est capturada por el fatalismo de los polos. Odias o amas, amigo o enemigo, dentro o fuera, conmigo o contra m, Cuba inmaculada o Cuba podrida.

Ese esquema polar es polticamente interesado, y esto no es necesariamente evitable o indeseable. La poltica nos atraviesa, nos constituye a todos, a todas. La ilusin de ser apoltico es el mejor logro de la poltica anti-democrtica.

Entonces, s, la polarizacin sobre Cuba es poltica. Tanto como la falsamente antipoltica ilusin del sueo americano, o que Europa es algn punto de llegada y que en Amrica Latina no hemos trabajado lo suficiente para merecerlo. Y, en ms ocasiones de las que una quisiera, la poltica se construye como una cuestin polar. Cuando cada polo se narra como si fuera toda la realidad, resulta una ficcin: la novela-Cuba, por ejemplo.

La realidad de Cuba no es polar, las novelas-Cuba s lo son. La realidad es torcida, compleja, imposible de atrapar en una tesis nica. Cuba es real. Pero la novela-Cuba no, o no del todo.

La primera novela-Cuba que conoc fue la del Noticiero Nacional de la televisin estatal. Pero la mayor conciencia al respecto lleg luego. Mi interlocutor era un hombre muy joven, como yo. Tena la mirada lmpida y era polticamente honesto. Nos conocimos en otro lugar de Amrica Latina. l haba estado en Cuba, en una brigada de solidaridad. Haba hecho trabajo voluntario en un policlnico y en un crculo infantil. Casi no conoca La Habana, porque prefera la Cuba profunda. Me hablaba de mi pas con una fascinacin que llegu a envidiarle. Yo, que crea que era la que ms amaba, no poda entender aquel amor sublime, incondicional. Y, a la vez, no poda ni suscribir ni desmentir lo que me deca aquella persona sobre mi propio suelo.

Cuando la novela-Cuba la narra alguien cuyas visiones polticas no comparto, el extraamiento se explica con facilidad: obviamente no me reconozco en su novela, miramos pases distintos; esta persona piensa que el mundo cabe en su biografa; no tiene en cuenta que para que ella tenga lo que tiene, hace falta que muchos no tengan absolutamente nada; cree que Amrica Latina es violenta porque la gente es pobre, o que es pobre porque la gente es violenta; piensa que la libertad es poder hacer lo que cada quien quiera; entiende que el machismo es culpa de las mujeres y que el racismo es culpa de los negros. Yo no. Entonces vemos Cubas distintas, como veramos puestas de sol distintas aunque estuviramos rozando los codos.

Pero si con quien habla comparto visin del mundo, aspiraciones de futuro, sentido de justicia, entonces mi extraamiento de su novela-Cuba es ms difcil de procesar.

Una parte de las izquierdas honestas del mundo (dejo fuera a quienes se disfrazan de eso para provecho propio) construyen otra novela-Cuba. En ella, Cuba es impoluta, solo ilumina, solo ensea, solo esperanza, solo celebra, solo padece lo que otros la hacen padecer, pero nunca se autolacera. En esa Cuba solo se respira aire limpio y el vicio es exterior y quien lo asuma, huye o se le expulsa.

Esa Cuba yo no la reconozco. Nunca he vivido all. Nunca la he visto, ni tengo registro de que exista. La narran para m, pero no soy parte.

Qu hago con esa narracin?

Me tom algo de vida entender que toda lucha necesita un horizonte y que, en la madeja, siempre es mejor tener brjula. Si esa brjula tiene nombre propio, es ms cierto el horizonte. Y optar por un horizonte supone elegir equivocarse con l, hasta las ltimas consecuencias. Para una parte de las izquierdas honestas del mundo, esa brjula se llama Cuba.

Una vez comprendido eso, una se pregunta si es sabio arrancarle alguna pgina a esa novela o hacerle alguna tachadura. Quin soy yo, despus de todo, para destrozar un referente, catalizar una duda cuando ya hay tanto por hacer en el mundo? Tengo ese derecho?

S, tengo ese derecho.

La Cuba narrada por quienes necesitan una brjula de justicia, puede ser el abismo de la Cuba real. Y puede serlo porque no permite ver que en la Cuba real tambin hay injusticia y no solo viene de fuera. No solo acoge, tambin expulsa. Necesita sacudidas, zarandeos. La Cuba real tiene su propia fbrica de poluciones y ahoga a veces. Es un memorando de lo difcil de encontrar una brjula y un horizonte, y sobrevive a su propia crisis y a las impuestas.

La Cuba real tambin es la de su gente, dentro y fuera: la que inspir a tantos. Es el coro, tan diverso como en todos los pases. La Cuba real no es tan excepcional como nos narran en las novelas-Cuba. Es la que estamos escribiendo, todos, todas, con caligrafa imperfecta, la que a veces no dejan escribir desde los poderes de dentro y de fuera, la que persistimos en escribir.

La brjula de la Cuba impoluta es mi perdicin; es la imposibilidad de construir una distinta, a muchas voces. Una Cuba que pertenece a todas las personas que, estando en cualquier sitio, permanecen dentro. Si no lo hacemos, perdemos la patria.

Fuente: http://oncubanews.com/cuba/la-novela-cuba/?fbclid=IwAR0V4TxSa37pJJEvj-gCUBtxJRxiCwPkCr_RMXZ5Th1RPwfjrppf5rycNoc



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