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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 24-01-2019

Derechos y dinero

Antonio Lorca Siero


Uno de los productos preferidos de la propaganda son los variados derechos otorgados a individuos y grupos como prueba de reconocimiento de su papel poltico y en definitiva para que los partidos ganen apoyos electorales entre las masas. La leyenda de los derechos vino con los inicios del imperio del dinero. Entonces estaban expuestos como dulces en un expositor y para saborearlos haba que comprar el producto. Con lo que, al principio, solamente los burgueses podan adquirir esos derechos dulces y gozar de sus virtudes. Despus, la perspectiva fue cambiando. Aunque los derechos seguan en el escaparate, ya no estaban solamente al alcance del burgus, casi todos podan comprarlos; primero, porque el progreso haba trado mejoras en la calidad de vida y avanzaba la llamada justicia social; segundo, su coste se redujo sensiblemente y, por otra parte, la capacidad econmica del ciudadano comn iba mejorando lentamente. De esta manera, los derechos ya no se consideraban artculo de lujo, sino que se abarataron hasta el punto de que casi eran gratuitos y cualquiera poda disfrutar de ellos, bastaba con invocarlos y ejercerlos.

Dado que finalmente los derechos en general acabaron por ofertarse gratuitamente, parece como si desde aquel momento se les hubiera privado de atractivo, porque ya corresponden a todos, con lo que la doctrina est abierta a mejorarlos y a ampliarlos. Hoy los derechos no solamente no tienen coste, puede decirse que han avanzado un paso ms. Por el hecho de estar aqu, se goza de innumerables ocurrencias jurdicas definidas como derechos de las personas y, en orden al perfeccionamiento, baste sealar la extrema proteccin que se les dispensa en algunos casos. Si se pretende ser realista, conviene tener en cuenta que para conservarlos en lnea con la sociedad moderna hay que operar siguiendo las normas marcadas por el capitalismo, fundamentalmente atendiendo fielmente a las reglas del mercado. Los derechos de los individuos, ya sean aisladamente considerados o agrupados para hacer ms fuerza en el proceso de diferenciacin social, se perfeccionan y refuerzan al ser econmicamente respaldados, es decir, hay que acompaarlos de dinero en efectivo metlico para darles sentido de realidad. Se reclaman derechos, de los que generalmente ya se goza a plenitud en las sociedades avanzadas, interpretando el asunto ms que como derecho en s, como derecho a partidas de dinero pblico. En realidad no se estn pidiendo el reconocimiento de determinados derechos, porque ya han sido consensuados, sino que se haga posible la diferenciacin de algunos individuos y colectivos. Pero no bastan las resoluciones al efecto, hay que consolidarlas en el lenguaje del dinero. Al que reclama su derecho, no es suficiente con decirle que lo tiene, dndole un poco de coba jurdico-poltica, hay que pagarle en moneda para que se sienta plenamente satisfecho, invirtiendo en l, obligando a otro a hacerlo o subvencionndole, porque de esta manera se reconoce su derecho al privilegio, como nueva forma de posesin de un derecho que atiende a la igualdad desde la desigualdad.

Habra que aadir que ciertos derechos en algunos casos son retribuidos econmicamente siempre que se muestren en lnea con la doctrina oficial; por ejemplo, los referidos a la forma de entender la igualdad, la libertad y hasta lo que es el honor. Se trata de derechos que se colocan en el expositor propagandstico que suelen entenderse como inofensivos para los ejercientes del poder y se consideran derechos amables. Por eso se despachan sin limitaciones, con ventajas aadidas para el usuario y se les da el mayor bombo posible, habida cuenta de su valor para el mercado electoral y la paz social. No obstante, hay otros derechos incmodos o menos amables para el gobernante, que se guardan a buen recaudo para que no estropeen la fiesta de la democracia representativa y se dispensan a cuentagotas con coste aadido para el usuario. Estos ltimos son aquellos que, referidos a los mismos temas del ejemplo igualdad, libertad, honor, en su desarrollo no siguen la ruta marcada por la citada doctrina dominante.

En el plano individual y preferentemente en el panorama grupal, el ejercicio de esos derechos inofensivos es una forma de diferenciacin a la que acuden las minoras frente al agobio de la masa, que de forma encubierta miran hacia el privilegio por parte de quienes reclaman enrgicamente el derecho a su derecho. Aunque los derechos para todos estn ah, como una realidad que flota en el ambiente y se asume plenamente, a los que demandan privilegios invocando la igualdad, la libertad o el honor, sin duda les resultan insuficientes para consolidar la distincin social a la que realmente aspiran. Se trata de ser reconocidos invocando la diferencia y haciendo del derecho comn un privilegio en su caso. En base a esta creencia, en el fondo de la cuestin ronda la idea en la resentida mente de los privilegiados de sentirse venerados por los dems, como si se trataran de un pequeo dolo singular. Este es el efecto indeseado de privilegiar algunos derechos.

As las cosas, al particular que siente herido su honor, se le debe de indemnizar. El grupo que encuentra agredida su diferencia, hay que pagarle para siga manteniendo su base diferencial con mucha dignidad en defensa de la igualdad. Al que asume la tarea de reclamar derechos ajenos cuya garanta correspondera al Estado, pero de lo que se suele escabullir desviando el asunto hacia la solidaridad organizada, hay que subvencionarle. Incluso los anticapitalistas de boquilla, que combaten al capitalismo pero van a por lo que todos desean, es decir, dinero para su propio bolsillo, tambin reclaman contribuciones pblicas para que puedan seguir combatiendo profesionalmente el poder y las desigualdades sociales que genera el dinero. As, apoyados en los derechos-dinero, las demandas avanzan hasta lo que permite la imaginacin del moderno emprendedor, que aprovecha la ocasin para explotar el negocio particular, si es posible a cuenta de lo pblico.

Por lo que parece, hay que tener claro que en cualquier sociedad capitalista avanzada muchas cosas se arreglan con dinero, de ah que para ser reales los derechos de los individuos tambin deban ser interpretados en clave de dinero. Y resulta que no hay verdaderos derechos si no se sostienen con dinero en efectivo amn de su pequea cuota de poder sobre los dems, porque los ciudadanos estn a lo que estn, habida cuenta de que su vida se mueve en la sociedad de consumo. Dado el auge que va tomando el asunto, habra que ir pensando que en algn momento tendr que constituirse en los Estados una sociedad mercantil pblica con el dinero estatal, que podra denominarse Derechos-Dinero S.A., cuyo objeto social sera repartir el dinero de todos entre los que se sienten afectados en esos derechos protegidos por la doctrina oficial. E incluso podran emitirse acciones, para que sus accionistas sean los portadores de esos derechos-dinero que debern ser materializados a travs de dividendos regulares en billetes de curso legal.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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