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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-01-2019

Razones para seguir leyendo a Marx

Salvador Lpez Arnal
Rebelin

Esquema de la intervencin del pasado 22 de enero, en el 118 aniversario del nacimiento de Antonio Gramsci, en el local de un Colectivo socialista barcelons


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No tengo pensamiento propio sobre Marx. No lo he ledo suficientemente. Me baso en lecturas de otros: Lenin, Lukcs, Gramsci, Althusser, Balibar, Albiac (en su tiempo marxista), Manuel Sacristn, Paco Fernndez Buey, Toni Domnech, Jorge Riechmann, Nstor Kohan, David Harvey, Mike Davis, Carlos Fernndez Liria, Luis Alegre Zahonero, Manuel Martnez Llaneza, Joaqun Miras, Santiago Alba Rico. Tambin, ahora, Michael Heinrich y otros autores de la nueva lectura de Marx (Clara Ramas por ejemplo). Me olvido de muchos nombres. Y, por supuesto, en los trabajos, siempre interesantes, claros y originales, de mi compaero de mesa, el profesor Miguel Candel, maestro y amigo desde hace muchos aos.

Mi idea central de la tradicin poltico-filosfica que el compaero de Jenny von Westphalen inaugura (por decirlo con alguna inexactitud), reorienta ms bien, se puede resumir en dos enunciados-reflexiones del que considero un verdadero maestro de varias generaciones socialistas y comunistas (y de personas de otras tradiciones poltico-filosficas alejadas; Andreu Mas-Colell, el ex de Economa, sera un ejemplo destacado), Manuel Sacristn (1925-1985):

1. El autor de este artculo (Corrientes principales del pensamiento filosfico, 1968), por su parte, ha negado que pueda hablarse de filosofa marxista en el sentido sistemtico tradicional de filosofa, sosteniendo que el marxismo debe entenderse como otro tipo de hacer intelectual, a saber, como la conciencia crtica del esfuerzo por crear un nuevo mundo humano.

2.No se debe ser marxista (Marx); lo nico que tiene inters es decidir si se mueve uno, o no, dentro de una tradicin que intenta avanzar, por la cresta, entre el valle del deseo y el de la realidad, en busca de un mar en el que ambos confluyan (Es una nota de lectura comentando un texto de finales de los aos setenta de Lucio Colletti, un marxista o ex marxista que tambin lemos de jvenes, y que, como recuerdan, finaliz su trayectoria poltica en las turbulentas aguas del clculo egosta representadas por la Fora Italia de Berlusconi).

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La primera razn, por justicia: No s si ha existido algn filsofo-cientfico-activista poltico tan denostado e insultado como Marx. Creo que no. Sectario prepotente, engredo, confuso, mal cientfico, terico de totalitarismo, dogmtico, autoritario, irresponsable, machista, inconsistente, copia demediada de los clsicos de la economa poltica, hegeliano sin la altura filosfica de Hegel, mal plagiario y as siguiendo. Un perro muerto en filosofa y en ciencias sociales que, adems, dicen, continan diciendo, ha hecho y sigue haciendo mucho mal a la Humanidad. Ningn economista que se precie y que quiera ser cientfico, afirman tambin, puede hacer caso de sus fantasas y de sus torpes y superadas teoras. Lo mismo respecto a otras disciplinas sociales. La teora del valor-trabado, por ejemplo, debera ir al archivo de los disparates superados e intiles.

La injusticia cometida es de toda evidencia. Pocos filsofos a la altura de Marx (y desde joven, basta releer sus artculos juveniles o sus textos crticos de Hegel), pocos cientficos con su profundidad, pocos activistas con tanto compromiso. Convendra recordar que a los 30 aos, sin tener entonces conceptos clave de su cosecha propia como plusvalor, escribi un panfleto que sigue asombrando al mundo 171 aos despus. En ese texto de apenas 30 pginas, hablo del Manifiesto del Partido Comunista, deca cosas del siguiente tenor (cuando el capitalismo estaba iniciando su dominio en el mundo, cuando eran pocos los pases propiamente capitalistas, cuando el mundo no conoca la destructiva presencia de este modo de produccin y civilizacin como se ha experimentado bastante o mucho tiempo despus).

A. Toda la historia de la sociedad humana, hasta la actualidad, es una historia de luchas de clases. Libres y esclavos, patricios y plebeyos, barones y siervos de la gleba, maestros y oficiales; en una palabra, opresores y oprimidos, frente a frente siempre, empeados en una lucha ininterrumpida, velada unas veces, y otras franca y abierta, en una lucha que conduce en cada etapa a la transformacin revolucionaria de todo el rgimen social o al exterminio de ambas clases beligerantes.

Tesis superada de filosofa de la historia? Cuanto menos es razonable considerarla como un punto de vista posible y fructfero para pensar la historia de la Humanidad (o de una gran parte de ella), aunque pueda ir unida a otras perspectivas complementarias. Obsrvese por lo dems que la meta asegurada del paraso terrenal en tierra est ausente de ella: transformacin revolucionaria de todo el rgimen social (en uno o en otro sentido) o extermino de ambas clases beligerantes.

B Sin embargo, nuestra poca, la poca de la burguesa, se caracteriza por haber simplificado estos antagonismos de clase. Hoy, toda la sociedad tiende a separarse, cada vez ms abiertamente, en dos grandes campos enemigos, en dos grandes clases antagnicas: la burguesa y el proletariado.

Tesis errnea, totalmente errnea si pensamos en trminos globales, sin excluir la Rusia postsovitica, India, China, y la proletarizacin creciente de amplios sectores de las mal llamadas clases medias?

C. Descripciones discutibles (que el mismo Marx rectificar-matizar) pero literariamente deslumbrantes:

Dondequiera que se instaur, ech por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idlicas. Desgarr implacablemente los abigarrados lazos feudales que unan al hombre con sus superiores naturales y no dej en pie ms vnculo que el del inters escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entraas. Ech por encima del santo temor de Dios, de la devocin mstica y piadosa, del ardor caballeresco y la tmida melancola del buen burgus, el jarro de agua helada de sus clculos egostas. Enterr la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una nica libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituy, para decirlo de una vez, un rgimen de explotacin, velado por los cendales de las ilusiones polticas y religiosas, por un rgimen franco, descarado, directo, escueto, de explotacin. La burguesa despoj de su halo de santidad a todo lo que antes se tena por venerable y digno de piadoso acontecimiento. Convirti en sus servidores asalariados al mdico, al jurista, al poeta, al sacerdote, al hombre de ciencia. La burguesa desgarr los velos emotivos y sentimentales que envolvan la familia y puso al desnudo la realidad econmica de las relaciones familiares.

D. La burguesa no puede existir si no es revolucionando incesantemente los instrumentos de la produccin, que tanto vale decir el sistema todo de la produccin, y con l todo el rgimen social. Lo contrario de cuantas clases sociales la precedieron, que tenan todas por condicin primaria de vida la intangibilidad del rgimen de produccin vigente. La poca de la burguesa se caracteriza y distingue de todas las dems por el constante y agitado desplazamiento de la produccin, por la conmocin ininterrumpida de todas las relaciones sociales, por una inquietud y una dinmica incesantes. Las relaciones inconmovibles y mohosas del pasado, con todo su squito de ideas y creencias viejas y venerables, se derrumban, y las nuevas envejecen antes de echar races. Todo lo que se crea permanente y perenne se esfuma, lo santo es profanado, y, al fin, el hombre se ve constreido, por la fuerza de las cosas, a contemplar con mirada fra su vida y sus relaciones con los dems.

Un capitalismo, el que describe (no analiza, no puede hacerlo en un panfleto de 30 pginas)que no puede tener frenos de emergencia. No puede existir un capitalismo humanista y ecologista:

Son todas ellas citas de la primera parte del MC. Hay ms, bastante ms. No estn mal, nada mal, para dos jvenes filsofos con menos de 30 aos que vivan en un mundo que ya era entonces grande y terrible.

Aado tres reflexiones posteriores (David Vila Morales me ha llamado la atencin sobre ellas), de enorme inters en mi opinin.

1. La concepcin materialista de la historia tambin tiene hoy un montn de amigos a quienes les sirve de excusa para NO estudiar historia. Dir lo mismo que acostumbraba a decir Marx a propsito de los marxistas franceses de fines de los 70 [del siglo XIX]: Todo lo que s es que yo no soy marxista (Carta de Engels a Konrad Schmidt, 05.08.1890)

2. Sucesos notablemente anlogos pero que tienen lugar en medios histricos diferentes conducen a resultados totalmente distintos. Estudiando por separado cada uno de estas formas de evolucin y comparndolas luego, se puede encontrar fcilmente la clave de este fenmeno, pero nunca se llegar a ello mediante la llave maestra universal de una teora histrico-filosfica general cuya suprema virtual consiste en ser suprahistrica (Carta de Marx al director de los Anales patrios [revista rusa], finales de 1877).

3. En su autobiografa -publicada pstumamente, en 2000-, el para muchos principal historiador de la revolucin rusa, el diplomtico y liberal de izquierdas britnico Edward Hallett Carr, coment sobre su marxismo o no marxismo: El anlisis marxiano del auge y cada del capitalismo burgus occidental y la penetracin intelectual que consigui Marx en su funcionamiento representan un enorme progreso en el conocimiento, sin paralelo en el mundo moderno

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Segunda razn. Porque conviene leer y releer a los clsicos. Solemos aprender de ellos. Las ganancias estn garantizadas. Y no hay muchos clsicos como Marx. Tengo en mente a otros: Euclides, Newton, Einstein, Platn, Epicuro, Aristteles.

Este ltimo, por ejemplo, es un clsico en mbitos como la filosofa, la poltica, la lgica o la biologa (aunque nadie aprende hoy lgica leyndole como es normal). Marx est a su altura o no est muy lejos. Es un clsico, cuanto menos, en los siguientes mbitos: filosofa, economa (incluida la economa ecolgica), poltica (teora fuerte y anlisis de las coyunturas polticas), historia y sociologa. Tambin como activista y organizador. No hay muchos pensadores, con praxis anexa, que estn a su altura.

Dagobert Runes, nada sospechoso de marxismo-comunismo, escriba en su Historia ilustrada de la Filosofa (Grijalbo, 1969, Barcelona, traduccin de Juan Carlos Garca Borrn): En toda la historia de la filosofa no existe paralelo al impacto de la doctrina de Marx en las ideas polticas y sociales y los correspondientes cambios en la estructura social. Solos los reformadores religiosos han producido cambios similares (como en los dos casos citados anteriormente, debo la cita a David Vila Morales).

De hecho, una demostracin de su permanencia: aunque sea para para atacarlo, o, por el contrario, para leerlo y profundizar en l, no hay apenas ninguna universidad o escuela de estudios en el mundo que no lo tenga como autor a tener muy en cuenta.

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Tambin conviene leerle por sus finalidades gnoseolgicas. Segn Juan de la Cruz el mundo es sobreabundante, su densidad ontolgica desborda nuestra capacidad perceptiva y cognitiva. Nuestra atencin jams puede fijarse en todo lo que nos rodea en ningn instante de nuestra vida.

No s si Marx ley a Juan de la Cruz, no es imposible (y adems sin traducciones!) pero me da que sus ideas gnoseolgicas, sus conjeturas sobre el hacer cientfico-filosfico y los resultados de su propio hacer, tienen en cuenta esta sobreabundancia e intentan rebelarse, con idealismo epistmico en ocasiones, contra esta limitacin: nada humano le es ajeno y es bueno dudar de todo. Marx intenta fijarse en casi todo lo que nos rodea en los mbitos que hoy llamamos de ciencias sociales, sin olvidarse del sustrato natural. Una oportuna cita de Sacristn:

Del mismo modo que Marx no ha sido ni economista, ni historiador, ni filsofo, ni organizador, aunque aspectos de su obra se puedan catalogar acadmicamente como economa, historia, filosofa, organizacin poltico-social, as tampoco es Gramsci un crtico literario, un crtico de la cultura, un filsofo o un terico poltico. Y del mismo modo que para la obra de Marx es posible indicar un principio unitario -aquella unin del movimiento obrero con la ciencia- que reduce las divisiones especiales a la funcin de meras perspectivas de anlisis provisional, as tambin ofrece explcitamente la obra de Gramsci el criterio con el cual acercarse a la obra ntegra para entenderla: es la nocin de prctica, integradora de todos los planos del pensamiento y de todos los planos de la conducta.

Un ejemplo ms reciente donde se muestra un paralelismo interesante con la perspectiva sistmica marxiana: Robert Sapolsky, Comprtate, Capitn Swing, Madrid, 2018 (traduccin de Pedro Pacheco Gonzlez):

Por consiguiente, el objetivo intelectual de este libro es evitar el uso de un pensamiento basado en categoras separadas cuando se reflexiona sobre la biologa de nuestros comportamientos ms complicados, incluso ms complicados que el de las gallinas que cruzan carreteras.

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Marx fue un gran escritor, no slo un enorme filsofo (y desde muy joven). Leo traducciones, yo no puedo leerle en alemn. Pero basta leer, en castellano o en cataln, El 18 brumario o el Manifiesto Comunista (por no hablar de muchos captulos de Das Kapital) para darse cuenta de su excelencia literaria. Con hermosas expresiones como estas (que seguro ustedes recuerdan): todo lo slido se desvanece en el aire o en las heladas aguas del clculo egosta, ambas del MC.

Un lugar donde observar su grandeza como escritor: en su correspondencia. Un ejemplo: 21 de junio de 1856, carta a Jenny.

Querida ma:

[] La separacin temporal es til ya que la comunicacin constante origina la apariencia de monotona que lima la diferencia entre las cosas. Hasta las torres de cerca no parecen tan altas, mientras las minucias de la vida diaria, al tropezar con ellas crecen desmesuradamente. Lo mismo sucede con las pasiones: los hbitos consuetudinarios, que como resultado de la proximidad se apoderan del hombre por entero y toman forma de pasin, dejan de existir tan pronto desaparece del campo visual su objeto directo. Las pasiones profundas, que como resultado de la cercana de su objetivo se convierten en hbitos consuetudinarios, crecen y recuperan su vigor bajo el mgico influjo de la ausencia.

As es mi amor. Al punto que nos separa el espacio, me convenzo de que el tiempo le sirve a mi amor tan solo para lo que el sol y la lluvia le sirven a la planta: para que crezca. Mi amor por ti, cuando te encuentras lejos de m, se presenta tal y como es en realidad: como un gigante; en l se concentra toda mi energa espiritual y todo el vigor de mis sentimientos.

Adis, querida ma, te mando a ti y a nuestras hijas miles y miles de besos. Tu Karl.

Mein Karl fueron, segn parece, las ltimas palabras de Jenny.

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Tomo pie ahora en Michael Heinrich. Marx investiga el MPC, no hay duda sobre ello. La cuestin: en qu sentido es aqu objeto de estudio el capitalismo? Se trata de analizar los rasgos fundamentales de la historia de su desarrollo general? De analizar una fase determinada de este desarrollo, por ejemplo, el capitalismo en Inglaterra en la primera mitad del siglo XIX? O ms bien se trata de una exposicin terico-abstracta de su modo de funcionamiento, del modo de funcionamiento del MPC? Qu relacin existe entre la exposicin terica y la histrica dentro de la crtica de la economa poltica (EP)?

Podemos seguir: presenta Marx una teora ms, acaso mejor, ms profunda, ms explicativa, sobre el modo de funcionamiento del capitalismo que otros autores de su poca? La crtica que se apunta en el subttulo es una crtica de las teoras de EP existentes, una crtica en la que sealan errores y se muestra, alternativamente, una teora mejor que supera esos errores apuntados? O tiene aqu crtica una pretensin ms amplia? En trminos generales: qu significa la nocin crtica en el marco de la crtica a la EP?

No est nada mal un clsico sobre el que 150 aos despus nos sigamos formulando estas preguntas.

Para MH, los modos de lectura historicista se oponen o, incluso ms, son contradictorios con lo que el propio Marx pensaba de su obra. As, en este pasaje del Prlogo al libro primero de la primera edicin de EC:

Lo que me propongo investigar en esta obra es el modo de produccin capitalista y las relaciones de produccin y de cambio que le corresponden. El pas clsico para ello es hasta ahora Inglaterra. De aqu el que haya tomado de l los principales hechos que sirven de ilustracin a mis conclusiones tericas() En s y para s no se trata de mayor o menor grado del desarrollo de los antagonismos sociales que surgen de las leyes naturales de la produccin capitalista. Se trata de esas leyes mismas.

De lo que se trata, pues, no es de la historia del capitalismo, ni de una determinada fase histrica del mismo, sino de su anlisis terico: el objeto de la investigacin son las determinaciones esenciales del capitalismo, lo que debe permanecer igual en todas las transformaciones histricas para que podamos hablar en general del capitalismo. Por tanto, no se trata de presentar un determinado capitalismo, temporal, localmente, sino, como dice Marx al final del libro III de EC: slo la organizacin interna del MPC, por as decirlo, en su media ideal. Si el anlisis de mueve a ese nivel de abstraccin, la media ideal, sea lo que sea por el momento esa media ideal del MPC, el anlisis debe suministrar las categoras, los conceptos, que tienen que estar en la base de la investigacin de una determinada fase del capitalismo as como tambin de su historia.

MH sostiene que la tesis de que hay que conocer el pasado para entender mejor el presente vale para la pura historia de los acontecimientos, no para la historia de la estructura de una sociedad. Aqu vale lo contrario en su opinin: para poder investigar la formacin de una determinada estructura econmica y social, es preciso conocer antes la estructura acabada, y solo entonces se sabe lo que hay que buscar en la historia general.MH lee con esa clave la conocida metfora de Marx sobre la anatoma del mono y el hombre:

La anatoma del hombre es una clave para la anatoma del mono. Los indicios de las formas superiores en las especies animales inferiores slo pueden comprenderse, por el contrario, cuando ya se conoce la forma superior.

De ah, sostiene MH, que en EC todos los pasajes histricos vengan despus de la exposicin terica (extremo que habra que comprobar y que yo mismo no he comprobado) de las correspondientes categoras. De este modo, el clebre captulo de la acumulacin originaria est al final del libro primero, no al comienzo. La tesis general de MH: los pasajes histricos complementan la exposicin terica pero no la fundamentan.

En resumen: EC es una obra terica (que analiza el capitalismo desarrollado) y no una obra histrica que trate de la formacin del capitalismo. Pero no es en todo caso la exposicin ahistrica como lo es en gran parte la ciencia econmica actual. En esta se habla de un problema general de la economa que existe en toda sociedad humana y este problema es el mismo en todas las fases histricas, se investiga con categoras que son esencialmente las mismas. Marx, en cambio, entiende que el capitalismo es un modo de produccin histrico que se distingue fundamentalmente de otros modos de produccin por lo que cada modo de produccin contiene relaciones especficas que hay que analizar con categoras propias, no transhistricas, categoras vlidas para ese modo de produccin y no para otros.

En este sentido, concluye MH, las categoras marxianas que describen el MPC son histricas (y en ningn caso, como decamos, transhistricas), vlidas solo para la fase histrica en la que el capitalismo es el modo de produccin dominante.

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Es conveniente leerle tambin como campo de observacin y estudio de asuntos de filosofa e historia de la ciencia: relacin Hegel-Marx, existencia o no de un mtodo propio (la dialctica famosa), sus vacilaciones, rectificaciones y confusiones, el asunto del mtodo de exposicin. Trabajo esencial en estas temticas: El trabajo cientfico de Marx y su nocin de ciencia de Manuel Sacristn, una conferencia, revisada por l mismo en su transcripcin, de 1978. Una observacin sobre el mtodo.

Marx se mueve en efecto inicialmente en cada anlisis en un terreno sobreestructural, generalmente el poltico y no lo abandona hasta tropezar, como sin buscarla, con la intervencin ya palmaria de las condiciones naturales sociales. El mtodo puesto en obra de Marx en estos artculos podra pues, cifrarse en la siguiente regla: proceder en la explicacin de un fenmeno poltico de tal modo que el anlisis agote todas las instancias sobreestructurales antes de apelar a las instancias econmico-sociales fundamentales. As se evita que stas se conviertan en Dei ex machina desprovistos de adecuada funcin heurstica. Esa regla supone un principio epistemolgico que podra formularse as: el orden del anlisis en la investigacin es inverso del orden de fundamentacin real admitido por el mtodo.

 

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Por ser generador de conceptos (sean originalmente suyos o tengan mucha historia detrs) que forman parte de nuestra habla: capitalismo, opresin de clase, consciencia de clase, capital constante, capital variable, valor-trabajo, plusvalor, explotacin, infraestructura, mistificacin.

Muchos de esos conceptos son parte del lenguaje ordinario de millones de personas en todo el mundo.

9

Porque existen fructferos caminos racionales de interpretacin de su obra, alejados de cualquier perspectiva dogmtica. La perspectiva de Sacristn me parece un buen sendero:

A m me parece que uno encuentra el camino racional de interpretacin de la obra de Marx, en primer lugar, si abandona el prurito apologtico y estudia a Marx en su poca, lo cual se puede hacer sabiendo, por otra parte, que hay un aspecto de la obra de Marx tan incaducable como el Nuevo Testamento o la poesa de Garcilaso, que es su obra de filsofo del socialismo, de formulador y clarificador de valores socialistas. Y, en segundo lugar, si uno se desprende de los restos de lo que podramos llamar zdhanovismo o lysenkismo, y deja de confundir la cuestin de la gnesis de un producto cultural (en este caso, la filosofa de la ciencia contempornea) con la cuestin de su validez...No se trata de tomar en bloque la filosofa de la ciencia como una doctrina verdadera o falsa, sino como un campo de investigacin nada superfluo y que hay que cultivar, porque es un prejuicio oscurantista sostener que porque se ha originado en esta fase de la cultura capitalista no ha de tener validez alguna.

10

Por su potente concepto de libertad. Ya desde el MC. Sobre la libertad burguesa y desde una perspectiva crtica (ms actual que nunca) sealar:

Dondequiera que se instaur, ech por tierra todas las instituciones feudales, patriarcales e idlicas. Desgarr implacablemente los abigarrados lazos feudales que unan al hombre con sus superiores naturales y no dej en pie ms vnculo que el del inters escueto, el del dinero contante y sonante, que no tiene entraas. Ech por encima del santo temor de Dios, de la devocin mstica y piadosa, del ardor caballeresco y la tmida melancola del buen burgus, el jarro de agua helada de sus clculos egostas. Enterr la dignidad personal bajo el dinero y redujo todas aquellas innumerables libertades escrituradas y bien adquiridas a una nica libertad: la libertad ilimitada de comerciar. Sustituy, para decirlo de una vez, un rgimen de explotacin, velado por los cendales de las ilusiones polticas y religiosas, por un rgimen franco, descarado, directo, escueto, de explotacin Por libertad se entiende, dentro del rgimen burgus de la produccin, el librecambio, la libertad de comprar y vender. Desaparecido el trfico, desaparecer tambin, forzosamente el libre trfico. La apologa del libre trfico, como en general todos los ditirambos a la libertad que entona nuestra burguesa, slo tienen sentido y razn de ser en cuanto significan la emancipacin de las trabas y la servidumbre de la Edad Media, pero palidecen ante la abolicin comunista del trfico, de las condiciones burguesas de produccin y de la propia burguesa.

La formulacin positiva, tambin del MC:

En sustitucin de la antigua sociedad burguesa, con sus clases y sus antagonismos de clase, surgir una asociacin en que el libre desenvolvimiento de cada uno ser la condicin del libre desenvolvimiento de todos

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Por su poderosa, poderossima mente analtica. Un ejemplo deslumbrante entre muchos posibles.: la Crtica al programa de Gotha (Notas marginales al programa del Partido obrero alemn). A la altura de Quine o de Carnap. Un ejemplo de su anlisis crtico

1. "El trabajo es la fuente de toda riqueza y de toda cultura, y como el trabajo til slo es posible dentro de la sociedad y a travs de ella, el fruto ntegro del trabajo pertenece por igual derecho a todos los miembros de la sociedad".

Marx descompone el texto e inicia su anlisis crtico. Los primeros compases:

Primera parte del prrafo: "El trabajo es la fuente de toda riqueza y de toda cultura".

El trabajo no es la fuente de toda riqueza. La naturaleza es la fuente de los valores de uso (que son los que verdaderamente integran la riqueza material!), ni ms ni menos que el trabajo, que no es ms que la manifestacin de una fuerza natural, de la fuerza de trabajo del hombre. Esa frase se encuentra en todos los silabarios y slo es cierta si se sobreentiende que el trabajo se efecta con los correspondientes objetos y medios. Pero un programa socialista no debe permitir que tales tpicos burgueses silencien aquellas condiciones sin las cuales no tienen ningn sentido. En la medida en que el hombre se sita de antemano como propietario frente a la naturaleza, primera fuente de todos los medios y objetos de trabajo, y la trata como posesin suya, su trabajo se convierte en fuente de valores de uso, y, por tanto, en fuente de riqueza. Los burgueses tienen razones muy fundadas para atribuir al trabajo una fuerza creadora sobrenatural; pues precisamente del hecho de que el trabajo esta condicionado por la naturaleza se deduce que el hombre que no dispone de ms propiedad que su fuerza de trabajo, tiene que ser, necesariamente, en todo estado social y de civilizacin, esclavo de otros hombres, quienes se han adueado de las condiciones materiales de trabajo. Y no podr trabajar, ni, por consiguiente, vivir, ms que con su permiso.

Pero, dejemos la tesis, tal como est, o mejor dicho, tal como viene renqueando. Qu conclusin habra debido sacarse de ella? Evidentemente, sta:

"Como el trabajo es la fuente de toda riqueza, nadie en la sociedad puede adquirir riqueza que no sea producto del trabajo. Si, por tanto, no trabaja l mismo, es que vive del trabajo ajeno y adquiere tambin su cultura a costa del trabajo de otros".

En vez de esto, se aade a la primera oracin una segunda mediante la locucin copulativa "y como", para deducir de ella, y no de la primera, la conclusin.

No son pocas razones a las que he aludido. Pero hay ms, muchas ms. Una de las principales que no he citado: la indignacin ante la injusticia, ante el maltrato de los ms desfavorecidos. Tanto en el joven Marx y sus artculos sobre la lea y las tierras comunales, como en el caso de Engels siendo an ms joven. La obra de Marx rene, probablemente, una buena parte de la historia del siglo XIX, sus dramas, sus luchas, las transformaciones esenciales, e historias humanas, verdaderamente humanas, una gran historia de amistad, la sensibilidad humanista (y luego de clase, por decirlo de manera usual) de dos jvenes revolucionarios alemanes, ms una verdadera historia de amor, el drama de sus hijas y la gran figura de Eleanor Marx. Hay mucha vida e historia en Marx. Hay mucho Marx en Marx y en Engels, y en Jenny, y en Laura, y en Tussy

Por lo dems, no conviene olvidarse de la famosa 11 tesis sobre Feuerbach: estudiar, pensar y hacer, la praxis transformadora con orientacin socialista. Una compleja y difcil tarea tambin para nuestros das, ms necesaria y urgente que nunca.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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