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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 26-01-2019

Perros s, negros no

Jorge Majfud
Rebelin


El hombre de barba anglosajona (candado) sostiene su perro con un brazo mientras seala con un dedo a alguien que pasa. No, no es odio, dice, agitado. Tengo todo el derecho del mundo a pensar que mi raza es superior. Est probado que la raza blanca es ms inteligente que la negra. No es odio, no. Quienes no nos permiten expresarnos son quienes sufren de odio. No nosotros.

Aparte de ser una moda, esa de acusar a los dems de lo que uno mismo sufre (segn Trump, no hay en el mundo alguien menos racista y menos misgino que l), este argumento se ha vuelto muy popular en el club de la OTAN: no son los racistas los que odian. Ni siquiera son racistas.

El argumento tiene, sin embargo, algunos problemas.

Primero, aun asumiendo que los blancos son ms inteligentes que los negros (luego discutimos cundo los asiticos van a expulsar a todos los blancos y por qu los negros han mejorado tanto en sus test de inteligencia en los ltimos cuarenta aos si, en su raz, se trata de un problema biolgico), eso no garantiza que los racistas no sean la excepcin de su raza.

Segundo, podemos asumir que los supremacistas blancos se consideran intelectualmente superiores a los perros. Sin embargo, no por eso los echan de sus casas a patadas. Por el contrario, al menos aqu en Estados Unidos, la gente duerme con sus perros y no pocos los besan en la boca despus que el perrito le lami el pene al perro del vecino.

Pero cuando se discursa contra los negros o se acosa a los inmigrantes de piel oscura (del medio milln de ilegales europeos y australianos, ni una palabra), no se trata de odio sino, simplemente de un reconocimiento objetivo de que la raza blanca es superior. Eso, eso no es odio. (La nueva moda de los genios aburridos ser: S, es odio, y qu?)

Los partidarios de construir sociedades amuralladas consideran que esa es la mejor forma de evitar conflictos y de salvar la pureza de sus culturas y de sus identidades. Esta supersticin esencialista, muy popular, ignora la fuerza de la historia que todo lo cambia. Basta que una sociedad expulse a todos los diferentes para que, dentro de sus orgullosas murallas, fsicas y mentales, como en Calataid, comiencen a surgir diferencias, sino de hecho al menos por la percepcin de sus habitantes que siempre ven lo que tenemos los humanos de diferente y nunca lo que tenemos en comn. Para darse cuenta de esto basta con mirar cualquier familia.

Este argumento no se sostiene ms que por el ejercicio religioso aplicado en el lugar equivocado, en el mundo factual, es decir, la creencia de que algo es verdad porque uno cree en ello, y si algo parece ilgico e imposible, mejor an, porque se necesita poseer una fe inquebrantable, verdadera, probada, salvadora, para ir contra todas las evidencias. El barco se hunde y los fieles del capitn dicen que est tomando impulso o que se prepara para convertirse en submarino.

Un mundo compuesto de sociedades amuralladas no tiene futuro. Es la mejor receta para el conflicto, las guerras y los holocaustos. Si uno se rodea de murallas porque no se entiende con otros pueblos, no es lgico pensar que por esa misma particularidad vamos a poder comunicarnos y entendernos mejor con el resto del mundo, un mundo que ha sido reducido a un pauelo por la tecnologa. Si en la Edad Madia algunos reinos menores podan sobrevivir sin mayores contactos con el mundo exterior, si luego los burgos se amurallaron con relativo xito para su defensa, eso ya no tiene sentido. Una nueva Edad Media es un proyecto imposible, imprctico y peligroso, por lo cual podemos prever que no se trata de un gran ciclo histrico sino de una reaccin a una tendencia opuesta y mayor, como lo es la aceptacin de la diversidad y el avance de la igualdad a pesar del poder de las elites que siempre se las ingenian para contrarrestar sus prdidas.

El persistente intento de presentar al nacionalismo como la base de un entendimiento universal es una broma de mal gusto. No es un elemento capaz de unir, ni como utopa ni como realidad, a una sociedad global que debe enfrentar verdaderos peligros a su propia existencia, como lo es la catstrofe ecolgica en curso, la amenaza nuclear, o la ultra segregacin econmica, donde 49 individuos, que no han aportado absolutamente nada a la historia de la humanidad, se llevan la mitad de toda la riqueza de la poblacin mundial.

Est de ms decir que esta idea (de que los promotores de las sociedades amuralladas solo defienden sus derechos a vivir segn sus propios valores) es altamente hipcrita. Esa ola nacida en el mundo que coloniz el mundo en los ltimos siglos, primero con colonias esclavistas y luego con la fuerza del dinero y los caones, nunca pens en el derecho de cada cultura a vivir segn sus propios principios. Por siglos, a todas las culturas que eran diferentes se las consider inferiores y se les impuso nuestros principios, aparte de explotarlos y masacrarlos por millones y millones.

Ahora que unos habitantes de esas excolonias, en un nmero insignificante en comparacin, comienzan a migrar por desesperacin al centro econmico del mundo, se los criminaliza, se los expulsa y se levantan murallas para mantener al invasor lo ms lejos posible.

As que, el repetido argumento de que no se trata de odio sino de defender lo nuestro, se parece del todo a los racistas que aman a sus perros, pero no pueden vivir con vecinos negros porque son inferiores.

Para que no se sientan mal estn las leyes justas que siempre se cambian cuando dejan de convenir al poder. Actualmente, la ley de Lotera de Visas para la Diversidad de Estados Unidos que beneficia a pocos pero demasiados no blancos, es atacada por el mismo Partido del Muro. Personalmente estoy de acuerdo que es una ley sin mucho sentido, pero observemos que fue inventada a finales de los 80 para beneficiar a los inmigrantes irlandeses, por entonces asimilados a la idea de raza blanca.

Claro, los irlandeses no siempre fueron blancos. Durante varias dcadas del siglo XIX, fueron el mayor grupo de inmigrantes a Estados Unidos y, porque no eran el tipo de blanco esperado y sus pelos eran de un color horroroso, imperfecto, se los discrimin de formas violentas. Los indios, los mexicanos y los negros ni siquiera contaban como candidatos a ciudadanos (la ley defina ciudadana en base al color de piel) y en la mayora de los casos ni siquiera contaban como seres humanos. No era raro leer carteles que aclaraban el derecho de admisin en restaurantes: Ni perros ni irlandeses. Hoy el cartel dira: Perros s, mexicanos no.

El lado positivo es que no se trata de una mayora, por suerte, aunque s de una minora con un poder poltico desproporcionado, por desgracia y por las razones que podemos discutir en otro artculo. Una minora con un poder desproporcionado, como la de todo gran poder.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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