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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-01-2019

Tlahuelilpan, tragedia y desafo

Eduardo Nava Hernndez
Cambio de Michoacn


La tragedia del viernes 18 de enero en Tlahuelilpan, Hidalgo estaba anunciada. Si no ah, en cualquiera de los cientos o miles de tomas clandestinas o pinchaduras con que en los ltimos tres sexenios se ha operado parte del saqueo a Pemex y a la nacin a escala local, sin contabilizar las otras modalidades de las que ahora sabemos, y que tienen dimensiones ms grandes. Los de Tlahuelilpan no son las primeras victimas del conocido huachicol; ya antes hubo explosiones en ductos que cobraron vidas, y otros efectos como la contaminacin de tierras y aguas por las fugas. Pero el reciente hecho impresiona ahora por las dimensiones del siniestro y por el contexto en que se da, de tensiones y enfrentamiento entre el nuevo gobierno y las mafias dedicadas al robo y trasiego de combustible.

En las redes haban circulado, das o semanas antes, videograbaciones mostrando la recoleccin de gasolina en otras fugas, como en Acambay en el Estado de Mxico, y lo extrao es que no ocurrieran ah las dantescas escenas que vimos en el Estado de Hidalgo.

El presidente Lpez Obrador ha ofrecido, y tambin lo ha hecho el recin designado fiscal general de la Repblica Alejandro Gertz Manero, que las investigaciones sern exhaustivas. Y eso es, ante la catstrofe y las vidas ofrendadas al robo de gasolina, algo indispensable para establecer responsabilidades de todos los actores: desde quienes abrieron los boquetes en el ducto, a quienes incitaron a los pobladores de la regin a acudir a surtirse del mortal fluido, y las autoridades de los tres rdenes de gobierno incluidos los elementos del Ejrcito que, en nmero insuficiente y sin un protocolo claro de actuacin intentaron retirar a hombres, mujeres y nios. La Fiscala General es recibida con un gran reto, nada fcil de enfrentar.

Todo debe ser cuidadosamente revisado. Acaso el aspecto ms difcil sea el del juicio pblico a los afectados, al mismo tiempo generadores y vctimas de su propia tragedia, y la relacin que con ellos deben tener los poderes pblicos, ms all de la atencin inmediata y humanitaria a los heridos. Debe tratrseles como delincuentes? Como damnificados de la pobreza, la ignorancia y la manipulacin? Cmo entender que el efecto masa llevara a esa gente a desafiar no slo a los soldados y policas que en vano intentaban alejarlos sino tambin al mortal surtidor de gasolina que a la postre cobr tantas vidas?

Tambin resultar difcil establecer si en los hechos hubo un componente de premeditacin y si, incluso no fue accidental el incendio del combustible regado extensamente sobre las tierras de cultivo. Las interpretaciones y prejuicios menudean; desde quienes ven un ardid para desafiar e incluso buscar el desprestigio del gobierno federal que ha iniciado el combate al huachicol, hasta quienes lo vern como un mero accidente provocado por la ambicin de pocos pero que recay en muchos.

Por lo pronto, al parecer, la tragedia y las escenas de dolor parecen haber tenido ya un efecto didctico. La gente no querr volver a acercarse a los borbotones, segn lo ha declarado Omar Fayad, el gobernador de Hidalgo, conforme a otra experiencia similar unos das despus de Tlahuelilpan. Esperemos que se trate de una experiencia definitiva y que, como lo seal este gobernante, s haya un antes y un despus del 18 de enero, pues riesgos similares se presentan en muy distintos lugares del pas que han cado en manos de la rapia huachicolera. No debe haber ms vctimas, y menos las propiciadas por la pobreza y la ignorancia de sectores de la poblacin carentes de oportunidades.

No s si sea vlida la observacin desde un punto de vista tcnico, pero las escenas presenciadas en Tlahuelilpan no parecen corresponderse con la lgica de la industria de la ordea de ductos. Segn la informacin difundida por distintos medios en las semanas recientes, son tcnicos y expertos quienes instalan en las tuberas vlvulas y conexiones para la extraccin a travs de mangueras (como se descubri en la refinera de Salamanca). En Hidalgo parece haber sido, en cambio, la simple rotura del tubo, por la que escap a alta presin el fluido, derramndose en macabra efusin sobre las milpas y baando a quienes se acercaban. Un desperdicio, desde el punto de vista del lucro, pero sobre todo un riesgo extremo para la poblacin local, incluso para quienes no participan de la recoleccin del combustible.

Impresionantes los testimonios de los pobladores, documentados en varios reportajes. Uno de ellos, recogido por Hctor de Maulen, consigna: Si el fuego vino de donde estaban los autos, quiere decir que de ah sali la chispa, y que esto no fue un accidente sino un asesinato colectivo A muchos nos consta que los huachicoleros no estaban contentos de que nosotros mismos nos estuviramos surtiendo (https://www.eluniversal.com.mx/columna/hector-de-mauleon/nacion/tlahuelilpan-esto-no-fue-un-accidente-sino-un-asesinato-colectivo).

Casi nadie, entre los actores sociales y polticos, ha regateado su apoyo a la batalla emprendida por el gobierno federal contra el saqueo, aunque muchos en los medios de difusin y en las redes sociales han puesto en duda la eficacia de sus medidas y han demandado la apertura inmediata de las redes de ductos para restablecer de inmediato la distribucin de los combustibles en los depsitos y las estaciones de servicio. Trgicamente, los hechos de Hidalgo han mostrado los riesgos de una apertura prematura de esas redes, sin la reparacin de las tuberas y sin una vigilancia y proteccin suficiente. El huachicol ha llegado a ser, segn se ha evidenciado en el reciente periodo, un problema mayor, que abarca la corrupcin de distintos elementos, que van desde altos administrativos de Pemex con el conocimiento ineludible de los anteriores presidentes, ha manifestado Lpez Obrador hasta gente del comn que ha visto en l, a pesar de ser un delito, una oportunidad de aliviar los efectos de la pobreza, pasando desde luego por estructuras del sindicato petrolero y autoridades locales. Cmo erradicar un flagelo de esa magnitud que ha llegado a arraigar en escalas antes impensables en diversos grupos de la sociedad?

El desafo para el gobierno federal resulta as mltiple. ste tendr que actuar en el terreno de lo penal, en la persecucin de delitos, en el de la prevencin y seguridad ciudadana, en el de la atencin humanitaria a vctimas, en restablecer a la brevedad posible el abasto de gasolinas y, ahora, segn lo ha anunciado Lpez Obrador, en el de los programas sociales para evitar que un desastre semejante vuelva a ocurrir. Al mismo tiempo, desde luego, continuar con la persecucin del delito y la reordenacin administrativa al interior de Pemex para erradicar el cncer que ha llegado a ser el robo de combustibles en la empresa estatal.

Sin renunciar a la accin penal contras los responsables, sta no es suficiente para combatir el fenmeno del huachicol. Ya antes Lpez Obrador ha ofrecido el perdn y revisar los expedientes de quienes han cado en la delincuencia por situaciones de necesidad, como en el caso de los campesinos cultivadores de marihuana o amapola; y en este caso, los que aun a riesgo de su vida han recurrido a la extraccin no profesional, por decirlo de alguna manera, ameritan un trato semejante. Tambin el apoyo social y de oportunidades ofrecido a travs de los programas sociales buscarn atender esas zonas oscuras del territorio en las que el robo de gasolina ha pasado a ocupar un espacio incluso decisivo en la economa local. La poblacin vecina de los sistemas de distribucin debera ser vigilante de los mismos, una vez constatado que se trata de instalaciones de alto riesgo; convendra, por tanto, que Pemex y el gobierno federal establezcan alianzas y mecanismos de coordinacin con esas poblaciones, muchas de ellas alejadas de las principales vas de comunicacin.

Y sin duda al resto de la sociedad nos toca tambin un papel ms proactivo frente a una actividad ilegal que afecta directamente al Estado y la nacin, pero tambin al tejido social, y ha llegado a convertirse en modus vivendi para diversos grupos, ubicados en los estratos bajos de la sociedad. El delito debe combatirse con acciones enrgicas; la pobreza y la desigualdad tambin. Desde luego que de nada sirve simplemente inconformarse contra las afectaciones inmediatas por el desabasto de gasolinas. Todos deben saber que la extraccin y venta de combustibles robados no ser ya un negocio y que puede, en cambio, representar responsabilidades penales, a ms del riesgo inminente contra la salud y la vida de quienes lo practiquen. No debe haber ni una vctima ms por estas causas, ni un huachicolero impune ms, sea del rango que sea.

Eduardo Nava Hernndez. Politlogo -UMSNH

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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