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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2019

De la batucada a la lucha poltica: la izquierda tiene la palabra

Ricardo Candia Cares
Rebelin


La ofensiva ultraderechista ha tenido un aliado impensable: la falta de decisin de la nica fuerza que se puede transformar en una opcin vlida, legtima y sobre todo necesaria para el pueblo traicionado.

Una opcin de pas, de planeta, una opcin humana ante la barbarie capitalista.

El mundo social entendido como aquel vasto sector de trabajadores, estudiantes, pobladores, profesionales, minora tnicas, artistas, intelectuales y todo aquel que sea una vctima del orden, tenga o no conciencia de este hecho, no ha dicho su mejor palabra.

Se ha conformado con casi nada, omitiendo de la lucha poltica a esa inmensa fuerza, acorralada en sus propias dudas, prejuicios e indefiniciones.

Se levantan reivindicaciones profundamente sentidas por la gente y comienzan las marchas en medio de los sones de las alegres batucadas y las vallas papales. Se respira optimismo.

Cuando esas exigencias copan la agenda de los polticos, autoproclamados como disponibles para resolverlo todo mediante mentiras desembozadas y promesas fraudulentas, entonces el sistema se acomoda, toma medidas y disea la mejor de las salidas.

As aparecen las operaciones tendientes a descomprimir el ambiente, debilitar las grandes marchas y llevar el tema al formato de proyecto de ley y a los vericuetos insondables del Congreso.

Y de lo que fueron las grandes marchas, solo quedarn los recuerdos, las selfies y la nostalgia por el ritmo de los tambores. Por cierto, esta mecnica ha sido prdiga en generar avispados diputados que rpidamente han aprendido cmo es eso de ser poderoso profesional.

Hace rato que es la hora de decir basta.

Hace rato que se hace necesario que el pueblo tome sus propias decisiones y deje de tener esperanzas en los que han mentido siempre y se han servido de la gente para su propio beneficio de corruptos profesionales.

Se hace urgente no solo adentrarse en una higinica autocrtica, sino que levantar la mira y asumir el riesgo que conlleva decidirse a ser poder. La cuestin de la poltica es el poder.

A menos que no haya suficiente valor para hacerlo.

El pueblo es vctima de los poderosos pero tambin de la ingenuidad y desesperanza de sus dirigentes que no han asumido el inmenso poder que hay en la voluntad de esas millones de personas, si se dispusieran a tomar su futuro, y sobre todo su presente, en sus propias manos.

El pueblo es una fuente inagotable de recursos, de fuerza, voluntad e inteligencia. No fue sino por la lucha sostenida de todas las gentes que se acab la dictadura. Quienes digan que el tirano fue derrotado con un lpiz y un papel no es sino un infame que pretende rebajar a la nada el heroico sacrifico cotidiano de millones.

Hace rato que se hace necesario resumir la lucha de muchos en la lucha de todos. Hasta ahora de casi nada han servido las peleas de las organizaciones de los trabajadores, estudiantes, artistas, profesionales, pobladores, jvenes, mujeres, indgenas y de todo quien sea reconozca como vctima del actual orden.

Al parecer, hemos credo en la idea impuesta y aceptada casi como una verdad sagrada que el actual sistema es el nico posible y que no existe nada ms all.

Pero nada puede contra la fuerza inmensa del pueblo seducido por una idea. No por una utopa inalcanzable, sino por una muy bien pensada estrategia, un pas en todos tengamos cabida, una patria que nos merezcamos, un sueo posible en la que cada uno tenga un rol que cumplir.

De nada ha valido luchar por separados por reivindicaciones particulares. De nada han valido hasta las manifestaciones ms masivas. De nada ha servido esperar de los polticos profesionales las promesas que olvidan no mas se sientan en sus sillones y cobran sus dietas.

La sucesin de gobiernos que ha habido luego del retiro de los militares no democratizaron el pas. Ni siquiera se lo propusieron. La desmovilizacin del pueblo que crey en la alegra, la justicia, la reparacin y un futuro mejor, no fue sino un acto de traicin que an espera por un justo castigo.

Ha llegado el tiempo en que el pueblo y sus organizaciones tomen en sus manos

aquello que hasta ahora ha sido manoseado por los polticos tramposos y mentido y trampeado.

Las elecciones son un arma letal si se utilizan con inteligencia, generosidad y decisin. Las elecciones son un derecho ganado por el pueblo, arrebatado a la oligarqua que jams ha querido que el pueblo se manifieste democrticamente.

Es hora de utilizar esa herramienta masiva para sacar a los prepotentes, traidores y mentirosos de sus asientos.

Es hora que la soberana que reside en el pueblo sea usada para beneficio del pueblo. Es hora de organizarse de la manera ms horizontal, simple y generosa posible. Y de la asamblea de la gente comn que salgan las mejores personas para transformarse en los candidatos a lo que sea.

Nada reemplaza la libre determinacin de la gente cuando en su sede de junta de vecinos, en su sindicato, en su universidad o liceo, en su colegio profesional o en la plaza del pueblo, levanta la mano y decide.

Este tiempo ha formado a innumerables dirigentes de real valor y honestidad en el seno de los trabajadores, estudiantes, pobladores, artistas, intelectuales y pueblo originarios.

Que las movilizaciones no sean solo marchas. Un pueblo movilizado es por sobre todo un pueblo seducido por un ideal. No le crea al que dice que las elecciones son una tara burguesa. Las elecciones son una va tan legtima como necesaria. Es un medio de lucha, una arma letal.

Somos millones los que podemos hacer la diferencia. Millones de chilenos indignados por una salud de mierda, por una educacin maldita que maltrata a los nios pobres, por un sistema previsional que condena a la miseria a nuestros viejos, por los insaciables empresarios que destruyen el mar, los ros, los campos.

Somos millones los que queremos que la paz en el wal mapu sea sobre la base de la desmilitarizacin del territorio mapuche y el pleno reconocimiento a sus derechos como pueblo ancestral.

Somos esa inmensa mayora que no vota porque no haya por quien hacerlo. La oferta electoral siempre ha sido la misma y la alta abstencin se explica porque unos y otros solo se diferencian en matices.

Somos millones los que podemos y debemos hacer la diferencia. Y disputarles el poder en todas las elecciones. El pueblo es poder y debe demostrarlo.

No hay razn para no levantar candidaturas populares desde el mundo social mediante el ms amplio democrtico y participativo proceso que involucre a todos.

Las organizaciones sociales no pueden seguir permitiendo que otros decidan por la gente.

Hay suficiente capacidad, honestidad y decisin en el pueblo trabajador, estudiantil, poblador, campesino, indgena y de los sectores que han sufrido el castigo del modelo como para sumir con responsabilidad la opcin de candidaturas populares a todo lo que venga.

No hay razn para seguir dejando en manos de los mismos de siempre la urgentes transformaciones polticas, econmicas y sociales que millones de discriminados necesitan para sobrellevar una vida digna.

El pueblo debe expresarse en las elecciones y diputarles palmo a palmo el poder a los abusadores, mentirosos y corruptos.

Ya no basta con la marcha masiva ni con la declaracin indignada.

Se necesita de una verdadera movilizacin que abarque a todos, que convoque a todos que considere la opinin de todos y ponga a esa inmensa mayora que ha callado por demasiado tiempo, en una disposicin que haga temblar a los poderosos.

En ese momento las cosas comenzarn a cambiar. La izquierda del mundo social tiene la palabra.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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