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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2019

La polarizacin de las sociedades constituye un obstculo difcil de derribar
Diferencia de opinin

Carolina Vsquez Araya
Rebelin


El intercambio de opiniones opuestas sobre distintos temas es, en esencia, un ejercicio saludable; pero tambin puede ser un mecanismo utilizado para dividir a las sociedades frente a determinados intereses econmicos, sociales o polticos. La diferencia entre uno y otro suele residir en cul acuerdo sobre un marco valrico servira de sustento para desarrollar las distintas posturas en funcin de lograr acuerdos satisfactorios para la comunidad. Es en esa dicotoma entre lo tico visto desde una perspectiva social y los intereses particulares, en donde reside la mayor conflictividad y desde donde surgen enfrentamientos derivados de la inevitable oposicin de ideas.

Si lo correcto se entendiera como el sistema capaz de proporcionar el mayor bienestar a la mayor cantidad posible de habitantes de una nacin, el cuadro parecera alcanzar un nivel cercano a la perfeccin. Sin embargo el concepto mismo choca con la naturaleza egocntrica de conglomerados humanos marcados por la premisa de la bsqueda de la propia satisfaccin como un derecho inalienable. La conclusin implcita en esta premisa indica que el bienestar de la comunidad es entonces un derivado del bienestar individual y no al contrario, como debera ser por deduccin lgica.

Construidos sobre esta plataforma individualista y orientada hacia la materializacin de la mayor cantidad posible de privilegios, las sociedades tienden de manera inevitable hacia la confrontacin entre grupos e individuos cuyos objetivos solo coinciden en la necesidad de obtener una mejor posicin con respecto de los dems. Fuera de este cuadro van quedando, como un rezago humano desechable, los sectores ms pobres; los menos afortunados y quienes poseen la menor cuota de poder, o ninguna. Este sistema, sostenido sobre una base de la supremaca de los ms fuertes, impide de manera radical las aperturas de dilogos y consensos precisamente por su naturaleza eminentemente egosta y depredadora.

En la mayora de nuestros pases latinoamericanos, regidos por sistemas aparentemente neoliberales pero esencialmente corrompidos por castas empoderadas durante siglos de dominacin poltica y econmica, el dilogo entre distintos sectores de la sociedad es prcticamente impensable. La concentracin del poder impide casi por antonomasia cualquier acercamiento honesto entre quienes han usurpado el dominio con quienes reclaman su parte del poder. En medio de esos extremos existe un contingente de ciudadanos urgidos de participacin y con la capacidad suficiente para ejercer esa tarea, pero aislados en una jaula de prejuicios y estereotipos diseados para ese fin por medio de la formacin educativa, la imposicin religiosa y la conveniente divisin por clases y etnias.

Es esencia, el dilogo constructivo y capaz de generar cambios estructurales slidos y positivos con el concurso de todos los sectores, es una utopa. Para lograrlo, se requerira de un cambio profundo del marco valrico cuya supremaca ha impuesto una visin determinada sobre lo bueno y lo malo, lo correcto y lo incorrecto, siempre con el filtro de los intereses individuales y contrario a un pensamiento capaz de derribar obstculos tan slidos y arraigados como el racismo y el desprecio por los menos afortunados.

De ah el enorme valor de quienes luchan por erradicar sistemas basados en la opresin y opuestos a la democratizacin de sus estructuras institucionales. Sin ese paso, las diferencias de opinin no podrn evolucionar hacia los consensos necesarios para hacer, de estos reductos cerrados, autnticas sociedades.

Blog de la autora: www.carolinavasquezaraya.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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