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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2019

Revisando la masculinidad hegemnica
El lamento del varn

Fernando Aramburu
www.elmundo.es

Sobre la prdida de la masculinidad hegemnica y su vivencia en los hombres.


Varones, quin nos ha visto y quin nos ve. Damos pena, parecemos orqudeas mustias. Hasta ayer, como quien dice, atravesamos mares procelosos; conquistamos territorios a tiro limpio; levantamos solitos, mientras ellas bordaban, las columnas de la religin, el arte, la ciencia, la filosofa. Fuimos literalmente los dueos de la Historia mientras ellas amamantaban. Enviamos a algunos de los nuestros a los polos, al Everest, a la Luna. Dictbamos la normas y las excepciones. Construimos los templos, los cadalsos, las autopistas, mientras ellas picaban cebolla y pensbamos que por eso lloraban.

Da vergenza hablar en plural, como ponindonos a la altura de nuestros antepasados. Nosotros, los varones modernos que han cambiado el uniforme de artillero por el delantal; los que en lugar de acudir a la refriega, teatro del hroe, llevan los nios al colegio y se ejercitan en la humilde proeza de pasar la aspiradora. Antao nos mandaban Julio Csar, Atila o Napolen. Gente con los compaones marmreos, broncneos o de acero, segn la estatua. Ahora acatamos la autoridad de las mujeres sin que nos hayan derrotado en cruel batalla. Les ha bastado con alzar la voz, defender su razn, exigir sus derechos. En qu ha quedado nuestro poder, hijo de la clera y el msculo? Aqu ha tenido que haber traidores.

Los que cedisteis a las reclamaciones de las sufraguistas, menuda faena nos hicisteis! Cmo no os percatasteis de lo que se nos vendra encima a las generaciones masculinas ulteriores? Si las dejis decidir, no hay quien las pare. Ya lo avis Victoria Kent en aquel discurso ante las Cortes el 1 de octubre de 1931: "Creo que el voto femenino debe aplazarse". Y concluy como quien avisa de la llegada del lobo: "Por hoy, Sres. Diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer". Y siendo Kent una mujer, hemos de creer que saba de lo que hablaba. Pero no, hala, que voten y presenten sus candidaturas y vayan copando poco a poco, como se extiende la hiedra por el muro, espacios de decisin. Hoy una sucursal bancaria, maana una alcalda. Aqu una presidencia, all un ministerio. Se lo hemos puesto a huevo. Putin y Trump, Orbn y Bolsonaro se ren. Les parecemos decadentes, blandos, insulsos. Creen que Europa se ha afeminado. Y a los jeques y los ayatols, al chino que se ha perpetuado en el cargo o al norcoreano, mejor no les preguntis.

Y estos polticos nuestros de ahora, qu? Se pasan el da cual predicadores untuosos hacindoles la pelota a las mujeres porque necesitan sus votos. Si no, de qu. Compaeros y compaeras, trabajadores y trabajadoras, amigos y amigas. Qu manera de lamer! A ms de uno le han pillado los pensamientos verdaderos en una comunicacin privada o por un micrfono que sus aclitos no se acordaron de desconectar. Machotes en la clandestinidad? Porque, claro, ellas no se conforman con el halago. Tontas no son. Quieren el puesto. As que ya vas ahuecando el ala, chavaln democrtico. No abogabas, ciego, adulador, por la igualdad? A esto ha llevado tanta innovacin y tanto progreso, a que los varones tengan que plancharse sus propias camisas.

Les abrieron a las mujeres las puertas de la educacin. Va a ser verdad que el conocimiento libera. O, en todo caso, alienta en el ser humano la conciencia de que no es libre pero puede o debe serlo. Ellas, las muy cucas, queran formarse, salir de las cocinas, y descubrieron allende la barrera de cuerpos masculinos una llanura de posibilidades de desarrollo laboral asociadas al logro de una fuente de ingresos propia.

He ah la jugada de ajedrez, inocua en apariencia, que cambia el signo de la partida y obliga al hasta entonces atacante a una defensa continua, preludio de un desastre paulatino. Varones, buena la hicisteis facilitando el acceso de ellas a la universidad. Ya en mis tiempos, las chicas ocupaban la mitad de las aulas y pronto fueron ms numerosas que nosotros. De dnde salan tantas y por qu estudian, se esfuerzan y leen tanto? Nos adelantaban por la izquierda y por la derecha. Haba, adems, profesoras. La conjura femenina se iba haciendo cada vez ms patente. Empezbamos a estar rodeados. Con lo bonito que era tutelarlas! Decirles: no, mira, la realidad es esta, t hazme caso a m y mientras tanto ve quitndote la ropa, cario.

En caso de insolencia, pues les dabas un cachete como a los nios contestones. O dos, segn con qu humor o con cuntos vinos volviera el patriarca a casa. O, ya puestos, una paliza de esas que se oan a travs de los tabiques de la vecindad, y no por nada, sino para que aprendieran a respetar; lo cual, segn me han dicho, era perfectamente compatible con el afecto conyugal o, por lo menos, con el afecto a rachas en la crcel del matrimonio indisoluble. Ya lo deca aquel refrn, vestigio de la sabidura del pueblo: Quien bien te quiere, te har llorar.

Si osaban rebelarse, varones de otros tiempos, les encajabais un cro en la barriga para que estuvieran ocupadas; pero parece que esto tampoco les gusta y lo peor de todo es que pueden evitarlo. Y todo porque a algn imprudente se le ocurri inventar la pldora anticonceptiva, jugada previa al jaque mate que nos han endilgado. Gobiernan la cama y, a la primera desavenencia, disgusto, desengao, se despiden. Antao, sin divorcio, con el peso del qu dirn y la intimidacin de los confesionarios, las tenamos amarradas. Se han soltado. No slo, como en viejos tiempos, dos o tres pioneras estrafalarias de clase social alta que cambiaban de techo como de enaguas porque tenan el rin cubierto. Se han soltado todas, en tropel.

Pobres varones. Imagino lo que siente el ltimo rey de una dinasta al da siguiente de su destronamiento. Llorad si lo tenis por gusto las lgrimas amargas de Boabdil el Chico cuando mir por ltima vez la ciudad que le haban arrebatado. Pienso en La rendicin de Breda, el cuadro de Velzquez, y poco me cuesta ver en el lienzo al varn que entrega las llaves del poder a la mujer sonriente y victoriosa. Compaeros, nos han vencido con la ms efectiva de las armas: convencindonos de la justicia innegable de sus reclamaciones. Ni siquiera podemos acogernos a la excusa de haber sido engaados con malas artes. Nada parece indicar que hayamos sido objeto de un descomunal desafuero.

Y ahora qu? No va a quedar ms remedio que pasar por las horcas caudinas y empezar a respetar a las mujeres, aceptar la realidad ostensible de sus aptitudes, apoyar la causa democrtica del feminismo y contribuir activamente a su desarrollo personal, a su risa y a que vivan sin miedo a nuestro lado. Quiz esta era el agua que estaban necesitando urgentemente las orqudeas.


Dibujo de: GABRIEL SANZ


Fuente: https://www.elmundo.es/opinion/2019/01/27/5c4c48b4fdddff361d8b46a7.html



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