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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 30-01-2019

60 aos de revolucin
La Revolucin cubana, fortaleza moral y socialismo

ngeles Diez Rodrguez
Rebelin

Conferencia impartida en Vigo, el 22 de enero de 2019, con motivo del 60 aniversario de la Revolucin cubana


Este ao se cumple el 60 aniversario de la Revolucin Cubana y a lo largo del ao se van a realizar distintos actos conmemorativos. En muchos de ellos se hablar de lo que fue la revolucin, se hablar de las condiciones de vida en Cuba de la poca (de la pobreza, del analfabetismo, del burdel para los americanos, de la mafia, de la Dictadura de Batista), se hablar de los jvenes que lideraron la revolucin (Fidel, el Che, Camilo) del movimiento de masas que decidi acabar con la dictadura y con su condicin de neocolonia estadounidense; tambin se hablar de los logros de la Revolucin cubana, de cmo Cuba se transform por dentro y por fuera, de cmo esa pequea isla se hizo grande, gigante, y se convirti en una potencia moral y en un referente de liberacin nacional.

Seguramente, tambin hablaremos de la resistencia heroica del pueblo cubano ante la guerra constante y sistemtica de la potencia imperial estadounidense. Hablaremos de los hroes cubanos, de las mujeres y hombres que han dado su vida por un proyecto de nacin trascendente; y de la influencia de este pas en todo el mundo; y especialmente en el momento actual en los procesos revolucionarios latinoamericanos que resisten al imperialismo, como en el caso de Venezuela.

Pero en todos estos homenajes habr referencias circunstanciales, casi en forma de consigna necesaria pero desgastada, incluso vaca, al carcter socialista de la revolucin cubana.

Sin embargo, desde mi punto de vista, todos los dems aspectos: El antiimperialismo, el humanismo, la justicia social, la democracia popular, todos y cada uno de los logros de la Revolucin cubana pivotan alrededor del socialismo como constelaciones que toman su energa y sus contenidos de esa estrella madre.

El socialismo es el motor de todas y cada una de las armas de que disponemos para luchar contra el capitalismo. El antiimperialismo, el humanismo, la justicia, la democracia, cuando nacen de un proceso revolucionario se llenan de contenidos propios que no son slo anticapitalistas sino que aportan a la construccin de un proyecto propio.

La Revolucin cubana fue al mismo tiempo una revolucin por la soberana y por el socialismo. En palabras del querido filsofo cubano Fernando Martnez Heredia, fue una revolucin anticapitalista de liberacin nacional. No fue una copia de las revoluciones anteriores aunque sin duda influyeron en ella, especialmente la revolucin rusa. Cuba tom un camino propio. Pero el socialismo fue una necesidad sin la que no se hubiera podido dar esa liberacin nacional. Algo que los estadounidenses nunca han llegado a entender: que el socialismo y la revolucin cubana forman una unidad indisoluble.

La Revolucin cubana no comenz siendo socialista, fue dos aos despus el 16 de abril de 1961 cuando en un discurso de Fidel en la despedida de las vctimas de los bombardeos americanos declar el carcter socialista de la revolucin:

Compaeros obreros y campesinos: esta es la revolucin socialista y democrtica de los humildes, con los humildes y para los humildes. Y por esta revolucin de los humildes, por los humildes y para los humildes, estamos dispuestos a dar la vida.   (http://www.cubadebate.cu/especiales/2017/04/16/fidel-castro-y-el-caracter-socialista-de-la-revolucion-cubana/#.XERh32l7ncs)

Un carcter socialista que reiter a menudo, por ejemplo en 1976 en la Constitucin de la Asamblea Nacional del poder popular, o en 1981 en el XX aniversario de la proclamacin del carcter socialista de la Revolucin en la escuela de artillera de las Fuerzas Armadas cuando afirm que:

Todas las leyes que se hicieron en los primeros aos de la Revolucin, eran las leyes y las medidas proclamadas en esencia en el Moncada, y ya el Moncada contena el germen, creaba las condiciones en su programa para una revolucin socialista. Y en nuestro pas no poda existir en aquellos instantes ninguna otra revolucin que no fuera una revolucin socialista, o ninguno de nosotros habra sido verdaderamente revolucionario.

Incluso en 1988, cuando ya se conoca la cada de la Unin sovitica y lo que significara para Cuba perder ese aliado tan fundamental, Fidel afirm:

El socialismo es y ser la esperanza, la nica esperanza, el nico camino de los pueblos, de los oprimidos, de los explotados, de los saqueados; el socialismo es la nica alternativa! Y hoy, cuando lo quieren cuestionar los enemigos, debemos defenderlo nosotros ms que nunca.[1]

La revolucin Cubana hay que entenderla como un proceso, como un punto de partida de un proyecto que no se inici el 1 de enero de 1959 cuando el Ejrcito rebelde entr victorioso en Santiago de Cuba y el dictador Fulgencio Batista huy a EEUU. Fue un proceso que se inici el 26 de julio de 1953 con el asalto al cuartel de Moncada porque como dice la cita de 1981 el Moncada contena el germen y creaba las condiciones para una revolucin socialista. Incluso podemos sugerir, como plantea el socilogo cubano Luis Surez, que analizando los acontecimientos revolucionarios en un ciclo ms largo, la Revolucin cubana fue el punto de partida de ese ciclo largo en la regin latinoamericana.

El germen que se sembr en el Moncada tena dos semillas: la lucha por la soberana y la lucha por la justicia social. Ninguna de esas semillas poda germinar sin un conjunto de leyes que permitieran cambiar las relaciones de produccin, es decir, la explotacin. Dicho de otra forma, si se mantena la esencia del capitalismo, la relacin Capital-trabajo y la acumulacin privada del valor, era imposible que el pueblo cubano alcanzara nunca el ideal de vida digna al que aspiraba. Y para que esas leyes, que se pusieron a dar sus primeros pasos en 1959, no fueran papel mojado o fueran tergiversadas para manipular las demandas de los cubanos, deban ir acompaadas de la fuerza necesaria para implementarse.

Para cambiar el sistema de arriba abajo no bastaba tomar el gobierno o el Estado, era necesario tomar el poder. Hacer que los hombres y mujeres cubanos tomaran las riendas y que obligaran al Capital, a los propietarios de los medios de produccin, a las lites corruptas y vendidas a subordinarse. Y la toma del poder no fue realizada por un grupo de guerrilleros, histricamente nunca se ha dado as, sino por un pueblo entero. El movimiento de masas que secund al 26 de julio construy poder popular. La construccin de poder popular es una condicin indispensable de todo proceso revolucionario.

El programa original del manifiesto del 26 de julio el Manifiesto de Sierra Maestra (firmado en 1957 por Fidel Castro, Ral Chibs y Felipe Pazos) no contena un programa socialista. Hablaba de restaurar la constitucin de 1940, de la Reforma agraria y de las alianzas policlasistas. Propona crear un frente cvico que acabara con la dictadura y restaurara un orden poltico parlamentario burgus.

Una vez derrocada la dictadura en enero de 1959, en un primer momento, tampoco se plante un sistema socialista. Aunque lderes como Fidel o el Che haban ledo a Marx, a Engels y a Lenin, y se consideraban marxistas, la inspiracin ideolgica que consideraban propiamente cubana y que deba acompaar la revolucin era martiana.

Sin embargo, en algo ms de un ao de andadura, se mostr irrealizable cualquier programa de justicia social y de independencia nacional en el marco del Capitalismo, y menos an sin enfrentarse al imperialismo.

El socialismo fue el nico camino realista para la revolucin cubana. Cuando hablamos hoy de los logros de la revolucin, de sus conquistas: la educacin, la salud, la esperanza de vida, su desarrollo social y humano, su independencia, tenemos que ser conscientes, como lo fue Fidel, de que esos cambios profundos que son un ejemplo para nuestra labor revolucionaria estn asociados a la construccin de un proyecto socialista.

En la revolucin confluyeron distintas corrientes de pensamiento, algunas primero fueron revolucionarias y luego se hicieron marxistas, otras como le ocurri al Che primero fueron marxistas y el marxismo les llev a la revolucin. Cuba no slo aport a todos los movimientos de liberacin nacional una experiencia prctica invaluable para deshacerse del yugo colonialista sino que desde el punto de vista del pensamiento y la prctica socialista fue un hervidero de anlisis y de construccin de un pensamiento marxista latinoamericano.[2] En este sentido, la Revolucin cubana mostr que no hay oposicin entre teora y prctica, que lo que no se pone en prctica difcilmente puede ser pensado y al revs, lo que no puede ser pensado no se convertir en realidad.

El segundo aspecto que me gustara destacar en esta intervencin es lo que Fernando Martnez Heredia llamaba la hereja cubana. La revolucin cubana no fue copia de ningn otro proceso revolucionario. Desde el primer momento tom un camino propio. Fidel nunca pretendi exportar la revolucin lo que no quiere decir que no pusiera en marcha el internacionalismo revolucionario. Como dijo alguna vez la revolucin cubana se defiende fuera de Cuba. En 1962 en la que se llam la Segunda declaracin de La Habana, Fidel deca:

Cuba y Amrica Latina forman parte del mundo. Nuestros problemas forman parte de los problemas que se engendran de la crisis general del imperialismo y la lucha de los pueblos subyugados: el choque entre el mundo que nace y el mundo que muere. La odiosa y brutal campaa desatada contra nuestra Patria expresa el esfuerzo desesperado como intil que los imperialistas hacen para evitar la liberacin de los pueblos [3].

Este camino propio fue construyndose sin tenerle miedo a la discusin, al debate, a tomar decisiones y a equivocarse. Fue un camino radical e integral. Al tiempo que se tomaban medidas para transformar la economa, se cambiaba la forma de hacer poltica y el cubano y la cubana se iban transformando al tiempo que aumentaba su nivel de conciencia. En 1986 el propio Fidel planteaba un proceso de Rectificacin de errores y tendencias negativas que permitiera que la Revolucin resistiera ante los acontecimientos que se avecinaban.

Una hereja, es aquello que se aparta del dogma. As, la Revolucin cubana nunca dej de reinventarse a partir de la realidad concreta, histrica (nacional e internacional) En palabras de Fidel: "Revolucin es sentido del momento histrico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado; es igualdad y libertad plenas; es ser tratado y tratar a los dems como seres humanos; es emanciparnos por nosotros mismos y con nuestros propios esfuerzos; es desafiar poderosas fuerzas dominantes dentro y fuera del mbito social y...

Un tercer elemento importante es el significado de la Unidad revolucionaria. La Unidad que consigui la Revolucin cubana fue imprescindible para la toma del poder. Fue una unidad en la radicalidad. Hoy muchos militantes entienden la unidad de accin como unidad por abajo, rebajando los planteamientos, y en general dndole el significado que los dems se unan a mi proyecto que por supuesto consideran el nico y verdadero. Si esta hubiera sido el significado de la unidad para el 26 de julio, la revolucin hubiera fracasado antes de empezar. La confluencia y la unidad no pueden subordinar los principios fundamentales.

Un cuarto elemento, no menos importante que los anteriores es la centralidad de los valores, el papel de las ideas y de la cultura en la Revolucin cubana. Tras la cada de la Unin sovitica, cuando la economa cubana perdi uno de sus pilares fundamentales, Fidel supo ver que la gran fortaleza revolucionaria cubana se hallaba depositada ah, en la transformacin humana que haba tenido lugar en el pueblo cubano. Esas reservas morales e intelectuales eran las que permitiran resistir a la revolucin cubana. Se puso en marcha la Batalla de las ideas. Es cierto que esa batalla tiene que darse al mismo tiempo que se emprenden otras batallas por ejemplo, contra el burocratismo, contra las inercias de las instituciones, etc.

Hay que tener en cuenta que la hegemona ideolgica y cultural del liberalismo es el principal pilar sobre el que se apoya el capitalismo hoy. El control de la opinin pblica gracias al control de los principales centros de reproduccin ideolgica (medios de comunicacin, universidades, centros de investigacin, industrias culturales) y el manejo del miedo son las armas ms sofisticadas del Capitalismo.

Dadas las tasas decrecientes de ganancia del Capital, la crisis estructural del capitalismo, ste slo puede reproducirse y sobrevivir en tanto que modo de produccin a costa de aumentar la explotacin y por supuesto desencadenando guerras que destruyan capital. Tampoco en Europa es ya posible un Estado de Bienestar, el Capitalismo es incapaz de garantizar un mnimo de condiciones de vida digna para las clases populares ni para unas clases medias que van siendo arrojadas a la exclusin. Incluso una ONG como Oxfam, nada sospechosa de revolucionaria afirma que: Estamos ante un modelo econmico fallido. Cientos de millones de personas viven en la pobreza extrema mientras las lites ms ricas reciben enormes ganancias [4]. Y en el caso del Estado Espaol, el informe del 2019 afirma que detrs de Bulgaria somos el pas ms desigual de la Unin Europea.

Cuando los intelectuales de los aos 60 queran explicar por qu no se producan revoluciones equivalentes en Amrica Latina, planteaban que Cuba era una excepcin. De esta forma eludan su responsabilidad en el impulso de procesos revolucionarios. El Che Guevara entr en este debate con su clebre texto Cuba: excepcin histrica o vanguardia en la lucha contra el colonialismo? negando esta excepcionalidad:

Las condiciones objetivas para la lucha estn dadas por el hambre del pueblo, la reaccin frente a esa hambre, el temor desatado para aplastar la reaccin popular y la ola de odio que la represin crea. Y aada: Faltaron en Amrica condiciones subjetivas de las cuales la ms importante es la conciencia de la posibilidad de la victoria por la va violenta frente a los poderes imperiales y sus aliados internos.

El internacionalismo ha sido un arma ideolgica vital para la pervivencia de la Revolucin cubana, para los procesos revolucionarios latinoamericanos que estn en marcha y para los que vendrn. Tal y como Mart plante, el internacionalismo implicaba no abandonar a ningn pueblo que luchara por su liberacin: Somos hombres, adems de cubanos, y peleamos por el decoro y la felicidad de todos los hombres[5] y lo expres como ninguno al afirmar Patria es humanidad. Incluso al constituir el Partido Revolucionario Cubano en 1892 dijo que se fundaba para liberar a Cuba y contribuir a la liberacin de Puerto Rico.

La Revolucin cubana, una caja herramientas para las revoluciones que vendrn.

Como dije al principio de esta intervencin, durante los primeros aos de la Revolucin, la sociedad no dej de pensarse, de debatir, a veces violentamente sobre los cambios que se estaban produciendo y sobre los cambios que eran necesarios. Fernando Martnez Heredia nos deca: los tiempos se transformaron. El presente se llen de acontecimientos y las relaciones interpersonales y la cotidianidad se llenaron de revolucin; el futuro se hizo mucho ms dilatado en el tiempo pensable y fue convertido en proyecto; y el pasado fue reapropiado, descubierto o reformulado, y puesto en relacin con el gran evento en curso[6]

Cualquier proyecto revolucionario que pretendamos poner en marcha tiene que pensar el futuro reapropindose de nuestra historia, del pasado revolucionario de nuestros pueblos, de las luchas de los gallegos, de los vascos, de los catalanes, de los republicanos, de los revolucionarios, de los internacionalistas que regaron nuestras tierras con su sangre. Hay que reapropiarse y reformular nuestro pasado revolucionario en claves de futuro, no de historia en formol, de historia momificada.

Hoy el debate, cualquier debate poltico profundo, ha sido expropiado por las instituciones, por los movimientos institucionalizados que no pueden mas que orientar su pensamiento y su prctica a ganar las elecciones, nos ha sido escamoteado por los intelectuales, por los medios de comunicacin, por los expertos, por los todlogos y tertulianos. Hemos perdido la palabra. La Revolucin cubana nos ensea que hay que apropiarse de la palabra, quiz en un sentido mucho ms fuerte del que planteaba el poeta vasco Blas de Otero en Pido la paz y la palabra.

En nuestro pas este es un proceso de expropiacin que arranca de la crisis de la llamada Transicin. Las fuerzas liberales, franquistas y socialdemcratas tuvieron xito en apropiarse de la participacin poltica que evidentemente no tiene que ver con votar o dedicarse profesionalmente a las tareas administrativas y de gestin de los aparatos del Estado. La herida franquista fue suturada con el pus dentro con las consignas del cambio y la paz social.

La Revolucin cubana tambin nos ensea que pensar lo poltico y lo social es un requisito revolucionario. Ha de darse antes, durante y despus de que afloren acontecimientos revolucionarios. Como nada surge de la nada, nuestra tarea hoy, ms que nunca es rescatar el pensamiento revolucionario de nuestros pueblos y sus intelectuales comprometidos (la autogestin, la lucha obrera, el antiimperialismo) Todo aquello que en momentos puntuales contribuy a erosionar el Estado burgus o mejor dicho- el Estado franquista en el que an vivimos. Un Estado al que me gusta denominar francocracia que me parece ms preciso.

El antiimperialismo y el internacionalismo son tan fundamentales a la Revolucin cubana como el socialismo. La Revolucin cubana no slo derrot al imperialismo sino al caldo de cultivo imprescindible para que el imperialismo pudiera retornar: este caldo de cultivo del imperialismo no son slo las relaciones de produccin sino la ideologa liberal, el capitalismo como modo de produccin y reproduccin de la vida, la alienacin y enajenacin del ser humano. El capitalismo conduce una guerra cultural mundial, en la que pretende triunfar desde la vida cotidiana y los procesos civilizatorios, y a travs de un gran movimiento de privatizacin ideal y material.[7]

La hegemona ideolgica del capitalismo est relacionada con la forma en que han sido reorientados los objetivos y los intereses sociales de nuestros pueblos hacia el consumo y el deseo. Est vinculada a esa transformacin de la subjetividad humana, a esa mutacin del hombre en individuo econmico[8]. El objetivo de nuestras sociedades ya no ser ms cubrir las necesidades bsicas de nuestros ancianos, de nuestros jvenes, de los hombres y mujeres que conforman un pueblo. El objetivo de la sociedad subsumida por los valores capitalistas ser la satisfaccin del deseo y ste a su vez ser satisfecho a travs de los bienes materiales.

El Che y la Revolucin cubana nos mostraron que el Socialismo no se construye con las herramientas melladas del capitalismo y que junto con la transformacin de la economa era necesario construir un hombre nuevo.

Hoy, el nico campo en el que el imperialismo y el capitalismo no estn en crisis es el campo ideolgico y cultural. Se ha conseguido incluso individualizar la conciencia social. Tener conciencia social, valores humanistas, se ha convertido en una de las opciones personales de los militantes revolucionarios. Los valores de justicia social, el ecologismo, la igualdad de gnero, la solidaridad el Capitalismo ha conseguido que no sean parte de un proyecto de vida en comn, de construccin de la cotidianeidad de la vida social, sino una de las mltiples opciones individuales o de grupos pequeos.

La Revolucin cubana demostr que slo son realistas las opciones radicales. Las otras, las moderadas, las reformistas o simplemente las izquierdistas homologadas estn avocadas al fracaso. Como deca Atilio Boron en una intervencin a mis estudiantes de Ciencias polticas en el Congreso 200 aos de Marx, el sistema capitalista no puede permitirse hoy ni la ms tmida reforma. Un sistema en decadencia no puede poner en riesgo su propia existencia. De ah que como seal al principio, la bandera de la Unidad poltica que levant la revolucin fue la bandera de la unidad en torno a la radicalidad no alrededor de una oferta de mnimos. Fidel demostr que slo la radicalidad tena futuro en Cuba y no cedi al chantaje de la falsa unidad o de la esperanza de que la burguesa, las lites cubanas, cedieran voluntariamente el poder.

Pensar la Revolucin cubana hoy

Pensar la Revolucin cubana hoy es pensarla como un proyecto socialista que hemos de continuar. Ciertamente sin garantas, sin que nadie nos asegure que no nos vamos a equivocar o que el triunfo est asegurado. Los cubanos no tuvieron ninguna garanta tampoco, slo tenan certezas, la certeza de que no era posible ni la democracia ni la justicia social dentro del capitalismo.

Hoy tambin tenemos algunas certezas. Por ejemplo, sabemos que el capitalismo no es reformable. Que no es una cuestin de voluntad poltica. Que el capitalismo solo sobrevive reproduciendo constantemente las relaciones de explotacin, la enajenacin y la cosificacin del ser humano.

La experiencia actual de Amrica Latina en la que a principios del siglo XXI se pusieron en marcha distintos procesos revolucionarios, -unos ms radicales, otros menos, pero todos ellos de recuperacin de soberana y de reapropiacin de los recursos naturales-, nos muestra que el imperialismo no consentir, en el momento actual en que se encuentra, la ms mnima reforma. Los golpes blandos, los golpes parlamentarios, los falsos positivos, las operaciones encubiertas, las sanciones y guerra econmica, el impulso de los fascismos en la regin, etc. Todo ello son certezas sobre la imposibilidad de reformar el Capitalismo.

Pensar la revolucin cubana hoy implica pensar las condiciones que se dan ahora, el contexto en el que militamos. Deca Fernando: La insurreccin y el nuevo poder rebelde echaron abajo el sistema represivo y poltico del Estado burgus neocolonial y rompieron los lmites de lo posible en Cuba: en seguida las formas de participacin popular masiva, las medidas que abolan el sistema capitalista y la dominacin imperialista, y el armamento general del pueblo en revolucin dieron lugar, por primera vez en Occidente, al triunfo prctico de una revolucin autctona anticapitalista de liberacin nacional.[9]

La Revolucin cubana no puede ser slo una fuente de inspiracin, ni una gua o un manual revolucionario, es sobre todo una importante caja de herramientas. En un mundo como el actual dominado por la impotencia y la cobarda, en un mundo acosado y enfangado hasta los tutanos, Cuba nos sigue planteando el reto de hacer posible el socialismo.

Si Fernando Martnez Heredia, mi querido Fernando, viviera, estoy segura de que, junto con muchos otros revolucionarios cubanos nos retara a pensar el presente y el proyecto, no el cubano sino nuestro presente y nuestro proyecto revolucionario.

Nos pedira que rompiramos la lgica de pensar y esperar. La urgencia del presente, la virulencia con la que se ha desatado la guerra imperialista contra todos los pueblos que an resisten nos obliga a no esperar a que cambie la situacin, a no esperar a que nuestros partidos de izquierda, moderados o radicales, lleguen al parlamento y cambien las cosas por nosotros.

Finalmente, el legado ms profundo de la Revolucin cubana es la certeza de que se pueden romper los lmites de lo posible. Slo rompiendo esos lmites el socialismo deja de ser una utopa y se convierte en una probabilidad. Luchemos por hacer probable lo que se nos presenta como imposible.

Quiero acabar con el Che Guevara. El Che deca que tras la Revolucin cubana era ms fcil que se levantaran los pueblos de Amrica Latina porque las masas haban tomado conciencia de su destino la conciencia de la necesidad y la certeza de la posibilidad.

Notas:

[1] Intervencin el 5 de diciembre de 1988 en el acto en conmemoracin del XXXIII Aniversario del desembarco del Granma y de la fundacin de las FAR.

[2] El marxismo en AL tiene una importante tradicin escamoteada por los intelectuales occidentales europeos. La revolucin cubana rescat y aliment como ningn otro proceso revolucionario esta tradicin, precisamente porque triunf y el pensamiento pudo ser contrastado con la prctica. Mart, Maritegui, el Che -al que muchos ilustrados se resisten a considerarle un intelectual marxista-, etc. enriquecieron y proyectaron un socialismo vivo y autctono latinoamericano sin el que es imposible entender los procesos revolucionarios contemporneos del continente.

[3] La Habana, 1962, Discurso de Fidel en la Segunda Asamblea Nacional celebrada en la Plaza de la Revolucin, tambin conocida como La Segunda Declaracin de La Habana.

[4] Tomado de la Web de Oxfam: https://www.oxfam.org/es/iguales/cinco-datos-escandalosos-sobre-la-desigualdad-extrema-global-y-como-combatirla.

[5] Jos Mart. Hardman Hall de Nueva York (1889)

[6] F. Martnez Heredia, El ejercicio de Pensar. Editorial Ciencias Sociales, pg. 15

[7] F. Martnez Heredia, El ejercicio.., pg. 45

[8] Pier Paolo Pasolini en Escritos corsarios planteaba esta idea de la mutacin del hombre contemporneo.

[9] F. Martnez Heredia, El ejercicio... pg. 19.

ngeles Diez Rodrguez es doctora en Ciencias Polticas y Sociologa, profesora de la UCM.

Frente antiimperialista internacionalista https://frenteantiimperialista.org/blog/2019/01/26/60-anos-de-revolucion-la-revolucion-cubana-fortaleza-moral-y-socialismo/

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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