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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 31-01-2019

El ser intrascendente

Jaime Richart
Rebelin


En estos tiempos, aparte de otras muchas singularidades, es significativo el desdn por casi todo lo que hasta hace pocos aos, pocos comparados con los que abarca el tiempo histrico, tantos aprecibamos: la sensibilidad, el conocimiento riguroso, la esttica de las formas, el saber estar, la honestidad, el inters por todo, valores que da la impresin no han perdido las sociedades de la Europa eterna. La lectura, por ejemplo. La lectura deleitosa, sosegada, reposada de una novela o de un ensayo, no la lectura urgente y superficial de cualquier cosa generalmente breve o a descifrar. Las nuevas tecnologas han contribuido poderosamente a ello, pues han desvirtuado conceptos y valores y han desplazado severamente la atencin, antes presta a aspectos de la vida que requeran seguimiento, casi a lo inmediato, desvaneciendo la perspectiva. El presente se volatiliza rpidamente. Nada dura lo suficiente para saborearlo. Ni siquiera para ser analizado. Todo anlisis requiere tiempo y un proceso, pero no hay tiempo para esa delicadeza. Todo se juzga fcilmente sobre la marcha. A todo se le pone inmediatamente una etiqueta pese a que siendo casi todo previsible, raro es lo que no es un artificio frecuentemente torpe. Apenas hay espacio para la sorpresa y menos para la transicin. Los sentimientos amorosos se desfiguran o vacan pronto por el sexo, y duran poco. Al menos poco por la referencia de lo que antes duraba una amistad, ahora reemplazada por el placebo del amiguismo y del seguidor, o por lo que duraba un amor cuyo fin llega a menudo porque falta el brillo en unos ojos. Los continuos cambios, ms bien vaivenes, a que la informtica obliga alcanzan a todo, y poco escapa a lo prontamente obsoleto. Pese a que algo, un programa, una aplicacin o un procesador de textos lleguen a alcanzar la perfeccin, la supuesta perfeccin se sacrifica una y otra vez al cambio inevitable de la actualizacin aunque de ese modo se mutile. Y as, ese frenes, esa neurastenia del cambio por el cambio alcanza a todo y sin reposo: poltica, enseanza, estabilidad de la pareja, creciente desconfianza en el mundo mercantil, o la difcil distincin entre la noticia veraz y el libelo. Pues tambin al pensamiento se le exige actualizado, como si no hubiese valores intemporales o eternos en la sociedad civilizada. Como si no hubiese "verdades" tiles y la actualizacin no recurriese a actitudes "nuevas" con ideas o tendencias viejas: adivinacin, supersticin, esoterismo y filosofas a menudo empapadas de helenismo mal reinterpretado, de orientalismo o de remedos de ideas mitad religiosas mitad filosficas que atienden ms al oportunismo que a la imposible esencia de lo vapuleado por los cambios. Siempre hubo evolucin. Las generaciones, salvo que hubiera mediado guerra, se iban reemplazando generalmente en suaves transiciones. Pero hoy no creo exagerado afirmar que, al menos en Espaa, la deriva es ms bien fractura...

Por todo ello me pregunto ahora seran aplicables los parmetros, diagnsticos y conclusiones de la psicologa acadmica, si es que puede haber academicismo en esa disciplina? Sern vlidas las ideas sobre espiritualidad de tantos autores que han reciclado ideas de pensadores consagrados occidentales y orientales, al humano inicial de la prehistoria y de la protohistoria? Evidentemente no. Cuando no conoca religiones ni tena otro conocimiento que la tcnica o la astucia necesarias para sobrevivir y luego la fuerza para dominar a cualquier otro ser vivo, humano o no y luego para imponerse en el clan, aquel homnido en nada se parece a ninguno de los individuos de la historia, ni tena un solo rasgo del humano de hoy ms comn. La evolucin lo ha metamorfoseado tanto que no me extraara que estemos ante especies vivas diferentes.

Luego si eso es as, si se afirma la evolucin frente al creacionismo y al igual que no es lo mismo ni externa ni internamente un ser humano que otro o un ignaro que un sabio, y puesto que las ideas, las teoras y los sistemas se han ido superponiendo en la evolucin, a su comps los cerebros y la mente individual como la colectiva se han ido adaptando a esa misma superposicin. Y si lo que llamamos realidad puede ser tambin el sueo calderoniano, no menos puede ser un edificio gigantesco compuesto por simples construcciones mentales ms all de la existencia escueta de cada individuo por separado y de cada ser material e inmaterial aisladamente considerado. A partir del fonema, llega luego la fabricacin de palabras concretas para comunicarse, y luego las abstractas. Y sin una motivacin particular, van haciendo cada vez ms complejas la psique del individuo aislado, el alma de la sociedad y la totalidad de la existencia, individual y colectiva. Pues, una vez que el gruido se hubo convertido en sonidos articulados y con arreglo a ello se pas del desconocimiento total al conocimiento progresivamente acumulado, as se fueron asentando los cimientos de lo que llamamos sociedad humana. A partir de ah, el edificio del conocimiento colectivo, sin otros topes ni ms barreras que el error, la realidad crece constantemente a base de dichas construcciones. Construcciones mentales y realidad que no pueden contener ms grado de verdad que la resultante de una convencin, es decir, acuerdos de sucesivas minoras en cada pas y en el mundo, y en cada una de las superestructuras de la sociedad en su conjunto.

Sea como fuere, podemos decir que ninguna de todas las teoras que hoy son verdades por convencin, son aplicables al hombre anterior angustiado por la idea de un dios implacable o de dioses ideados por fundadores de una religin. Pero tampoco son aplicables al hombre desinteresado o al interesado exclusivamente por su supervivencia. Las teoras, todas las habidas hasta ahora, son para el hombre fustico. Fausto vende su alma a Mefistfeles a condicin de que le permita gozar de todo y conocer sin lmites buscando sin descanso, sin detenerse nunca en su deseo de saber. Y cuando Charcot, Freud y Jung hurgan en la personalidad del ser concreto agitando (si no despertndola) la angustia vital tratando de corregirla, es cuando el ser humano empieza a interrogarse frenticamente sobre s mismo ayudndose a menudo del psiquiatra, del psiclogo o del adivinador. Tomando esas teoras ms adelante, a partir del hombre recreado por el maquinismo y luego, ahora, por las tecnologas, el camino de otros vericuetos. Pues si antes no se conceba la vida terrenal sin una explicacin ms o menos artificiosa, la cosa no ha cambiado y la sociedad humana sigue empeada en la explicarlo y dar respuesta a todo, por peregrina que sea, siendo as que tambin es posible que no la tenga.

Pues el ser fustico, aunque est a punto de declinar, sigue siempre insatisfecho, no detiene nunca su curiosidad, su verbosidad incesante, y una accin constante y proyectos que rara vez culmina. Lo que no puede evitar en cuanto dedica un solo instante a mirar en su interior que, a menos que muera joven como don de los dioses que decan los antiguos, perciba lo que le espera: deterioro, decadencia, decrepitud o desahucio....Y deca que est a punto de declinar, porque toca ya el ser "intrascendente", que ni afirma ni niega, que prescinde de dios y de la curiosidad que satisface en un instante en internet, que se arrellena si acaso en la armona, en la esttica y en la tica, que se ayuda de una razonable actividad fsica y de la moderacin, que no se empea en ser feliz porque se contenta con no ser desgraciado y que no presenta reparo a admitir la realidad como resultado de una convencin compuesta por una infinidad de acuerdos cada da; que, tcnicamente, la vida entera responde concluyentemente a una construccin mental, y que las verdades son eso, acuerdos sucesivos sobre el relato de las cosas en el que se velan las verdaderas causas y los verdaderos actores, si los hay: desde el informe policial y los hechos probados del juez, hasta como tratar un cncer o cmo manejar un acelerador de partculas. Y que, al igual que los antiguos griegos viv n la mitologa como si creyesen en ella, l vive su realidad como si fuese real pero sin creer en ella porque no lo necesita. Es el ser capaz de prescindir de todo soporte que no est dentro de s mismo. Le basta para huir del espanto, del desengao y de la desesperacin, pues deja en suspenso todo pronunciamiento sobre cualquier materia. Ha abrazado el senequismo y el escepticismo como nicas actitudes prcticas y racionales conformes a la singular poca que vivimos. Es el ser que nada busca porque nada espera, y que no trata de encontrar respuesta a las verdades cambiantes porque ya no hay nada ni nadie que merezca su confianza. Verdades cambiantes, primero por su permanente actualizacin forzada por la ciberntica, y luego por la consciencia plena de que la verdad no est nunca a nuestro alcance y pertenece exclusivamente a un movimiento pendular que cada da y en un pepetuum mobile va de una construccin mental a otra, y que a eso, hace mucho que nos dio por llamarlo realidad. Todo lo que, desde el punto de vista biolgico, espiritual, mental y sanitario, es el modo adecuado de afrontar la humanidad un presente sobre el que se cierne a partes iguales tanto la gloria como el abismo: otra realidad, adems de la convencional y de la virtual...

 

Jaime Richart, Antroplogo y jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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