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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2019

Los pasos descolonizadores

Ibsen Hernndez Valencia
Rebelin


Dnde andaba Juan? Juan Garca andaba transitando, de all para ac, y de ac para all, buscando mecanismos y nuevas formas de cmo descolonizar el pensamiento, para renovar y reinventar un nuevo conocimiento que nos de independencia, para desaprender y construir desde el lodo y el manglar, desde la piquigua [1] y el guandal [2] , desde nuestras propias realidades; lo cual dar paso a una filosofa que des construya el poder del otro, para la construccin de una epistemologa propia que le devuelva a la sociedad una nueva forma de hacer y de concebir el poder, no un poder concentrado en pocas manos sino un poder que irradia sus beneficios en igualdad de oportunidades a todos, como decan los abuelos: lo mo es solo mo en la medida que los que conviven conmigo en este territorio tengan la oportunidad de compartir conmigo los beneficios.

Esta sociedad excluyente y racista fue pensada y diseada en y desde la esclavitud, con pensadores y cientistas deshumanizados y anti-cristianos, donde unos seres humanos trabajaban para satisfacer los vicios y las avaricias de los esclavizadores. Se nos deshumaniz desde la cristiandad, con un Dios distante y sordo, omnipresente y omnipotente, era tal el podero de su Dios que sus representantes en su nombre apoyaban todas las injusticias y crmenes que se cometieron a lo largo de la historia, si seor todo en su nombre y usted miro y acepto el holocausto.

Esta forma conceptual y filosfica de la sociedad dominante de concebir a su Dios, fue el origen de la esclavitud y la exclusin, que dio inicio al racismo epistmico, el cual fundament y deslegitim la existencia del otro, para fortalecer sus aberraciones sociales. Esta lgica occidental y cristiana concibi y legtimo la presencia soberana del blanco occidental europeo y sus descendientes, para disponer del destino delos explotados del sur. Ellos se creen los predestinados por la voluntad divina para calificar y descalificar, lo que es bueno, y lo que es malo. Ellos se creen dueos de la verdad, creen que estn sobre el bien y el mal.

Los abuelos y las abuelas se encarnaron en Juan Garca [3] , en Mam Zolita [4] y en tantos otros luchadores por la vida. Con entusiasmo en el movimiento y la palabra nos convocan a despertar y ser artfices de una nueva forma de ver e interpretar el mundo, que nos permita salvar al planeta, porque no solamente caer el considerado ser dominante, sino, que nos llevara a todos al abismo en esta loca carrera por consumir. Es irreversible la destruccin del mundo si se los permitimos.

Esta sociedad capitalista, racista, machista y suicida cree que tiene el derecho a dominarlo todo, y que est sobre el resto de seres humanos, poniendo por delante sus privilegios y su soberbia. Por todo eso, se hace necesario establecer ideologas nuevas que rompan con el individualismo e impongan los deseos colectivos, donde el accionar del hombre dominante se vea obligado a adecuarse a las voluntades colectivas, que no es otra cosa que la suma de miles de voluntades, slo eso genera poder verdadero y transforma sociedades.

El abuelo Zenn nos deca: podemos y debemos soar sin miedo nuevas sociedades, si lo hicieron los Abuelos Cimarrones creando los Palenkes, podemos nosotros pensar estructuras sociales que sean capaces de repensar los derechos humanos, para proteger la vida; por lo tanto necesitamos transformar a los excluidos en sujetos epistmicos, capaces de hacer lecturas de su entorno, y desde esas lecturas proponer cambios que tengan la aprobacin consensuada de la comunidad, que es la nica que le da el sello de aprobacin y validacin al poder. Por lo tanto nada debe escaparse a esa aprobacin.

El sujeto excluido y oprimido, necesita renovarse conceptual, espiritual y filosficamente, eso implica hacer una construccin de su pensamiento, que a su vez impulse razonamientos crticos que le d capacidad para observar y escuchar a los mayores, porque es en ellos dnde estn los saberes, porque ellos tienen historias para tomar decisiones y transformar la realidad. Es imperativo dialogar con el pasado y ese pasado est en la voz de los abuelos, mientras ms estiremos la flecha ms distante llegara la flecha, lo deca un abuelo.

Juan, mientras ms caminaba, ms andaba, y en su andar asuma con responsabilidad el encargo de los abuelos, y eso lo haca inquieto, observador. Era un curioso incansable que escudriaba cuentos, mitos, dichos, las trampas, el corral, las velas, y el telar. Ni cuenta se daba que l y su pueblo estaban avanzando, porque estaba tan concentrado en escuchar y aprender de los abuelos. Para Juan Garca era muy fcil interpretar la realidad y entender los principios ancestrales de la comunidad. Cmo no va a ser fcil para l s fue aprendiz del abuelo Zenn!, l supo escuchar la voz de los mayores y aprendi a seguir las huellas dejadas por los cimarrones; las observ en el corral, en la catanga, en las balanzas, en las piedras, en los ros, y en el mar. Juan Garca era incansable, buscaba en todos lados la verdad y la voluntad de su pueblo, esa voluntad que est escondida en la epidermis, en el pigmente, en la esperanza reprimida, en definitiva esa voluntad de hacer esta en la piel y en las oscuras neuronas constructoras del pensamiento liberador; fueron 500 aos de construccin de este sistema capitalista, y su poder destructor no solamente se expresa en la economa y su arquitectura de la explotacin, tambin en la literatura, en la espiritualidad, y en todo lo que vemos y tocamos.

Somos hijos de hombres y mujeres valientes que resistieron al genocidio y rompieron las ataduras del poder, inventaron cuentos y mitos para ocultar sus luchas y las formas de proyectar la vida; cuidaron y protegieron los manglares y las montaas, pintaron los cangrejos de azul como una expresin de rebelda y de pasin por la vida. Liberarse del colonialismo es construir nuevos pensamientos desde nuestras realidades, dando paso a una filosofa que des construya el poder del otro, por la construccin de una epistemologa propia que replantee el poder y que respete la voluntad diversa e intercultural del pueblo.

El pueblo afroecuatoriano est construyendo nuevos Palenkes, nuevos Palenkes del pensamiento crtico, para repensar la sociedad.



[1] La piquigua es una soga del monte que cuelga de los rboles, para usarlo en las amarras y en la elaboracin de canastos, Katanga, abanicos, para amarrar andamios y las vigas en la construccin de casas, la piquigua es buena cuando est fresca y cuando est seca, es la soga de la selva.

[2] El guandal, es un espacio de tierra hmedo y blandita, que cuando se pisa se entierran los pies, los guandales estn cerca de los esteros o pequeos riachuelos.

[3] Juan Garca Salazar: es muy frecuente escuchar a los mayores decir que cuando estos Estados no eran, los mandatos y las filosofas ancestrales del pueblo de origen africano asentado en estos territorios, ya ordenaban nuestra manera de vivir. Esta reflexin tiene una raz histrica, no podemos olvidar que los prime-ros troncos familiares de origen africano llegaron a vivir en esta regin entre 1560y 1760, entonces los mandatos ancestrales son primero que las leyes de los Estados nacionales. Los palenques de cimarrones tenan una propuesta organizativa y una estrategia para la defensa, entonces a eso se refieren los ancianos cuando nos hablan de las propuestas ancestrales, para mantenerse en el tiempo como pueblo culturalmente diferente. Entonces, las comunidades recuperan su derecho ancestral de sus propias formas de vida, de sus propuestas para ser, en un tiempo cuando el Estado no era; por eso, los mayores hablan del nacimiento de un derecho mayor que nace casa dentro, cuando los otros derechos no haban nacido. El derecho a los territorios tendra que ser un camino para interactuar con otras formas de derecho, lo ancestral podra dialogar con las otras formas de derecho. La memoria colectiva de las comunidades repite una vieja enseanza de los mayores: De todos los derechos ancestrales que nos asisten como pueblo de origen africano asentado el Ecuador, el derecho al territorio colectivo, es uno de los que menos fuerza necesita para ser reconocido y reconocido. Los antiguos esclavizados que ganaron este derecho llegaron a estas tierras contra su voluntad. Reconocerles el derecho ancestral sobre los territorios que ocupan, es lo mnimo que los Estado pueden hacer para reparar esa injusticia histrica.9El Estado tendra que saber que sus cuerpos desbastados por el trabajo dela mina, son sabia, raz y fruto de la vida que florece en estos territorios del norte de Esmeraldas.

En el tiempo de los mayores, ningn hombre, ninguna mujer de origen africano nacido/a en esta regin del Pacfico, quera ver desnuda a la madre tierra. Por eso, generacin tras generacin asumimos el compromiso de cuidar el monte que viste a la montaa madre, porque su desnudes era nuestra vergenza. Abuelo Zenn1En los ltimos aos y ante la regionalizacin del conflicto colombiano, la explotacin de los llamados recursos naturales y la creciente violencia e injusticia que son productos de ambos, la zona de la frontera norte ecuatoriana adquiere algo ms de atencin. Sin embargo, la atencin especfica a Esmeraldas y su pueblo de origen africano permanecen an escasa. La provincia de Esmeraldas ubicada en el noroccidente del Ecuador tiene una poblacin de aproximadamente 416. 272 habitantes: 203.176 urbanos y213.096 rurales, con una mayora afrodescendiente (51,2%), una pequea poblacin indgena (1,2%) y el resto mestiza. El porcentaje afroecuatoriano radical-mente se incrementa hasta ms de 80% en los cantones del norte de la provincia: Eloy Alfaro y San Lorenzo, donde la vida histricamente ha circulado alrededor de los ros y el mar, construyendo as una dinmica fronteriza con la regin de Tumaco, Colombia, marcada por fuertes vnculos familiares y el intercambio permanente a nivel tanto de personas como de comercio. No obstante, la agresiva penetracin de capitales nacionales y transnacionales, dedicados a la explotacin: Territorio Derechos, territorio ancestral y el pueblo afroesmeraldeo: Juan Garca y Catherine Walsh

[4] Mam Zoilita, La Reina de la bomba, Llurita (como le llaman sus hijos), son varios de los nombres con que se conoca a Zoila Custodia Espinoza, nacida hace 83 aos en el Chota, una mujer con una vida a cuestas que encierra buena parte de la historia del pueblo afrochoteo. Su vida, al igual que la mayora de las mujeres de su poca, fue dura, y tuvo que enfrentarla sola. Sus ocho hijos eran an pequeos cuando se separ de su marido, lo que la oblig a migrar a Ibarra y dejar su Chota querido.

Las ciudades son hostiles para las personas de la dispora africana, sobre todo la ciudad blanca de Ibarra llamada as por su fuerte ideologa conservadora donde tuvo que trabajar en el servicio domstico, funciones que haban sido naturalizadas para las mujeres afrodescendientes. Ofreca sus servicios en las casas de esos ricos, como deca. Lavaba ropa para poder alimentar y educar a sus cros.

Siempre deca que a pesar de la dureza del trabajo, y sobre todo de la gente, le fue bien en la vida, lo que se puede atribuir, adems de su optimismo, a su particular personalidad. #Era una mujer que no se dejaba vencer por las adversidades y tena un carcter fuerte, que resuma as: Yo siempre digo las cosas como son y en la cara no me importa quin sea. Gracias a esta actitud logr hacer su camino en la dispora. (Mama Zoilita: La reina de la bomba por siempre: 11 Septiembre, 2017: Escrito por: Edzon Len Publicado en Edicin N 306)

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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