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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 01-02-2019

Lmites, fascismo territorial y la derecha sin complejos

Yayo Herrero
Ctxt

Los grupos de ultraderecha buscan desviar la mirada del proceso de desposesin y expulsin que estamos viviendo. Solo en un clima de tensin, violencia e histeria es posible esconder dicho proceso


El Club de Roma adverta en 1972 sobre la inviabilidad del crecimiento indefinido de la poblacin y sus consumos en un planeta con lmites fsicos. Aunque esas proyecciones sobre la disponibilidad de recursos fueron denostadas, la informacin cientfica que disponemos hoy valida en buena medida lo que entonces se auguraba.

El IPCC advierte en su ltimo informe que disponemos de doce aos para mitigar el calentamiento global y limitar el alcance de la catstrofe global. De lo contrario, millones de personas estarn en peligro ante las crecientes sequas, inundaciones, incendios, hambrunas y pobreza.

La Agencia Internacional de la Energa en su ltimo informe anual advierte que en 2025 ser imposible satisfacer la demanda de petrleo. Igualmente seala problemas con el carbn, uranio y gas natural. Tambin lo afirma Brufau, mximo responsable de Repsol, que habla de previsible escasez de petrleo en un par de aos. Estos desajustes provocarn una fortsima inestabilidad en los precios del petrleo.

El declive de la energa fsil y la crisis climtica obligan a una transicin del sector energtico y del transporte hacia energas renovables. Ello implicar depender de otros minerales que tambin son finitos. La electrificacin de los vehculos estar probablemente limitada por el uso de cobalto, litio y nquel; podra haber restricciones para las aleaciones de acero que necesitan cromo, molibdeno o vanadio y en equipos electrnicos que requieren plata, cobre o tntalo. La energa solar fotovoltaica demandar materiales tales como indio, selenio, estao o teluro y la energa elica est asociada a imanes permanentes que requieren neodimio y disprosio. La extraccin de los minerales nombrados se encuentra en situacin de riesgo alto, cuando no ha sobrepasado ya sus picos.

Todos estos factores inciden en la economa y las personas. Tras la crisis de 2007 y sin habernos recuperado, estamos en puertas de una nueva recesin econmica. Los sntomas estn ah para quien quiera verlos. General Motors anuncia el cierre de cinco plantas en Norteamrica, Arcelor anuncia un ERTE para 2019, Vodafone anuncia un ERE en Espaa, Alcoa pretende cerrar las secciones con ms consumo energtico, el sector financiero afronta dos grandes ERE, etc. Seguirn las refineras, empresas de automocin y otras, no porque se apliquen polticas ecolgicas como se dice a veces, sino porque los capitales abandonan sectores que no dan los beneficios que esperan y, con ellos desechan a las personas trabajadoras.

A su vez, las condiciones materiales de vida empeoran. La vulnerabilidad econmica afecta al 32,6% de la poblacin espaola. Casi un 30% de las familias emplean ahorros o piden dinero prestado para hacer frente a sus gastos. Se extreman las formas de explotacin y, los empleos mal pagados y precarios se convierten en una nueva normalidad.

Wallerstein plantea que las crisis cclicas del capitalismo se producirn cada vez ms seguidas al topar con los lmites del planeta. Tiene razn. La economa, no nos cansamos de repetir, es un subsistema del medio natural en el que se inserta, no al revs. Tanto por el lado de la extraccin como de los residuos, nuestro planeta se encuentra en una situacin de translimitacin. Eso significa que el decrecimiento de la esfera material de la economa es simplemente un dato. El crecimiento econmico actual est directamente acoplado al uso de materias primas y, ante su declive, se estanca y retrocede inevitablemente.

Hoy, la humanidad necesita un planeta y medio para vivir. La huella ecolgica mide la superficie ecolgicamente productiva necesaria para producir los recursos consumidos por una persona media de una determinada comunidad humana, as como para absorber los residuos que genera. Esa superficie se dispara en lugares como Estados Unidos o Europa. Es decir, los pases enriquecidos no viven con los recursos de sus propios territorios, sino con las materias primas y productos manufacturados con cargo a otros lugares. En Espaa, el 80% de la energa y 75% de los minerales utilizados proceden fundamentalmente de Amrica Latina y frica, y los alimentos que consumimos requieren el doble del territorio nacional.

En su obra Mein Kampf, Hitler declar que los alemanes merecan espacio vital acorde con la dignidad de la raza aria y defendi la legitimidad moral de ocupar los territorios de otros pueblos inferiores y eliminar a quienes vivan en ellos. Si cambiamos espacio vital por huella ecolgica iluminamos dimensiones ocultas que explican la emergencia de movimientos de extrema derecha.

El capitalismo mundializado en este planeta translimitado ha intensificado los mecanismos de apropiacin de tierra, agua, energa, animales, minerales y explotacin de trabajo humano. Instrumentos financieros, deuda, compaas aseguradoras, y todo un conjunto de leyes, tratados internacionales y acuerdos constituyen una verdadera arquitectura de la impunidad que allana el camino para que complejos entramados econmicos transnacionales, apoyados en gobiernos a diferentes escalas, despojen a los pueblos, destruyan territorios, desmantelen las redes de proteccin pblica y comunitaria que existan, y criminalicen y repriman las resistencias que surjan.

Este es el fascismo territorial que, dice Boaventura Souza Santos, establece fronteras internas y externas que separan a quienes estn dentro de quienes son poblacin sobrante. Un fascismo que se esconde detrs de una democracia vaciada.

Esta construccin poltica es asumida como ley natural y cuenta con amplio consenso, no solo de las derechas sino tambin de la socialdemocracia. Las tensiones sociales que se crean pueden hacer saltar las costuras del modelo. Los chalecos amarillos, las movilizaciones en Polonia, el movimiento feminista, el de pensionistas, las propias personas migrantes organizadas en caravanas y/o grupos de asalto a las vallas, son manifestaciones de ese malestar.

En medio de estas turbulencias se produce un repunte significativo de opciones polticas de ultraderecha. Trump, Bolsonaro o Abascal enarbolan un discurso xenfobo, misgino, histrinico y agresivo que evoca un pasado glorioso que nunca existi. Buscan desviar la mirada del proceso de desposesin y expulsin que estamos viviendo. Solo en un clima de tensin, violencia e histeria es posible esconder dicho proceso.

La economa globalizada asienta el fascismo territorial a partir de la ingeniera social y la racionalidad econmica que considera que las vidas y los territorios importan solo en funcin del valor aadido que produzcan. La extrema derecha es el cmplice necesario que criminaliza, estigmatiza, deshumaniza y legitima el abandono y expulsin de las personas sobrantes. La ultraderecha pretende mantener el orden del fascismo territorial mediante el miedo, la desconfianza y el ejercicio del poder contra el ltimo.

El feminismo est en el centro de su diana, creo que por tres motivos. Uno, por ser un movimiento organizado, de masas y transversal que ha lanzado un rdago al sistema en su conjunto y que reclama revertir las prioridades econmicas y polticas poniendo las personas en el centro; dos, porque en un marco de recortes y destruccin de servicios pblicos, se pretende que las mujeres garanticen la reproduccin cotidiana de la vida; y tres, porque es fcil generar rechazo contra un movimiento que cuestiona los privilegios de la mitad de la poblacin y que pone patas arriba la tica reaccionaria familiarista que lleva milenios asentada.

La extrema derecha exacerba la virilidad ms aeja y cobarde. Una virilidad sumisa al poder, fuerte con los dbiles, que quiere poner a las mujeres en su sitio, se crece cuando trata con brutalidad a los animales o cuando humilla y criminaliza a personas extranjeras o a quienes piensan distinto sin complejos. Todo vale excepto sealar las lgicas econmicas y los agentes que provocan la crisis y levantan vallas para proteger los privilegios de los ricos. Ocultan el despojo material y canalizan la rabia y el miedo a travs del linchamiento social de colectivos declarados como monstruosos.

Cmo hacer para garantizar las condiciones de vida para todas las personas? Cmo afrontar la reduccin del tamao material de la economa de la forma menos dolorosa? Qu modelo de produccin y consumo es viable para no expulsar masivamente seres vivos? Cmo mantener vnculos de solidaridad y apoyo mutuo que frenen las guerras entre pobres, vacunen de la xenofobia y del repliegue patriarcal?

Sealar las causas estructurales y a quienes estn detrs de este proceso de acumulacin por desposesin es condicin necesaria para crear las condiciones polticas que permitan recomponer un metabolismo social en el que la vida digna sea posible.

Yayo Herrero es activista y ecofeminista. Antroploga, ingeniera tcnica agrcola y diplomada en Educacin Social.

Fuente: http://ctxt.es/es/20190130/Firmas/24130/fascismo-extractivismo-cambio-climatico-boaventura-da-sousa-yayo-herrero.htm

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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