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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2019

Importante apoyo demcrata al golpe de Estado en Venezuela
Cmo utiliza la derecha la situacin de Venezuela para reorganizar la poltica

Greg Grandin
The Nation/Ctxt


Donald Trump se siente muy atrado por Venezuela desde hace ya algn tiempo. Durante el verano de 2017, Trump, citando la invasin de Panam que George H.W. Bush llev a cabo en 198990 como un precedente positivo, en repetidas ocasiones presion para que su personal de seguridad nacional lanzara una ofensiva militar sobre el pas asolado por la crisis. Trump iba en serio. Quera saber por qu Estados Unidos no poda simplemente invadir. Sacaba la idea a colacin en una reunin tras otra.

Sus asesores militares y civiles, as como lderes extranjeros, rechazaron la propuesta enrgicamente. De este modo, segn la NBC, deleg la poltica de Venezuela en el senador de Florida Marco Rubio, el cual, junto con el consejero de seguridad nacional John Bolton y el secretario de Estado Mike Pompeo, empez a coordinarse con la oposicin venezolana. El martes, el vicepresidente Mike Pence hizo un llamamiento a los venezolanos para que se sublevaran y derrocaran al presidente del pas, Nicols Maduro. El mircoles, el jefe de la Asamblea Nacional controlada por la oposicin, el hasta ahora desconocido Juan Guaid, de 35 aos (y cuyo padrino poltico es, segn The Washington Post, el lder de la extrema derecha encarcelado Leopoldo Lpez), se autoproclam presidente. Guaid rpidamente fue reconocido por Washington, despus por Canad; por una serie de poderosos pases latinoamericanos, entre los que se incluyen Brasil, Argentina y Colombia; y por el Reino Unido.

Trump tiene un sentido vacilante de la historia, pero su instinto para ver a Venezuela a travs del prisma de Panam es de lo ms atinado. De forma similar a Panam en su momento, Venezuela es hoy una nacin que sufre una larga y al parecer insuperable crisis, y est gobernada por un rgimen cuestionado por una oposicin unida (o suficientemente unida), que Washington puede utilizar para justificar su intervencin y despus instalarse en el poder una vez se haya completado la intervencin.

Y Trump, cuando mira a Venezuela, no est haciendo ms que lo que hicieron George H.W. Bush o Ronald Reagan antes que l: utilizar una guerra puntual en el patio trasero de Washington para reorganizar la poltica interior e internacional. Durante mucho tiempo, Latinoamrica y el Caribe han sido el laboratorio de Washington, un lugar especialmente til en el que poder reagrupar incipientes coaliciones polticas despus de pocas de crisis global, y en el que no solo pueden ensayar estrategias militares y de desestabilizacin, sino tambin aguzar su visin del mundo y elaborar justificaciones morales para la intervencin.

La invasin de Granada que consum Reagan en 1983 recibi los elogios de muchos demcratas, que no solo celebraron la superacin del trauma de la Guerra de Vietnam, sino tambin el sndrome de la crisis de rehenes iran. Un columnista, previendo la actual conversin de la poltica en un espectculo de telerrealidad, coment que la invasin proporcion a la televisin estadounidense una de sus mejores semanas. El presidente demcrata de la Cmara de Representantes, Tip ONeill, calific la invasin de justificada, al igual que otro demcrata muy crtico con Reagan, Thomas Foley. Con la invasin de Granada se descargaron aos de frustracin, afirm Robert Torricelli, portavoz demcrata de Nueva Jersey. La invasin posterior de Panam por parte de Bush proporcion a la televisin una semana an mejor, y recibi el mismo tipo de elogios nacionales. Ambas invasiones, especialmente la de Panam, ayud a erosionar el principio de no-intervencin la base del orden diplomtico del New Deal y a restablecer en el derecho internacional el principio de que Estados Unidos tiene el derecho de declarar la guerra a pases soberanos no solo en nombre de la seguridad nacional, sino tambin con un propsito moral mayor, como la proteccin de vidas o la defensa de los derechos humanos.

Parece obvio que Trump, que tambin preside una nacin que sufre una crisis al parecer insuperable y es cuestionado por una oposicin unida (o suficientemente unida), est desesperado por encontrar algo que le saque del estancamiento. Un rpido vistazo general revela, sorprendentemente, pocas posibilidades. Irn es demasiado arriesgado, por el momento, y sus predecesores han exprimido lo queda de Oriente Medio y el Golfo Prsico. Venezuela es tentadora.

Estamos contemplando, de algn modo, el mismo tipo de conjuncin que presenciamos en el proceso de preparacin de Panam e Iraq. En el caso de Venezuela, dnde estn los liberales?, se quejaba el titular de una columna de Bret Stephens publicada en el New York Times el ao pasado. Estn contigo, Bret, estn contigo. El portavoz Eliot Engel, que ahora preside el Comit de Asuntos Exteriores de la Cmara de Representantes, apoya la postura de Donald Trump en Venezuela, promete promulgar leyes que lo respalden y recibe el apoyo de Donna Shalala, portavoz demcrata por Florida. Nancy Pelosi, presidenta de la Cmara, tuite: Amrica apoya al pueblo de #Venezuela que se alza contra el gobierno autoritario y exige respeto por los derechos humanos y la democracia. En Florida, Andrew Gillum, que perdi por escaso margen la reida carrera a gobernador frente a un trumpista de derechas (que lleg a ser acusado de comunista en dicha campaa y que Trump vincul con Maduro), tambin envi un tuit en apoyo a la poltica de Trump respecto a Venezuela. La Radio Pblica Nacional (NPR) se deshizo en alabanzas. Es la decisin correcta. Gracias, seor Presidente, tuite Jeb Bush.

A su vez, la mayor parte de la creciente faccin socialdemcrata del Partido Demcrata ha sido lenta en responder. Ro Khanna, representante por California, fue quizs el primero de la izquierda parlamentaria que critic la apuesta por el cambio de rgimen, y lo hizo con contundencia, al igual que hiciera posteriormente el candidato a la presidencia y portavoz de Hawi, Tulsi Gabbard. Bernie Sanders se precipit en su respuesta al aceptar el argumento de Trump para la intervencin afirmando que la presidencia de Maduro era ilegtima, antes de sealar que Estados Unidos tiene una larga historia de intervenciones fuera de lugar en pases latinoamericanos; no debemos seguir por ese camino otra vez. La respuesta de Alexandria Ocasio-Cortez tambin ha sido silenciada.

La portavoz de Minnesota, Ilhan Omar, ofreci la declaracin ms contundente: No podemos elegir a dedo lderes de otros pases en nombre de los intereses corporativos multinacionales, afirm. Si verdaderamente queremos apoyar al pueblo de Venezuela, podemos levantar las sanciones econmicas que estn infligiendo sufrimiento a familias inocentes dificultndoles el acceso a la comida y medicinas y agravndoles la crisis econmica. Dichas sanciones fueron respaldadas por una parte considerable del Partido Demcrata.

Maduro, exvicepresidente del difunto Hugo Chvez que gan unas reidas elecciones presidenciales en 2013 y despus obtuvo una controvertida reeleccin en 2018, podra caer. La coordinacin detallada aqu , en The Wall Street Journal entre la oposicin y la Casa Blanca es impresionante, como lo es la habilidad de Washington para aunar el respaldo internacional. En eso difiere de 1989, cuando todos los pases de la Organizacin de los Estados Americanos, incluido el Chile pinochetista, se opusieron a la invasin de Bush. O de 1983, cuando, ante la oposicin de la OEA, la administracin de Reagan tuvo que hacer valer las obligaciones contradas en virtud de tratados con la microscpica Organizacin de los Estados del Caribe Oriental para justificar su ataque a Granada. En Venezuela, a diferencia de anteriores protestas por parte de la oposicin, los pobres de los barrios histricamente chavistas parecen unirse a los llamamientos para derrocar a Maduro (Rebecca Hanson y Tim Gill, han publicado en NACLA, aqu, una buena encuesta sobre la situacin actual).

Sin embargo, el ejrcito de Venezuela, con un mnimo de 235.000 soldados respaldados por al menos un milln y medio de miembros de las milicias progubernamentales, por ahora apoya a Maduro. Las contramanifestaciones en defensa del gobierno parecen ms pequeas de lo habitual, pero siguen incluyendo una cantidad significativa de personas. Han asesinado a ms de una docena de personas, pero el principal eje de confrontacin se est trasladando rpidamente de las calles a la arena diplomtica. Segn The Guardian, EE.UU. inicialmente ignor la orden del gobierno de Maduro de expulsar al personal de la embajada, pero a ltima hora del jueves, el departamento de Estado anunci que estaba retirando los empleados del gobierno de EE.UU que no fueran de emergencia.

Es un golpe en el que compiten dos realidades simultneas. Por un lado, hay un presidente sentado en el palacio presidencial, que sigue al mando de la mayor parte de los resortes del gobierno, incluido el ejrcito y la polica, cuya legitimidad es reconocida por, entre otro pases, China, Rusia y Mxico. Por otro lado, hay un presidente alternativo que segn dicen est atrincherado en la embajada de Colombia que promete amnistas y promulga decretos virtuales y que cuya autoridad respeta quiz la mitad de la poblacin y quiz una docena de naciones encabezadas por Brasil, Estados Unidos, Gran Bretaa y Canad. Pero no la Unin Europea. Todas las opciones estn encima de la mesa, dice Trump, mientras amenaza con una respuesta militar. Sin embargo, est aflorando la impresin de que, si el ejrcito venezolano se mantiene firme, Trump podra haber perdido su apuesta. Brasil, gobernado ahora por Jair Bolsonaro, un homfobo que celebra el genocidio y amenaza con la violacin, ha dicho que no participar en una intervencin militar. No creo que la administracin [de Trump] haya pensado en todas las consecuencias de pasar a la accin tan rpidamente como lo hizo en reconocer a Guaid, dijo Roberta Jacobson, que trabaj como subsecretaria de estado en Latinoamrica (un puesto actualmente vacante) para Barack Obama y, durante un tiempo, para Trump.

Pase lo que pase, est claro que la faccin izquierdista del Partido Demcrata tiene que agudizar su mensaje de respuesta a la crisis, hallar el modo de utilizar estas ocasiones para presentar una visin convincente que contrarreste al establecimiento de una poltica exterior bipartidista. No hace mucho, en las pginas de los peridicos y revistas apareci una serie de artculos que se preguntaban cmo sera una poltica exterior de izquierdas. Dnde est la poltica exterior de izquierdas?, preguntaba el titular de un artculo de Sarah Jones el ao pasado en The New Republic. A raz de la quiebra financiera de 2008, surgi una joven generacin de analistas polticos que ofrecan medidas especficas, prcticas y factibles encaminadas a lograr, por ejemplo, un Medicare for All (asistencia mdica universal) o a implementar una estructura impositiva progresiva y una Renta Bsica Universal. Pero, tal y como Jones y otros sealaban, la poltica exterior pasaba casi inadvertida.

Algunos trataron de rellenar el vaco. Ofrecieron bien propuestas especficas sobre cuestiones controvertidas como el conflicto entre Israel y Palestina, la guerra saud en Yemen, China, el comercio y Rusia, o presentaron principios amplios entre los que cabe destacar como escribi Daniel Bessner, un estudioso de poltica exterior estadounidense en The New York Timesresponsabilidad antimilitarismo, deflacin de amenazas y un internacionalismo socialdemcrata. Si Ocasio-Cortez estuviera algn da en el Comit de Relaciones Exteriores de la Cmara de Representantes, podran apoyarla en su intento de forjar una poltica exterior de izquierdas. A esto hay que sumarle que las propuestas y principios que ofrecen los asesores de poltica exterior socialdemcratas son buenos y decentes.

Sin embargo, el golpe de Estado de Trump en Venezuela revela que la poltica exterior es un mbito de accin poltica mucho ms voltil, un escenario ms primario de la identidad nacional y la imaginacin colectiva que la poltica interior. Al menos desde los primeros aos de la presidencia de Barack Obama, el Partido Republicano ha estado utilizando a Venezuela para aferrarse a su mensaje, fusionando un racismo implcito y una defensa explcita de los derechos individuales y la libertad capitalista. El golpe de Estado de 2009 en Honduras le dio a la derecha una oportunidad de utilizar los reparos iniciales de Obama frente al golpe para apuntalar un relato que equiparaba a Obama tanto con Hugo Chvez como con Fidel Castro, un relato que Trump ha aprovechado eficazmente. Quieren convertirnos en Venezuela, ha dicho recientemente. A medida que los derechos sociales la atencin mdica, la educacin, una vida decente ganan popularidad, la derecha ha perfeccionado su respuesta pero en Venezuela. Al hacerlo transmite una visin del mundo general bastante coherente. Ocasio-Cortez, dicen los republicanos, est empecinada a convertir a los estadounidenses en socialistas venezolanos (a pesar de que, recientemente, Chris Cuomo ofreci la respuesta ms ingeniosa y sorprendentemente efectiva de todas).

Que la respuesta de Sanders y Ocasio-Cortez al golpe de Estado de Trump ha sido dbil es comprensible. El gobierno de Maduro es difcil de defender, excepto de un modo abstracto basado en el principio de soberana y no intervencin y una abstraccin es un mbito complejo para mostrar una visin poltica creble. Hay una tensin profunda e insuperable entre el ideal de la autodeterminacin nacional y el ideal de que la dignidad humana no se debera sacrificar por la autodeterminacin nacional. Y los demcratas de izquierdas quieren que el debate poltico se centre en las medidas polticas nacionales: unos impuestos ms sensatos, un Medicare for All (asistencia mdica universal) y un Green New Deal (pacto medioambiental) son, en el contexto de la horrible poltica nacional de EE.UU., mucho que asumir.

Sin embargo, una coalicin poltica no puede dominar el debate de la poltica nacional a menos que tambin domine el debate de la poltica exterior. Mi ejemplo favorito de esto es cuando Michael Dukakis, candidato demcrata a la presidencia en 1988, intent sacar partido del escndalo Irn-Contra. No pudo. Tras sacar el tema en uno de sus debates con George H.W. Bush, este le respondi como si estuviera espantando una mosca: Asumir toda la culpa del escndalo Irn-Contra, dijo Bush: si me concedes la mitad del crdito por todo lo bueno que ha ocurrido en el mundo desde que Ronald Reagan y yo nos hicimos cargo de la administracin de Carter. Dukakis no volvi a sacar el tema.

El terreno poltico ha cambiado, y Trump, pase lo que pase en Venezuela, no podr utilizar la poltica exterior para tal efecto. Sin embargo, si la faccin socialdemcrata del Partido Demcrata no solo quiere reaccionar ante un programa existente, sino establecer un nuevo programa, debe ser consciente de hasta qu punto la poltica exterior es el lugar en el que, en trminos gramscianos, se establece la hegemona, y no en otras naciones, sino dentro de esta nacin; el lugar donde se resuelven las ideas normativas respecto al mejor modo de organizar la sociedad; el lugar donde las contradicciones entre ideas, intereses, grupos sociales se reconcilian. Dicha reconciliacin no tiene lugar a travs de una lista rutinaria de polticas pragmticas, sino aprovechando la superioridad ideolgica.

Tal y como demuestran los acontecimientos que se estn desarrollando en Venezuela, esa superioridad est en juego, aunque Ilhan Omar nos proporcione el camino para alcanzarla.

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Este artculo fue publicado originalmente en The Nation.

Traduccin de Paloma Farr.

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