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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-02-2019

Cartas a Samira (12)

Autor: Yassin Al-Haj Saleh
Al-Jumhuriya


El nico da que celebro desde tu desaparicin es el da de tu cumpleaos. Lo paso solo, contigo.

Llevo pensando desde unas semanas antes de tu cumpleaos, Sammur, que siempre nos ha unido el amor por la experiencia, la voluntad de caer en la experiencia, arriesgarnos y vivir nuevos comienzos. Los principios siempre son difciles, y las experiencias pueden ser catastrficas. T y yo lo sabemos.

En los ochenta del siglo pasado, te hiciste comunista y te uniste a una organizacin opositora, a sabiendas de que podan detenerte y torturarte, y cuando eso sucedi, gritaste en la calle para que la gente se percatara de lo que estaba sucediendo a su alrededor y de lo que les poda suceder a ellos. Te hicieron callar y mandaron dentro a los curiosos que haban salido a mirar lo que suceda desde sus balcones. La organizacin secreta especial con monopolio sobre las armas llamada Estado quera que todo les fuera visible, que los gobernados fueran libros abiertos, en los que no hubiera secretos ni privacidad. El espionaje y la tortura eran sus mtodos para lograrlo.

Al igual que t, quiz unos pocos aos antes, me hice comunista, y me un a otra organizacin opositora. Tambin me detuvo la organizacin secreta, que se afan en hacer de m un libro abierto, mientras que ella permaneca bien sellada, sin revelarnos su contenido. Recuerdas lo que dijo Rifaat al-Asad [1] sobre la necesidad del mantener en secreto la razn securitaria en la conferencia del partido Baaz de 1979 y la propuesta que hizo de que sus agentes vivieran en zonas privadas para que la gente comn no supiera cmo pensaban? Unos aos despus, Rifaat perdi la batalla por el poder contra su hermano, pero el tratamiento que se le dio a dicho conflicto fue familiar y local: ni detenciones, ni torturas, ni asesinatos, y el perdedor disfruta del dinero robado a los sirios hoy en la democrtica Europa. Ahora bien, el carcter secreto de la razn securitaria y la vida de los altos cargos del aparato de seguridad del rgimen en mundos a los que no se enva al comn de los sirios ni donde se les pide rendir cuenta alguna se han mantenido como una norma intacta hasta hoy da.

Nos hicimos comunistas en un momento en que el comunismo significaba cambiar la realidad, cambiar el mundo y, junto a ello y ante todo, cambiar uno mismo. No pudimos cambiar la realidad de nuestro pas, pero nosotros s cambiamos y deseamos cambiar, como si quisiramos ver ese cambio en el mundo, segn la mxima de Ghandi. Al salir de la crcel ya no ramos las mismas personas. Aceptamos que la crcel era una parte integral de nuestra vida, como queramos que lo fuera la libertad.

Unos aos despus de la crcel, comenzaste una nueva experiencia. Te trasladaste a Damasco y viviste de forma independiente. Yo tambin hice lo propio unos aos despus de salir de la crcel. Habas decidido trasladarte a otra ciudad y dar origen a un nuevo comienzo, algo que segua siendo mucho ms difcil en nuestro pas para una mujer que para un hombre. Sin embargo, tomaste tu decisin y la llevaste a cabo, una accin muy valiente. La ex presa poltica quera ser libre en el mbito personal, si la liberacin general no se poda lograr. El ex preso poltico no necesitaba una valenta especial para hacer exactamente lo mismo en nuestro pas.

En el ao 2000, nuestros caminos se cruzaron en Damasco: dos ex presos, independientes, residentes en la capital que apenas haban conocido antes de la crcel, y que vivan de su trabajo, t de mecanografiar textos en el ordenador, que empezaba a llegar en aquel entonces, y yo de la escritura y la traduccin.

Nuestro matrimonio, con nuestros diferentes orgenes y tempranos inicios, fue tambin un acto de libertad, y de valenta, ms por tu parte que por la ma. Este nuevo inicio fue la continuacin de lo anterior, de la lucha, la crcel y la vida independiente. Tenamos dos historias que, en septiembre de 2002, se transformaron en una.

El cuarto inicio y la cuarta experiencia llegaron con la revolucin. Me escond para decir y escribir lo que consideraba correcto, y t quisiste que nuestra casa se mantuviera abierta en la medida de lo posible. T hiciste de una casa alquilada un hogar, y para ti, salir de ah era equivalente a salir del pas. Lo dijiste en tu libro Diario del asedio a Duma 2013 [2]. Entonces no era consciente de ello, Sammur. Solo hoy comprendo que preservar la casa era tu forma de aferrarte a nuestro espacio comn, nuestro puerto seguro al que volver tras una larga ausencia, pero siempre temporal. Tu forma de expresarlo en el libro recuerda a las grandes experiencias de desarraigo y xodo forzado, Sammur, pero esas experiencias se ren de la amargura de tu expresin: nos esperaba algo ms duro y amargo.

Cuando sal de Damasco hacia Al-Ghuta oriental y fueron pasando los das, quisiste vivir la experiencia y unirte a ella. Lo deseabas tanto que en tu libro me agradecas por haberte trado a ese lugar, y ello despus de que yo me hubiera marchado a otro lugar. Ojal, Sammur, por una sola vez, no hubieras venido y no me lo hubieras agradecido. Ojal, por una vez, yo hubiera insistido en que no vinieras, aunque hubiera tenido que cargar con tu enfado durante un tiempo.

En nuestras experiencias de vida, de ms de medio siglo antes de tu desaparicin, se haban mezclado el peligro y el cambio, el enfrentarse al miedo sin la seguridad de que nos salvaramos, y la salida del enfrentamiento totalmente cambiados. T y yo somos hijos de las experiencias que nos han creado y formado, y yo no poda decidir por ti en ese momento crucial, ni escoger para ti unas experiencias ms seguras. Ojal lo hubiera hecho.

Tu capacidad de aceptar las experiencias que venan siempre hizo ms fcil vivir con las dificultades. A pesar de la dureza de las descripciones de tu libro, la aceptacin supera al dolor, el dolor de lo que veas a tu alrededor y que t misma padecas. No negabas el sufrimiento, pero tus palabras se centraban ms en la observacin.

Te esforzaste en transformar las experiencias en palabras, y las convertiste en sentimientos y vida. Las representaste en tu forma de ser, y yo las represent en mis acciones. Te curtiste en distinguir entre personas, Sammur, y tu juicio en ese sentido era mucho ms certero que el de tu marido, poco precavido. Ambos tenemos en mente ms de un ejemplo. Por mi parte, me dediqu a saber cmo distinguir entre ideas, entre lo real y lo falso, entre lo que abre puertas a otras realidades y lo que simplemente da vueltas alrededor de s mismo. Lo que nos acercaba en este sentido es que queramos distinguir y decantarnos por algo: diferenciar entre lo que vive y lo que muere, y ponernos de parte de la vida.

Tu poltica era la empata, la implicacin y la expresin del dolor de quienes lo padecan. Tus palabras en el Diario estn impregnadas de esa poltica de implicacin. No pusiste tu propio dolor por encima del de otros, y llegaste a la conclusin, clara y simple, de que el asedio que compartas con la gente de Duma era mucho ms duro que la crcel que ya habas experimentado como presa, y en la propia Duma. Mi poltica era la de decir la verdad sobre las autoridades a la gente. Alteraba a propsito alguna expresin recurrente en ingls sobre la necesidad de decir la verdad al poder o frente a l, y la encontrabas prcticamente igual en los libros de muchos otros. Nadie se diriga al poder en ningn caso, aunque el discurso fuera desafiante, ni aunque se entendiera el poder en un sentido amplio que englobara a los poderosos, dueos de la influencia econmica, social y religiosa, pero tambin la simblica, como es el caso de artistas, pensadores y literatos. El poder era tal vez el objeto del discurso, pero este se diriga a la gente en su diversidad, aquellos afectados por las acciones de quienes detentan la autoridad, y quienes pueden ser partcipes en acciones o palabras que lo cambien.

Tras tu desaparicin a manos de una autoridad religiosa que roba mucho, mata mucho y miente mucho, como su homloga asadiana, he adoptado una nueva poltica que lleva tu nombre y de la que eres el smbolo. En este sentido, tengo un recuerdo poco feliz, Sammur. En abril de 2016, solo unos das antes de nuestra supuesta cita, me lleg una invitacin de un miembro de la Coalicin Nacional a un taller de evaluacin de la trayectoria de la revolucin a lo largo de sus cinco aos en Estambul. En ese momento, me encontraba en esa ciudad, pero era otra Estambul. Respond a la invitacin diciendo que no me interesaban ni la Coalicin ni su gente, y que mi poltica se llama Samira Khalil. No me contest, ni tampoco expres solidaridad alguna, como no se le ocurri decir, por ejemplo, que podra asistir al taller de evaluacin para hablar de mi poltica.

Evito constantemente contarte cosas de esta experiencia vital incompleta, pero cunto deseo que llegue el da en que ests a mi lado, para hablar de muchas experiencias vitales, como solamos hacer, aunque fuera solo durante unos minutos, cuando alguno de los dos llegaba de algn recado o de un viaje.

Hoy tienes una historia terrible de una experiencia terrible y larga, cuya carga no consiguen aliviar nuestras experiencias pasadas. Lo que ests viviendo t, lo cuentas t y lo contamos juntos.

Todas nuestras experiencias ─la lucha, la crcel, la independencia y el amor, y despus esta larga ausencia muda─ son dimensiones de las dolorosas experiencias del pas cuyo trgico origen no fuimos capaces de ver en su formacin, historia, ambiente y mundo, o bien lo vimos y no lo cremos. Tu ausencia est unida al coma del pas y a las catstrofes que han afectado a innumerables personas.
Hoy, lejos de m, no puedo cuidarte; y yo, lejos del pas en llamas, que nos han dejado claro que se est quemando para que el pirmano perdure, intento ser quien cuente la historia interminable de Samira/Siria.

Esa es mi poltica.

Esa es mi lucha.

A pesar de la fragilidad de los instrumentos, el antiguo luchador sigue luchando, buscando nuevas formas de mantenerse en la batalla, en muchas batallas.

Hemos vivido una vida de lucha, Sammur, y nos marcharemos de ella combatiendo.

En el da de tu cumpleaos, estate bien!

Notas

[1] Hermano de Hafez al-Asad y to de Bashar al-Asad.

[2] Disponible en castellano gracias a Ediciones del Oriente y del Mediterrneo. Para ms informacin, puede consultarse esta pgina.

Tomado de Traducciones de la Revolucin siria


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