Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-02-2019

Cuando el tiempo devora a sus hijos, qu es lo que ha sucedido?

Peter Harling
Synaps.network

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez.


Los ltimos aos nos han dejado desconcertados y abatidos: Qu ha pasado con el mundo que conocamos? Cmo pudo desbaratarse todo tan rpidamente? Qu desencaden esta ola de movilizacin popular y liderazgo populista? La explicacin ms fcil es engaosamente tranquilizadora: el orden liberal se ha visto afectado por fuerzas externas, desde el pirateo ruso hasta los avances tecnolgicos orwellianos, las inevitables desigualdades y una fea patriotera que desborda la extrema derecha. Una teora menos oportunista revela cmo el liberalismo ha estado atacndose a s mismo y erosionando sus fundamentos hasta alcanzar el punto de colapso.

El liberalismo se desarroll originalmente en Europa y Estados Unidos a lo largo de los siglos XIX y XX como una lnea dinmica de pensamiento poltico, pero el trmino, en general, se est interpretando equivocadamente en nuestra poca. En EE. UU. se asocia con el Partido Demcrata. En Francia, el trmino evoca el llamado ultraliberalismo, es decir, el enriquecimiento privado no regulado. El liberalismo es, de hecho, un trmino medio intelectual concebido como alternativa a varios extremos: el capitalismo plutocrtico, el socialismo estatista, el anarquismo catico y el fascismo regresivo. En el mejor de los casos, una valores progresistas, crecimiento econmico, un nivel de vida ms alto, gobierno representativo e intervenciones estatales exigentes en un ciclo virtuoso que promova los intereses comunes.

Prcticamente, todos los principales partidos occidentales tienen sus races en esta visin. A lo largo de dos siglos, el liberalismo evolucion en varias iteraciones, ya que el debate continuo y algunas crisis existenciales, especialmente en respuesta a las guerras mundiales, fueron provocando la transformacin. Sin embargo, se recuper fehacientemente como fuerza estructuradora, precisamente porque nunca perdi su vitalidad, su diversidad interna, su capacidad de autocrtica y su sentido de propsito unificador. Como tal, molde gran parte de la esfera occidental y, hace apenas diez aos, pareca estar a punto de definir una nueva era global, un orden mundial cada vez ms democrtico y basado en reglas.

Los ltimos aos de la dcada de 2000 podran constituir una etapa de auge liberal. EE. UU. eligi a un presidente negro que prometa poner fin al legado de su antecesor de guerras sin sentido, unilateralismo y confusa interpretacin de los derechos humanos. Canad y Australia se disculparon formalmente con sus poblaciones indgenas. Las normas progresistas continuaron cristalizando a travs de instituciones multilaterales, se firm una Convencin sobre Municiones en Racimo y se produjeron avances para la justicia penal internacional en Serbia y Ruanda. Nuevas potencias brillaban bajo una luz reconfortante: Brasil se mantena como una de las diversas historias inspiradoras de maduracin poltica y econmica, mientras que los Juegos Olmpicos de Pekn destacaban el papel global en expansin, y aparentemente cooperativo, de China. Internet y las redes sociales parecan prometer cambios positivos en una era de informacin democratizada.

Sin duda que el mundo no era perfecto. En muchos sentidos, el orden liberal estaba ya resquebrajndose. La economa global se tambaleaba ante una crisis pergeada por el hombre, iluminando un sistema perfectamente en desacuerdo con el verdadero liberalismo: a medida que los bancos especulaban violentamente y los gobiernos abandonaban sus funciones regulatorias, fueron los contribuyentes comunes y corrientes los que tuvieron que cargar con los agobiantes costes. Mientras tanto, el creciente estrs ecolgico exiga la revisin de los sistemas establecidos de produccin y consumo. Como seal de lo que estaba por venir, los partidos tradicionales de los pases occidentales luchaban contra una frustracin popular cada vez mayor, una tendencia que capitaliz la campaa presidencial de Barack Obama. A nivel mundial, la promesa del liberalismo de un sistema internacional ms justo apareca fatalmente vinculada con una potente arrogancia post-Guerra Fra.

Sin embargo, aquellos fueron tiempos de esperanza en comparacin con los de hoy. A pesar de que haba problemas abrumadores, se mantena algo de fe en un conjunto de principios rectores que podran conducir hacia posibles soluciones: polticas y economas abiertas, Estados que aseguraban una lnea bsica de redistribucin, mayor cooperacin internacional e innovacin cientfica en beneficio de todos. Esas premisas liberales evocan ahora ms escepticismo que esperanza, en parte porque los gobiernos liberales se han apresurado a eliminarlas. Los partidos tradicionales han rebajado su herencia intelectual, convirtiendo los ideales en eslganes repetidos y raramente implementados. O peor an, han estado contradicindose de forma activa, sobre todo al hacer retroceder las libertades civiles, incurrir en polticas xenfobas y forjar vnculos simbiticos con las capas ms obscenamente ricas del sector privado.

Las ambiciones del liberalismo se han limitado a retocar aspectos de un statu quo agotado en lugar de articular los elementos de una nueva visin. Pero canibalizar el pasado por temor al futuro es antittico a un paradigma ideolgico cuya fuerza ha brotado siempre de la imaginacin y la reinvencin. Revertir esta tendencia requerir lidiar ante todo con su alcance y evolucin.

El punto de inflexin

Los levantamientos rabes de 2011 marcaron un captulo esencial aunque suele pasarse por alto- en el autoinfligido fracaso del liberalismo. Cuando las protestas populares agitaron un mundo rabe estancado, el orden liberal dominante encontr una oportunidad excepcional. Un nmero impresionante de gente normal y corriente sali a las calles, desafi la represin y exigi precisamente lo que promova originalmente el liberalismo: la redistribucin econmica, la representacin poltica y el Estado de derecho. Ms que un nuevo paradigma ideolgico, las sociedades rabes anhelaban Estados ms equitativos. El propio liberalismo surgi de aspiraciones similares a finales del siglo XVIII, cuando poblaciones impacientes en Estados Unidos y Europa impulsaron el cambio revolucionario.

Ante tal refrendo a su propia ideologa, los gobiernos liberales la pifiaron. Si bien las capitales occidentales denunciaron ocasionalmente la represin, tambin la instigaron en nombre del contraterrorismo. Cuando no se esforzaban por derrocar a un rgimen vilipendiado, se dedicaban a apoyar a otro rgimen odiado, profesando una reforma cada vez ms gradual en aras a la estabilidad.

Esas contradicciones no pueden explicarse a travs de los dobles raseros tradicionales aplicados a amigos y enemigos. Los gobiernos liberales emprendieron la guerra contra un tirano libio con el que se haban reconciliado y echaron del poder a un aliado egipcio que haba estado a su servicio durante mucho tiempo. Por el contrario, una Siria desafiante provoc una intromisin poco entusiasta que ayud a destruir el pas mientras preservaba al rgimen. Tal aleatoriedad podra decirse que se relaciona, a algn nivel, con la miopa de los Estados occidentales bajo la fuerte influencia de los ciclos mediticos. Pero fueron una serie de factores ms profundos y ms oscuros los que apuntalaron la formulacin de polticas occidentales en toda la regin, creando elementos de consistencia fundamentalmente en desacuerdo con la doctrina liberal.

Se mostr, ante todo, un profundo desprecio por la complejidad de las sociedades. Los polticos liberales y los comentaristas se ocuparon principalmente de los levantamientos y sus consecuencias a travs de clichs bsicos: una juventud confusa, islamistas al acecho, una clase baja radicalizada, minoras solidarias y lites seculares. Tal etiquetado se opona a la concepcin liberal del conflicto social como expresin natural de divisiones matizadas y significativas que la poltica debe regular y resolver. Haciendo caso omiso de esta premisa, los liberales contemporneos fantasearon con un ideal pulcro e instantneo de cambio revolucionario. Las autoridades occidentales retrocedieron ante el desorden de la lucha civil, las polticas de confrontacin, la libre expresin y sus consecuencias: propagacin de la violencia, partidos de oposicin desunidos, narrativas en conflicto y un estallido de iniciativas cvicas demasiado incontrolables que les resultaban incmodas.

Washington, Pars, Londres y Bruselas parecan evidenciar un desagrado visceral ante la confusin y la incertidumbre de un espacio pblico verdaderamente abierto. Las elecciones democrticas, un pilar del pensamiento liberal, provocaron ms temor ante sus impredecibles resultados que la confianza en su irrefutable necesidad. Los gobiernos liberales sacrificaron otros principios bsicos, como el imperativo de la justicia, considerada como algo secundario ante la esquiva bsqueda de la estabilidad, y pasaron por alto la acumulacin de crmenes de pesadilla por todo Oriente Medio. En trminos ms generales, despreciaban cada vez ms la defensa y promocin de los derechos fundamentales, que pasaron a interpretarse como un lujo obsoleto o un vestigio colonial. La ferviente conmemoracin en 2018 de la Declaracin Universal de los Derechos Humanos de 1948 -una piedra angular del orden liberal posterior a la Segunda Guerra Mundial- solo acentu la creciente irrelevancia prctica de tal documento.

Ese abandono de los valores liberales tiene un aspecto obvio: una inclinacin por las soluciones no liberales. Con pocas excepciones, los partidos liberales han convergido en torno a la misma lnea de pensamiento reductiva, xenfoba y centrada en la seguridad que defina previamente a sus contrapartes de extrema derecha. Aunque lamentan la represin en el mundo rabe, prefieren claramente la violencia de Estado al caos. En relacin con esto, muchos polticos y comentaristas liberales muestran una nostalgia inequvoca por el statu quo anterior a 2010, consideran al rgimen sirio como un mal menor y muestran moderacin pragmtica al criticar a otros dictadores de toda la regin. Una mala situacin, segn su razonamiento, es mejor que otra peor; pero ese pensamiento perezoso y tautolgico obstaculiza cualquier ambicin de progreso y, por lo tanto, destruye la propia razn de ser del liberalismo.

Ante la falta de argumentos coherentes y consistentes con su cosmovisin original, los gobiernos liberales han recurrido a justificaciones emocionales. La ms importante es que exageran, mezclan y explotan los temores ante la radicalizacin yihadista y la inmigracin insostenible. En EE. UU. y en la mayor parte de Europa, los levantamientos rabes no sirvieron para revitalizar una agenda liberal, sino para provocar su exacto opuesto: medidas contra los migrantes (generalmente separadas de la tan necesaria reforma de la poltica migratoria), una postura pblica que fomenta la desconfianza ante los de fuera, una vigilancia interna intensificada y una expansin rutinaria de los ataques en el extranjero que pretenden mantener a raya amenazas insidiosas. En general, los liberales parecan haber cambiado su promesa original de sociedad abierta por una ansiedad sin lmites.

El modelo sirio

De todas las crisis rabes, la tragedia siria es la que mejor sintetiza una transicin alejada de un orden liberal. Puede que el aspecto ms sorprendente de esta catstrofe no sean sus proporciones, sufridas ya con anterioridad en otros lugares: cientos de miles de muertos, millones de seres tratados brutalmente y ciudades enteras arrasadas hasta los cimientos. En este caso -en marcado contraste con las dos Guerras Mundiales, Vietnam, Ruanda, Yugoslavia o la invasin de Iraq-, est notablemente ausente un examen de conciencia proporcional a la tragedia siria.

En lugar de llevar a cabo un autoexamen, se ha aprovechado la situacin en Siria para una orga de justificaciones y reivindicaciones. Tanto los halcones como los conciliadores, firmemente convencidos de su rectitud, se culpan mutuamente de una lnea de actuacin que combin sus puntos de vista en una mezcla mal concebida y envenenada de interferencias y laissez-faire. Menos de un puado de altos cargos han dimitido en algn momento, mientras que otros se empean en crticas ociosas que sirven sobre todo para exonerarse a s mismos. En un potente testimonio del espritu del zeitgeist , el Museo Memorial del Holocausto en EE. UU. publicara, se retractara y volvera a publicar en 2017 un informe que no haca sino defender el enfoque de Obama como el nico posible.

Pertenece a la historia revisionista el debate en curso en EE. UU. sobre si ser cmplice del rgimen sirio desde el primer da, o llegar hasta el final derrocndole, habra producido resultados ms agradables. Sin embargo, lo que queda claro es todo lo que se ha sacrificado a la indecisin: los aos de escalada destructiva e intil, la aceptacin implcita de la guerra con armas qumicas y la rehabilitacin gradual de una estructura de poder que ha cometido todos los crmenes de guerra imaginables.

De forma similar, ha habido muy poca introspeccin con respecto a los perniciosos efectos secundarios del conflicto: la vengativa reaparicin rusa, la parodia hecha por el papel mediador de las Naciones Unidas, el refuerzo y expansin de polticas antiterroristas destructivas y la bsqueda de chivos expiatorios en los sirios y otros migrantes para los problemas autctonos de Occidente. La autocrtica elude tambin, en su mayor parte, la expansiva industria de la ayuda humanitaria, cuyo desempeo general est sorprendentemente por debajo de sus propios presupuestos y de las necesidades de los sirios. Muchos entre ellos se muestran consternados ante lo fracturado que est el sistema, pero ven pocas posibilidades de soluciones coherentes.

En medio de todas sus vacilaciones sobre cmo manejar las consecuencias humanas del conflicto sirio, los gobiernos liberales mostraron una determinacin inherente a las cuestiones que para ellos eran importantes. Aunque transigiendo en cuanto a las armas qumicas, EE. UU. impuso una lnea roja con respecto al suministro de misiles antiareos porttiles a los grupos de la oposicin siria, que desde el punto de vista de Washington son ms fciles de desplegar y, por lo tanto, ms amenazadores que los gases letales. Asimismo, los pases europeos mostraron curiosos niveles de coordinacin y eficiencia en sus abruptos cierres de fronteras en 2015 para impedir la entrada de los sirios en bsqueda de asilo. El ao anterior, EE. UU. tard pocas semanas en reunir una compleja coalicin internacional para luchar contra el emergente Estado Islmico. Por cierto, este ltimo proyecto recibi el nombre de Operacin Determinacin Inherente.

En otras palabras, los gobiernos liberales actuaron de manera decisiva en la bsqueda de objetivos asociados con una definicin de inters nacional propia de la extrema derecha, al tiempo que reducan sus ambiciones en todo lo dems. Adornaron su dilacin con diversas indumentarias: desde la esperanza en que el rgimen se transformara para dar una oportunidad a las conversaciones de paz de la ONU, a contar con un cambio de actitud en Mosc. Aunque esas vas eran previsibles callejones sin salida, volvieron de nuevo a los debates polticos como extravagantes referentes para una estrategia real. (Para ser justos, Alemania apost por una posicin inusualmente consistente al negarse a aventurarse en una guerra por poderes, a acomodar al rgimen, a dar credibilidad a los rusos o a dar marcha atrs en su consideracin de los refugiados sirios como una fuerza laboral potencialmente valiosa).

Teniendo en cuenta las desastrosas consecuencias, sera tranquilizador pensar en Siria como una triste excepcin, una chapuza que promete mejorarse la prxima vez. Pero no se ha aprendido leccin alguna, no se ha emprendido ningn aggiornamento. Los gobiernos liberales tienen an que lidiar con este desastre como algo intrnsecamente vinculado con su propia decadencia. Muchos liberales se sienten ms bien tentados a desviar la mirada. Por ejemplo, cambian de enfoque ante las tcticas de Arabia Saud para matar de inanicin al Yemen y la horrenda masacre de un periodista disidente en Turqua, sntomas de un colapso moral ms amplio que estn dispuestos a ignorar. La perturbadora verdad es que Siria no fue un parntesis sino que estableci una nueva norma.

El relato sobre el sacrificio humano y la impotencia poltica en Siria resulta aleccionador, encarnando la era de forma macabra. El conflicto lo destruy todo y no resolvi nada. El rgimen sigue estando ah, aunque sea como una cscara vaca, esperndose que reprima a su pueblo y que les falle en todo lo dems. El pas ha renunciado a un futuro incierto para rescatar un pasado estril, en una sombra ilustracin de la tendencia de la poca a autodevorarse. Se deja que los ms vulnerables diseen sus propias soluciones frente a mltiples actores depredadores. Mientras tanto, los sistemas de apoyo externo son poco ms que juegos de fantasa, con un frenes de procesos de consolidacin de la paz que sirven a la justicia de un vencedor y de programas de empoderamiento que con demasiada frecuencia atribuyen la responsabilidad de todo a los dbiles.

Una nueva gramtica poltica

En las primeras etapas de los levantamientos rabes, los forneos tendan a descartar los niveles surrealistas y las formas de violencia que afectaban como una aberracin a Oriente Medio; las particularidades de una regin comprometida con las enemistades eternas entre sectas, tribus y sus patrocinadores externos. Desde entonces, ha quedado claro que esas tendencias no fueron la excepcin sino posiblemente la regla. Las polticas autoritarias estn reapareciendo en lugares en los que parecan haber disminuido, como es el caso de Rusia, China, Filipinas y Brasil. En Myanmar se est produciendo una masacre que bordea el genocidio. Y las propias democracias occidentales son cada vez ms vulnerables ante la ira amorfa e inarticulada. La esfera liberal est lejos del recurso del mundo rabe a las bombas de barril y a los serruchos para huesos. Pero estos supuestos opuestos comparten inquietantemente la misma gramtica poltica, que gira en torno a un pequeo conjunto de reglas oportunistas.

La ms importante de esas reglas consiste en reducir la poltica a una falsa alternativa: statu quo o caos total. Los regmenes rabes han llevado esta lgica a su extremo. Cuando comenz el levantamiento sirio, las fuerzas de seguridad locales pintaron los muros con una amenaza apropiada: Asad o quemamos el pas. Un equivalente tcito dio forma a los resultados de la crisis financiera: los gobiernos liberales rescataron casi incondicionalmente un sistema bancario encanallado, renunciaron a su derecho a buscar una reparacin significativa y reanimaron las destrozadas economas a costa de una deuda pblica abismal, todo en nombre de un establishment demasiado indispensable para hacerle rendir cuentas.

Las elecciones presidenciales de Estados Unidos de 2016 ilustraron de otra forma el argumento de no hay alternativa. Hillary Clinton, acosada por su asociacin con un establishment plutocrtico, no lleg a articular una agenda convincente de progreso, en cambio se present ante los votantes con la opcin de elegir entre normalidad y locura. En 2018, el presidente francs, Emmanuel Macron, se reuni con los chalecos amarillos con un argumento similar acompaado de concesiones menores que evitaran la cuestin fundamental en juego: austeridad para todos, excepto para los ricos. La respuesta de la Unin Europea al brexit del Reino Unido fue otro ejemplo: confiando en que las consecuencias del brexit disuadiran a otros pases de recorrer el mismo camino, Bruselas nunca consider la necesidad de reformarse para persuadirlos de que no se fueran.

Hay dos corolarios a las falsas alternativas polticas. El primero es el constante alarmismo para mantener la sensacin de inseguridad necesaria para reunir apoyos. Los regmenes rabes han perfeccionado durante mucho tiempo este arte cultivando enfrentamientos sectarios y tnicos, socavando la ciudadana y resaltando el espectro del terrorismo. Los gobiernos liberales han comenzado a imitarlos a travs de una guerra sin fronteras contra el terrorismo que alimenta la xenofobia en casa. As pues, Obama reuni una coalicin absurdamente enorme para luchar contra el Estado Islmico y, mientras tanto, orden estrictas restricciones a la inmigracin. En el Reino Unido, el primer ministro David Cameron intim con el nativismo britnico, hasta que el brexit lo puso en su contra. Los Estados de la UE endurecieron su postura antimigracin, obstaculizando las operaciones de salvamento de vidas mientras transformaban el Mediterrneo en un foso gigante unido a frica; un equivalente lquido del fantaseado muro de Trump con Mxico.

En todo caso, esta tendencia general parece estar empeorando. En su enfrentamiento con los chalecos amarillos, Macron utiliz tcticas que recordaban extraamente los instintos iniciales de los regmenes rabes para lidiar con los levantamientos antes de recurrir a una represin total: su gobierno menospreciaba la movilizacin como un fenmeno perifrico, concentrado en una minora de alborotadores violentos; advirtiendo contra los disturbios civiles, multiplicaron los arrestos arbitrarios, negaron el acceso a los puntos de manifestacin, se quejaron de la ausencia de representantes legtimos (a quienes las autoridades francesas haban ignorado en rondas anteriores de protestas sociales), criticaron la subjetividad de los medios de comunicacin y apelaron al visible trasfondo racista en partes del movimiento. Si la estrategia tena una coherencia general, equivala a enfrentar a la sociedad francesa contra s misma.

El segundo corolario es una comprensin del poder como algo divorciado de la responsabilidad. Cuando las personas salieron a las calles, Macron desapareci durante semanas antes de aparecer resignadamente. Despus se retir prometiendo mantener intacto su programa: Francia sera su ya prevista nacin inicial si tan solo su empobrecida clase media arreglara sus cosas. Cameron nunca reconoci su papel en el brexit, como tampoco la UE confes su alienante y tecnocrtica indiferencia. Asimismo, el legado de Obama habra sido excelente si los bancos se hubieran comportado como deban, si la tragedia siria no hubiera tenido lugar y si los republicanos no le hubieran bloqueado cuando perdi su mayora en el Congreso.

Por supuesto, los regmenes rabes se toman el trabajo duro con autocomplacencia. En el caso de Bashar Asad, todo hubiera salido bien si todos los dems hubieran cumplido con sus responsabilidades: el rgimen que construy siendo ms eficiente, su gente ms tolerante y sus enemigos ms complacientes. Pero su petulancia utiliza la misma fuente que la justificacin liberal: Cuando se supone que un sistema es el mejor concebible a pesar de todos sus defectos, por qu deberan sus lderes perseguir un cambio fundamental? Las reformas menores se convierten en logros importantes, mientras que el fracaso en la reinvencin de sistemas rotos se atribuye a socios y opositores pocos cooperativos. Los gobiernos liberales sostienen ahora rutinariamente que tienen buenas intenciones, pero que las difciles realidades son las que mandan. Al actuar as, renuncian a la poltica considerada originalmente por el liberalismo: el arte de superar pacficamente los inevitables obstculos en el camino hacia el progreso.

Appartchiks liberales

La nueva gramtica poltica incluye otros aspectos en perfecta contradiccin con la concepcin original del liberalismo. El primero es un espectacular replanteamiento del Estado. Los pensadores liberales consideraron inicialmente que este ltimo cumpla una funcin simple pero esencial: garantizar que la riqueza econmica contribuyera lo suficiente a un bienestar social que garantizara la estabilidad. Varias escuelas de pensamiento debatieron el tamao ptimo y los poderes reguladores del Estado, pero estuvieron de acuerdo con esta clara raison dtre. Hoy en da, los gobiernos liberales adoptan una lgica ms conservadora: como regla, priorizan la promocin de las grandes empresas, a la vez que reducen las polticas pblicas para que coincidan con presupuestos cada vez ms escasos, mientras intensifican la represin.

Los liberales tambin han transferido la nocin misma de progreso, conferida originalmente al Estado, al sector privado a travs de la creacin de empleos, la innovacin y la filantropa que supuestamente sirven al inters comn de manera ms eficiente que los impuestos redistributivos. Aunque el Estado sigue soportando los costes de hacer que las sociedades sean productivas a travs de una infraestructura esencial, los servicios bsicos, la vivienda social, los subsidios (no solo para la educacin y la innovacin) y la seguridad nacional, es cada vez ms ridiculizado como intermediario engorroso entre la sociedad y las empresas. Las grandes corporaciones deben mucho a los impuestos que tanto detestan, en un contexto cada vez ms marcado por una transferencia de riquezas del sector pblico al privado a travs de exenciones fiscales, rescates bancarios, asociaciones pblico-privadas desequilibradas y la venta de activos estatales infravalorados.

En segundo lugar, los polticos liberales han tomado la iniciativa de devaluar palancas democrticas clave del poder. Obama inaugur la tendencia actual de poltica hiperpersonalizada en lugar de los partidos tradicionales. El brexit se produjo cuando Cameron utiliz un mecanismo esencial de consulta pblica -un referndum- como mero instrumento de politiqueo mezquino. Mientras que los sindicatos -otro intermediario esencial entre el pueblo y el Estado- se marchitaban por la desafeccin popular, los gobiernos liberales optaron por rechazar o reprimir tambin las protestas espontneas. El movimiento antiglobalizacin de la dcada de 1990, Occupy Wall Street, los indignados espaoles y el antepasado de los chalecos amarillos, Nuit Debout , fueron recibidos con el desprecio poltico, junto con despliegues policiales extravagantes.

En tercer lugar, y en consecuencia, los polticos liberales han compensado la reduccin del espacio asignado a la poltica genuina invirtiendo excesivamente en la pompa del poder. Obama, Cameron, Macron y el primer ministro canadiense, Justin Trudeau, hicieron un amplio uso del carisma personal derivado de su fotognica juventud, de discursos conmovedores y de un aire de cosmopolitismo. Dichas cualidades consiguieron elogios extraamente desconectados de progresos concretos: Obama recibi el premio Nobel de la Paz a los pocos meses de asumir el cargo, y a Macron, la ONU le nombr campen de la Tierra, aunque su propio ministro de Ecologa dimiti ante la falta de accin.

A medida que las polticas liberales se quedan cortas en temas tan urgentes como el cambio climtico y las desigualdades, se pasa a disear toda una explosin de conceptos, conferencias y procesos para compensar el retraso en las actuaciones. Los objetivos de desarrollo sostenible y otros marcos similares han producido una cohorte expansiva de mantenedores de objetivos, lderes jvenes, modeladores globales y creadores de cambios que vuelan alrededor del mundo a un ritmo totalmente divorciado de resultados tangibles. La inflacin de iniciativas para sentirse bien impulsa todo tipo de instituciones (sucursales gubernamentales, organizaciones internacionales y fundaciones administradas por multimillonarios, por nombrar algunas) para crear trabajos cmodos con mandatos y resultados enigmticos. Las grandes ONG han desarrollado la norma de pagar a sus lderes ms de medio milln de dlares por ao mientras se esfuerzan a menudo por demostrar su impacto.

En cuarto lugar, y quizs lo ms importante, el liberalismo se ha convertido en una mentalidad estrecha y poco imaginativa en general, abandonando su propio historial de frtil debate. Los liberales del establishment en EE. UU. se permiten atacar a Trump como parte de la rutina y consenso, dejando que una incipiente extrema izquierda aborde las causas de su ascenso. Mientras tanto, Obama pretende dar forma al debate sobre las desigualdades, incluso cuando entretiene al sector bancario con discursos facturados en cientos de miles de dlares. De manera similar, los liberales de Europa no consiguen lidiar con lo que amenaza con desgarrar su continente. En lugar de luchar, se rinden al mito del ataque masivo de migrantes. En lugar de reformar lo que una vez fue una UE visionaria, la defienden dcilmente como mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer. All donde se necesita un nuevo pacto social, promueven la austeridad, atenuada solo por el desprestigiado efecto de goteo hacia abajo del enriquecimiento privado.

El encogimiento del horizonte intelectual del liberalismo se pone tambin de manifiesto en la poltica exterior. Normas globales por las que se haba luchado duramente, otrora ttem del orden liberal, fueron siempre cuestionadas por populistas y autoritarios. Pero solo perdieron terreno cuando sus campeones originales renunciaron a ellas: los gobiernos liberales establecen ahora acuerdos convenientes con cualquier socio que crean que puede ayudarles a acorralar a yihadistas o migrantes. En su mayor parte, la era de las alianzas duraderas se acab, al igual que la creencia en que la reforma poltica y el desarrollo econmico ofrecen las mejores oportunidades de estabilidad. Ms que nunca, son los espas quienes estn en la vanguardia de la diplomacia. Los puestos de avanzada militares, los ataques con aviones no tripulados, el trfico de armas y el desarrollo de capacidades en el sector de la seguridad se han convertido en elementos primordiales en la caja de herramientas de la poltica exterior.

* * *

La gobernabilidad liberal evoca cada vez ms todas las imgenes contra las que fue concebida y contra las que luch: burocracias infladas y kafkianas, lites por derecho y desapegadas, palabras vacas que ocultan la falta de visin e impotencia poltica frente a la economa depredadora. El liberalismo es difcil de identificar como escuela de pensamiento precisamente porque surgi como una alternativa dinmica ante paradigmas ms rgidos, como el arte de equilibrar la empresa capitalista y el bienestar social, la intervencin estatal y las libertades civiles, el orden pblico y el liderazgo democrtico. Tales malabarismos siempre implicaban concesiones difciles y ambiguas, pero la crisis de hoy es mucho ms profunda. Lo mejor que los liberales tienen actualmente en oferta es una defensa de retaguardia de algunos aspectos del pasado, una postura reaccionaria que contradice su propsito original. Un establishment liberal no es una promesa de renovacin, una llamada de concentracin o una voz de moderacin: es un oxmoron.

A falta de una nueva visin, el continuado canibalismo de lo que era deja al mundo paralizado entre dos proposiciones igualmente aterradoras para el futuro. Por un lado, hay quienes temen el caos y se oponen al cambio tan necesario a cualquier coste, confiando en abordar pactos nacionales y globales cada vez ms disfuncionales con soluciones convencionales poco ambiciosas. Por otro lado, hay quienes temen la inercia y defienden la transformacin a cualquier precio, resucitando una mezcla complicada de lneas de pensamiento fascistas, socialistas y anarquistas. En el siglo XIX, una divisin similar entre conservadores incondicionales y radicales pendencieros fue la razn por la que surgi ante todo el liberalismo.

Hoy en da, lo que sola ser un punto intermedio se encuentra de lleno en un bando, retirndose de un campo de juego donde los movimientos marginales son libres para capitalizar las frustraciones generales y moverse hacia el centro. La creatividad, el dinamismo y la audacia se encuentran casi por completo al otro lado de esta peligrosa divisin, ya sea en manos de polticos agitadores o en iniciativas multiplicadoras de base popular y movilizaciones populares. Los liberales, en lugar de desconfiar y tratar con condescendencia a sus propias sociedades, deben adherirse a su causa y reconocer que el antielititismo y la xenofobia se derivan de la ausencia de respuestas adecuadas ante la inequidad. Hasta que el liberalismo tome la indignacin popular como oportunidad y no como enemiga, la poltica est de verdad ah, a disposicin de quien se decida a utilizarla.


Peter fund Synaps para volcar casi veinte aos de experiencia trabajando en y sobre el mundo rabe. Durante este itinerario, que le llev de Iraq al Lbano, despus a Siria, Egipto, Arabia Saud y de regreso de nuevo al Lbano, combin el mundo acadmico con el periodismo de larga duracin, las consultoras y un mandato de diez aos en el International Crisis Group. Ciudadano francs nacido en Inglaterra, estudi biologa antes de cambiarse a ciencias polticas y sociologa, y vivi feliz para siempre.

Fuente: http://www.synaps.network/what-just-happened

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter