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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2019

porque an hay combate / que encara hi ha combat

Antonio san Romn Sevillano
Rebelin


Companys, si sabeu on dorm la lluna blanca digueu-li que la vull per no puc anar a estimar-la que encara hi ha combat.

Compaeros, si sabis donde duerme la luna blanca / decidle que la quiero / pero que no puedo acercarme a amarla / porque an hay combate.

 Lluis Llach, Abril 74

 

Vivimos en sociedades occidentales, ya sea culturalmente o cuestin de simple geografa- en las que lo correctamente poltico es defender la Democracia. As, todos los das vemos y omos como los principales lderes sociales incluidos los de extrema derecha- apelan a las reglas democrticas para que stas sean norma en las sociedades en que habitamos. Todos ellos dan una genrica y ambigua definicin de Democracia. O la definen descalificando a sus adversarios, tratando de obtener ventajas electorales.

Los medios de comunicacin dominantes definen a la tal Democracia [1] en sus pginas da a da- acumulando unl conglomerado de informaciones con enfoques tan diversos y, en general, tan confusos, que buscan la explosin primaria de los sentimientos ms primitivos del lector. En general, polticos y medios definen la democracia en negativo, sealando a los adversarios poltico-econmicos.

Por supuesto y en general, para unos y otros como gremio -los polticos-, y lobby -los medios de comunicacin-, Democracia es una conquista social de la burguesa liberal. Asocian las libertades al desarrollo del capitalismo de mercado, al tiempo que exigen un menor Estado que regule sus sociedades/intereses particulares. Absoluta y total libertad de actuacin en el mercado global para las grandes corporaciones econmicas. Si ocurre la quiebra de la corporacin, el Estado, los Estados estn para rescatarla con los recursos despojados a las masas trabajadoras.

Al tiempo, unos y otros al servicio del mercado ms salvaje-, van destruyendo y estigmatizando los mecanismos de autonoma que la lucha del movimiento obrero ha ido conquistando a lo largo de estos siglos. Destruidos tales mecanismos, solamente quedar el gobierno dictatorial de una gran Corporacin econmica vencedora de la lucha darwinista a la que nos someten cada da.

Estos ltimos aos del siglo XXI, como en el siglo pasado, vuelven a recurrir al Fascismo. Su tarea es imponer el dominio de la clase capitalista cada da menos manos- sobre el resto de clases sociales, incluidas las ms serviles hacia ellos, como los propios activistas fascistas. stos, como las clases medias en general-, se conforman con las migajas ms o menos abundantes, segn la clase, segn su prescindibilidad- que van cayendo de la mesa del banquete de las grandes corporaciones.

El fascismo, que domina en los idearios de los partidos de derechas y centro [2], es la imposicin, la radicalizacin de las leyes del mercado ms salvaje y cruel. Una lucha de la que deben quedar a salvo e incuestionados los grandes amos que se parapetan tras las grandes corporaciones.

Y no ser la vieja socialdemocracia de un PSOE la que pelee por una verdadera democracia. Un PSOE que bloquea el Open Arms y el Aita Mari, que cede ante los fondos buitres de Blackstone, que toma partido a favor de una Venezuela favorable al capitalismo depredador de EEUU. Un PSOE que busca pactar con Ciudadanos y, si fuera su cuestin de Estado, con el PP. Este socialismo de Snchez, presuntamente evolucionista, subalterno del status econmico actual, no pretende organizar una sociedad ms justa, sino que ya renunci a ella pasteleando con el IBEX35. El PSOE, desde que Gonzlez Mrquez lo meti en vereda, se ha integrado en el procedimiento poltico del gran capital. Vuelven a las premisas del socialismo del Bernstein del siglo XIX, en el que un parlamentarismo vaco como tribuna, les basta para justificar su pretendida lucha por la justicia social. Hoy se trata, para PSOE y afines, mantener sus status de clase media y clase media alta, atando a las mayoras sociales en una pobreza de supervivencia que alimenta las necesidades corporativas del gran capital.

Y los partidos de izquierda? Si los hay, qu nos ofrecen para esta lucha?

Se lanzan a la arena ofrecindonos empoderar al pueblo, a las personas. Crean asociaciones de todo tipo en las que participar. Se idean los Crculos, una prctica asamblearia en la que el ciudadano se sienta partcipe y protagonista. Se organizan movilizaciones, marchas, asambleas, campaas electorales participativas a travs crowdfunding Y hasta aqu hemos llegao.

Ya apartados, les vemos relacionarse con el poder, enfrentarse unos con otros. Se van olvidando de la participacin activa de asociaciones sindicales, vecinales, industriales, pymes y profesionales de todo tipo. Se anulan los Crculos, desempoderando a los votantes. Triunfan, de nuevo, las burocracias partidarias y personalistas. Dejan su socialismo para los panfletos y manifiestos.

Y aquellos grupos sociales que les escogieron, que les votaron para ser representados e incorporados al poder efectivo, se van desmovilizando. La soledad es muy dolorosa. Y, si es tras una traicin o engao, si al dolor sumas la frustracin, se desarrolla el descreimiento en el semejante, en el camarada. Se van rompiendo los vnculos sociales, destruyendo la empata con los iguales, se sumerge uno en el aislamiento. Se somatiza la normalizacin de la derrota. Se asienta as una cosmovisin social de una injusticia ineluctable.

El populismo fascistoide triunfa por todas partes contra cualquier intento de conquista social que pretenda un reparto mnimo en Justicia. A travs de los grandes medios se extienden las tinieblas de la ignorancia y del miedo, de la confusin de lo que ocurre. Se gua a sbditos-ciudadanos hacia unas actuaciones cotidianas que imponen la normalizacin de la miseria econmica, el automatismo de la injusticia, y la aprobacin de la corrupcin moral e intelectual. Una corrupcin econmica y moral cotidiana, que ni ve ni, por supuesto, admite, que las pequeas corruptelas entre particulares sean corrupcin, sino uso cotidiano necesario para sobrevivir, que no perjudica a nadie. Los propios polticos participan de la generalizacin de estas corruptelas. Aparentemente buscan el apoyo para un grupo social determinado, cuando corren tras los votos de la reeleccin.[3] Estas podredumbres cotidianas, desarraigan a las gentes, las van ultimando moral e intelectualmente como seres libres. Las convierten en masas amorfas viviendo colectivamente la soledad de las derrotas cotidianas.

Pero esta cosmovisin slo es la representacin del constructo social que las clases dominantes nos imponen. No es la realidad nica. Si aceptamos su cosmovisin, han triunfado, aceptamos nuestra definitiva derrota.

Odio a los indiferentes. Creo que vivir quiere decir tomar partido. Quien verdaderamente vive, no puede dejar de ser ciudadano y partisano. La indiferencia y la abulia son parasitismo, son bellaquera, no vida. Por eso odio a los indiferentes.

 Antonio Gramsci, Odio a los indiferentes

http://www.sinpermiso.info/textos/odio-a-los-indiferentes

Notas:

[1] Para Financial Times [27 de noviembre] el peligro para la democracia [liberal, por supuesto] viene del presidente mexicano Lpez Obrador, no del fascista Bolsonaro.

[2] En el centro derecha lenguaje aceptado en nuestra seudodemocracia- podemos incluir al PSOE. Por sus hechos les conoceris. Y debis juzgar.

[3] La actuacin del Alcalde de Cdiz defendiendo puestos de trabajo que suponen el asesinato de centenares, quizs miles, de yemenes.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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