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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2019

El pasado demuestra que aunque la ciencia, o mejor dicho la tecnologa, solucione problemas, las mismas soluciones levantan otros problemas a su vez
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Felipe Fernndez-Armesto
El Mundo


"Pero es que la ciencia me apasiona y me inspira para intentar comprender todo". Felicito a Elsa, estudiante de mi curso de Historia de la primatologa, por su pasin y su ambicin. "Pero acabas de insistir, profe", prosigue la joven, "que para nuestros trabajos de investigacin elijamos problemas que no tengan soluciones, mientras yo pienso que, si los pensamos bien y los investigamos infatigablemente, la ciencia es capaz de solucionar todos los problemas".

Elsa, estudiante inteligentsima, es vctima de una de las falsas religiones de nuestro tiempo: el cientificismo, o la fe irracional en las potencialidades de las ciencias. Los grandes xitos histricos de cientficos que han remediado enfermedades, conquistado horizontes, explorado entornos, develado mundos y motivos, y multiplicado los recursos del ser humano suscitan esperanzas poco realistas de logros ilimitables. Ante el fracaso de la poltica, la impotencia de las religiones tradicionales, y el ocaso de las humanidades, es comprensible que la gente invoque a las ciencias para mejorar el mundo. Explico a Elsa que por mis perjuicios humansticos prefiero problemas insolubles: el encanto de un problema muere cuando la solucin se encuentra; un problema soluble es demasiado fcil para sostener mi inters. Pero sugiero a la estudiante que no le vendra mal cuestionar la omnipotencia de la ciencia, por razones objetivas: los precedentes histricos, las limitaciones prcticas, la naturaleza de los grandes problemas que nos amenazan y el fondo terico de las disciplinas cientficas.

Empezamos con aspectos tericos. Aunque, como la filosofa, las artes y las humanidades, la ciencia puede captar verdades trascendentales y aplicables en todo momento y todo contexto, hay que reconocer que forma parte de la cultura y refleja siempre los valores y tendencias de su tiempo. Me parece curioso, por ejemplo, que el ao nuevo de 2019 arrancara con noticias dominantes sacadas de comunicados de prensa cientficos. Desde China recibimos imgenes del lado oscuro de la luna -muestra de la capacidad cientfica de penetrar fronteras antes inaccesibles- y ms datos sobre la controversia suscitada por supuestos clones humanos, con la posibilidad cada vez ms evidente de producir humanos de marca. Agencias norteamericanas publicaron imgenes de Ultima Thule, el objeto ms remoto del sistema solar, demostrando el alcance tremendo de la exploracin del espacio, e inspirando, en algunos comentaristas, afirmaciones exageradas de que ese planetilla pequeito nos llevara a entender las materias constituyentes de la vida. La victoria del algoritmo AlphaZero sobre el programa Stockfish 8, que ya haba vencido a todos los maestros del ajedrez, abri supuestos horizontes nuevos en el desarrollo de la inteligencia artificial, ya que el AlphaZero haba adquirido su superioridad mediando un proceso de aprendizaje, jugando al ajedrez y registrando los frutos de su propia experiencia. El pblico respondi entusiasmado, pero no por el valor objetivo de los datos: la luna sigue siendo la luna; un robot sigue siendo un robot; quedamos sin saber los ingredientes de la vida; y cada paso que damos hacia humanos a la carta es un desastre. El inters pblico por las distracciones cientficas surgi ms bien de los pronsticos funestos de la poltica y economa mundiales para 2019. A algunos consumidores de medios, la ciencia proporcion entretenimiento, a otros esperanza.

En segundo lugar, nuestros retos actuales ms urgentes y ms profundos son literalmente intratables. El cambio climtico seguir perjudicando el mundo, aun si logramos las respuestas que la ciencia exige, porque la influencia clave en el clima mundial es el sol, sobre el cual no podemos ejercer influencia alguna. El gran perturbador de la estabilidad de nuestras sociedades es la desigualdad, que queda fuera del mbito de la ciencia. El consumismo, que est agotando los recursos del planeta, sigue descontrolado. Los cambios demogrficos -aumento descontrolado de la poblacin de algunas zonas del mundo, desequilibrio generacional en los pases relativamente desarrollados, y creacin de tipos de familias sin precedentes en la historia con consecuencias impredecibles- son irreversibles en el trmino medio. Los enemigos de la estabilidad tienen a su alcance armas cada vez ms peligrosas, tanto al nivel poltico, por el ascenso del populismo , como en el sentido material, por el acceso al ciberterrorismo y a la fuerza nuclear. Y mientras los problemas se acumulan, nuestros recursos morales y de inteligencia quedan estancados. Seguimos siendo tan malos y tan estpidos como nuestros antecesores humanos ms remotos -tal vez ms, si tenemos en cuenta el hecho de que los neandertales tenan cerebros ms grandes que los nuestros. El resurgimiento de ideologas fracasadas, como el nacionalismo, el racismo y el autoritarismo son muestras de la incapacidad humana de sacar conclusiones racionales de su propia Historia.

Aun si pudiramos imaginar soluciones a estos problemas, quedara la dificultad prctica de superar las limitaciones de los procesos de produccin de nuevas iniciativas cientficas. Segn Don Braben, del University College London, en su magnfico libro sobre el Planck Club -el conjunto de grandes cientficos de la primera mitad, ms o menos, del siglo XX- la atmsfera intelectual e institucional y la disponibilidad de recursos de aquel entonces favorecan la liberacin de grandes genios para seguir investigaciones audaces sin tener que pensar en aplicaciones comerciales o fines tiles definibles. Entre muchos ejemplos, Braben plantea el de Ernest Rutherford, el padre de la fsica nuclear, quien declar en 1933 que su descubrimiento no acarreara consecuencias prcticas; Max Perutz y John Kendrew, quienes en los aos cincuenta descubrieron por casualidad las estructuras de hemoglobina y la mioglobina; y Peter Mitchell, cuyas teoras bioqumicas se rechazaron por la comunidad cientfica antes de justificarse plenamente y revolucionar la disciplina en los aos sesenta. stos y muchsimos genios ms realizaban avances heroicos a pesar del desacuerdo de la mayora de los cientficos de su tiempo. Hoy en da, Braben estima el valor de sus descubrimientos en ms de 100 trillones de dlares, sin contar sus contribuciones no cuantificables al bienestar. Pero bajo las normas actuales, que exigen evaluacin de los pares e imponen criterios cautelosos y conservadores, es probable que ninguno de sus proyectos consiguiera apoyo ni financiacin.

Por ltimo, hay que contar con precedentes histricos poco alentadores. Los patrones histricos pueden romperse, pero para predecir el futuro el pasado es la nica gua disponible. Y el pasado demuestra que aunque la ciencia o, mejor dicho, la tecnologa solucione problemas, las mismas soluciones levantan otros problemas a la vez. Si seleccionamos slo algunos ejemplos de innovaciones de gran beneficio para la especie humana vemos que todos llevaban tambin aparejadas consecuencias lamentables que siguen infligiendo miseria en el da de hoy. La agricultura cre nuevos espacios para el desarrollo de microbios letales, aument la violencia entre comunidades, dio lugar a que surgieran estados tirnicos, modific la evolucin de especies comestibles y logr extinguir otras ms. La industrializacin trajo consigo desigualdades inmensas en las sociedades afectadas e introdujo prcticas insostenibles en la explotacin de combustibles fsiles. Las armas de destruccin masiva y los medios de genocidio ms eficaces de la historia son frutos de la ciencia del siglo XX. Los logros de la medicina han sido positivsimos, pero nos han dejado con una sociedad afligida por nuevas enfermedades -sobre todo de tipo psicolgico- y graves problemas sociales y demogrficos. El desvelo de la estructura gentica de los organismos ha sido revelador, pero nos amenaza ya con consecuencias no esperadas -morales, econmicos y medioambientales- de la modificacin gentica. La tecnolgica informtica multiplica datos y erosiona sabidura.

As que no hay grandes perspectivas de que la ciencia nos mantenga a salvo. Ms bien, tenemos que salvar a la ciencia de sus propios vicios -los procedimientos hostiles a la audacia de la investigacin, la falta de atencin a consecuencias no esperadas, el fundamentalismo casi religioso que excita expectativas condenadas al desengao. Sigo fascinado por los problemas insolubles, pero cuando contemplo los que nos hacen frente en la actualidad, salgo desesperado.

Felipe Fernndez-Armesto es historiador y titular de la ctedra William P. Reynolds de Artes y Letras de la Universidad de Notre Dame (Indiana, EEUU).

Fuente: https://amp.elmundo.es/opinion/2019/01/30/5c50886421efa004748b456e.html



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