Portada :: Opinin
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2019

No corrais que es peor

Iaki Gil de San Vicente
Rebelin


En nuestro inocente antifranquismo juvenil creamos que lo peor era echar a correr cuando cargaba la polica o la guardia civil porque si nos quedbamos quietos no nos pegaran ni nos patearan en el suelo, ni nos arrastraran agarrndonos por los pelos, ni nos detendran, torturaran y encarcelaran Dada nuestra virginidad poltica, y embelesados por la ideologa democraticista abstracta, pensbamos que las fuerzas represivas respetaran los derechos humanos. Muy pronto aprendimos que lo mejor era salir corriendo para organizar la defensa y contraatacar. Comprendimos que una manifestacin deba organizarse militarmente a pequea escala, con sus objetivos, estrategias, tcticas de aproximacin, avance y proteccin de flancos, y cmo no, sobre todo de retirada segura. Siempre haba que tener una retaguardia. Poco despus, descubrimos que los mismos criterios elementales, convenientemente adaptados, servan para toda lucha poltica, sindical, social, cultural, pacfica, estudiantil, vecinal, no-violenta, de masas, etc., debido al contenido poltico de lo militar y al contenido militar de lo poltico. Y con sonrojo nos dimos cuenta que no habamos inventado el fuego: un necesario bao de humildad.

Pero se nos insista en que lo mejor era la espera, la no provocacin, porque el ruido de sables impeda negociar con la burguesa democrtica. Se nos deca que la impaciencia ultraizquierdista de Rosa Luxemburg al decir que quien no se mueve no siente las cadenas, slo reforzaba al bnker porque la gente tena miedo a la represin y, adems, era cierto aquello que ms vale malo conocido que bueno por conocer. La izquierda explicaba exultante que ya no existan fuerzas represivas sino trabajadores del orden, que con un S a la democracia resolveramos todos los problemas; al poco esa izquierda disciplin a sus bases amenazando que quien se mueve no sale en la foto. Y acept y pact a la baja lo que el capital quiso: unidad espaola, propiedad privada, continuidad reforzada del Estado terrorista, monarqua e Iglesia - dios nos lo da, dios nos lo quita, dios aprieta, pero no ahoga y si ahoga? -, amnesia social y mentira histrica, desindustrializacin para entrar en Europa y empobrecimiento para enriquecer al capital Un diluvio de hielo apag en muchos sitios el fuego de la libertad, y el grueso de la izquierda reneg de la esencia poltico-militar del marxismo.

Desde la segunda mitad de los 70 el capitalismo lanz una contraofensiva mundial destinada a recuperar la tasa de ganancia, destrozar a la URSS y derrotar la lucha de clases en su generalidad, en especial a las organizaciones armadas. La amnesia social, el abandono de la teora y la moda post creada por la industria poltico-cultural, han extirpado de la historia reciente la tenaz resistencia del proletariado. A la vez, los efectos de la desindustrializacin y del fetichismo de la mercanca se sumaron a los del reformismo. Todo ello logr que el capitalismo se recuperara mal que bien sobre un rastro de sangre y devastacin, con la euforia del aplastamiento de la URSS ocultando que ello fue debido ms a razones internas que externas. La sucesin de subcrisis y crisis parciales cada vez ms frecuentes e intensas, fue ignorada por la burguesa y eran ridiculizados los pocos marxistas que advertan de la proximidad de la debacle que, como sabemos, estall a finales de 2007. En las dos ltimas dcadas, el capitalismo ha cambiado en sus formas, ha desarrollado contradicciones nuevas y lo que es peor, ha agudizado al extremo su esencial irreconciliabilidad con la vida.

Ahora, sobre este desierto, avanza el neofascismo; la represin ha culminado con xito el asesinato legal de Oier Gmez; aumenta el nmero de prisioneras y prisioneros polticos y sociales, y de exiliadas y exiliados; planifica el encarcelamiento de Nines Maestro, Mara Barriuso y Beatriz y de muchas otras personas de bien, sindicalistas, periodistas, militantes; ahora, el Estado ha endurecido su ataque a GARA buscando cerrarlo para siempre: se equivocan quienes reducen este golpe a un simple problema de libertad de expresin, lo mismo que se equivocaron quienes simplificaban la brutalidad contra la juventud de Altsasu a un hecho aislado del contexto vasco, o quienes niegan la funcin estratgica de la ofensiva contra los gaztetxes o la ferocidad patronal contra el movimiento obrero y sindical, o los ataques a la cultura popular vasca; ahora se perciben mejor que nunca antes los lmites insuperables de las nuevas estrategias, estatutos, partidos, confluencias y ciudadanismos, mareas

Hay que golpear lo ms posible al pueblo trabajador en la medida en que ste se deje, pero las luchas proletarias en Euskal Herria indican que no se deja, o al menos resiste en parte. Hay que aplastar a otros pueblos para saquearlos: la burguesa vasco-espaola anhela la inmediata reconquista de Venezuela. Hay que estrujar la propia tierra vasca y la burguesa se salta sus limitadas leyes medioambientales siempre que puede. Hay que manipular a la poblacin, y EiTB y la prensa se vuelcan con ahnco en ello. Por qu?

Porque la economa ha llegado al lmite del crecimiento: as lo dice nada menos que Janet Henry, importante analista burguesa. Scholz, ministro alemn de Finanzas, asegura que se ha acabado la poca de las vacas gordas, mientras que China registra la tasa de crecimiento ms baja desde 1990. La Eurozona crece un 1,8% en 2018, la tasa ms baja en cuatro aos, Italia tambin entra en recesin, Francia se estanca, el Brexit amenaza los cimientos, y, en privado, se reconoce que el crecimiento yanqui es artificial. La prensa espaola grita alborozada que crece un 2,8% sin reconocer que para la economa convencional un aumento del PIB de entre 2,5% y 3% es ya una recesin tcnica, que ese aumento se sostiene sobre el empobrecimiento masivo, que no aumenta la productividad y que, por no extendernos, el capitalismo estatal espaol ha retrocedido del puesto 8 en 2009 al 14 en 2017 y se discute si retroceder al 15 o 16 en 2021. Se nos promete que la tecnociencia nos salvar, pero se rige por tres reglas vitales para el capital: derrotar al proletariado, multiplicar la productividad y el beneficio, y vencer en la guerra cainita interburguesa; luego, si sobra algo y segn cuanta presin haga el pueblo, aliviar en algo sus penas.

Pues bien, en este nuevo contexto, se rescata la fracasada estrategia y se nos dice que volvamos a creer en la democracia tolerada por el capital como nica forma de accin poltica; que frente al neofascismo y la irracionalidad oscurantista al alza, hay que aglutinar a las fuerzas de progreso, desde el PSOE a la CUP pasando por el PNV; que no son buenos los radicalismos que asustan a la ciudadana y que debemos esperar a mejores tiempos, a las famosas condiciones objetivas para que entonces y slo entonces la lucha de liberacin nacional de clase dirija desde la calle la accin en los parlamentos espaoles por muy autonmicos y forales que parezcan. Mientras tanto, hay que esperar, pactar, consensuar. La capacidad de autoorganizacin y de creatividad del pueblo debe ser supeditada a la lenta burocracia institucional.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter