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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 06-02-2019

Venezuela define el futuro de toda la regin

Claudio Katz
Aporrea


La autoproclamacin de Guaid es la apuesta golpista ms ridcula y peligrosa de los ltimos aos. Con el descarado sostn de Washington, la derecha pretende colocar a un desconocido en la primera magistratura.

Esta vez la seal de largada no fue un acto terrorista, ni otro intento de asesinato de Maduro. Trump puso al frente de la escalada a varios expertos en conspiraciones (Abrams, Pence, Bolton, Rubio) y decidi capturar la empresa venezolana que opera en Estados Unidos (CITGO). Sepult todos los principios de la seguridad jurdica, para comenzar la apropiacin del petrleo de un pas que concentra la principal reserva mundial de crudo.

Los gobiernos derechistas de Sudamrica propician el golpe por otras razones. Duque pretende enterrar los Acuerdos de Paz con la guerrilla, luego de encabezar el desmantelamiento de UNASUR. Ya alberga en Colombia al contingente de marines requerido para acompaar cualquier provocacin.

Bolsonaro contina identificando a Venezuela con todas las desgracias del "populismo". Con esa retrica encubre su improvisado debut en la presidencia y pospone la inevitable decepcin de sus votantes.

Macri es un cruzado de la primera hora, que compite con otros servidores del imperio. Por eso redobla los actos de sumisin, designando a una funcionaria de su propio equipo como embajadora de Guaid. Exime a los inmigrantes venezolanos del hostigamiento a los extranjeros, para que no se hable de la inflacin, el desempleo o las tarifas. Fractura adems a la oposicin, compartiendo la denigracin de Venezuela con los lderes del peronismo federal (Urtubey, Massa, Pichetto).

Sin el sostn del mandante norteamericano, Duque, Bolsonaro y Macri son totalmente inefectivos. Su "Grupo de Lima" no logr siquiera boicotear la asuncin de Maduro. A esa ceremonia concurrieron ms delegaciones extranjeras que a la investidura del delirante capitn brasileo.

La atomizada derecha venezolana acta bajo las faldas de un presidente de fantasa. Nunca pudo ganar la eleccin presidencial y fracas en todos los intentos de impugnacin de esos comicios. Acept sin chistar el veto yanqui a las negociaciones con el chavismo y peridicamente se desbarranca con brutales acciones de violencia. Por el momento acta como simple marioneta del Departamento de Estado y ha quedado sujeta a los humores tuiteros de Trump.

La doble vara

Los golpistas caribeos han reaparecido como grandes estrellas de los medios de comunicacin. Cuentan con la complicidad de los periodistas, que atribuyen a Maduro una variedad de pecados visibles en otras administraciones de la regin. El simple registro de esa similitud tornara injustificable el complot o exigira el mismo cambio de rgimen en numerosos pases.

Se resalta especialmente el carcter ilegtimo del gobierno venezolano, como si hubiera surgido de un fraude electoral. Pero en realidad fue ungido con la participacin del 67% de la poblacin, es decir con un porcentual superior a los ltimos comicios de Chile o Colombia. Esta baja concurrencia de electores no induce a ningn comunicador a proponer el derrocamiento de Piera o Duque.

Es cierto que un sector de la oposicin convoc a la abstencin, pero otro particip y los resultados finales no fueron impugnados. Tampoco se presentaron evidencias de fraude, en un sistema electoral que ha sido elogiado por varios organismos (Carter) y figuras (Zapatero) internacionales. Con la misma modalidad de votacin fueron electas en el 2015 las autoridades de la Asamblea Nacional que lidera la oposicin. Compartiendo un mismo cimiento electoral, Maduro es objetado y Guaid es reconocido.

En las ltimas dos dcadas el rgimen chavista ha celebrado 24 elecciones, que incluyen una significativa modalidad de revocatoria presidencial. Ese derecho no rige en ningn otro pas de la regin. La participacin de los votantes no es obligatoria, pero ha sido habitualmente superior al promedio latinoamericano. La oposicin nunca reconoce las derrotas y siempre justifica los resultados adversos con denuncias de fraude.

Con su habitual duplicidad, los comunicadores que critican esos comicios consideran totalmente normales las elecciones brasileas, que se desarrollaron con Lula en prisin. Impugnan el sistema judicial venezolano, enalteciendo al magistrado que persigui al lder brasileo (Moro). Ni siquiera objetan el premio ministerial que le otorg Bolsonaro.

Los medios tambin denuncian la detencin de lderes opositores (Carmona, Ledesma, Lpez), pero omiten precisar las causas de ese encierro. No fueron a prisin por emitir opiniones crticas, sino por incentivar golpes de estado o por su complicidad con las sangrientas guarimbas callejeras. Al chavismo se le exige una conducta tolerante que no impera en ningn rincn de Latinoamrica. Se supone que debera ser comprensivo con los intentos de magnicidio.

Los comunicadores tampoco mencionan la brutal violacin de los derechos humanos que practican los gobiernos ms enemistados con Venezuela. Desde la suscripcin de los Acuerdos de Paz, los paramilitares colombianos (amparados por el oficialismo) han asesinado centenares de lderes sociales. En Argentina se multiplican los presos polticos y rige la impunidad para los responsables de los crmenes de Santiago Maldonado y Rafael Nahuel. En Brasil aumentaron los atentados contra los cooperativistas del MST y se destaparon los vnculos de los asesinos de la luchadora Marielle Franco con el hijo de Bolsanaro.

El chavismo es tambin denunciado por imaginarias conexiones con el narcotrfico. Pero los acusadores ocultan el comprobado financiamiento que brinda esa mafia a la derecha de Colombia. Ningn organismo internacional penaliza tampoco a ese pas por el continuado cultivo ilegal de drogas. Lo ocurrido en Mxico es mucho ms grave. Todo su territorio qued desgarrado por una masacre de 200.000 muertos, sin que la OEA promoviera alguna intervencin regional.

Ciertamente Venezuela padece una emigracin masiva como consecuencia del drama econmico que afronta. Pero en coyunturas semejantes, estos mismos desplazamientos se han verificado en otros pases. La miseria siempre empuja a buscar refugio en algn vecindario.

Si esas desgracias constituyen "crisis humanitarias", la misma caracterizacin correspondera aplicar a las migraciones equivalentes. Pero nadie presenta en esos trminos la terrible huida de las familias centroamericanas hacia el Norte. Ese tormento no incentiva ninguna recoleccin piadosa de socorros. Slo induce a construir un terrible muro fronterizo. Durante la guerra interna que vivi Colombia se registraron tambin masivos traslados humanos, que tampoco suscitaron convocatorias a la intervencin extranjera.

Los grandes medios siempre coronan sus coberturas de Venezuela con alguna imagen de violacin de la libertad de prensa. Pero los trastornos que retratan son irrelevantes, en comparacin al sistemtico asesinato de periodistas que han padecido Mxico y otros pases centroamericanos. Los fabricantes de mentiras aplican la doble vara a su propia actividad.

Contradicciones bajo la superficie

Basta recordar lo ocurrido en Irak y Libia para notar la gravedad de la amenaza actual. El imperialismo puede provocar destrucciones inimaginables. Si consuma una intervencin de gran porte, Amrica Latina perder el resguardo que mantuvo frente a las catstrofes blicas de frica o Medio Oriente.

La derecha descarta ese peligro y supone que obtendr un rpido triunfo, sin ningn costo. Ya anuncia la retirada del chavismo, el aislamiento de Maduro y la prxima desercin de la cpula militar. Tambin remarca la cohesin de su propio campo y el respaldo internacional unnime a su causa. Pero esas fbulas no resisten el menor anlisis.

El propio comando de Washington est afectado por severas disidencias, en el difcil contexto poltico-judicial que afronta Trump. Los fiascos de Medio Oriente han multiplicado las prevenciones frente a cualquier incursin externa. Los militares yanquis estn desconcertados y fueron obligados a retirar sus tropas de Siria y Afganistn. Las propuestas de repetir la ocupacin de Granada o Panam han sido desechadas y se pospone el tpico ultimtum que precedi el ataque contra Hussein o Gadafi. Por ahora el Pentgono slo evala operaciones acotadas, que comenzaran con el burdo pretexto de ingresar ayuda humanitaria.

Tampoco los socios europeos estn dispuestos a participar en aventuras blicas. Intervienen en el complot contra Venezuela sin emitir amenazas contundentes. Hay divergencias en el mando occidental, que han impedido consensuar la aplicacin de sanciones en la OEA y en la ONU, mientras persiste la neutralidad del Vaticano.

Los conspiradores han tomado nota tambin del creciente protagonismo de Rusia en el aprovisionamiento del ejrcito venezolano. Esa presencia puede complicar la jugada petrolera de Trump, si se confirma la tenencia de acciones rusas en CITGO. No se sabe, adems, quin ser el principal perjudicado por esa expropiacin. Algunos expertos estiman que Estados Unidos logr autonomizar su provisin del combustible venezolano. Pero esas compras an representan el 13% de las importaciones y su cancelacin podra impactar sobre el precio de la energa.

Todas las dificultades que enfrentan los golpistas son rigurosamente ocultadas por los medios. Despliegan una cobertura triunfalista, silenciando la ausencia de logros significativos de la derecha en la primera quincena del complot. Mientras los sobornos, las amenazas y las promesas yanquis no erosionen a las fuerzas armadas, Guaid seguir ejerciendo un mandato fantasmal.

Batallas en dos frentes

Es cierto que la derecha recuper capacidad de movilizacin, pero el chavismo ha respondido con manifestaciones igualmente masivas. En el pico de la crisis social el gobierno mantiene una llamativa capacidad de convocatoria. Todos saben que el gobierno no entregar el poder por la simple repeticin de marchas callejeras. La indefinicin actual puede resultar muy problemtica para la oposicin.

Sus lderes afrontarn nuevamente el dilema de retomar la violencia (que los aisl en el 2017) o aceptar un status quo (que los desgasta). Por ahora evitan la repeticin de las guarimbas en los barrios ricos, mientras ensayan algunas provocaciones en las zonas populares.

Tambin el gobierno aprendi de las confrontaciones anteriores y se maneja con cautela. Tolera las fotognicas apariciones de Guaid, apostando a su paulatina desmoralizacin. Pero el derrumbe de la economa crea serios interrogantes sobre el acompaamiento popular en la batalla contra la derecha. Toda la sociedad venezolana est desgarrada por un colapso maysculo del ingreso.

La contraccin del producto registrada en el ltimo quinquenio ya destruy el 30% del PBI. Esa regresin tiene el mismo alcance que la Gran Depresin sufrida por Estados Unidos en 1929-1932. La debacle golpea a todos los sectores.

La estratgica extraccin de petrleo se ha reducido a la mitad y el financiamiento monetario del dficit fiscal ha provocado la mayor hiperinflacin del siglo XXI. El ndice de precios salt del 300% (2016), al 2.000% (2017) y actualmente promedia una cifra incuantificable.

Esa escala demuele el salario, recrea el trueque y provoca una aguda escasez de alimentos y medicinas. Los padecimientos cotidianos son terribles y la supervivencia depende de las redes oficiales de abastecimiento (CLAPS).

Los medios de comunicacin presentan este desmoronamiento como una inexorable consecuencia del "populismo chavista". Pero omiten la responsabilidad directa de los artfices de la guerra econmica. El cerco exterior y el sabotaje interno desplomaron la extraccin de petrleo, achicaron las reservas internacionales y encarecieron las importaciones bsicas. Los capitalistas extranjeros y locales han provocado ese desmoronamiento, para facilitar el advenimiento de un rgimen poltico afn a sus negocios.

Esta indescriptible adversidad de la economa ha sido agravada por la improvisacin, la impotencia y la complicidad del gobierno. Maduro ha tolerado pasivamente el derrumbe de la produccin. Rechaz todas las propuestas del chavismo crtico para penalizar a los burcratas corruptos y a sus socios millonarios.

Estas iniciativas constituyen el punto de partida para frenar el desmoronamiento del nivel de actividad. Incluyen un control efectivo sobre los bancos para impedir la fuga de capital, cambios radicales en la asignacin de divisas al sector privado, gravmenes progresivos al patrimonio, incentivos a la produccin local de alimentos y numerosas medidas para involucrar a la poblacin en el control de los precios.

Este programa requiere adems un replanteo de la deuda, para lograr un anclaje de la moneda que permita contener la hiperinflacin. Ningn "petro" o "bolvar soberano" podr funcionar, mientras subsista el amparo oficial a la boliburguesa. Esa franja de privilegiados sobrefactura importaciones, transfiere fondos al exterior y se enriquece con la especulacin cambiaria y el desabastecimiento. La derecha no slo est embarcada en tumbar el chavismo. Tambin opera al interior de un gobierno que no frena la demolicin de la economa.

Compromiso o neutralismo

Frente al agravamiento del conflicto, muchas voces proponen generar nuevas condiciones para que los venezolanos puedan resolver democrticamente su futuro. La legitimidad de ese principio es indiscutible. Pero el gran problema radica en precisar cmo implementarlo, puesto que si triunfa el golpe esa aspiracin quedar definitivamente enterrada. La vigencia de la soberana del pas y la defensa de los derechos populares requieren ante todo la derrota de los esculidos.

El conflicto en curso ya perdi su condicin de "asunto interno" de Venezuela. La confrontacin desbord ese punto de partida territorial y actualmente involucra a toda la regin. Los dos principales fogoneros de la crisis tienen objetivos muy precisos. Estados Unidos pretende recuperar el dominio pleno de su patio trasero y las clases dominantes locales intentan sepultar todas las demandas populares, que emergieron durante la dcada pasada.

Si los golpistas logran derrocar al chavismo, avanzarn inmediatamente sobre Bolivia y Cuba, para extender el autoritarismo neoliberal a todo el continente. En Venezuela se disputa el freno o la extensin de esa oleada reaccionaria.

Esta disyuntiva ha sido correctamente percibida por los partidos, organizaciones e intelectuales que rechazan el golpe en forma categrica. Esa contundencia se verifica en su impulso de movilizaciones antiimperialistas. Las vacilaciones que se observaron durante las guarimbas del 2017 han decrecido significativamente. Los propsitos de la derecha estn a la vista y son evidentes los daos irreparables que causara un Bolsonaro en la presidencia de Venezuela.

El dramatismo de esa perspectiva no atempera ninguna de las objeciones al rumbo que ha seguido el gobierno chavista. Pero resulta indispensable situar esos cuestionamientos en un campo comn de batalla contra los golpistas.

Esta lucha exige superar tambin las posturas de ambigua neutralidad que transmiten ciertos pronunciamientos. Esas declaraciones toman distancia de los protagonistas del conflicto situndolos en un mismo plano. Cuestionan con la misma vara a Maduro y a Guadi sugiriendo una ilegitimidad compartida. Critican simultneamente el autoritarismo del rgimen y las aventuras de la oposicin. Objetan tanto la amenaza militar de Estados Unidos como la presencia geopoltica de Rusia.

Pero esa condena conjunta de Maduro y Guaid supone el desconocimiento de ambos? Implica la abstencin frente a las marchas que convoca el gobierno y la oposicin? Entraa una indiscriminada condena de los marines y del ejrcito bolivariano?

Los neutralistas elogian la actitud de los gobiernos de Mxico y Uruguay, que promueven la inmediata reanudacin de las negociaciones entre ambas partes. Esa iniciativa abre un canal de conversaciones que Maduro ya acept y Guaid rechaza.

Es evidente que la concrecin de esas tratativas depender del desenlace de la lucha. La derecha no aceptar negociar mientras vislumbre alguna posibilidad de capturar el gobierno. Derrotar esa pretensin es la condicin para recomponer las tratativas. Los resultados de esas conversaciones reflejaran, adems, el balance de fuerzas. Derrotar a la derecha es la categrica prioridad del momento. En esa batalla se juega el destino de Amrica Latina.

Fuente: https://www.aporrea.org/venezuelaexterior/a275505.html



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