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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2019

Ensayos sobre similitudes y diferencias entre pensamiento pedaggico liberal y socialista
Educacin y socialismo (I)

Luis Bonilla-Molina
Rebelin


En este ensayo y las sucesivas entregas de esta serie, utilizar la interrogante respecto a si se deben o no colocar tareas escolares para que los estudiantes las realicen en casa, como un pretexto para revisar la relacin de las teoras pedaggicas con el pensamiento capitalista y/o las resistencias anticapitalistas.

Contina abierto el debate respecto a la pertinencia o no, de colocar tareas a los y las estudiantes para que estos las realicen en casa. Esta no es una discusin solo sobre corrientes pedaggicas, sino que contiene en s elementos de tres asuntos convergentes. El primero, el rol de los padres y/o la familia en el trabajo educativo; segundo, la eficacia pedaggica de la extensin del trabajo del nio, nia o el adolescente fuera del contexto escolar; y tercero, sobre el uso del tiempo libre de los y las estudiantes. Todo ello en el marco de la tercera revolucin industrial y los anuncios del cuarto giro global de innovacin tecnolgica. Por supuesto que estos elementos no son neutros, estn mediados por posiciones ideolgicas. En este artculo, trataremos de hacer una apretada sntesis de los entretelones que giran alrededor de este asunto.

Aclaro que este trabajo no tiene pretensiones de neutralidad epistmica, por el contrario, es un esfuerzo desde las pedagogas crticas por reconstruir parte de nuestra historia, utilizando para ello la resolucin de una interrogante que surge en la cotidianidad de la accin educativa. La intencin no es otra que tratar de avanzar en la comprensin de la complejidad que tiene en el presente responder cualquier asunto pedaggico, en medio de la actual crisis civilizatoria derivada del impacto de la revolucin cientfico-tecnolgica en el sistema capitalista dominante y su modo de produccin. Crisis que nos afecta a quienes reivindicamos un cambio estructural de la sociedad, en la medida que no desarrollemos una teora revolucionaria para los nuevos tiempos. Estamos hablando de la necesidad de reactualizar el pensamiento de izquierdas y con ello a las propias pedagogas crticas.

A partir del texto de Friedrich Engels (1820-1895) El origen de la propiedad privada, la familia y el Estado (1884) y otros aportes del marxismo clsico ubicados en esa misma perspectiva, se desarrollaron lneas de trabajo que planteaban que la educacin era una tarea exclusiva del Estado mediante la escuela nica [ii] y que la familia cumpla un rol accesorio en los procesos educativos. Progresivamente, el pensamiento socialista se distanci de estas posiciones, ubicando la disolucin de la familia burguesa en el horizonte comunista, no en la transicin socialista y mucho menos en el capitalismo. Las Cartas a sus hijos desde la crcel (1928-1934) de Gramsci (1891-1937), muestran el compromiso del revolucionario italiano y su esposa rusa, Julia Schucht (1894-1980), en la educacin de ellos, mostrando que la formacin de los nios es una labor que la escuela socialista comparte con la familia.

Tambin encontramos vertientes de la educacin popular que niegan toda forma de escuela y mucho ms de sistema escolar, pero no por ello dejan fuera de la estrategia pedaggica a las familias. Sin embargo, el eje central de este ensayo es sobre sistemas escolares y escuelas, razn por la cual en este momento solo les mencionaremos. Estas vertientes estn asociadas a epistemologas que van desde los arquetipos protomarxistas, anarquistas hasta algunas expresiones de la teologa de la liberacin. En este ltimo caso, las manifestaciones de pensamiento conservador o anti escuela, estn muy asociados a la caracterizacin que histricamente hace la iglesia catlica respecto al papel jugado por la escuela moderna, con su actitud cientfica y anti dogmtica, en la prdida de influencia y liderazgo social de la institucin religiosa. Para esta ltima variante, los pedagogos pueden ser sustituidos por gente de buenos principios morales, con vocacin de servicio y capacidad innata para ensear, que trabajen las necesidades educativas del lugar y la gente, para quienes la docencia sea un apostolado y no un trabajo; la escuela es til si es controlada por las jerarquas religiosas, directamente o a travs de laicos comprometidos con la fe. Su ataque a la escuela, al estatus cientfico de la pedagoga y a los profesionales de la docencia, es formulada desde un lugar epistmico restaurador, en contraposicin a las expresiones revolucionarias del grueso de educadores pertenecientes a la teologa de la liberacin. En realidad, las propuestas de los conservadores religiosos pretenden ocultar que su propsito real es restituir la influencia de la teologa en la reproduccin del conocimiento y la generacin de conciencia.

Las pedagogas crticas deben trabajar para la alianza entre escuela, familia y movimiento social en la educacin de los nios, nias y adolescentes. Buena parte de las resistencias anticapitalistas en el siglo XXI tienen como lugar de enunciacin lo comunitario, cuyas bases estn conformadas por familias que hacen de la lucha, la solidaridad y la ayuda mutua, herramientas para la construccin de otro mundo posible. Desde esa mirada, nos aproximamos a la respuesta de la interrogante que motiva este artculo, desde una perspectiva histrica con las herramientas epistmicas de la dialctica fenomenolgica.

1. Eficacia pedaggica de las tareas

La educacin clerical, impulsada en occidente por siglos, fundamentalmente por la iglesia catlica, entenda la enseanza de la lectura, escritura, literatura, ciencia de la vida y clculos bsicos como un medio para reproducir la cultura dominante durante un periodo que abarc siglos. Esta enseanza fortaleca el dogma y contribua a construir y consolidar la moral necesaria para mantener el estatus quo. En ese sentido las tareas educativas para la casa estaban asociadas a la repeticin para garantizar la consolidacin de los aprendizajes, la bsqueda controlada de nuevos referentes del paradigma teolgico y el monopolio del tiempo del infante, visto ste como el ser que no piensa por s mismo y a quien hay que tener ocupado para limitar sus posibilidades de mal comportamiento. Muchacho no es gente y hay que tenerlo ocupado para evitar que invente cosas inaceptables y se comporte mal, reza el dicho popular que resume este paradigma.

Como las letanas, la repeticin una y otras veces de normas, procedimientos y contenidos, hasta que se lograra memorizar el conocimiento, constitua el indicador claro de aprendizaje. No importaba que se comprendiera como se llegaba a la cosa, si ramos capaces de describir y hablar de ella. El conocimiento era visto como un objeto del cual haba que apropiarse. Los bordes, el contorno, el contenido y el envase eran ms importantes que comprender la esencia y las causas de la cambiante forma. Las planas para aprender por reiteracin, los problemas matemticos para fijar las reglas, los dictados para verificar el correcto uso de la ortografa, la lectura mecnica para memorizacin, la descripcin de los personajes y sus historias eran desprovistas de las reales contradicciones de su tiempo histrico. La indagacin sobre trminos y expresiones de la ciencia buena servan para aprender del mundo sin disgustar a Dios y, los cuestionarios que se deban responder eran para evidenciar los aprendizajes alcanzados en los distintos temas; todo ello constitua la expresin y corpus de las tareas que se deban realizar en el hogar, como complemento de la labor del o la maestra(o), bajo este paradigma. El pasado y el presente se presentaban como categoras estticas y amigables en una misma construccin narrativa; el futuro ya estaba escrito. Por supuesto, haba resistencias y fugas permanentes a este modo educativo, pero no eran lo hegemnico.

Se peda el involucramiento de los padres en el acompaamiento a los deberes extra escolares para que la familia se apropiara de las lneas gruesas del conocimiento impartido en clase, construyendo hegemona cultural y como generalizacin del protectorado permanente de una niez que era vista como quienes no pensaban por cabeza propia, los infantes. El Estado y la familia se complementaban en el orden social y la gobernabilidad del sistema. Cuando por diversas razones los padres no podan cumplir esta labor, ya les haba quedado claro que la educacin clerical enseaba el vivir el conocimiento en correcta moral. En ese periodo, el empleo de especialista en tareas dirigidas emergi como un oficio que resolva las limitaciones de acompaamiento por parte de la familia.

Si hacemos antropologa pedaggica encontraramos que en este periodo la pedagoga cientfica en construccin se centraba en las formas didcticas y la autoridad del conocimiento que resida en el educador. Fue un periodo de abundantes tareas para la casa, bsicamente de carcter mecnico para afirmar y consolidar lo aprendido que era una verdad inamovible.

1.1. La escuela moderna

Con el surgimiento del sistema capitalista emergen dos metarelatos, el liberal burgus y el socialista; ambos coinciden en el potencial de la escuela y la educacin para el desarrollo de su horizonte estratgico. Ambos tambin comparten la preocupacin respecto al rol regresivo de la iglesia catlica en cualquier empresa reformadora.

Por ello, la hibridacin y el eclecticismo que encontramos en muchas propuestas pedaggicas que se abordan carentes de historicidad y epistemologa de origen, donde se pretenden fusionar el agua con el aceite educativo; incluso algunos errneamente llegan a decir que hay una u otra propuesta educativa sin trasfondo poltico, que por su carcter humanista se pueden aplicar en el capitalismo o en el socialismo ms all de la ideologa.

En la mundializacin desde Cristbal Coln y Vasco da Gama hasta nuestros das (2018) de Eric Toussaint (1954- ) se muestra como la conquista de Amrica fue parte del proceso que posibilit la eclosin del sistema capitalista a escala planetaria. En nuestra amrica antes de la llegada de los colonizadores, existan modelos educativos propios, en los cuales las familias jugaban un rol central, incluso, en lo que hoy denominados desde la lgica de sistemas escolares, como tareas para el hogar. El carcter de reproduccin cultural y de sostenimiento de la hegemona de las formas de poder existentes antes de la conquista eran el ncleo del mundo educativo en todo el territorio que fue conquistado.

Los proyectos de independencia nacional y de construccin de Repblicas en Amrica Latina y el Caribe fueron parte de la dinmica de restructuracin y expansin del capitalismo a escala planetaria. A partir de las explicaciones de Ernest Mandel (1923-1995) podemos entender de manera clara los rasgos del capitalismo tardo en Amrica Latina, el cual tuvo un ciclo largo de hegemona monrquico-girondina que hizo parecer exageradamente progresista el desembarco de las ideas liberales en el continente.

Ya en el siglo XIX e inicios del XX encontramos que en la regin las ideas liberales y socialistas no siempre tuvieron claras sus fronteras. En la obra del uruguayo Jos Enrique Rod (1871-1917), especialmente en su libro Liberalismo y Jacobinismo (1906) encontramos pistas al respecto. Rod fue considerado como uno de los maestros paradigmticos de la juventud que llev adelante la reforma de Crdoba, hecho que marc un punto de inflexin en el debate respecto a la universidad que necesitaba el capitalismo liberal y la revolucin socialista en la Amrica Latina y el Caribe del siglo XX, en el marco de la primera y segunda revolucin industrial [1] .

El surgimiento de los Ministerios de Educacin, las leyes de Educacin y el nacimiento de los centros de formacin docente en el continente, fueron vistos con buenos ojos tanto por liberales como por socialistas. El trabajo de Anibal Ponce (1898-1938), especialmente en Educacin y Lucha de clases (1934) marca una necesaria inflexin al respecto en la regin, en lo que se refiere a la definicin de los campos ideolgicos en materia educativa, pero lamentablemente su obra fue ampliamente difundida en nuestros pases solo dcadas despus.

La escuela republicana sera una mixtura de lo viejo con lo nuevo, que no termin de liquidar la herencia pero que tampoco se neg al encuentro con lo nuevo que hegemonizaba lo educativo. Por ello, la escuela capitalista en Amrica Latina no fue nunca una copia precisa ni un calco perfecto de las visiones espaola, francesa, anglosajona o portuguesa, sino que fue adquiriendo una identidad propia que era el reflejo de su adaptacin contingente al capitalismo y la lgica del mercado.

La escuela moderna es una estructura organizativa que evidencia la hegemona del paradigma positivista. Su lgica evolutiva, escalar, segmentada, replicable, verificable, estandarizada, homognea en cada uno de los grados escolares y estos a su vez en niveles y modalidades, es un espejo en el plano educativo del mundo de la ciencia, la fbrica, la produccin. Es esta lgica lo que hace posible que contemos con un modelo de sistemas escolares ms o menos homogneos en el mundo, que hoy posibilite la normalizacin capitalista de las polticas educativas [iii] .

Con la escuela moderna la pedagoga adquiere el nivel de actividad cientfica [iv] , al ser definidos y estructurados los principios, rituales, componentes, protocolos y procedimientos que le eran propias, profesionalizndose la docencia y adquiriendo el plantel escolar un papel central en la gobernabilidad del mundo poltico, econmico y social que le haba resultado esquivo en el pasado. Ahora la escuela estaba en el centro de la reconfiguracin econmica, poltica y social del mundo. Surga la sociedad capitalista y con ella la escuela adquira nuevos encargos que demandaban su adscripcin al paradigma cientfico. Dinmicas stas que en buena medida vinculaban a la escuela a las premisas del emergente modo de produccin capitalista: insumos, procesos y productos, pero tambin a la construccin de mentalidad civilizada, indispensable para la gobernabilidad.

Esta nueva lgica educativa tena tres grandes expresiones. La primera, conocimiento ilustrado, asociado al mtodo cientfico. Segunda, lo que genricamente se denomin desarrollo integral de la personalidad de los y las estudiantes, que en realidad est asociado al concepto de civilizado, ilustrado, en la cultura occidental. Desde la perspectiva capitalista, la mentalidad de consumo, la cultura del consumo, aparece vinculada a la nocin del ser civilizado. La tercera, se generara en un ltimo momento, derivada de la construccin de un modelo ideal de gobernabilidad, la democracia liberal o representativa burguesa, que requerira la confluencia de mltiples institucionalidades, en este caso la escuela, para la construccin de ciudadana.

Las izquierdas pedaggicas siempre problematizaron estas tres dimensiones del quehacer de la escuela moderna. En la primera, vinculando el conocimiento a su utilidad en la justicia social y la distribucin equitativa de la riqueza. La valoracin de los otros conocimientos, las integraciones de los mltiples referentes del saber con las nociones derivadas del mundo de las ciencias surgen como otros caminos posibles del mtodo cientfico. Luego se abrira un debate, an en curso, sobre las formas descoloniales del saber, que desde las pedagogas crticas expresan una hibridacin entre verdades cientficas y saberes, en una nueva forma de conocimiento territorializado, enunciado y construido desde el lugar. En la segunda dimensin, la construccin de pensamiento y perspectiva crtica como nico antdoto real al consumismo. Se trataba de crear las condiciones cognitivas para que los estudiantes no solo se apropiaran del mundo en su real expresin como un lugar que es posible cambiar, sino que a partir de ello fuera posible iniciar la transformacin de su realidad como punto de partida en la construccin de otro mundo posible. Sin embargo, en algunos casos el pensamiento crtico lleg a ser visto como un producto y como un proceso, sufriendo este una especie de metamorfosis en mercanca cultural que induca a una especie de consumo del pensamiento crtico para ser civilizado. En la tercera expresin, se plantea la importancia de una personalidad colectivista y un desborde creativo de la ciudadana, en la construccin compartida de conciencia crtica. Efectivamente la escuela contribua a modelar el comportamiento social, pero no solo para el orden, sino que desde las izquierdas se asume la rebelda como anti normatividad y camino disolutivo de las reglas del poder dominante. La idea civilizada del proceso guiado del buen salvaje al buen revolucionario orientaba a una parte importante de la accin educativa de izquierdas.

La expansin y construccin de hegemona de la pedagoga moderna en los procesos educativos, est profundamente asociado a los requerimientos que derivaban de la primera y segunda revolucin industrial, tanto para la dominacin como para la liberacin. La pedagoga se convierte en una sntesis epistmica respecto al cmo educar ya sea para la lgica del mercado o de la sociedad de hombres libres, en la futurica social que emana del liberalismo y/o del socialismo.

Por ello, la pedagoga se ha visto tensionada de manera permanente entre los campos del poder establecido y de las revoluciones. La burguesa y el proletariado industrial son hijos de las dos primeras revoluciones industriales y sus narrativas, imaginarios e ideologa terminan aflorando de una u otra manera en los enfoques pedaggicos de la escuela moderna, hecho que si lo descuidamos puede terminar confundiendo a los educadores desprevenidos, que se aproximen a la teora educativa con una lectura despolitizada. Las ideas liberales y socialistas, asumidas por clases sociales diferenciadas respecto a su relacin con los medios de produccin capitalista, se disputan el control del Estado y es precisamente ese Leviatan moderno quien ahora regenta la educacin mediante la figura de sistemas escolares, razn por la cual es imposible la existencia de una neutralidad pedaggica en medio de campos opuestos y en disputa por el control del Estado Moderno.

En lo que s coinciden liberales y socialistas es en la potencialidad de la ciencia, la innovacin y el campo tecnolgico para el desarrollo de la sociedad. Sin embargo, el impacto negativo sobre la naturaleza, la vida humana y la sociabilidad de una ciencia orientada fundamentalmente por el lucro, la ganancia y el consumo gener desde muy temprano serios cuestionamientos sobre los referentes ticos, ontolgicos, epistemolgicos y paradigmticos de esta ciencia. La fe en la ciencia comienza a ser superada por una visin ms relacional del conocimiento, que reconoce las tensiones entre poder y ecologa en detrimento de la segunda, entre felicidad y opresin, igualdad y libertad, que fueron nociones menos trabajadas en los originales desarrollos del materialismo histrico.

Las carencias en esta problematizacin de la ciencia, fundamentalmente en lo referido a su impacto en la reintegracin de los hombre y mujeres a la naturaleza, impactaron al propio campo marxista que en un primer momento tena una mirada positivista, cientificista del mundo y la educacin. Evidencias de estas perspectivas abundan en los prolegmenos tericos y prcticos de la revolucin de octubre y en su devenir. El humanocentrismo socialista constituy un desarrollo opresor que impeda la relacin armnica e integrada de los seres humanos con el resto de la naturaleza, solo posible por la hegemona de la fe en la ciencia, vista sta como una entidad ticamente auto referenciada en su utilidad y para el bienestar de los hombres y mujeres. Una vertiente de la modernidad construy un imaginario de la naturaleza segn la cual ella era un recurso, inagotable o sustituible, cuyo destino estaba supeditado al bienestar de la externalidad humana. Ello conspiraba incluso contra otras aproximaciones racionales al tema, derivadas de la propia episteme moderna, liberando de frenos sociales al uso de la ciencia y las tecnologas de gran escala, lo cual desde la experiencia del socialismo real acarre perversos impactos en el conjunto de la vida en el planeta, de lo cual Chernbil () o la presa de las tres gargantas () fueron solo expresiones. La fragmentacin de los hombres y mujeres como entidades abstradas de la naturaleza tendra serias repercusiones en el campo de las ideas socialistas, con ecos an en el siglo XXI.

Los cuestionamientos al uso incontrolado de la ciencia y las innovaciones tecnolgicas, tambin estuvieron mediados por algunos paradigmas e ideologas de carcter pre moderno, que no siempre estaban liberados de su carga opresora. Una vez que se asoman los primeros cuestionamientos al impacto del positivismo cientfico en la naturaleza, la mirada religiosa se apresur a construir una narrativa actualizada que cuestionaba el mtodo cientfico y buscaba legitimar toda verdad subjetiva como otra ciencia posible, pero que sin embargo no rompa con su tradicin de legitimar las rentables lgicas del mercado, incluida la explotacin indiscriminada de la naturaleza, siempre y cuando sus promotores contribuyeran al esquema de financiamiento del poder clerical. Adems, en el plano educativo el debate sobre el positivismo y el mtodo cientfico, que no fue planteado como una agenda para su eliminacin sino para su revisin crtica, le sirvieron de punto de partida a miradas neo metafsicas para generar argumentos sobre una ciencia de las especifidades, de cada uno, que colocaba la transformacin social nuevamente en el plano del cambio personal, admitiendo todo como conocimiento vlido y planteando la relatividad de replicar conocimientos [v] . Para este enfoque, eran igualmente vlidos y tenan el mismo estatus epistemolgico, si alguien se sanaba despus de una operacin efectuada mediante un protocolo replicable, de otra persona que lo haca mediante la intervencin espiritual milagrosa de un santo o mediante la imposicin de manos y, ambos casos, eran considerados desde esta posicin, como hechos irrefutables, colocando al campo de la ciencia en un nuevo terreno teolgico.

Otros, cuestionaron el mtodo cientfico, abrindose a otros protocolos para llegar a generar conocimiento verificable y repetible, admitiendo la singularidad y expresin contextual de los resultados. Esto ltimo posibilit el desarrollo de otras metdicas para avanzar por caminos distintos en los campos de la qumica, la fsica o la biologa. La evolucin de la fsica cuntica, por ejemplo, es un resultado de esta otra lgica cientfica. En el campo de las ciencias sociales se tuvieron que romper los paradigmas del evolucionismo histrico, el historicismo lineal, el determinismo funcionalista, los condicionantes predeterminados del comportamiento social, los restos de las consideraciones referidas a la supremaca de la teora sobre la prxis social y la separacin del hombre respecto al resto de las formas de vida, para poder avanzar en su redimensionamiento. De este giro provendran los mtodos de investigacin accin participativa, los estudios comparados de carcter dialctico, entre otros muchos.

Como veremos ms adelante, el propio campo del materialismo histrico debi reconfigurarse para empalmar con los nuevos desarrollos de las otras miradas emancipatorias en las ciencias. En el caso de la educacin, los avances para su tiempo histrico realizados por Jean Piaget [vi] (1896-1980), Lev Vytgoski (1896-1936), la neurociencia especialmente los procesos de construccin de consciencia, la plasticidad del cerebro y la cognicin con sus procesos de toma de decisiones, as como los trabajos de Howard Gardner (1943- ) con los estilos de aprendizaje, plantearan desafos interesantes para el marxismo. El desarrollo de la fsica cuntica incita a nuevos retos para la fenomenologa dialctica, tarea an pendiente para las ideas socialistas-

La rpida burocratizacin de la experiencia bolchevique posibilit el emerger de lecturas problematizadoras en el campo socialista que estn en los orgenes de la pedagogas crticas, especialmente los trabajos de Marcuse (1928-1929), respecto precisamente a la importancia de lo fenomenolgico, la superacin del mecanicismo histrico, el problema de los imperativos morales kantianos en la visin marxista del hombre nuevo, la filosofa concreta y la necesidad de considerar al pensamiento socialista como un campo abierto, en permanente construccin y actualizacin; as como los desarrollos de la Escuela de Frankfurt en distintos campos pero en especial sobre las subjetividades, la importancia de las singularidades en los recorridos colectivos y la nocin de justicia social.

De especial importancia para la educacin y los orgenes de las pedagogas crticas result el desarrollo marcusiano de la fenomenologa dialctica, que dicho sea de paso nada tiene que ver con mucho de lo que hoy conocemos como fenomenologa educativa, que esconde su despolitizacin, en una lectura de Edmund Husserl (1859-1938) sin vnculo con su tiempo histrico y descontextualizada con el presente, as como en un seudo debate de lo cualitativo como superacin de lo cuantitativo, cuando en realidad estas dos dimensiones estn dialcticamente integradas. Sobre ello volveremos ms adelante.

Con el capitalismo avanzado, la mujer se incorpora de manera ms decisiva al mundo del trabajo asalariado, eso s en condiciones laborales discriminatorias, sin que ello implique el abandono de sus oficios y responsabilidades en el hogar, expresndose redobladas formas de explotacin. El patriarcado es inmanente a la lgica del capital y aunque en la sociedad capitalista ambos padres trabajen, las mayores cargas de tareas en el hogar continan recayendo sobre las mujeres trabajadoras. En la medida que se profundiza la sobre explotacin laboral, los padres de familia deben extender las horas extras o redoblar los turnos en las fbricas y lugares de empleo para alcanzar salarios de sobrevivencia; hecho que cada vez ms les aleja del hogar. En ese contexto el debate sobre las tareas de los estudiantes en casa, las cuales implicaban un acompaamiento por parte de los padres, ha resultado a travs del tiempo un tema sustantivo, de inters generalizado. Desde las pedagogas crticas hemos subrayado que la familia trabajadora es parte del proyecto emancipatorio, razn por la cual cualquier estrategia educativa tiene que contar con la vinculacin y participacin de los padres, para lo cual es fundamental incorporar esta aspiracin a las luchas reivindicativas que se presentan en la disputa entre capital y trabajo.

La escuela moderna, desde distintos lugares de enunciacin ideolgica y paradigmtica es homologada con el performance de la fbrica. Ello llevaba implcita una concepcin del docente como obrero intelectual, quien debera cumplir labores especficas (insumos) y estructuradas (procesos) en la fbrica escuela para obtener el producto esperado, que para la ideologa liberal burguesa estaba asociado a habilidades para la vinculacin con el mundo de las mercancas, el consumo y la ciudadana mientras que, para las ideas socialista se asocia a teora crtica, transformacin de la realidad y desborde de la ciudadana. El perfil del egresado se convierte en el lente ajustable de la actividad educativa, que tanto a liberales como a izquierdistas les permite afinar la mirada cuando se trata de dibujar la agenda educativa en cada coyuntura histrica.

A pesar de los determinismos en cada uno de los campos socialmente enfrentados, rpidamente en la escuela moderna y las corrientes pedaggicas de este periodo, tanto liberales como socialistas, se comienza a dudar de la eficacia de la enseanza exclusivamente repetitiva y memorstica inherente a la epistemologa dogmtica. Esto se debe a la evidencia emprica respecto a las limitaciones o precaria utilidad para el modo de produccin capitalista pero tambin para la revolucin, de una escuela sin capacidad de pensar y actuar en lo nuevo.

El debate sobre las ciencias llega de manera tarda al campo educativo, impactado en el momento de estructuracin de los sistemas escolares en Amrica Latina y el Caribe, por las ideas de Henri de Saint-Simon (1760-1825), Auguste Comte (1798-1857) y John Stuart Mill (1806-1873) como lo podramos observar en las apuestas educativas de Lancaster. Para el positivismo educativo la experimentacin era el camino para alcanzar un conocimiento replicable, objetivo, que pudiera en un momento dado colocarse en los circuitos de produccin y circulacin de mercancas en cualquier espacio y tiempo, pero tambin para trabajar la transformacin a partir de un programa mnimo que contuviera en su interior las claves replicables de la ideologa socialista.

El positivismo educativo se centr en hechos y leyes que permitieran la reproduccin de todos los resultados y conocimientos considerados de rango y valor cientfico. De all, que necesariamente surgiera un punto de bifurcacin epistmica con esta premisa desde las pedagogas socialistas, las cuales se centran en conocer las causas que originan el hecho y los principios replicables para generar la contradiccin que posibilite romper con esas causas y abrirle paso al nuevo incluido revolucionario. Esta ampliacin del horizonte epistmico no significa necesariamente una ruptura con el positivismo sino una derivacin.

Bajo el paradigma positivista en educacin, el tema de la enseanza-aprendizaje en los sistemas escolares tiende a adquirir una lgica pedaggica que lo estructura en los distintos campos disciplinares de enseanza de la siguiente manera: conceptos, subconceptos, procedimientos, comparaciones y pensamiento relacional, aplicabilidad del conocimiento, experimentabilidad y verificacin de la repetitividad del aprendizaje. Desde el liberalismo educativo la secuencia y el producto son parte de la reingeniera social que promueve el capitalismo para asegurar la optimizacin del funcionamiento del sistema. Desde el pensamiento socialista esta epistemologa se ampla llevndola a las formas y expresiones que garanticen utilidad para la transformacin social y construccin compartida del conocimiento, construyendo mentalidad colectiva.

Inicialmente las pedagogas enmarcadas en la mirada del mercado se concentran en la competitividad y el individualismo dentro de las dinmicas de aprendizaje, mientras que, en las pedagogas socialistas en la cooperacin, la solidaridad y el trabajo en equipo. Individualismo versus colectivismo son los dos grandes campos paradigmticos que enfrentan a las pedagogas liberales y socialistas, en el marco del desarrollo de la primera y segunda revolucin industrial en el siglo XIX. Ambas comparten el paraguas del paradigma positivista.

Para garantizar el logro de esta secuencia, sincronizacin y complementariedad de procesos educativos se estructura una mecnica de lo pedaggico, que se fundamenta en desarrollos que haban sido logrados en distintos momentos histricos, asociados ahora a los procesos de enseanza-aprendizaje. La visin de engranaje de piezas y de funcionamiento sistmico resultan fundamentales en las expresiones de lo educativo de ese momento, cuya teleologa pasa a ser determinada por el Estado como garante de la orientacin estratgica de la escuela y del oficio del educador.

(Continuarᅅ)


Luis Bonilla-Molina es Maestro e investigador desde el enfoque de las pedagogas crticas. Sus trabajos contienen un enfoque comparativo. Escrito a solicitud del portal de los maestros Otras Voces en educacin en el marco de su tercer aniversario.  

 



 [1] Mi planteamiento es que debemos superar la aproximacin a las contradicciones capital-trabajo como un todo petrificado y analizar la movilidad de estas contradicciones en la medida que se desarrollan las revoluciones industriales.

[ii] La escuela nica merece un artculo separado solo para analizarlo en detalle. En este artculo solo le mencionaremos.

[iii] Educacin Para Todos (EPT) de la UNESCO; las pruebas PISA y las orientaciones de las OCDE y ms recientemente el ODS4 son algunas evidencias de ello.

[iv] En este artculo no entre en la polmica respecto a si la pedagoga es una ciencia o una confluencia de ciencias. Lo que subrayo es el carcter cientfico de la profesin.

[v] Esto est en la gnesis del pensamiento neo autoritario en la escuela que analizaremos en otro artculo.

[vi] Nahuel Moreno, un destacado dirigente del trotskismo latinoamericano, expres un inters especial en buscar puntos de encuentro entre Marx, Trotsky y Piaget en su libro: Moreno, Nahuel (1973). Lgica marxista y ciencias modernas. Editorial Pluma. Buenos Aires.



Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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