Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2019

Cuaderno de postcrisis: 15
Agencias neoliberales

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

En una visin simplista, el neoliberalismo se ha entendido como un mero proceso de mercantilizacin de las relaciones humanas. Mucha gente ha acabado por confundir capitalismo con mercado y a pensar que el tema social central es la desmercantilizacin. Siempre me ha parecido errnea esta percepcin. El capitalismo real no funciona solo con mercado, sino que requiere de un conjunto de instituciones pblicas que generan el marco legal y real en el que opera la vida empresarial. (Tambin porque una gran parte de la actividad empresarial no funciona mediante intercambios mercantiles sino que utiliza poderosos sistemas de planificacin y gestin central). Y el neoliberalismo no ha sido una mera desregulacin y ampliacin del espacio del mercado, sino fundamentalmente una adecuacin de las instituciones a los requerimientos de las lites dominantes.

Alguna de estas instituciones juega adems un doble papel. De una parte desarrolla el marco institucional que permite al capitalismo desarrollar sus actividades. De otra, tiene adems un importante papel a la hora de crear opinin, puesto que suele contener en su seno servicios de estudio y anlisis que no slo elaboran informes sobre las actividades especficas de la agencia sino que emiten informes sobre muchos otros puntos de la actividad econmica. Su papel de creadores de opinin suele adems estar marcado por el hecho de que sus propios equipos tcnicos han sido educados y socializados en una cultura econmica, en una tradicin intelectual especfica, por lo que sus informes suelen responder siempre a una misma lnea interpretativa. Son autnticos guardianes del orden vigente, puesto que en buena parte sus miembros se creen lo que dicen. Actan de motu propio, puesto que su formacin especfica les hace responder en un sentido sin necesidad de recibir rdenes (otra cosa es que estas posiblemente existen), igual que un centinela no tiene que esperar la orden de un general para disparar.

Los Bancos centrales suelen ser el paradigma de lo que estoy contando. Casi siempre respetuosos, cuando no directamente coaligados, con los grandes grupos financieros. Incapaces de intervenir en todo el cmulo de desregulaciones, de irregularidades que propiciaron la burbuja financiera que estall en 2008. E igualmente poco habladores en el momento actual, cuando se siguen manteniendo muchos de los mecanismos y riesgos financieros del pasado. Ni siquiera han dicho nada del nuevo sobre el tipo de corrupcin bancaria que ha puesto de manifiesto el caso Villarejo por lo que atae al BBVA. Y es que suele ser una constante que los desaguisados financieros y la corrupcin empresarial solo se ponen en evidencia cuando el mal lleva aos progresando. En cambio, esta misma institucin, el Banco de Espaa, ha vuelto a hablar profusa y reiteradamente cuando el Gobierno aplica alguna medida laboral, sea el aumento del salario mnimo, sea la promesa de revertir parte de la Reforma Laboral de 2012. En el caso del salario mnimo, su actuacin es de nota, puesto que existe una amplia literatura econmica que muestra que aumentos del salario mnimo como el actual no tienen impacto sobre el empleo (e incluso en algunos casos, el impacto es positivo).

 

II

Pero el Banco de Espaa no est solo en esta labor de guardin. La otra gran pata la constituyen las autoridades y polticas de la competencia. En nuestro caso la CNMC (la Comisin Nacional del Mercado y de la Competencia).

Su existencia suena bien. Cualquier estudiante de economa es aleccionado desde su infancia (pues ahora la Economa ya se estudia en la ESO) en lo buena que es la competencia y lo malos que son los monopolios. La competencia apunta a un mundo econmico relativamente igualitario, donde una mirada de empresas produce el mismo tipo de bien y los precios favorecen que acaben predominando las tcnicas de produccin ms eficaces. El monopolio y sus variantes (oligopolio, oligopsonio, etc.) nos sitan en un mundo dominado por abusones que acaparan una parte excesiva del producto social, que reducen el empleo y el bienestar, que pueden frenar el cambio tcnico. A nadie le gustan los abusos, todos estamos a favor de que se apliquen las mejores tcnicas, que los productos sean ms accesibles y el empleo sea mayor. Viva la competencia! Y para garantizarla, ah est la legislacin comunitaria sobre competencia (que es en gran parte el ncleo central de toda la legislacin europea) y, en cada pas, una agencia como la CNMC.

La CNMC en su funcin de guardin es como una especie de Polifemo que mira con un solo ojo y pierde de vista muchas cuestiones relevantes. De hecho, su campo de actuacin predilecto es lo que yo llamo monopolio horizontal, el que influye en el precio de un solo producto. O sea, lo que mira es si un grupo de empresas se ponen de acuerdo para fijar el precio de un bien o servicio, o si una empresa pone condiciones a sus clientes que les impidan buscar otras alternativas en el mercado. El tema no es balad y existe alguna buena razn para evitar que las empresas se coaliguen e impongan pactos abusivos (aunque la CNMC tiene a menudo dificultades para desarrollar su poltica porque muchas de las cuantiosas multas que impone acaban siendo anuladas por los tribunales a los que acuden las empresas multadas). Es sin embargo una cuestin posiblemente menor respecto a lo que yo llamo monopolio dinmico, que es el que explica la lgica de funcionamiento de las grandes empresas.

Por dinmico entiendo todas las prcticas empresariales orientadas a reforzar el poder social y de mercado de las empresas, a garantizarles un enorme flujo de ingresos a lo largo del tiempo. Y esto se consigue menos por la va de una pequea carga monopolstica en un producto concreto como por muchos otros medios. De entrada, la mayor parte de empresas practican una enorme diversificacin de productos que impide saber con claridad el precio que se paga por los mismos, si las diferencias de precios entre productos obedecen a diferencias de costes, etc. Los ejemplos de esta diferenciacin de productos y precios son tan evidentes que basta citar algunos ejemplos para que se entienda: aviones, hoteles, yogures, modelos de coches, rebajas, son mecanismos por los cuales las empresas discriminan a diario y venden a diferentes precios el mismo producto. No es difcil que la bsqueda de un hotel en internet provoque que a la siguiente bsqueda el precio haya variado (o que si uno llama directamente al hotel consiga condiciones diferentes). El campo de las patentes, tan esencial en sectores como la industria farmacutica, es otro terreno que escapa a las actividades de control de este tipo de agencias. stas se suman al coro que repite que las patentes son la precondicin de que ese sector investigue en favor de nuestra salud.

Y hay an un elemento ms crucial de este monopolio dinmico que es la capacidad de las grandes empresas para destinar recursos a financiar campaas en los medios (los convencionales y los generados por las TIC), para influir sobre polticos y conseguir buenas regulaciones. Posiblemente sea esta la forma ms perniciosa de poder monopolstico y, en cambio, es una cuestin que ni se estudia en los libros de texto ni forma parte de las preocupaciones de las agencias de la competencia. Hubo un tiempo, especialmente en Estados Unidos, donde los movimientos reformistas desarrollaron una lucha contra los monopolios que exiga su desmantelamiento. Pero esta es hoy una cuestin omitida por la academia econmica y que ha dejado de formar parte de la intervencin pblica. En cambio, en muchos casos, bajo la bandera de la competencia se ha defendido el desmantelamiento de agencias pblicas que garantizaban reglas limpias a todos los operadores.

Si se busca una ilustracin de lo que significa este monopolio dinmico, es paradigmtico el caso de Agbar, la empresa que gestiona la mayor parte del ciclo del agua en el rea Metropolitana de Barcelona (y que constituye el mayor grupo privado de gestin empresarial del ciclo del agua en Espaa). Gestionar el agua en Barcelona siempre ha sido un buen negocio. Tanto, que la empresa consigui mantener la gestin cuando su concesin haba expirado (alguien debi hacer algo para que desapareciera la referencia escrita en el contrato). Cuando se destap la irregularidad, la empresa se movi entre bambalinas y consigui con poco ruido (y el apoyo de socialistas y convergentes) que se creara una nueva empresa, Aigues de Barcelona (80% capital de Agbar y 20% pblico), que se encargara del ciclo del agua en la mayora de municipios del rea. Se hizo por va digital (algn dedo dio la orden), sin concurso ni competencia. Recurrimos las entidades agrupadas en Aigua es Vida y el Juez reconoci la irregularidad pero archiv la demanda. Ms suerte tuvo el competidor de Agbar, Acciona (seguramente su equipo jurdico tena ms recursos), a quien el juez tom en consideracin y al final el Tribunal Superior de Justicia de Catalunya decret que la nueva empresa era ilegal. La pelea judicial est ahora en manos del Tribunal Supremo. Mientras tanto, el Ayuntamiento de Barcelona haba cambiado de manos. En el equipo de Ada Colau est uno de los lderes de Aigua es Vida (Eloy Badia) y se tomaron en serio el tema. Ya han podido mostrar que la valoracin de activos que se hizo en su tiempo sobrevalor los que aportaba Agbar y minusvalor los que aportaba el sector pblico, por lo que existe una ventana de oportunidad para municipalizar el servicio del agua (como han hecho ciudades como Berln, Pars y recientemente Terrassa). Desde Aigua es Vida se propici una consulta pblica sobre la gestin del agua, aprovechando el nuevo reglamento de participacin ciudadana de Barcelona. Y la respuesta de Agbar es una muestra palpable de lo que llamo monopolismo dinmico.

Su utilizacin masiva de recursos para mantener el negocio del agua ha combinado la propaganda (omnipresencia de sus actividades en los anuncios durante los ltimos meses), la bsqueda de aliados (desde el apoyo a mltiples iniciativas de colectivos locales hasta la creacin de un Consejo Asesor con presencia de los lderes de CCOO, UGT y la CONFAVC, la Confederacin vecinal de Catalunya enfrentada en esta cuestin a la Federacin de Barcelona), la presin sobre las entidades que defendemos la municipalizacin (desde amenazas de acciones judiciales hasta una campaa en los grandes medios a partir de un dossier que la empresa les envi), o el intento de dinamitar directamente el reglamento de participacin municipal mediante la presentacin de una sucesin interminable de recursos amparados en oscuras entidades. Hay tambin constancia de que nuevos medios de comunicacin diseados para realizar campaas anti-Colau gozan de su financiacin. En suma, un despliegue de todos los recursos posibles (que en este caso provienen de la gestin de un servicio pblico) para garantizar su chollo para los prximos aos.

Y ya se sabe: todo este mal recurso de dinero pblico y estas prcticas autnticamente monopolistas no forman parte de lo que preocupa a la CNMC. Que s ha corrido a hacer un informe (ms bien un panfleto) en defensa de las plataformas de pisos tursticos y en contra de los intentos de los taxistas de regular el sector de las VTC. Y es que los taxistas son, como monopolistas, mucho ms peligrosos que empresas como Agbar, o Uber.

 

III

Tal como est diseada, la poltica de la competencia no solo tiene el sesgo de ignorar las prcticas monopolsticas ms importantes. Al centrarse slo en la cuestin de los precios, ignora los efectos colaterales de cualquier actividad econmica. Que detrs de cada intercambio, de cada actividad empresarial, suelen haber ms elementos afectados que los que intervienen en la transaccin, que las acciones de cada individuo influyen sobre la vida de mucha otra gente, es algo que hasta la economa convencional ha reconocido con etiquetas como externalidades o fallos de mercado. De la misma manera que est cuestin forma parte de lo mejor de la economa crtica, de la mayor parte de luchas sociales y de las mejores regulaciones pblicas. Buena parte de los movimientos sociales bajo el capitalismo han conseguido mejoras de bienestar, han impedido desastres cuando han conseguido imponer regulaciones que precisamente impiden costes sociales inaceptables. Este es el contenido bsico de muchas regulaciones laborales (por ejemplo, la jornada de trabajo), de los controles ambientales, de la calidad de la vivienda, etc.

Si se deja libre al capitalismo, la generacin de insoportables costes sociales y ambientales est garantizada. Una larga tradicin de pensamiento crtico lo ha explicado, empezando por F. Engels y su libro modlico sobre la clase obrera britnica. Muchos cientficos, higienistas, trabajadores sociales, ecologistas, etc. y muchos movimientos sociales han contribuido a domesticar la bestia. Y precisamente este ha sido otro de los puntos de ataque de las polticas neoliberales: minimizar la importancia de esos efectos externos y centrar el punto de vista solo en los precios. Hacer perder importancia a lo que de verdad es relevante: la salud, las condiciones de la vida humana, las generaciones futuras, la biodiversidad y focalizar toda la atencin en la baratura de bienes y servicios. Una forma de escaquear el debate social, de romper regulaciones responsables y de minimizar los efectos que tiene el enriquecimiento privado sobre la vida de la gente.

Es obvio que no todas las regulaciones son buenas ni eficientes. Que a menudo algunos grupos las utilizan para garantizarse prebendas y ventajas. Que siempre es necesario revisar los efectos de las regulaciones y adecuarlas. Pero lo que hace la CNMC, por ejemplo en el caso del conflicto del taxi, no es pedir una regulacin que tenga en cuenta todos los factores en juego las condiciones de vida y trabajo del sector, los impactos ambientales, la distribucin del poder en el sector para propiciar una regulacin responsable, sino que se pone lisa y llanamente en favor de los que abogan por la liberalizacin total y de las plataformas del tipo Uber.

No soy un experto en el taxi. Es posible que haya un cierto componente monopolstico en el sector que no deba revisarse. Pero la informacin que va emergiendo pone de manifiesto otra realidad. De una parte, que mientras las licencias del taxi estn mayoritariamente en manos de autnomos, que pasaron un examen bsico y pagaron una cantidad sin duda abusiva para obtener la licencia, las de VTC estn en muy pocas manos y despus sirven para dar empleo a sus empleados en condiciones degradadas. De la misma manera que la experiencia de ciudades donde la situacin se ha liberalizado se ha traducido en una mayor congestin del trfico (por el aumento de vehculos circulando en busca de cliente) y una ofensiva del sector contra el transporte pblico. Esto ltimo ya ocurri en Estados Unidos a principios del siglo XX: las empresas automovilsticas compraron sistemticamente empresas locales de transporte pblico para hundirlas. Ahora que parece evidente que vamos a un mundo con restricciones al transporte privado en las ciudades, el nuevo nicho de negocio puede consistir en sustituir transporte colectivo por vehculos dependientes de plataformas. No parece por lo dems lgico que un mismo servicio est operado por empresas regidas por regulaciones distintas que generan costes y efectos sociales diversos. No se puede cambiar la regulacin del taxi sin un planteamiento que incluya condiciones de acceso, condiciones laborales e impacto sobre el trfico. Y en este sentido, aunque puede ser defensivo, no parece descabellado tratar de diferenciar las condiciones operativas de VTC y taxi.

En suma, los casos del comportamiento del Banco de Espaa y de la CNMC son indicativos de que aqu tenemos espacio donde pensar reformas de calado.

 

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-176/notas/agencias-neoliberales

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter