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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2019

Consulta popular: cultura del dilogo, confianza y control popular en construccin

Lisandra Farias
Temas


Consulta popular, participacin, toma de decisiones, son conceptos que se entremezclan y en los cuales radican esencias del sistema democrtico. En tiempos en que el pas acaba de concluir un proceso de consulta sobre el nuevo texto constitucional que someter a referendo el prximo 24 de febrero, el ltimo Jueves de Temas estuvo dedicado a pensar sobre la consulta popular como mecanismo de dilogo con la ciudadana.

La filsofa Yohanka Len, investigadora del Instituto de Filosofa; el profesor de estudios urbanos de la Universidad de Lyon, Francia, Guillaume Faburel; la delegada del Poder Popular por el municipio Plaza, Susana Acea, y Joel Surez, director ejecutivo del Centro Martin Luther King, conformaron el panel que bajo la conduccin de Rafael Hernndez, director de Temas, dirigi las miradas hacia los hilos conectores entre consulta y decisiones, los problemas que conlleva la realizacin de la consulta popular y en qu medida esta puede integrarse a la formacin e implementacin de polticas de modo sistemtico.

La consulta popular ha sido una experiencia que se ha utilizado en Cuba en otros procesos, en otros debates que se han hecho. Pero este de hoy se hace en circunstancias especiales, no solo por el mecanismo poltico jurdico en lo que puede constituirse una consulta popular, sino por la significacin que ha tenido el proceso que hemos vivido todas y todos, coment Yohanka Len, al hablar del realizado en torno al texto constitucional como una forma de consulta.

En cuanto a las caractersticas que distinguen a la consulta popular en general de cualquier otro tipo de recogida de informacin, encuesta, etc., precis que terminolgicamente significa pedir consejo relativo al pueblo, consultarle de algo. En esencia es una manera de institucionalizar, sistematizar y hacer un proceso de participacin. Por eso al definirla hay un concepto esencial que es la participacin, la articulacin de los representantes polticos con la participacin ciudadana.

Seal que se trata de un mecanismo que nace de la modernidad para decidir en el espacio de lo pblico, de ah que haya conceptos que se articulen: ciudadana, participacin y pblico, y cada uno de ellos con una determinada connotacin. La consulta popular en Cuba tiene un horizonte: la emancipacin social. Por tanto, es un mecanismo de emancipacin poltica hacia la emancipacin social, aadi.

Como una forma de participacin que hace que evolucione la poltica para la que se construye y a la vez como fuente de recursos para la poltica, la defini el profesor Faburel. Mis experiencias vienen fundamentalmente de los procesos europeos de consulta. Se habla sobre todo de la consulta ciudadana o popular, pero pienso que existen diferencias. La consulta popular tiene una primera funcin de socializacin poltica y de restauracin de la confianza poltica. No solo recoge las opiniones de las personas, las reivindicaciones y los problemas, la consulta es una forma de aumentar el poder de accin de la poblacin, de devolver la dignidad al individuo en el espacio pblico, signific.

En su criterio, se trata de una especie de dilogo, pero uno en el que las partes se ven comprometidas. Es una especie de contrato entre los organizadores y los participantes, de control social de la palabra comprometida.

Asimismo, insisti en que uno de sus aportes es dar voz a personas que no son visibles en el espacio social, y convertirse en una forma de recrear el espacio pblico en el sentido poltico.

Muy conectada a esa idea, Susana Acea afirm que uno de los temas que preocupa a la sociedad cubana y en otras partes del mundo es el asunto de cmo perfeccionar la democracia, razn por la cual en un proceso poltico que se asienta sobre la democracia participativa se le d ms valor a cualquiera de las formas de participacin.

En este sentido concibi a la consulta popular como un mecanismo de participacin donde las organizaciones, las instituciones involucradas, convocan al pueblo a participar en la toma de decisiones sobre determinados asuntos que preocupan en la sociedad, lo cual es consustancial a cualquier mbito o nivel.

Sobre este ltimo aspecto llam la atencin, pues en su opinin no solo compete a los niveles de la macro sociedad, sino que tambin son prcticas necesarias a nivel territorial, local, comunitarios, para poder entender el valor que tiene la consulta popular para todo el proyecto poltico revolucionario.

Una de las ventajas que le reconoce a la consulta popular como mecanismo de participacin es la posibilidad que da de apropiarse polticamente de la inteligencia colectiva. Es muy difcil resolver los problemas que en la sociedad son cada vez ms contradictorios, ms convulsos, hay muchas mediaciones, solamente desde la posicin de aquel que est rectorando los procesos de direccin.

El segundo aspecto resaltado por la delegada del Poder Popular es el valor que tiene desde el punto de vista tico y desde el punto de vista poltico, es decir, el derecho que tiene el ciudadano, y que a travs de la va de las consultas puede realizarse polticamente, socialmente y econmicamente.

Dijo que, en su experiencia, lo reconoce como un mecanismo directo de participacin, para legitimar el papel del individuo en la sociedad, y que permite captar la realidad tal como es. Destac que la consulta popular es un escenario de socializacin como no puede serlo un simple medio como lo es la encuesta u otra forma de registrar opiniones. Es valiosa, pues permite tener como centro al dilogo, entender incluso el matiz afectivo que impacta en los criterios personales, precis.

Otro aspecto importante para la panelista es que la consulta popular da la posibilidad de la transparencia poltica. Hay mucha ms transparencia cuando usted est dialogando con las personas que cuando usted est recogiendo informacin por otras vas. En este punto, Acea se detuvo en la conexin entre el dirigente y el dirigido, y el representante y el representado, donde la consulta desempea un papel relevante.

Para Joel Surez, quien viene de una experiencia de una asociacin de la sociedad civil que anima un movimiento de carcter nacional que en sus estatutos tiene la consulta a sus integrantes como un mecanismo de participacin, hay palabras claves para establecer una definicin de consulta popular: participacin, formas privilegiadas de participacin, de control popular, de dilogo, de restauracin o sanacin de la confianza poltica, del compromiso de las partes.

Resalt la dimensin tica y poltica y la posibilidad que brinda la consulta de canalizar los importantes saberes y experiencias colectivas e individuales que hay en una sociedad, y en la nuestra en particular, para la produccin de las polticas; en concreto las pblicas.

Esclareci que las consultas pudieran estar institucionalizadas y ser de carcter vinculante o no. Este puede ser previo, es decir, que alguna norma establezca que determinadas decisiones, de hecho, lleven consultas; o puede serlo a posteriori, que cuando se decida establecer una consulta se anuncie que su resultado es vinculante.

Otro elemento relevante en su opinin es el ambiente, el hbitat y hbitus democrtico en que la consulta se realiza.

Pero, cules son los obstculos que inciden en esta vinculacin, en este flujo de la consulta hacia la toma de decisiones y en su regreso? En qu medida la sociedad est lista para funcionar con el mecanismo de la consulta, y para hacerlo de una manera eficaz?, indag Rafael Hernndez.

Acerca de este particular, Yohanka refiri que aun cuando Cuba tiene un acumulado histrico diverso, contradictorio y coherente en el uso de la consulta popular, es preciso verlo como un proceso en el cual hay que construir la participacin popular, uno que atraviese toda la institucionalidad cubana. Tiene que cambiar porque es la base para el socialismo y para el proyecto cubano, que de manera abierta y clara hablamos de democracia socialista.

Debemos ver este proceso como una profundizacin de nuestra participacin popular, y tambin como un mecanismo que nos puede ayudar a potenciarla en todos los sectores. Con tal propsito, sugiri aprovechar toda la experiencia acumulada en procesos con una alta carga de participacin popular, pero sin desatender los obstculos que emanan de nuestras incoherencias y errores.

Estos procesos no solo son mecanismos, son lgicas y tramas, una manera en que se constituye una subjetividad social. Entonces, para el socialismo no solo es necesaria la eficacia y eficiencia de un procedimiento, sino que es necesario la construccin de hegemona popular, y esta pasa por la construccin de subjetividad social que haga posible que ese dilogo se d, que no solo sea una iniciativa de arriba hacia abajo, sino tambin de abajo hacia arriba.

Los protagonistas no pueden ser espectadores, enfatiz. Nosotros podemos aceptar muchos mecanismos, pero los que participamos, de pronto podemos volvernos espectadores en los procesos en los que deberamos ser protagonistas permanentemente, sentenci.

En relacin con el papel de las instituciones, el profesor Faburel reflexionaba que las consultas ms comunes son aquellas que regeneran la confianza y no cambian el orden del poder. Pero la cuestin radica en saber, si las instituciones no estn preparadas, cules seran las condiciones bajo las que se pueden cambiar las relaciones de hegemona para que las propias instituciones se conviertan en organizaciones de democracia ms directa.

En este sentido destac el papel de condiciones como el lugar, los hbitos y que el tema de la confianza es esencial, al igual que la transparencia en el discurso social. En particular se refiri a la independencia en el proceso de participacin y a la importancia de la cultura poltica, aspecto que puede convertirse en un obstculo.

La falta de integralidad de los mecanismos, medios y mtodos para transformar y lograr perfeccionar el sentido democrtico de la sociedad constituye otra dificultad que entorpece no solo el desarrollo de la consulta, coment Acea. No se puede negar que hay muchsimas acciones, desde lo cotidiano hasta lo ms extraordinario, que son muestra de ejercicios participativos. El asunto est, cada vez que hablamos de participacin, en cmo logramos que la gente se sienta protagonista desde el diseo de la idea hasta la evaluacin del proceso, y para ello se necesita de una cultura que est ms bien en lo macro. Eso no se puede negar, pero cuando llega al ejercicio local, comunitario, organizacional, ah es donde se pierden algunas experiencias que tenemos.

Podemos seguir hablando de la potenciacin de la consulta popular, como un mecanismo eficaz para que las personas se empoderen, para que sean protagnicas, pero eso no es suficiente en la prctica cotidiana evalu. Hay que buscar otras maneras, hacer evaluaciones permanentes del contenido funcional de nuestras organizaciones, desde las sociales hasta las empresariales, para ver si estructural, funcional, e incluso comunicacionalmente, estamos preparados para responder a un medio que nos obliga a hacer cambios y transformaciones cuyo centro sea la ciudadana, afirm.

Por otro lado, consider que cada organizacin debe cuestionarse si ha asumido el dilogo como una cultura. Si vemos el Poder Popular ejemplific, tiene toda la estructura establecida para constantemente establecer dilogo, entonces, en este caso no es un problema estructural, es un problema de modo de funcionamiento y ese es de los asuntos que tenemos que seguir estudiando, evaluando, intercambiando.

Joel Surez ahond sobre este aspecto. La consulta, adems de ser una metodologa que cumple roles, como mecanismo de participacin, tambin puede formar parte de la cultura y de los mtodos de conduccin y direccin de las instituciones, las empresas, las familias y que se puede ejercer formalmente como una consulta en s, o puede ser parte del estilo de conduccin, a la hora de construir polticas o tomar decisiones colectivamente.

Es por ello que los problemas de la consulta no son solo de ella, apunt Surez, son los problemas centrales de la democracia, de la participacin y de otro elemento central para las experiencias socialistas, que es el tema del poder. Y todo eso tiene que ver con la comprensin mayor o menor de lo que entendemos, definimos y ejercitamos como soberana popular.

Entre los verdaderos obstculos, por tanto, enumer la concepcin moderna del Estado que se vuelve un saber por encima de todos, y puso como ejemplo la experiencia comn a muchos, que es la de personas dispuestas al dilogo, que discrepan, que escuchan; y cuando pasan a un cargo estatal comienzan a actuar como quien se lo sabe todo, que tiene una respuesta para todo, y que esta es, per se, la nica correcta.

Otro de los problemas, consider el panelista, es el del poder. Para el socialismo el poder era la burguesa, y no analizamos el tema de la pervivencia de las relaciones de dominacin en la etapa revolucionaria, y nos olvidamos del Bolsonaro que todos tenemos dentro, dijo. Seal que cuando se trata de dirigir hay quienes se transforman y adoptan mtodos autoritarios, lo cual, si adems est atravesado por la cultura patriarcal que agrava la relacin asimtrica con el otro, es terrible.

Para m el problema es que, si comprendemos que la soberana radica de manera absoluta en el pueblo, en el ciudadano, en la familia, en las colectividades, las comunidades, las organizaciones de la sociedad civil, y de esa soberana emana toda fuente de autoridad, hay que tener un diseo democrtico donde se garanticen, por un lado, mecanismos habilitantes para el ejercicio de la soberana de estos sujetos y, por otro, la participacin de los mismos en el control de la representacin. Porque la democracia directa participativa sigue siendo un horizonte, un ideal; y como deca Guanche, un sistema no es ms democrtico que otro por cunto tenga de democracia directa, sino sobre todo cuando reconoce que hay que delegar y en qu medida esa delegacin y ese mandato es controlado por el soberano. Si esas formas de participacin para el ejercicio de la soberana y el control de la representacin son dbiles, se produce a nivel social anemia, anomia o enajenacin en relacin con la institucionalidad y el proyecto. La consulta, entonces, ayuda como proceso, como instrumento, como medio; ah donde hay anemia, anomia o enajenacin en relacin con la institucionalidad y el proyecto, es un mecanismo muy til para restituir la confianza y que la gente se sienta parte.

Acercndonos a las experiencias socialistas, a los procesos revolucionarios que llegaron al poder, en el caso de Cuba el proceso de liberacin, independencia y socialismo le transfiri el carisma y el prestigio de su epopeya y su liderazgo a las instituciones, por lo que se gener una ecuacin maldita donde revolucin o socialismo es igual a gobierno, igual a Partido, y criticar a estos ltimos era criticar al proyecto; se crearon condiciones que, junto a otras recientes, pueden agravar la anemia o inapetencia, formas de anomia, desconexin y de enajenacin con respecto a la institucionalidad, y por tanto, al proyecto. En ese sentido, la consulta popular puede ser una aspirina del tamao del sol, consider.

Desde el pblico compuesto por ms de noventa personas, una persona se refiri a la preparacin poltica necesaria sobre los elementos que se someten a consulta, para poder hacer aportes reales y no actuar por impronta o bajo influencias, para poder tomar decisiones. Llam la atencin sobre tener en cuenta aspectos como el contexto, tanto el general como el personal, pues diferentes generaciones, por ejemplo, tienen vivencias diferentes y, por tanto, maneras de percibir la realidad distintas.

Asimismo, llam a no ignorar los diferentes factores que actan en la sociedad, como las organizaciones religiosas.

Sobre la construccin del proceso de consulta y la hegemona popular otra participante reflexion que es fundamental crear una cultura cvica ciudadana, porque es indiscutible que hay que desarrollar en las personas una capacidad de comprensin de los cdigos que rigen la vida poltica del pas; de lo contrario la participacin ciudadana sera irrelevante. En ese sentido destac tambin la necesaria educacin de la poblacin para que realice una apropiacin crtica de su realidad, y pueda hacer aportes ms sustanciales.

Por otro lado, signific que todo este aprendizaje les permite a los ciudadanos dar seguimiento a los procesos de gestin posteriores a la consulta. Se detuvo adems en que esto pone a prueba a las estructuras del poder en su capacidad democrtica y para brindar la informacin necesaria, para gestar un tipo de educacin que cree una cultura crtica del ciudadano y crear procesos de gestin horizontal que constantemente devuelvan a la poblacin los resultados de su gestin.

Un jubilado presente cuestion por qu hacer consultas que no son vinculantes, pues consider que mientras ms consultas se hagan de este tipo ms desinters y distanciamiento se genera. Sobre el mismo tema, otro miembro del pblico aadi, que lamentablemente nuestras instituciones no funcionan bajo el principio de la direccin colectiva, en tanto personas en cargos directivos no estn obligados a consultar a nadie para tomar determinadas decisiones.

Signific que si en el capitalismo los obreros se enajenan, porque no tienen relacin con lo que producen o sus ganancias, en el socialismo esto no debera ocurrir, sin embargo no se ha logrado que los trabajadores sean realmente participantes activos de todos los procesos de produccin de sus centros laborales, que se escuchen sus opiniones o que se atienda al conocimiento y las alertas que muchas veces hacen los miles de graduados universitarios que ha formado la Revolucin, y que desde sus puestos de trabajo pueden aportar a un mejor desempeo colectivo.

Dilogo solo se da entre iguales y diferentes, nunca entre opuestos, recordaba otro de los presentes, quien emple la expresin de Paulo Freire para llamar la atencin sobre las asimetras de poder que evidencia el dilogo. En su opinin, la comunidad es un espacio clave para transitar a un momento superior en la democratizacin de los procesos en la Revolucin, y en este sentido consider que son precisos dos elementos claves: la autogestin de la comunidad y la cogestin obrera de las empresas.

Varias preguntas les fueron formuladas a los miembros del panel. Por un lado, se indag sobre cmo se asegura la voz de las jvenes generaciones en una consulta como la que acaba de vivir Cuba para la nueva Constitucin. Por otro, se cuestion cul es el ideal de esta consulta, cmo hacer para que sea verdaderamente democrtica y evitar que se convierta solo en un mecanismo de legitimacin del poder.

Al respecto, Joel Surez dijo que la consulta popular hay que verla en sus diversas modalidades, y como una cultura poltica en la formacin del liderazgo, de los directivos; que estos la tengan como mtodo permanente en los procesos de toma de decisiones, aunque en algn momento siempre les toque decidir solos. Yo creo que la consulta popular es crucial para restablecer la confianza de la ciudadana, las comunidades, los colectivos y de mi familia, en una zona de la institucionalidad poltico-gubernamental a nivel local.

Seal que la crisi econmica y otras actitudes como la desidia y el burocratismo han generado el desinters y la incredulidad en la eficacia de estas instituciones a nivel local, de ah que la consulta popular sea esencial para los procesos de toma de decisiones en las comunidades, los municipios, y se debe convertir en un importante mecanismo de participacin y control popular, esto ltimo vital para poder alcanzar el xito de cualquier experiencia descentralizadora, pues previene o corrige malos manejos que pueden ocurrir desde la posibilidad que ofrece u ofrecer la autonoma municipal.

Insisti en que la ausencia o el no uso de mecanismos existentes para la participacin y el control popular pueden erosionar la confianza en el proyecto. Entonces, la consulta popular es necesaria y obligatoria establecerla como espritu, principio, valor, en la manera de dirigir y en los procesos de toma de decisiones que nos afectan. Tiene que convertirse en un instrumento fundamental de la relacin entre la administracin local y la ciudadana, los colectivos, las comunidades y organizaciones, y debe tener un lugar privilegiado en el rediseo que la ley de autonoma municipal y leyes conexas debieran tener como garanta de la sobrevivencia del proyecto revolucionario.

Cuando hablamos de cualquier mecanismo de participacin consider por su parte Susana Acea, que refuerza la institucionalidad, que posibilita la mayor confianza poltica, la transparencia; debemos verlo tambin en su dimensin tica. Coment su experiencia personal al frente del Poder Popular en el municipio de Centro Habana, cargo en el cual, siendo maestra, tuvo que aprender sobre la marcha, y una de las primeras preguntas que se hizo a s misma fue justamente cundo le consultaba al pueblo sobre las decisiones que estaba tomando en su nombre. Es por ello que digo que en primer lugar todo pasa por una cuestin tica. Tuve personas que me ensearon que lo mejor que se poda hacer, lo ms tico al desempear un rol de ese tipo, es preguntarle a la gente cmo quiere ver su municipio, qu piensan, qu quieren, hacia dnde quieren caminar. Pero eso pasa tambin por las cualidades de las personas que desempean determinadas funciones, que se sienta la necesidad de que para hacer mejor la labor de representantes, hay que ascender al que de verdad tiene poder, al pueblo.

La demagogia y la poca transparencia le hacen dao a cualquier proyecto, mientras que la consulta como mtodo de trabajo, no solo por situaciones coyunturales, involucra a las personas, establece confianza, aadi. Asimismo, afirm que la cultura del dilogo tiene que ser un aprendizaje desde edades tempranas, porque no se lograr por decreto, sino que tiene que formar parte de la necesidad del ser humano.

A su juicio, elementos como el gobierno electrnico, al que se ha convocado, es una aproximacin buena al intercambio entre representante y representado, pero no puede sustituir la capacidad de dilogo que tienen los seres humanos y que nos hace crecer y ser mejores personas.

Para la investigadora Yohanka Len, la experiencia vivida ofrece la condicin y posibilidad de hacer la consulta popular como un mecanismo de profundizacin de nuestra democracia socialista a partir de la participacin popular. Es una oportunidad, con obstculos pero que abre posibilidades, porque tenemos muchos procesos pendientes y muchas dominaciones que atraviesan nuestras subjetividades y cultura acumulada. Es una oportunidad para potenciar la diversidad, la riqueza en nuestra sociedad, dijo.

Sin embargo, alert, hay que tener una dosis de advertencia con todos los procesos y de escepticismo. La consulta popular no puede ser todo el tiempo de arriba-abajo para legitimar lo que se va institucionalizando. La institucin es una mediacin, tenemos que construir nuestras mediaciones e instituciones, pero no podemos funcionar bajo la ley totalitaria tirnica de estas ltimas, porque las instituciones las hacemos nosotros los hombres, seal.

La consulta popular debe hacerse un buen sentido comn de lo cotidiano, que realmente haya necesidad de ella y pueda implosionar muchas esferas de la vida social. No s si en todos los espacios tenemos claridad de las potencialidades para impulsar este tipo de procesos. La consulta nos coloca en la ambigedad positiva entre la necesidad de transcendernos: hacer ese proyecto, o vivir el diario, concluy.

Fuente: http://www.temas.cult.cu/catalejo/consulta-popular-cultura-del-di-logo-confianza-y-control-popular-en-construcci-n



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