Portada :: Feminismos :: Violencias
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2019

Prostitucin & Debates
Prostitucin: Legalizacin o abolicin?

Marisa del Campo
Rebelin

Sobre las posiciones, dilemas y debates de la prostitucin


Los lugares comunes permean nuestra vida y condicionan tanto nuestros pensamientos como nuestras acciones. Un tpico actual dentro del progresismo es el de feminizar la poltica en la idea de que las mujeres seran, en general, menos competitivas y ambiciosas y, en particular, ms suaves y mesuradas en los debates que los hombres, bastante machos y alfas casi todos ellos.

Esta media verdad nos revelara su parte errnea en lo que a la suavidad en la discusin se refiere si asistisemos a una reunin de feministas que estuviesen hablando sobre la prostitucin. Porque si hay un tema que divide y encona al feminismo es el del mal llamado oficio ms viejo del mundo. Sin entrar a valorar, por razones de espacio, la posicin que proclama la prostitucin como un arma liberadora para la mujer y un factor de desestabilizacin de la cultura heterosexual y patriarcal, dos son las principales corrientes que se enfrentan dentro del movimiento feminista: la que defiende la legalizacin y la partidaria de la abolicin. Vemoslas brevemente.

La postura por la legalizacin.

Para las partidarias de la legalizacin, la prostitucin sera un trabajo como otro cualquiera. Simplemente consistir en el intercambio de un servicio por dinero, no muy diferente o nada distinto del que pueda realizar cualquier otro trabajador. Se cambia una mercanca por otra entre personas adultas. Por supuesto, se est hablando de la prostitucin consentida, siendo este punto, el consentimiento y la decisin autnoma y personal de la prostituta en ejercer esta actividad, el segundo concepto bsico de las partidarias de la legalizacin. Nadie tendra derecho a estigmatizar, prohibir o castigar a una persona que decida libremente utilizar su cuerpo para sacar un beneficio.

En consecuencia, al ser esta prostitucin libre y consentida una actividad laboral, debera ser regulada como todas las dems: seguridad social, pensiones, impuestos, cotizaciones, etctera. De esta manera el Estado sacara beneficios por va impositiva, se protegera el bienestar de las prostitutas y se combatiran los abusos de los empresarios y las enormes ganancias de las mafias de trata de mujeres y nias, favorecidos por la actual situacin de imprecisin legal.

Por ltimo, las partidarias de la legalizacin critican a las abolicionistas por inmiscuirse en el derecho al propio cuerpo, las recriminan que en el fondo estigmatizan la prostitucin por principios puritanos inconfesables, las tildan de paternalistas al considerar a todas la prostitutas como vctimas sin capacidad de agencia y las advierten de que llevar a la prctica la abolicin solo conducira a aumentar la explotacin y debilidad de las prostitutas frente a empresarios y mafias al ser desterradas al mundo de la ilegalidad. Un ejemplo de esta postura sera Holanda.

La postura abolicionista.

La posicin abolicionista la de mayor tradicin dentro del movimiento feminista defiende que cualquier medida legislativa que se plantee debe tener como objetivo acabar con la prostitucin. Afirma que la prostitucin es la esclavitud moderna de ah su nombre de abolicionista y que, por ende, solo cabe luchar por su erradicacin. Niega el carcter de trabajo como otro cualquiera de la prostitucin, alegando no solo su especificidad y sus posibles peligros, sino conceptualizndolo como smbolo extremo y revelador de la situacin de dominacin de fondo del hombre sobre la mujer.

Tambin rechaza el argumento de la libre decisin al considerar que, en la aplastante mayora de los casos, el ejercicio de la prostitucin viene motivado ms por la necesidad que por una hipottica libertad personal sobre el propio cuerpo. Acusando a las pro-legalizacin de caer en las concepciones liberales del individualismo contractualista, las abolicionistas utilizaran un doble enfoque al aproximarse al fenmeno de la prostitucin: de clase y de gnero. Por el enfoque de clase arguyen que la casi totalidad de las prostitutas pertenecen a la clase baja y que, por aadidura, se da una especie de neocolonialismo pues la presencia de mujeres del tercer mundo es cada vez ms importante.

Por el enfoque de gnero, definen a la prostitucin no como un contrato de intercambio de servicios entre individuos, sino como una institucin que asegura a los hombres el acceso a ciertas mujeres previo pago de una determinada cantidad de dinero, esto es, una especie de harn democrtico permanente o un supermercado del orgasmo masculino abierto las veinticuatro horas.

En este sentido, las abolicionistas creen que es posible influir legislativa y culturalmente sobre la demanda, ya sea multando a los puteros, ya sea deslegitimando la prctica del sexo comprado o ambas cosas a la vez Por ltimo las abolicionistas consideran que la legalizacin de la prostitucin solo beneficia a las mafias y empresarios al expandir el mercado del sexo y al dividir, en la prctica, a las putas en legales e ilegales. Un ejemplo de esta poltica sera Suecia.

Es posible un terreno comn?

Como ya dijimos al principio estas dos posturas estn muy encastilladas en sus posiciones y han generado un encono muy profundo en el movimiento feminista.

El resultado inmediato de esta situacin ha sido la incapacidad del feminismo de dar una respuesta prctica y unitaria, aqu y ahora, al problema de la prostitucin y a la enorme expansin del mercado del sexo pagado, y ms particularmente al inhumano trfico de mujeres y nias, al crecimiento del turismo colonialista sexual y a la sangrante situacin de muchas putas emigrantes en burdeles y calles.

Esta parlisis debe concluir para bien del feminismo, las afectadas y la sociedad en general. Para salir de este bloqueo propositivo es necesario dejar a un lado por el momento las diferencias ontolgicas trabajo/no trabajo, libre decisin/necesidad... que solo conducen al atrincheramiento, y buscar aquello que une a las dos corrientes mayoritarias. Veamos. Ambas posturas tienen en comn tres cosas.

La primera es que tanto una como otra pretenden defender el bienestar de las prostitutas y liberarlas del estigma social que suele conllevar su actividad, evitando cualquier tipo de condena moral o criminalizacin legal.

La segunda es que legalizadoras y abolicionistas tienen como uno de sus principales objetivos la lucha contra las mafias, el trfico de mujeres y nias, y la conversin del tercer mundo en fuente de mano de obra prostituta y en burdeles neocoloniales.

La tercera es que comparten un mismo desidertum: preferiran un mundo donde no existiese la prostitucin. Dentro de este tercer aspecto, se podra considerar que, coincidentes en el largo plazo una sociedad de iguales , difieren en el corto y medio plazo y en el mtodo para alcanzar esa humanidad donde reinara una sexualidad realmente libre: unas creeran que el mejor medio sera la abolicin, las otras pensaran que la legalizacin es un camino ms adecuado.

Una modesta proposicin.

En nuestra opinin, y en base a los tres puntos reseados, creemos que existe un terreno comn sobre el que es posible edificar una propuesta unitaria. Esta tercera va la podramos calificar de alegalidad con un horizonte tico abolicionista. Tendra como mayores fundamentos, por un lado, la conviccin de que ni la abolicin, ni la legalizacin pueden resolver el problema de la prostitucin a medio y corto plazo; y por otro, la imperiosa necesidad de dar una respuesta unitaria, aqu y ahora, a la cuestin que nos ocupa y preocupa. A grandes rasgos este mnimo comn consistira en lo siguiente:

1o.- La prostitucin ni se legalizara, ni se ilegalizara, dejndola as en una situacin de alegalidad.
2o.- Se perseguiran de una forma eficaz y contundente las mafias y el trfico de mujeres y nias.
3o.- Las prostitutas no sera penadas, al contrario se velara por sus derechos humanos y se combatira cualquier forma de explotacin.
4o.- Se implementaran fondos para ofrecer a las prostitutas que lo quisieran salidas profesionales de otro tipo.
5o.- Se deslegitimara al putero y a la banalizacin de la sexualidad que suele conllevar la prctica del consumidor de sexo pagado.

La responsabilidad de los hombres.

Por ltimo, aadir algo de transcendental importancia: hay que dar un giro copernicano al anlisis de la prostitucin. Es necesario dejar de verla desde el lado de la puta y empezar a mirarla desde el lado del putero. La responsabilidad de los hombres en este sentido es grande. La prostitucin degrada al sexo masculino al considerar que los varones son sacos de testosterona, gorilas incapaces de reprimir sus ansias de orgasmos simiescos, violadores en potencia cuya nica forma de reprimir su insaciable sed de sexo es ofrecerles el desaguadero de las putas. Los hombres tienen que dar un paso adelante, levantar la voz y oponerse a esta idea depredadora de su sexualidad, y reivindicar como suya una sexualidad libre entre iguales. Sin puteros no habra putas.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter