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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 08-02-2019

El feliz retorno de los principios histricos de la poltica exterior

Eduardo Nava Hernndez
Cambio de Michoacn


La actual crisis poltica en Venezuela, inducida y aprovechada por el gobierno estadounidense, ha representado en las recientes semanas para el gobierno de Andrs Manuel Lpez Obrador su primer gran reto en poltica exterior. Slo indirectamente, y no de manera frontal como en otros momentos de nuestra historia ha ocurrido, la coyuntura implica un enfrentamiento con Washington; pero eso podra cambiar en breve para llevar a fricciones ms directas en los organismos multilaterales o en la relacin bilateral entre Mxico y los Estados Unidos.

El inters de los Estados Unidos, volviendo a sus recurrentes prcticas del pasado, es el imponer en la patria de Bolvar un cambio de gobierno que desplace del poder al izquierdista Nicols Maduro Moro y al Partido Socialista Unificado de Venezuela. La va elegida es la de promover a un casi desconocido joven poltico, Juan Guaid, autoproclamado como supuesto presidente encargado del pas, al que aupar entregndole los ingresos de la filial petrolera de Venezuela en los Estados Unidos, y con lo que golpear an ms a la ya debilitada economa del pas caribeo. La ofensiva contra el rgimen constitucional venezolano es mltiple. El secuestro de esos ingresos (el gobierno de Donald Trump ha manifestado que est dispuesto a seguir recibiendo petrleo venezolano, del que en realidad depende en un buen porcentaje de sus importaciones; pero los pagos los entregara no a Maduro sino a su propio pupilo) se suma a la tambin unilateral retencin por el Banco de Inglaterra de 12 mil millones de dlares en oro de las reservas venezolanas ah depositadas. Pero, sobre todo, se promueve el respaldo poltico de los gobiernos derechistas de la regin latinoamericana y de la Unin Europea a Guaid en su autoinvestido cargo de supuesto gobernante.

A ms de dos semanas del intento de golpe poltico contra el gobierno de Maduro, queda claro que: 1) Guaid no gobierna realmente, ni tiene equipo con el que constituir un mando real sobre la nacin; 2) tampoco ha logrado ganar el respaldo de las fuerzas armadas, ni dividir a stas; 3) sus apoyos internacionales, si bien importantes, no son suficientes tampoco para obtener el reconocimiento internacional en los rganos multilaterales no controlados por Washington, como las Naciones Unidas; 4) Guaid no tiene control siquiera sobre una pequea porcin del territorio venezolano; 5) el supuesto encargado del poder ejecutivo cuenta con el apoyo de slo una parte de la oposicin poltica al gobierno chavista de Maduro; y 6) sin la tutela norteamericana, el joven autoinvestido no podra dar un paso.

Todo ello no obstante, hay fuerzas que ven en ese tragicmico personaje una oportunidad sin desperdicio para derrocar al chavismo del gobierno venezolano, y que por ello presionan, particularmente al gobierno mexicano, para que otorgue su reconocimiento al engendro de Trump. Desde fuera, ese papel lo lleva el Grupo de Lima, y desde dentro algunas fuerzas de oposicin como el PAN, el PRI (que con ello renuncia a su propia historia) y hasta el derechizado y decadente PRD. Pero venturosamente, el recin estrenado gobierno de Mxico ha respondido recuperando los principios de poltica exterior que otrora fueron caractersticos de nuestro pas y que fueron renunciados y deteriorados sobre todo en los gobiernos de Fox, Caldern y Pea Nieto, en su afn de alinearse con los Estados Unidos.

La posicin de Lpez Obrador no es improvisada ni pragmtica. Se apega a la tradicin diplomtica de nuestro pas construida desde la Revolucin, aunque con antecedentes an ms remotos. Se resume, en su versin ms desarrollada, en cinco lineamientos o principios de carcter universal: la autodeterminacin de las naciones, la no intervencin en los asuntos internos de otros pases, la igualdad jurdica de los Estados, la solucin pacfica de los conflictos internacionales y la cooperacin internacional para el desarrollo.

Los dos primeros son los de mayor tradicin, constituidos como cimientos desde la posrevolucin de una poltica consistente, y que tienen que ver o se concretan en la llamada Doctrina Estrada, de 1930. En ese ao, el secretario de Relaciones Exteriores del presidente Pascual Ortiz Rubio, Genaro Estrada, emiti una circular a su cuerpo diplomtico en donde expresaba que El gobierno de Mxico no otorga reconocimiento porque considera que esta prctica es denigrante, ya que a ms de herir la soberana de las otras naciones, coloca a stas en el caso de que sus asuntos interiores pueden ser calificados en cualquier sentido por otros gobiernos, quienes, de hecho, asumen una actitud de crtica al decidir favorable o desfavorablemente sobre la capacidad legal de regmenes extranjeros. El gobierno mexicano slo se limita a mantener o retirar, cuando lo crea procedente, a sus agentes diplomticos, sin calificar precipitadamente, ni a posteriori, el derecho de las naciones para aceptar, mantener o sustituir a sus gobiernos o autoridades.

Tal formulacin se daba por un rgimen que apenas diez aos antes emerga de una revolucin prolongada y sangrienta, de intervenciones armadas estadounidenses en 1914 y 1916, y de otra amenaza de invasin en 1927, por el conflicto petrolero entre Mxico y los Estados Unidos. Y ocurra en el contexto de la reinsercin del nuevo Estado mexicano en la Sociedad de las Naciones y en las conferencias panamericanas. De esa nueva doctrina escribi Arnaldo Crdova: Podra pensarse (y algunos lo hicieron en sus tiempos) que la tesis era un modo muy oportunista de lavarse las manos ante los compromisos que impona la actuacin del pas en los asuntos internacionales. No haba tal. La Doctrina Estrada era, esencialmente un escudo de autodefensa que se esgrima contra los poderosos y no contra los iguales. En el fondo, era tambin una defensa de los dbiles.

Y, como lo sealaba Crdova, la aplicacin de tal doctrina estaba lejos de representar el inmovilismo o neutralidad del pas en el mbito internacional. Unos aos despus, ya con Crdenas en la presidencia, Mxico defendi activamente a la Repblica Espaola, se opuso a la intervencin de la Italia fascista en Etiopa, y a la anexin de Austria y de los Sudetes (una parte del territorio checo donde haba poblacin alemana) por Hitler. En los aos sesenta, Mxico defendi a la Revolucin Cubana, se neg a romper relaciones con el gobierno revolucionario y a la expulsin de ste de la OEA. En 1978, contribuy al aislamiento del rgimen somocista en Nicaragua favoreciendo con ello a los revolucionarios sandinistas al romper sus relaciones con ste, como en 1974 lo haba hecho con la dictadura de Pinochet en Chile; y en 1981, form frente con Francia para declarar la beligerancia del Frente Farabundo Mart de Liberacin Nacional en la guerra civil de El Salvador, adems de integrar el Grupo Contadora con Panam, Colombia y Venezuela para contribuir a la solucin pacfica de los conflictos armados en Centroamrica. En todos esos casos, la diplomacia mexicana se constituy en un escudo contra la intervencin de las potencias armadas en los pases ms dbiles.

Gilberto Bosques, Isidro Fabela, Alfonso Garca Robles, Jorge Castaeda de la Rosa (cuyo hijo hoy aboga, paradjicamente, por el alineamiento con la poltica de Trump en Venezuela), Bernardo Seplveda Amor, entre otros grandes diplomticos mexicanos, concretaron en polticas y dieron lustre a esos principios, a los que ubicaron de manera slida en la arena mundial.

Hoy, la reivindicacin de la Doctrina Estrada y de los otros principios de nuestra poltica exterior histrica que adems estn en la fraccin X del artculo 89 de la Constitucin est retomando esa lnea histrica. Renunciar a ella, como lo pretenden la derecha mexicana y la internacional, implicara sumarse al coro dirigido por los Estados Unidos para el derrocamiento de un gobierno al que an reconoce como legal. En cambio, promueve, junto con el gobierno del Uruguay, una salida por medio del dilogo a la crisis poltica venezolana. La alternativa es la guerra, como lo ha sealado el ex presidente Jos Mujica, impulsada no slo desde Washington sino tambin desde Bogot, Brasilia y Lima. Estaramos una vez ms ante el ya archiconocido escenario del intervencionismo militar yanqui, en una de sus versiones ms radicales y agresivas como la que representa el apocalipsis trumpiano. Bienvenida, entonces, la firme posicin de Mxico en defensa de la no intervencin y la autodeterminacin de nuestros hermanos venezolanos.

Eduardo Nava Hernndez. Politlogo UMSNH

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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