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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2019

El entrevistador estrella

Jaime Richart
Rebelin


Cualquier socialista, moderado o no; qu digo, cualquier humanista sabe hasta qu punto en sociedades moralmente atrasadas, atrasadas en moral civil, trufadas de hipocresa y de ideas religiosas prostituidas, como son el caso de Espaa y Venezuela, es difcil llevar a cabo programas y planes de justicia social que arrinconen el efecto de la caridad slo justificada para tiempos de guerra, de postguerra o de desvertebracin de la sociedad. Con otros ingredientes pero el mismo cocinado es lo que intentaron otros vigilantes del proceso revolucionario perseguido por Nicols Maduro en Venezuela , como Hussein en Irak o Gadafi en Libia, y ya vimos los resultados. Confiemos en que no acabe de la misma manera Maduro...

Porque ahora Maduro, respetando las libertades pblicas como se ve palpablemente al no haber encarcelado inmediatamente a ese ttere payaso que se ha erigido presidente, dirige otro proceso social revolucionario que contra viento y marea intenta proseguir el iniciado por su predecesor Chvez . Un proceso que pertenece al socialismo sin ambages, por oposicin al individualismo ms execrable, cuya palabra evit Maduro en el transcurso de la entrevista que le hizo ayer un periodista espaol revelado como bastante m s miserable de lo que pudiera suponerse. Y seguramente la evit, porque la palabra socialismo est desvirtuada desde que sus idelogos la transmutaron en socialdemocracia, y al desnaturalizarse su significado primigenio, est convergiendo poco a poco en la praxis con su contraria: la ideologa de la privatizacin de lo pblico y hasta del aire que respiramos.

En todo caso, un proceso revolucionario que cuenta con la cerval enemiga del orbe neofascista tanto porque a toda costa quiere el petrleo de Venezuela como porque si triunfase medianamente le pondra en evidencia. Un limbo, el neofascista, envainado en la funda neoliberal a su vez alojada en la franja geopoltica que va desde Washington hasta Madrid, pasando por Londres, Bonn y Pars, capitales de esos pases donde bulle y medra el ms extremo individualismo de los ricos ms miserables, con su cortejo de acomodados que en estos tiempos crticos pueden considerarse ricos de segunda fila. Un individualismo que arrastra a otros pases del continente que, por su menor rango y extensin, son sus subordinados y formando entre todos una argamasa heterognea a la que en estos momentos llaman pomposamente Europa: la Europa que exige sin condiciones a Maduro elecciones presidenciales... y si no la guerra.

Pero hablando del periodista que entrevist ayer a Maduro, puede decirse que hasta el menos avisado de los ciudadanos sabe hasta qu punto el entrevistador puede o no ayudar a lucirse o a fracasar la posicin del entrevistado. No se puede decir que Maduro fracasase, pues recibi cancha para extenderse en la exposicin urbi et orbe de su intensa y extensa gama de programas polticos en todas direcciones. Sin embargo e l entrevistador de ayer, que no ocultaba su impaciencia disparando ansiosamente pregunta tras pregunta, estaba visto que iba preparado tanto para no ayudarle como para complacer a todos los enemigos de Maduro que en Espaa y en Europa allan pidiendo sangre: desde sus jefes y propietarios de La Sexta, pasando por el presidente espaol y los barones de su partido que son los que mandan realmente en el partido y en el gobierno, hasta esos periodistas despreciables que emporquecen aos y aos los plats y trabajan frenticamente a favor de "lo neoliberal" que no consiste en otra cosa que trocear la propiedad y los servicios pblicos para que la propiedad colectiva desaparezca y ahora para que Estados Unidos y "Europa" se apropien del petrleo y riquezas de Venezuela.

Este periodista de ayer, que empez hace muchos aos como fingido bronquista y se ha convertido en entrevistador estrella, se lo ha jugado todo a una carta, ha hecho n meros y, sabiendo que hasta el lder de la izquierda universitaria ha traicionado a Maduro y a su causa , ha calcula do que el xito de la entrevista estaba asegurada en una Espaa que no tiene remedio. En una Espaa donde (salvo las excepciones de siempre) si la mitad de los polticos y de los periodistas debieran estar en la crcel; unos por ladrones, otros por impostores y otros por libelistas continuados, la otra mitad (salvo las excepciones de siempre) debieran estar en un manicomio; unos por tornadizos, otros por esquizoides y otros por miedo patolgico a la "superioridad" que son los dueos financieros del mundo...

Jaime Richart, antroplogo y jurista.

 

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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