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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-02-2019

Adnde vamos?

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

En poco tiempo hemos pasado de la euforia al desconcierto, de ver como coaliciones alternativas pasaban a gestionar los ayuntamientos de muchas grandes ciudades a ser testigos de como una coalicin derechista tomaba el poder en Andaluca (y amenazaba en las encuestas con extenderse por todo el pas). Y cuando la amenaza de un nuevo cuatrienio negro parece cobrar fuerza, estalla la nueva crisis, la ensima, de Podemos en Madrid. Una crisis que puede leerse como un mero choque de egos, pero que es tambin el reflejo de problemas solapados a los que hay que prestar atencin. De cmo se resuelva esta crisis puede depender el futuro electoral a corto plazo. Pero, sin plantear los problemas de fondo que subyacen a esta, es difcil que pueda consolidarse un espacio alternativo de largo recorrido. No hay una respuesta fcil a lo que hay que hacer, pero detectar dnde estn los problemas puede ayudar a buscar soluciones.

II

Lo ms obvio es considerar que en la disputa de Podemos hay un problema de personalismos. No solo entre igo Errejn y Pablo Iglesias, sino tambin entre Manuela Carmena y sus socios. Cualquiera que est implicado de algn modo en el espacio de la izquierda detecta el excesivo peso que tienen los egos de algunas personas en la generacin de conflictos. Siempre ha sido as, pero ahora tienen an ms recorrido por diversas razones. Por un lado, las estructuras sociales dominantes potencian el individualismo, el narcisismo; algo bastante perceptible en el sistema educativo, en el mensaje visible y subliminal de los medios de comunicacin, en el deporte. Por otro, est el cambio en los propios modelos de organizacin poltica de la izquierda. En el pasado eran mucho ms verticales y sometan a la mayora de los militantes a una disciplina con poca voz. Conectaban con los viejos modelos de organizacin social, con la tradicin de las organizaciones religiosas, con el funcionamiento de las colectividades locales en que las personas estn sometidas a un continuo escrutinio social. Hoy muchos de estos mecanismos sociales no funcionan, especialmente en las grandes ciudades, y no es posible pensar en organizaciones tan estructuradas como en el pasado. No hay tampoco que aorarlas, pero es obvio que adoptar formas ms abiertas genera otros problemas. En las viejas organizaciones se tenda a ahogar la voz disidente en beneficio de la disciplina. En las actuales, a menudo el exceso de voz genera confusin. Albert Hirschman nos proporcion valiosas reflexiones sobre los mecanismos de voz, salida y lealtad que articulan las organizaciones humanas, y hoy parece ms necesario que nunca volver a dichas reflexiones a la hora de construir organizaciones sociales vivas y estables.

Podemos naci de un impulso de gente joven, con mucha voluntad pero quiz tambin con bastante inexperiencia. A la gente de mi generacin siempre nos ha parecido que muchos de estos nuevos activistas tendan a pensar que el mundo alternativo haba empezado con ellos, que ignoraban la experiencia anterior, con todos sus altibajos. Y que el modelo organizativo adoptado pecaba de muchos problemas. Hoy estos son claramente visibles y abocan al peligro de una implosin. No han conseguido desarrollar una buena modulacin de los egos ni generar un sentimiento lo bastante fuerte de cohesin y lealtad. Y, sin un equilibrio entre capacidad de voz individual y el sentimiento de colectivo, es imposible desarrollar una actividad organizativa permanente.

III

Reducir el problema de Madrid a un asunto de comportamientos personales es trivializar la cuestin. Hay temas de debate cruciales que afectan tanto a la configuracin de las candidaturas como al proyecto sociopoltico.

En el primer campo el debate es entre una eleccin militante, refrendaria, de los componentes de las candidaturas y la formacin de un equipo en torno a la persona que lidera el proyecto. Algunos lo plantean como un conflicto entre democracia y autoritarismo, pero esta es una forma maniquea de presentar la cuestin.

En todas las organizaciones, los movimientos sociales y en la sociedad en su conjunto, existen personas con capacidades, aptitudes y disponibilidades diferentes. Una buena organizacin es la que consigue que cada cual d lo mejor de s mismo, encuentre el espacio idneo para proyectar su potencial y lograr que todo el proceso funcione. Conseguirlo siempre es algo difcil y que requiere una continua capacidad de revisar los procesos. En concreto, no se requieren las mismas aptitudes para hacer agitacin social, para estudiar una cuestin o para participar en un debate que para gestionar un ayuntamiento. Y por esto hay que entender que las soluciones organizativas que son buenas para una cosa no lo son para la otra. No es lo mismo votar un programa o una propuesta tras un debate bien organizado que elegir por votacin directa a todas las personas para ocupar un determinado espacio electoral. Y no es lo mismo porque en las elecciones personales se mezclan a menudo muchos aspectos: la popularidad de la persona, la pertenencia a una determinada camarilla o fraccin, etc., que poco tienen que ver con su capacidad real para desempear una tarea concreta. Creo que bastante de ello hay en el conflicto entre Carmena y sus socios (una pugna que tambin est presente en los espacios de los Comuns). Es una disputa que puede ser enrevesada, pues a menudo se mezclan el mayor o menor personalismo del lder con la mayor o menor competencia de las personas de su equipo. Y no hay que perder de vista que en todas las organizaciones que conozco pulula una fauna de individuos dedicados profesionalmente a conseguir cargos, a figurar, pero en general poco eficaces para lo realmente importante (son los sillas calientes de todos los tiempos, que suelen ser especialistas en magnificar los problemas en beneficio propio). No existe una solucin sencilla, pero me parece obvio que la nica forma de salir de este atolladero es adoptar soluciones de compromiso, ver cmo funcionan y revisarlas al cabo del tiempo. En aquellos espacios donde lo crucial es la gestin, lo ms sensato seguramente sea dejar que se constituya un equipo alrededor de la persona que va a liderar y evaluar su actuacin al final del mandato. Ello no impide que, si se ha elegido mal al lder o este se ha rodeado de incompetentes, la cosa sea un fracaso, pero al menos se evita que el conflicto permanente y la falta de una orientacin comn bloqueen la gestin. En el caso de los organismos de mera representacin se puede optar por un sistema ms abierto, garantizando la existencia de un ncleo cohesionado. Y, en todo caso, este es un terreno donde lo peor son los fundamentalismos.

La otra cuestin es indudablemente poltica y ha estado presente en toda la trayectoria de Podemos: la eleccin entre una definicin de izquierdas (en la lnea de Unidos Podemos) y una apuesta populista de izquierdas en que prime el ofrecimiento de honestidad y responsabilidad con lo pblico. El movimiento de Errejn y Carmena se explica porque interpretan que el fracaso de Unidos Podemos en Andaluca es atribuible al hecho de haber abandonado la segunda opcin en aras de la confluencia de Podemos con Izquierda Unida. Algo que resulta discutible por varias cuestiones.

Cuando emergi Podemos, en pleno desbarajuste socialista y en plena crisis, era factible que una nueva izquierda con un discurso reformista llegara a ocupar buena parte del espacio social que el PSOE haba dejado abandonado y hasta captara audiencia entre votantes de centroderecha cabreados por los recortes, las preferentes o la corrupcin. La coyuntura actual es diferente. Por una parte el PSOE de Pedro Snchez, con todas sus limitaciones, ha recobrado algo de fuerza. Por otra, Podemos y sus aliados han sido ubicados ntidamente a la izquierda mediante campaas mediticas masivas. Lo vivimos a diario en Barcelona, donde las campaas de las grandes empresas (especialmente Agbar), de los grupos de intereses (el sector turstico, el inmobiliario, el del coche) y de la mayora de los medios locales tratan de describir la poltica de Ada Colau y su gente como un experimento irresponsable de izquierdismo. No somos nosotros quienes elegimos cmo definir nuestro espacio. Y, por otro lado, el campo de batalla se plantea en trminos muy diferentes: la coyuntura econmica y laboral ha cambiado, la cuestin catalana ha irrumpido en el centro del debate, la nueva ultraderecha auspiciada internacionalmente ha cobrado fuerza y las demandas sociales emergentes tanto en el mbito del gnero como en el ambiental suponen nuevos espacios de confrontacin con la derecha. Una cosa es adecuar el discurso, plantear respuestas realistas, y otra es olvidar que casi todos los grandes temas que tiene planteados el pas conducen a una confrontacin de ideas y proyectos que podemos situar en el eje izquierda-derecha.

IV

En la crisis de la izquierda en la general, y en la especfica de Unidos Podemos, persisten otros muchos problemas que se acaban expresando en conflictos como el que estoy aqu tratando de entender.

En el ncleo del problema est sin duda la transformacin que ha experimentado la sociedad, y que afecta a los tradicionales puntos de anclaje de las polticas de izquierdas. Los cambios son mltiples y variados, mutaciones en la estructura social propiciados por el propio desarrollo capitalista y las polticas pblicas. Nunca ha existido la mera divisin de una sociedad entre una minora capitalista y una masa proletaria, pues en la mayora de los pases persista una enorme masa de campesinos, artesanos y pequeas empresas familiares. Ahora que estos tres ltimos sectores tienden a desaparecer, la poblacin asalariada est asimismo segmentada en diversas capas que tienen, en general, unas condiciones materiales, una formacin cultural y una experiencia vital diversas. Cambios en la organizacin de la produccin, en su contenido y en su despliegue espacial; cambios en el propio funcionamiento del sector pblico; cambios en las formas de vida y de consumo que tienen impacto sobre la vida cotidiana, la experiencia vital y las formas de relacin; cambios en las formas de socializacin a partir de la eclosin de los medios de comunicacin de masas (y tambin del desarrollo de toda una estrategia de marketing econmico, poltico y social que consume ingentes recursos); cuestionamiento de las estructuras patriarcales y mayor alcance de los conflictos en torno al gnero; emergencia cada vez ms visible de la crisis ecolgica; cambios en la esfera institucional que restringen la capacidad de intervencin de los poderes pblicos a escala local o nacional, y, por si fuera poco, fallidas experiencias de los intentos de construccin de sociedades no capitalistas que han generado un enorme escepticismo acerca de cualquier intento de transformacin radical. Cambios, en suma, que hacen difcil elaborar respuestas sencillas, que son advertidos con desigual intensidad y conceptualizados de forma diferente por cada persona, por cada colectivo, y que generan la necesidad de respuestas complejas difciles de desarrollar y transmitir.

Reducir toda la cuestin, como se hace en uno de los debates actuales, a que se trata de un problema de identidades es errneo. Es cierto que proliferan las identidades parciales, fragmentarias, pero su aparicin es en buena medida el resultado de la dificultad de aprehender de forma sencilla una realidad compleja y de construir una alternativa que sepa desarrollar un enfoque integrador de los problemas y las respuestas a la situacin actual. Ello sin contar el papel disruptor que juega la cuestin nacional en nuestro pas; una cuestin en gran parte ajena a los problemas fundamentales de la especie humana (los que deben constituir el ncleo de cualquier proyecto transformador serio), pero que est ah y genera unos movimientos que hacen an ms difciles las respuestas.

Asimismo, la ausencia de esta visin explica tambin los problemas organizativos y polticos de la izquierda actual, en particular de Unidos Podemos y las confluencias. Ah persisten diferencias de visin, tanto de la naturaleza de los problemas como de la forma de abordarlos. Diferencias que tienen tambin que ver con cuestiones tan triviales o sentimentales como la adscripcin a unos smbolos o la mayor o menor simpata hacia procesos sociales del pasado o de otros pases. Diferencias que tienen que ver tambin con lo que se piensa que se puede hacer. Dichas diferencias explican por qu una parte del electorado es reticente a votar a unas u otras siglas, explican tambin muchos de los debates ms enconados dentro de las organizaciones, y son fuente de rupturas y de continuos bloqueos organizativos. Y todo ello ocurre con el enemigo a las puertas, con el ascenso de fuerzas polticas que amenazan con institucionalizar la barbarie, como ya est ocurriendo en Brasil, Estados Unidos, Italia

Hay que tratar de manejar estos problemas. En el plano analtico y de las propuestas polticas, se trata de desarrollar un marco de referencia que permita situar la complejidad y traducirla en una propuesta de accin comprensible. En el plano organizativo, se trata de buscar las frmulas que permitan ser respetuosos con todo el mundo pero que sean compatibles con la concrecin de una propuesta comn. Que todo el mundo tome conciencia del peligro que entraa la nueva derecha y de que nuestros errores, nuestro sectarismo y nuestra indolencia los vamos a pagar muy caros.

V

Como estamos en tiempo de urgencias y hay que tomar decisiones, acabar el comentario con alguna propuesta, la primera de ellas sobre el tema electoral. A nivel municipal creo que no hay otra alternativa que apoyar a los ayuntamientos del cambio (que en muchos casos lo han hecho aceptablemente bien), y pienso que tienen razn en construirse en base a equipos cohesionados. En todo caso, lo que habra que negociar es una frmula de evaluacin de su gestin hacia el final del mandato. En los otros planos, lo primero es pedir a todas las partes, a Podemos, Izquierda Unida, Llamazares y Errejn (e incluso apelar a los nacionalistas perifricos), que trabajen para evitar lo peor, esto es, que encuentren una frmula de actuacin electoral comn, que cuando lo hagan sean capaces de explicarlo a sus respectivas bases, sean capaces de mostrar a esta parte de la masa social progresista, solidaria y sensible, que padece la situacin pero no se moviliza, que se trata realmente de una situacin peligrosa, de que realmente todo el mundo est dispuesto a impedir lo peor, que los proyectos son ms importantes que las siglas y las personas. Y, despus, que empiecen a organizar espacios para que la gente, la que est organizada y la que no lo est, pueda pensar tranquilamente sobre la complejidad del momento y pueda empezar a construir colectivamente, aunque sea de forma fragmentaria, alguna lnea realista de transformacin. Quiz sea pedir mucho. Pero tal vez sea lo mnimo que podemos hacer.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-176/notas/adonde-vamos



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