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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 11-02-2019

Acto XII de los chalecos amarillos
El tuerto rey

Alma Boln
Brecha


Llevan tres meses manifestndose contra el gobierno de Emmanuel Macron y a muchos de ellos se les han mutilado ojos, pies y manos en una represin brutal. El sbado pasado marcharon sobre todo contra el uso de los lanzadores de balas defensivas, con los que las fuerzas del orden francesas atacan a los manifestantes con una violencia indita desde 1968.

Con ese inoxidable don francs gracias al que existir y representar la existencia se enlazan y borran precedencias o jerarquas, el sbado pasado tuvo lugar el llamado acto XII de las protestas de los chalecos amarillos. En este caso, la denominacin teatral dada a cada una de las movilizaciones de quienes desde hace tres meses llevan adelante una sabatina (re)presentacin de su determinacin poltica estuvo ms justificada que de costumbre.

En esta oportunidad, falsos y verdaderos heridos desfilaban para representar la saa represiva; los falsos, disfrazados y maquillados con ojos emparchados y mejillas sangrantes de ketchup, representaban a los numerosos heridos por aproximadamente 1.900 chalecos amarillos. Porque sucede que Macron elegido con el argumento extorsivo que supuso declarar preferible cualquier cosa antes que el fascismo de Marine Le Pen result ser un presidente golpeador, que ataca a los manifestantes con una violencia indita desde 1968.

En particular, heridos e ilesos denuncian el uso de las pdicamente llamadas armas intermediarias (es decir, entre los cachiporrazos y los balazos), que, prohibidas en varios pases de la Unin Europea, estn permitidas en Francia, pas en el que su stock crece, sobre todo si se trata de los lanzadores de balas defensivas (Lbd, variante de las flash-balls), ahora lanzadas con el beneplcito del Consejo de Estado, que el viernes 1 de febrero confirm estar conforme con su uso, a pesar de los pedidos de supresin formulados por varios organismos de derechos humanos. El tiro tendido, en lugar de parablico, de las granadas lacrimgenas y los Lbd supuestamente reservados para defender la integridad fsica de los policas fueron usados contra manifestantes notoriamente pacifistas, como sucedi el sbado 26 de enero con Jrme Rodrigues, un chaleco amarillo que recibi un tiro de un Lbd en un ojo, mientras invitaba a sus compaeros a retirarse hacia lugares sin black blocks a la vista. A fines de diciembre, en la ciudad de Marsella, mientras intentaba cerrar las persianas de su casa para protegerse de los gases lacrimgenos lanzados contra los chalecos amarillos, Zineb Rom-dhane, de 80 aos, recibi en su rostro impactos de granadas que le produjeron la muerte.

En el pas de los ciegos

Una de las primeras vctimas de los Lbd fue en Nantes, en 2007, cuando un liceal de 16 aos, que entonces se manifestaba contra la reforma universitaria (la ley Lru) directamente inspirada en el proceso de Bolonia y en la sujecin universitaria a criterios empresariales, recibi un tiro que le dej el ojo, pero le llev la vista. Hoy, entre los chalecos amarillos, es alto el nmero de a quienes se les han mutilado pies, manos y ojos, y los grupos de socorristas voluntarios que acompaan las movilizaciones sabatinas reparten ante cada carga policial gotas y dosis de suero fisiolgico para calmar la vista en compota debido a los gases.

De ah que entre los eslganes fatdicamente ocurrentes de estos das figuren en el pas de los ciegos el tuerto es rey o esto es democracia, rompe los ojos. La diversidad e inventiva de las consignas escandidas en grupo o inscriptas en un sinfn de soportes, que incluyen los chalecos amarillos propiamente dichos y banderolas de todo tipo y forma, muestra la extensin del hartazgo que en lo inmediato produjo Macron someramente tratado de presidente empleado de la banca Rothschild y que ms profundamente produce un mundo que slo ofrece trabajo y consumo, cuando ofrece algo.

Por esto, consignas que reclaman la reimplantacin del impuesto a las fortunas, suprimido por Macron, o un sistema fiscal ms justo, que permita una mejor redistribucin de la riqueza, coexisten junto con consignas de mayor abstraccin y alcance si no hay justicia, no hay paz, quien siembra vientos recoge tempestades, Macron, tu jihad contra los pobres no pasar, primer aviso en 2005, revolucin en 2019, barrios populares y mundo rural, com, adelgaz: la publicidad vuelve esquizofrnico, hermoso como una insurreccin impura, Macron = Louis XVI, que muestran un mundo que ya no va, crecientemente inverosmil.

En ese elenco de denuncias, reivindicaciones, burlas y bravatas, se reserva un lugar notorio para la prensa y el sistema judicial, acusados de sumisin ante un Poder Ejecutivo omnipotente. De igual modo, el tambin inoxidable culto francs a la singularidad habilita a que cada uno diga lo suyo a propsito de lo que a todos involucra, y de esta manera se hacen presentes entre los manifestantes de los sbados en Pars los manifestantes de los viernes en Gaza.

Una multitud de posiciones

La decisin macroniana de ir a paso de carga contra los respetables restos del Estado de bienestar, que a la salida de la Segunda Guerra Mundial el gaullismo concedi a los comunistas para evitar un mal que imaginaban peor (una Francia bajo batuta sovitica), y el palpable sinsentido de una vida en que el espritu fue cooptado por las industrias culturales han logrado reunir un amplio arco de voluntades dispuestas a hacer de la calle, nuevamente, un lugar de encuentros inesperados, en los que el espritu se pone de nuevo a soplar. La Navidad pasada hubo chalecos amarillos que prefirieron esperar la medianoche en el fro de las rotondas, compartiendo vituallas de supermercado, antes que abotagarse en los sofs delante de la tev.

Ese arco que incluye a quienes blanden retratos del Che Guevara en rojo y negro y a quienes piden una fiscalidad ms social no slo es extenso, sino que adems abarca una multitud de posiciones intermedias o ambiguas. La prensa que quisiera separar al buen chaleco amarillo pacifista y vctima del black block enteramente concentrado en su empresa de demolicin suele ignorar a quienes, sin romper vidrieras ni mobiliario urbano, permanecen en la vuelta sin alejarse mucho de los casseurs (rompedores), que, uniformados de negro, se manifiestan con violencia.

Policas y flores

El sbado, horas despus de que la Place de la Rpublique fuera desalojada por la Polica y el acto XII hubiera concluido, en el persistente tufo a gas lacrimgeno, un polica de una compaa Crs (compaas republicanas de seguridad), antao temible y hoy superada en ferocidad por otros cuerpos policiales, intentaba obsequiar un ramo de flores a una transente, mientras explicaba que, al recibirlas de regalo de manos de un chaleco amarillo, haba dicho que se las ofrecera a alguna seora.

Y aunque en la vspera de la manifestacin en las redes sociales se haba instado a demostrar un nimo fraterno con las fuerzas del orden llevndoles flores, y aunque haya quienes opinen que entre los Crs hoy hay unos cuantos que estn a un paso de vestir chaleco amarillo, lo que ms se oy el sbado fue: Todo el mundo detesta a la Polica, eslogan escandido junto o separado de: Pars, levantate, sublevate.

En el paro general y la manifestacin por la Rue de Rivoli que partieron en dos la tarde del martes, confluyeron los convocantes sindicales Cgt y Sud ms una plyade de grupos trotskistas, ecologistas, anarquistas y de chalecos amarillos. Las consignas ocurrentes volvieron a florearse, aunque probablemente la que mejor resume ese encuentro sea fin de mes, fin del mundo: la dificultad de tantos de llegar a fin de mes no es ajena a las dificultades planetarias, puesto que se trata del mismo sistema que depreda por igual vidas humanas y sistemas ecolgicos.


Fuente original: https://brecha.com.uy/

Alma Boln, Docente de Lingstica Aplicada y Literatura Francesa en la Universidad de la Repblica (Udelar). Es autora de varios libros y artculos sobre lengua, discurso y literatura comparada. Integra el colectivo Prohibido pensar.



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