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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 14-02-2019

Una cuestin democrtica "glocal"
Venezuela y la guerra por el excremento del diablo

Alberto Acosta
Rebelion


 Las guerras son peleadas por pozos petroleros y estaciones de carbn. Por el control de los Dardanelos o del Canal de Suez; por cosechas coloniales a las que se pueda comprar barato y mercados conquistados a los que se pueda vender caro. La guerra es el capitalismo, pero sin guantes

 Tom Stoppard


Al finalizar el siglo XIX, las exigencias de los acreedores internacionales entramparon a Venezuela. Las grandes potencias de la poca: Gran Bretaa y Alemania, en noviembre de 1902 enviaron un ultimtum para satisfacer sus reclamos. El gobierno de Caracas, al no conseguir ms recursos -aun imponiendo nuevos impuestos y entregando sus ingresos aduaneros- propuso negociaciones por separado a los acreedores.

Los acreedores ignoraron la respuesta venezolana y a principios de diciembre enviaron sus flotas. El pas fue bloqueado por la flota anglo-germano-italiana hasta febrero de 1903. Resultado: los pocos barcos venezolanos, destruidos; y, Puerto Cabello, La Guaira y Maracaibo, bombardeados. Las tropas extranjeras desembarcaron para proteger a sus connacionales y a sus intereses de la tirana extranjera, como dira -para justificar la accin imperial- el canciller imperial alemn el prncipe Bernhard Heinrich Karl Martin von Blow (todo esto en el contexto del gobierno del presidente-nacionalista Cipriano Castro, opuesto a varias empresas extranjeras que financiaron una guerra civil para defenestrarlo entre 1901-1903; hasta que fue derrocado por quien sera el dictador que inaugurara la Venezuela petrolera : el benemrito Juan Vicente Gmez ).

Ms de un siglo despus vuelven a Venezuela las sombras de una posible invasin imperial; agresin que, como en otros rincones del mundo, busca justificarse bajo el lema de traer libertad y democracia. El asunto parece local. Y lo es, en cuanto la cuestin sobre cul es el presidente legtimo de Venezuela les atae a los venezolanos y a nadie ms. Un anlisis de la situacin en Venezuela ms all de los lugares comunes, como propone Decio Machado , permite afirmar que internamente el conflicto hace tiempo dej ser una cuestin de ideologa o de clase. Venezuela se ha convertido en un Estado mafioso en el cual su cpula dirigente se enfrenta con una oposicin que tambin responde a intereses claramente espurios, apoyado por unas potencias que continan con una lnea de injerencia y reproducen una historia de siglos de dependencia.

En efecto, sobre el pas caribeo chocan cada vez con ms fuerza los sables y las chequeras de las grandes potencias del momento (EEUU, China, Rusia e incluso la Unin Europea). Esa injerencia de potencias extranjeras -tanto en la oposicin como el gobierno- hace que la explosiva situacin interna tenebrosamente pierda su carcter local.

Sin detallar el conflicto actual y rechazando cualquier injerencia imperial -venga de donde venga- cabe preguntarse por una explicacin profunda de la situacin. En ese largo lapso desde el bombardeo europeo, y en especial al finalizar la Primera Guerra Mundial, Venezuela se consolid como periferia petrolera estratgica (sobre todo para EEUU). Peor an, si tomamos los datos de Carlos Mendoza Pottell, actualmente el pueblo venezolano carga sobre sus hombros la maldicin de que en su pas se encontraran las mayores reservas hidrocarburferas del mundo . Maldicin que otros rincones del mundo tristemente la han sufrido derramando sangre inocente.

Ya nadie duda a estas alturas que la tragedia venezolana encuentra muchas explicaciones en esta dependencia del excremento del Diablo, como defini al petrleo el venezolano Juan Pablo Prez Alfonzo (1903-1979), uno de los creadores de la OPEP (Organizacin de Pases Exportadores de Petrleo) y quien marc una poca en el manejo petrolero de su pas . Desde el control de los asfaltos hace cien aos por parte de la New York & Bermdez Company, subsidiaria de la General Asphalt, con sede en Filadelfia, la voracidad por los hidrocarburos venezolanos nunca ha dejado de crecer. Y en el ltimo tiempo ha aparecido un redoblado apetito tanto transnacional como de mafias locales por sus recursos minerales, como sucede de manera terrible en la cuenca del Orinoco .

A la par de la desesperacin por acceder a dichos recursos -o mejor digamos de la mano de esas apetencias-, los gobiernos venezolanos parcialmente han sacado alguna tajada para el pas. Sin embargo, sea obteniendo o no una mayor participacin en la renta petrolera, dichos gobiernos en varios momentos (o casi siempre), consciente o inconscientemente, han sido funcionales a las demandas de alguna faccin del poder econmico internacional. El gobierno de Hugo Chvez, que hace veinte aos despert alguna esperanza de cambio de esa realidad, al menos en el discurso, tambin qued atrapado en la lgica de la maldicin de la abundancia y de la funcionalidad a los intereses de grandes capitales transnacionales (entre rusos, chinos y dems, e incluso norteamericanos).

El manejo poltico inicial del gobierno de Chvez, junto con los enormes ingresos por exportaciones petroleras, que poco despus aumentaron a la par del creciente precio del crudo, le permitieron desplazar del poder y prevenir el mantenimiento de grupos y fracciones de poder, que tradicionalmente haban lucrado de la riqueza hidrocarburfera y que incluso controlaban el manejo de la actividad petrolera hasta el Paro Petrolero en el 2003. Recursos cuantiosos se destinaron a ampliar la cobertura social -desde una lgica compensadora y clientelar- en varios mbitos, teniendo en la mira a sectores tradicionalmente excluidos. De paso, se justificaban con estas inversiones sociales las bondades indiscutibles de los extractivismos, que se aceleraron mientras se posterg la superacin del -de por s limitadsimo- desarrollo industrial e inclusive agrcola del pas.

Esta disputa voraz por aprovechar la renta de la Naturaleza y sostener el poder, oblig al gobierno a asignar cuantiosas sumas de dinero para reforzar sus controles internos incluyendo la represin a los opositores, frenando y debilitando las iniciativas comunitarias de los primeros aos. Dentro de esa jugada, grupos de las fuerzas armadas del pas se beneficiaron de las rentas petroleras a cambio de mantener su respaldo al rgimen. En especial, con Maduro en el poder luego de la muerte de Chvez, la represin adquiri un tinte brutal que, junto con la cada de los ingresos petroleros, transform al clientelismo poltico en un burdo uso de la fuerza y del chantaje. As, al ahogar la participacin ciudadana sobre todo el madurismo termin por vaciar la democracia, tendencia irreversible por ms consultas repetidas hechas al pueblo en las urnas.

En semejante escenario, en vez de generar alternativas autnticamente democrticas, las oposiciones en su mayora obtusas y entreguistas, ahondaron el clima de violencia poltica existente. De hecho, tanto gobierno como oposicin no han tenido reparo, en su momento, de utilizar al propio pueblo como carne de can en medio de pugnas polticas violentas que cada vez se acercan ms a un enfrentamiento civil.

Con esto arribamos a una explicacin profunda: en la periferia capitalista, el hiperextractivismo -y la consecuente falta de transformacin estructural- camina de la mano del hiperpresidencialismo, que cobija y alimenta el autoritarismo y la corrupcin . O en palabras de Eduardo Gudynas, las distintas asociaciones entre extractivismos y corrupcin se articulan entre s, derivando hacia situaciones que erosionan la calidad de la democracia , ahondando la violencia consustancial a los extractivismos (situacin vista tambin en otros pases extractivistas, con gobiernos conservadores o progresistas, como es el caso de Ecuador y sus patologas de la abundancia ).

Ms all de una que otra accin y discursos soberanistas, en definitiva, la dependencia del petrleo y los minerales en la periferia capitalista suele engendrar gobiernos caudillistas. Esto debilita las instituciones del Estado encargadas de hacer respetar las normas y fiscalizar al gobierno; carcome las reglas y la transparencia, alentando la discrecionalidad en el manejo de los recursos pblicos y los bienes comunes; exacerba los conflictos distributivos por las rentas entre grupos de poder, consolidando a largo plazo el rentismo -y patrimonialismo-, subordinando clientelarmente an ms a aquellos sectores populares excluidos y sin poder de negociacin sobre las rentas extractivas; alienta las polticas cortoplacistas y poco planificadas de los gobiernos, disminuyendo la inversin y el crecimiento econmico; y hasta distorsiona la estructura productiva interna, con patologas econmicas como la enfermedad holandesa u otras.

Y son estos gobiernos hiperpresidencialistas los que atienden de manera paternalista y clientelar las demandas sociales obteniendo recursos de la ampliacin de los extractivismos, configurando el caldo de cultivo para nuevas conflictividades sociopolticas y ecolgicas. Tal como se constata con el fin del reciente ciclo de gobiernos progresistas , no se enfrentaron estructuralmente las causas de la pobreza y marginalidad, menos an la matriz productiva primario exportadora y dependiente (ms cuando se toma en cuenta que muchos sectores burgueses que se enchufan al proyecto clientelar de hecho lucran de la dependencia y el estatus quo). Igualmente los significativos impactos ambientales y sociales, propios de estas actividades extractivistas a gran escala, aumentan la ingobernabilidad, lo que a su vez exige nuevas respuestas represivas

En este complejo entorno emerge el actual conflicto venezolano. Las presiones e intereses del imperialismo occidental chocan con las del imperialismo de oriente, como Rusia y sobre todo China. Como plantea Emiliano Tern Mantovani, China es tambin responsable de la crisis venezolana actual ; Rusia tampoco se queda atrs con los multimillonarios prstamos entregados (e incluso con las importantes ventas de armamento al pas caribeo). En palabras de Emiliano, la larga ruta de reformas legales, normativas, polticas y medidas econmicas en Venezuela han ampliado las fronteras de extraccin petrolera y minera (sobre todo para beneficio de los capitales chinos); dando cada vez ms cabida a formas de acumulacin neoliberal, lo que l llama el Largo Viraje.

Dicho esto, es evidente que la crisis de Venezuela es funcional a las potencias de los mltiples imperialismos que hoy se disputan el mundo (en lo que podra ser una nueva guerra fra ). As, tras los discursos por la democracia, la libertad y el bienestar del pueblo venezolano estn los viejos y cochinos intereses imperiales, favorecidos -aunque no sea de manera expresa- por gobiernos extractivistas. Hasta se podra pensar que la accin de los gobiernos progresistas termin volvindose parte de todo un proceso de entreguismo al imperialismo de oriente, tal como en su momento los gobiernos neoliberales hicieron en beneficio del imperialismo de occidente.

Semejantes caminos nos retornan al punto de partida. Afrontamos un asunto glocal: tanto local como global. La respuesta local demanda la libre determinacin del pueblo venezolano -tal como plantea incluso en medio de una situacin cada vez ms conflictiva y polarizadas entre otras agrupaciones la Plataforma Ciudadana en Defensa de la Constitucin . Accin local que necesita combinarse con una accin global de solidaridad internacional que facilite ese proceso interno, alejando las tenazas imperialistas en marcha -como demanda un nutrido y destacado grupo de intelectuales y organizaciones sociales de diversas partes del planeta . En definitiva, precisamos una accin glocal que permita reconstruir, desde dentro -sin injerencias imperiales, as como sin gobiernos tteres o usurpadores- la democracia, la esperanza y la paz en Venezuela.-

Alberto Acosta es economista ecuatoriano. Profesor universitario. Ministro de Energa y Minas, enero-junio 2007. Presidente de la Asamblea Constituyente y asamblesta noviembre 2007-julio 2008.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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