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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 13-02-2019

Venezuela, una nacin bajo asedio

Javier Tolcachier
Rebelin


Dice un conocido adagio filosfico-poltico que la nica verdad es la realidad. Sin embargo, la realidad admite distintos matices incluso encontrados- de acuerdo a los ojos que miran, segn evidencia la misma realidad. Ojos que perciben, filtran y opinan segn valoraciones e intereses que viven detrs de los globos oculares. Puede adems afirmarse como obvio que lo que esos ojos perciben, cualesquiera sean sus preferencias ideolgicas, moldes de pensamiento, matrices de formacin o herencias culturales es, en todos los casos, apenas un recorte parcial de la realidad. An as, hay una enorme distancia entre la diversidad de miradas sobre el mismo hecho y una lisa y llana mentira. Y esto ltimo, la mentira, en sus tambin diversos formatos, es lo que habitualmente vemos y escuchamos sobre Venezuela a travs de los medios hegemnicos de confusin.

Una tierra bajo asedio

Venezuela es un pas cuyo pueblo y gobierno estn bajo asedio. Prcticamente desde el mismo momento en que comenz a desandar la va bolivariana, asumiendo una indmita aspiracin de emancipacin del dominio econmico y poltico de los crculos elitistas y de la visin dependiente de los intereses de Estados Unidos en el Caribe y Amrica Latina.

La rebelin popular conducida por Hugo Chvez Fras le vali el inmediato rechazo de los sectores privilegiados, sectores que se haban repartido el botn econmico y poltico a lo largo de cuarenta aos mediante el Pacto del Punto Fijo, sellado luego de la cada del dictador Prez Jimnez. Modalidad no muy distinta al bipartidismo a imagen y usanza norteamericana- que en muchas naciones latinoamericanas supuso un remedo de democracia. Para que nada cambie y para que parezca que el pueblo decide.

Por eso, cuando empezaron a cambiar los vientos, cuando la organizacin popular comenz a expresar la fuerza y la opinin de los postergados, los mecanismos de reaccin se activaron de inmediato. Ante la innegable necesidad del control del Estado sobre el principal recurso econmico del pas, el petrleo, la imprescindible inversin de prioridades en la asignacin de recursos poniendo en el centro al bienestar de las mayoras junto a la potente propuesta de democratizacin contenida en la Constitucin aprobada en 1999, sonaron las alarmas del poder establecido y sus mentores polticos y culturales en los Estados Unidos. Desde entonces, la Revolucin Bolivariana ha sufrido un ataque permanente.

Las tipologas de la guerra contra la Revolucin Bolivariana

Al igual que sucede con la violencia, que adopta distintas modalidades, la guerra contra el movimiento popular chavista y sus consecutivas victorias electorales se ha desarrollado combinando distintos planos y tcticas. Es una estrategia multidimensional cuyo propsito es acabar con este importante intento social evolutivo.

La guerra poltica, una guerra sociocultural

En los 20 aos transcurridos desde la asuncin de Hugo Chvez a la presidencia en 1999, el pas ha transitado 25 convocatorias electorales, incluyendo elecciones presidenciales, legislativas, constituyentes, regionales, municipales y una iniciativa de revocatoria de mandato. De stas, el chavismo ha vencido en 23 oportunidades, siendo derrotado en la iniciativa de una nueva reforma constitucional en 2007 y obteniendo la oposicin un amplio triunfo en las parlamentarias de 2015.

Los sectores opositores han intentado detener la marea de transformaciones, pretendiendo socavar y derrocar al gobierno mediante golpes de Estado, sabotaje productivo, comercial y financiero, acciones vandlicas de calle (guarimbas), boicot electoral, huelgas, revocatoria de mandato, bloqueo legislativo, escalando finalmente a intentos de magnicidio, atentados contra instalaciones civiles y militares y el desconocimiento de la institucionalidad.

El chavismo ha cimentado su fortaleza poltica en base a la organizacin, al fuerte arraigo popular con un progresivo aumento de la conciencia poltica en los sectores postergados y en la unidad cvico-militar. La oposicin, fragmentada pero con fuerte apoyo empresarial, de medios privados, de la cpula eclesistica y del aparato conspirativo estadounidense, fue recomponiendo parcialmente su fuerza desde los sectores medios y acomodados de la sociedad. Estos ltimos, mayormente de ascendencia europea, caracterizados por su admiracin hacia el estilo de vida estadounidense y el individualismo como timn de la existencia. En la vereda de enfrente o mejor dicho, en los barrios perifricos, en los cerros y los lugares donde la comodidad no abunda- emergieron con potencia las reivindicaciones de mestizos, negros y criollos, herederos de la miseria, la segregacin y la servidumbre colonial, pero tambin de la gesta independentista.

La guerra de la oligarqua contra la Revolucin Bolivariana es en ltima instancia una pugna por negar la dignidad e igualdad de derechos para todo ser humano y es el fruto del rasgo violento de perpetuar la imposicin de la cultura occidental y blanca como modelo a seguir.

La guerra econmica

Paralelamente a la ofensiva poltica, Venezuela fue objeto de ataque a su economa. Un elemento clave en la agresin ha sido la embestida contra su moneda nacional, el bolvar, que con su prdida de valor ha arrastrado a los salarios. Como ariete principal se utilizaron portales web como dolartoday, operado desde Florida por opositores al gobierno venezolano, cuya referencia terica es el profesor Steve Hanke, vinculado al ultraconservador Instituto Cato.

La disminucin del producto interno bruto (PIB), tambin es resultado de la cada de los precios del petrleo (ahora en franca recuperacin), todo lo cual produjo un achicamiento del mercado interno y el aumento de la desocupacin, siendo ello, junto a los bajos ingresos, el principal motor de la emigracin.

La expansin del mercado negro, prohibido por ley, produjo una espiral inflacionaria y volvi prcticamente estriles los esfuerzos gubernamentales por equiparar la virulenta agresin monetaria. Al mismo tiempo, las agencias calificadoras elevaron el riesgo pas sin correspondencia seria con las variables econmicas, encareciendo el crdito y produciendo el aumento de la deuda soberana, de por s exigida por la situacin.

A este cuadro se suma la fuga millonaria de divisas por parte de la banca y el sector privado (un bachaqueo [1] financiero a gran escala), el terrorismo de la cadena de comercializacin con un abusivo aumento de precios, el acaparamiento de productos (la supuesta caresta, acentuada por el contrabando de extraccin) y la excesiva dependencia del pas de la importacin de bienes para la produccin y el consumo.

A este ltimo factor apunta el bloqueo impuesto por las sanciones unilaterales de los EEUU, como el congelamiento de los activos de la petrolera venezolana en ese pas, la prohibicin de las compaas estadounidenses de realizar transacciones con la empresa y el asfixiante cerco financiero montado para inhibir la provisin de divisas y la compra de insumos entre ellos medicinas de primera necesidad. Un reciente estudio (CELAG) calcula la prdida de los venezolanos por el boicot financiero y comercial (2013-2017) entre 245.000 y 350.000 millones de dlares.

A pesar de esta guerra econmica, el gobierno de la revolucin bolivariana ha sostenido su compromiso social, manteniendo un 75% del presupuesto invertido en el bienestar poblacional. Numerosos son los logros de la Revolucin Bolivariana en el campo de la extensin de los servicios sanitarios, la proteccin a la ancianidad, la gratuidad educativa, el incremento de la matrcula universitaria, la construccin masiva de vivienda social, la extensin de los servicios pblicos, el acortamiento de la brecha digital, la superacin del analfabetismo, la garanta de provisin alimentaria, la entrega de tierra al campesinado. Sin contar con una victoria intangible pero primordial, acrecentar la dignidad, la participacin y la conviccin emancipadora del pueblo.

Vincular la estrategia de demolicin econmica a los ciclos electorales y a los intentos de una oposicin mandatada desde los Estados Unidos para liquidar la Revolucin, es sencillo. La correlacin es directa.

La guerra meditica y diplomtica

Cualquier bsqueda de noticias sobre Venezuela en Internet a travs de los algoritmos monoplicos de una conocida empresa estadounidense, dar como resultado una catarata de informaciones poco felices. Cualquier comentarista en cadenas televisivas de amplia audiencia, - posicin que ostentan no en base a la calidad de sus contenidos sino por la apropiacin concentrada de los servicios de radiodifusin-, emitir su porcin de veneno contra el gobierno de Nicols Maduro, sin investigar, repitiendo tpicos y ocultando la raz de la coyuntura venezolana y sus propias motivaciones polticas.

Cualquier opositor al gobierno encontrar inmediatamente eco a sus crticas y se presentarn como prueba testimonial dramticos relatos de emigrados, que abundarn en detalles sobre supuestas represiones, manejos tirnicos y las ms diversas calamidades. Todo este material que bombardea diariamente a ciudadanos ocupados en quehaceres cotidianos, con poco tiempo para analizar la informacin en profundidad y contexto, no cumple con las reglas bsicas de un periodismo veraz. Es sesgada, no ofrece fuentes contrastadas en proporcin equilibrada, ni suficientemente fehacientes. Contiene una clara intencionalidad, idntica a la que adhiere el crtel de medios internacionales propiedad del capital: demonizar la persona del presidente Nicols Maduro y desprestigiar a la Revolucin Bolivariana, exacerbando sus dificultades y minimizando (u ocultando) sus logros.

En definitiva, los medios de confusin masiva sirven a la insoslayable intencin de ponderar las evidentes bondades del sistema capitalista y los pases con gobiernos afines, en los que pobreza, escasez, corrupcin, delincuencia, manipulacin electoral, discurso nico, felizmente, son fenmenos superados

Ya fuera de toda irona, su objetivo es crear sin pudor alguno la atmsfera para forzar el cambio de gobierno en Venezuela o justificar si as lo exigieran las circunstancias, un derrocamiento violento, dadas las caractersticas perversas del rgimen.

Un papel similar cumplen las ofensivas diplomticas, comandadas desde Washington a travs de la OEA, cuyo Secretario General ocup el vergonzoso papel de llevar adelante una descarnada ofensiva polticamente motivada contra el gobierno constitucional de Venezuela. Actitud violatoria de las normas del derecho internacional, pero consistente con la prctica histrica de ese organismo.

Al mismo tiempo, la ofensiva continental de gobiernos de derecha articulados en el llamado grupo de Lima (salvo Mxico, desde la victoria electoral de Andrs Manuel Lpez Obrador) ha sido ariete fundamental para sostener una imagen negativa de Venezuela y su gobierno, cimentada en declaraciones, apariciones en medios, suspensin en organismos de integracin como el Mercosur, abandono de la UNASUR, etc.).

A esta cruzada non sancta se han plegado varios gobiernos de una Europa publicitada como civilizada, pero que gobernada por corrientes derechistas y neofascistas, comete a diarios violaciones a los derechos humanos, como dejar que personas se ahoguen en el mar o fomentar guerras a travs de la venta de armas. A la arremetida se ha sumado el actual presidente de gobierno de la monarqua parlamentaria espaola, Pedro Snchez, quien lejos de adoptar el principio de no intervencin, contina fielmente con el precepto de la corona an doscientos aos despus de la expulsin del imperio- de no aceptar la emancipacin plena de Amrica Latina y el Caribe.

Detrs y delante de todo ello est la soberbia de las administraciones estadounidenses, sbditos a su vez, del complejo financiero-industrial-militar que es en realidad el gobierno permanente, el partido nico que comanda los destinos de aquel pas y que pretende no perder su status de poder mundial dominante.

Sin embargo, a pesar del absurdo estigma de amenaza a la seguridad nacional de los EEUU, de la severidad de crecientes sanciones unilaterales, la guerra diplomtica no ha conseguido en los estamentos multilaterales, pese a repetido intentos, su objetivo principal: lograr mayoras para condenar al gobierno de Venezuela, abriendo la puerta de ese modo a acciones agresivas avaladas por el consenso internacional.

La guerra psicolgica

Venezuela est siendo sitiada, tal como eran asediadas las plazas difciles de conquistar a lo largo de la historia. Una tctica indispensable de un cerco militar es la guerra psicolgica, que apunta a debilitar la confianza en la propia capacidad de defensa para forzar la rendicin de la plaza. Entre los objetivos centrales de la asfixia est la criminal intencin de dividir a las fuerzas armadas y sumar su apoyo al golpismo, lo que conducira a una guerra civil y muy probablemente a la particin territorial del pas.

Esta guerra psicolgica es llevada adelante con el rumor permanente de una inminente intervencin militar, con el absurdo argumento de la ayuda humanitaria. Con el mismo propsito se ha instalado la imagen de un gobierno paralelo, reconocido por aliados, en realidad vasallos, de la estrategia de reconquista del suelo venezolano por los cruzados del capital y el imperialismo. En el mismo propsito confluyen traslado de soldados, videos de lanchas desembarcando en playas colombianas, visitas de altos mandos del Comando Sur a Colombia, montajes de carpas y cajas con pomposas etiquetas simulando contener elementos para paliar la dramtica crisis humanitaria.

No parecen dadas las condiciones de una invasin abierta; un asalto final a la plaza cercada parece, como mnimo, prematuro. El Congreso estadounidense no ha aprobado ninguna intervencin de su ejrcito, no hay consenso en Naciones Unidas, ni en la UE. En Latinoamrica, pese a la adhesin de varios gobiernos a la tentativa de golpe, nadie parece dispuesto a involucrarse en un conflicto armado de efectos terribles y perspectivas de triunfo dudosas.

An as, la situacin es grave. La insensatez, irracionalidad y extremismo de varios de los gobiernos involucrados en la amenaza de guerra, son la variable peligrosa que no puede ser desestimada. Corresponde a los pueblos levantar una ola unnime por la paz y el levantamiento del asedio a Venezuela.

Las habituales motivaciones inmorales

Las motivaciones de esta arremetida en curso contra Venezuela, no son muy diferentes a las que habitualmente conducen a las atrocidades de invadir, colonizar y destruir a otros. Por lo mismo, no admiten justificacin alguna.

La codicia de las corporaciones respecto a la posibilidad de capturar y administrar las enormes reservas naturales del pas como petrleo, gas, oro, hierro o coltn y su valor estratgico geopoltico son motores centrales de la agresin. A esto se suma la intencin de cerrarle el paso al avance de las relaciones comerciales y de inversin entre China, Rusia y Amrica Latina, las que hacen disminuir la hegemona econmica de Estados Unidos y Europa sobre la regin.

La Revolucin Bolivariana ha dado adems un fuerte impulso a procesos de integracin solidaria y soberana, los que emergieron como dique de contencin a la pretensin estadounidense de determinar la poltica de la regin y su posicionamiento internacional.

Finalmente, se trata de establecer un castigo ejemplarizante y evitar la construccin de alternativas al decadente modelo excluyente del capitalismo, lo cual queda evidenciado en la persecucin y proscripcin poltica de liderazgos populares y la progresiva instalacin de regmenes represivos de derecha en varios pases de la regin, funcionales al objetivo mencionado.

Presente y futuro

El imperialismo occidental cree (o quiere hacer creer) que al altivo gobierno de la Revolucin le ha llegado la hora. Que es tiempo de que los venezolanos vuelvan al redil de la servidumbre, de la hipocresa moral, del fracaso social, de la poltica fraudulenta que encarnan los gobiernos detractores de la apuesta revolucionaria.

Buena parte de los gobiernos y los pueblos del mundo no estamos de acuerdo. No somos imparciales, ni ambivalentes. Pensamos ms bien que lo que tiende a su fin es un sistema de apropiacin violento, tanto en trminos objetivos como subjetivos. La intencionalidad de un pueblo se expresa en su soberana, la posibilidad de construir sociedades ms justas se instala slo a partir de la paz. La paz es condicin de equidad y la equidad, condicin ineludible de libertad.

Para que haya paz, equidad y libertad, lo que debe caer, ms temprano que tarde, es la voracidad de poder imperialista, producto de la violenta y prehistrica ambicin de dominar a otros y acumular riqueza en desmedro del bienestar colectivo.

 

(*) Javier Tolcachier es investigador del Centro de Estudios Humanistas de Crdoba y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza.



[1] Bachaqueo (de bachaco, hormiga culona) es la prctica de contrabandear y revender ilegalmente productos subsidiados.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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