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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 09-01-2006

La izquierda latinoamericana hoy
Reforma o Revolucin

Roberto Regalado Alvarez
Inprecor America Latina


La reforma legal y la revolucin no son [...] diversos mtodos del progreso histrico que a placer podemos elegir en la despensa de la Historia, sino momentos distintos del desenvolvimiento de la sociedad de clases, los cuales mutuamente se condicionan o complementan, pero al mismo tiempo se excluyen. (Rosa Luxemburgo)

Evolucin e involucin histrica del contexto internacional

A partir de la dcada de mil ochocientos sesenta, momento en que la lucha poltica legal adquiere centralidad como arma del proletariado en los pases ms desarrollados de Europa, comienza a producirse la divisin, por una parte, entre quienes la practican y quienes la rechazan (en este ltimo caso, los anarquistas) y, por otra parte, entre quienes abogan por utilizarla a favor de la reforma social progresista del capitalismo o la revolucin socialista.

La reforma social progresista es una estrategia que procura transformar ciertos aspectos del orden existente, o a ese orden en su totalidad, sin destruir o revolucionar sus fundamentos, en particular, sin destruir las relaciones de poder existentes.[1] Esta estrategia avanz en la medida en que el desarrollo econmico, poltico y social, junto con las luchas de los movimientos obrero, socialista y feminista, impulsaron a las burguesas de algunas potencias imperialistas a sustituir el uso de la coercin y la violencia como instrumentos de la dominacin, por la hegemona burguesa.

El establecimiento de la hegemona burguesa consiste en lograr que toda la sociedad haga suyos la moral, los valores, las costumbres, las leyes y el respeto a las instituciones burguesas, por medio de la cultura de masas, la educacin, los medios de comunicacin y otras vas. Este proceso incluye la participacin y la representacin de las clases dominadas en el sistema poltico democrtico burgus. Si bien esa participacin y representacin son formales en lo que a la esencia clasista se refiere, Antonio Gramsci la defini como un espacio de confrontacin social y lucha poltica, en el cual las clases dominadas pueden conquistar ciertas posiciones.

La estructuracin de las corrientes reformistas del movimiento obrero y socialista comienza en 1881 con la aparicin del posibilismo francs, contina en 1884 con el surgimiento del fabianismo ingls, adquiere mayor connotacin a finales de esa dcada cuando brota una tendencia reformista en el Partido Socialdemcrata Alemn que era entonces el abanderado del marxismo en el mundo y se complementa, pocos aos ms tarde, cuando en las filas socialdemcratas alemanas tambin aparece el revisionismo. La ruptura definitiva entre las corrientes reformistas y las corrientes revolucionarias del movimiento socialista se inicia con la Primera Guerra Mundial (1914‑1918) cuando los revolucionarios se oponen a esa conflagracin, mientras los reformistas apoyan la participacin en ella de sus respectivos gobiernos, lo que provoca la crisis terminal de la II Internacional, y culmina a raz del triunfo de la Revolucin Rusa de Octubre de 1917, en contra de la cual los partidos socialdemcratas se suman a las fuerzas polticas de la burguesa.

El reformismo alcanza su mayor intensidad durante la segunda posguerra (1945‑1969) en un grupo de pases del norte europeo, como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas del capital estimulado por la reconstruccin de Europa Occidental y la carrera armamentista, combinado con la necesidad de presentar una imagen democrtica y redistributiva del capitalismo como soporte de la Guerra Fra. Sin embargo, las condiciones econmicas que impulsaban a la reforma progresista del capitalismo desaparecen con la crisis integral de ese sistema iniciada en la dcada de mil novecientos setenta, que desencadena la reestructuracin neoliberal. Por su parte, las condiciones polticas del reformismo desaparecen a principios de la dcada de mil novecientos noventa, cuando el derrumbe de la URSS elimina la necesidad de dotar al capitalismo de un rostro humano en funcin de la competencia poltica e ideolgica con el socialismo.

La estrategia de la revolucin social parte de que las contradicciones de clase son inconciliables, por lo que es preciso derrocar al Estado burgus y construir, en su lugar, un Estado de obreros, campesinos y dems sectores sociales dominados y explotados por la burguesa. A partir del anlisis de la situacin europea de mediados del siglo XIX, Marx y Engels estimaron que la revolucin comunista sera protagonizada por el proletariado de las naciones ms industrializadas de Europa. Si bien este es el concepto original, el propio marxismo nos ofrece las herramientas tericas para comprender las razones por las cuales esa tesis no se verific en la prctica. En sus estudios sobre Inglaterra, Marx y Engels identifican a la aristocracia obrera, contenta con forjar ella misma las cadenas de oro con las que le arrastra a remolque la burguesa,[2] como un producto social del desarrollo capitalista sustentado en los avances de la industria y la explotacin del mundo colonial, semicolonial y neocolonial, que conspira contra la unidad y combatividad de la clase obrera.

La era de la revolucin socialista se abre en Rusia, en Octubre de 1917, cuando Lenin y el Partido Bolchevique rompen el eslabn ms dbil de la cadena, convencidos de que ese acontecimiento sera el anticipo de una revolucin mundial que tendra su centro en Alemania, pero la repblica sovitica debi aferrarse por ms de un cuarto de siglo a la construccin del socialismo en un solo pas. En la posguerra era lgico que el eslabn ms dbil de la cadena se desplazara hacia el mundo subdesarrollado. En China, Corea y Vietnam, la revolucin anticolonialista era tambin de carcter socialista. Por su parte, en Cuba, poco despus de la victoria, la revolucin asuma pblicamente identidad y objetivos socialistas. Aunque, en la mayora de los casos, los eslabones ms dbiles de la cadena que se quiebran durante la posguerra en el mundo colonial no adoptan una definicin socialista, puede afirmarse que, en sentido general, las luchas de liberacin nacional se inscriben en la historia de la revolucin social como rupturas del sistema de dominacin imperialista.

Las luchas de liberacin nacional en Asia, frica y Amrica Latina llegan al clmax en los aos setenta y principios de los ochenta. En Asia, en los setenta se produce la derrota del imperialismo norteamericano en Vietnam, hecho que repercute en todo el sudeste asitico. En frica, resalta la independencia de las colonias portuguesas, en particular, el rechazo con ayuda de Cuba a la invasin sudafricana contra la naciente Repblica Popular de Angola,[3] lo cual crea una correlacin de fuerzas en el Cono Sur Africano a favor de la liberacin de Zimbabwe y Namibia, unidas al desmantelamiento del rgimen del apartheid en la propia frica del Sur. En Amrica Latina y el Caribe, se produce la conquista del gobierno por parte del Movimiento de la Nueva Joya en Granada y el triunfo de la Revolucin Popular Sandinista en Nicaragua, ambos en 1979. A partir de ese momento, se intensifica la lucha insurgente en El Salvador y Guatemala.

Para revertir la erosin de su podero poltico y econmico mundial, durante la presidencia de Ronald Reagan (1981‑1989), el imperialismo norteamericano emprende una estrategia de desgaste sistemtico contra la URSS basada en la intensificacin de la carrera armamentista, el estimulo a las contradicciones entre ese pas y China, y la aplicacin de una poltica destinada a desgajar a los pases de Europa Oriental del Bloque Socialista. El desgaste de la URSS fue complementado por la labor de zapa realizada por la primera ministra britnica Margaret Thatcher, a partir de la eleccin de Mijail Gorbachov como secretario general del Partido Comunista de la Unin Sovitica (PCUS), quien inici el desmontaje del socialismo por medio de un proceso denominado perestroika. Adems de esa estrategia antisovitica, Reagan endureci la poltica hacia sus aliados de Europa Occidental y Japn, e increment la amenaza y el uso de la fuerza en todas las regiones del Sur.

La estrategia de Reagan surti efecto poco despus de concluido su mandato. Durante la presidencia de su sucesor, George H. Bush, en diciembre de 1989, se produjo la cada del Muro de Berln que abri paso a la restauracin capitalista en Europa Oriental y, en diciembre de 1991, se consum el derrumbe de la propia Unin Sovitica. Conclua as la llamada bipolaridad mundial, inaugurada en octubre de 1917 con el triunfo de la Revolucin Bolchevique en Rusia y consolidada a partir de 1945 con el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, que favoreci el surgimiento del Campo Socialista. Con el fin de la bipolaridad, desde finales de la dcada de mil novecientos ochenta desaparecan, a corto y mediano plazo, los elementos de caractersticos de una situacin revolucionaria que se haban manifestado en la posguerra en una gran parte del Sur.

La reforma y la revolucin en Amrica Latina durante las primeras ocho dcadas del siglo XX

En virtud de la difusin de las ideas provenientes de Europa entre otras vas mediante la migracin de obreros con trayectoria de lucha sindical y poltica, a finales del siglo XIX comienzan a arraigarse en Amrica Latina y el Caribe las corrientes anarquistas, reformistas y revolucionarias. A diferencia del Viejo Continente donde en ciertos pases y perodos existieron condiciones favorables a la reforma social progresista del capitalismo, en Latinoamrica y el Caribe esta estrategia fue mucho ms dbil y desnaturalizada. Es cierto que en algunas de las naciones latinoamericanas donde ms avanz la acumulacin desarrollista de capitales cuyo auge se registra entre 1929 y 1955 se aplicaron ciertas polticas de reforma social favorables al proletariado organizado y la clase media urbana como las del cardenismo en Mxico (1934‑1940) y el peronismo en Argentina (1946‑1955),[4] pero, a mediano y largo plazo, lo que predomin fue el clientelismo, es decir, la promocin por parte de las burguesas nacionales de sindicatos y otras organizaciones sociales amarillas, que reciban privilegios a cambio de dividir a la clase obrera y otros sectores populares. En cualquier caso, vale apuntar que en ningn pas latinoamericano o caribeo exista un desarrollo econmico y social que permitiera la conformacin de un movimiento comparable con la socialdemocracia europea.

En las pginas de la revolucin social latinoamericana y caribea del siglo XX, resaltan la Revolucin Mexicana (1910‑1917), la sublevacin campesina salvadorea dirigida por Farabundo Mart (1932), la Repblica Socialista implantada en Chile por el coronel Marmaduke Grove, la revolucin de los estudiantes y sargentos ocurrida en Cuba tras la cada del dictador Gerardo Machado (1933), la gesta en Nicaragua del Pequeo Ejrcito Loco que concluy con el asesinato del general Augusto C. Sandino (1934), la lucha independentista en Puerto Rico liderada por Pedro Albizu Campos, y el pronunciamiento armado de la Alianza Nacional Libertadora de Brasil, organizado por Luiz Carlos Prestes (1945).[5]

El triunfo de la Revolucin Cubana el 1ro de enero de 1959 marca el inicio del perodo ms reciente de la historia de Amrica Latina. A partir de ese acontecimiento, la poltica del imperialismo norteamericano se caracteriza por los intentos de destruir al primer Estado socialista del continente y el empleo de las dictaduras militares de seguridad nacional con el fin de contener la lucha popular en el resto de la regin.[6] La represin desatada por las dictaduras de seguridad nacional no se limit a aniquilar a las organizaciones revolucionarias que desarrollaban la lucha armada, sino se extendi a la destruccin de los partidos polticos, sindicatos y otras organizaciones sociales de izquierda y, en muchos casos, tambin destruy a fuerzas polticas y sociales de centro y de derecha. Esto es comprensible porque su funcin no era solo derrotar la amenaza del comunismo, sino tambin de servirse de ella para arrasar los remanentes de las alianzas polticas y sociales de la etapa nacional‑desarrollista. Es conocido que no todos los pases de Amrica Latina y el Caribe fueron gobernados por dictaduras militares en ese perodo, pero a estas alturas resulta innecesario fundamentar que ellas sentaron las pautas de la reestructuracin neoliberal aplicada a partir de finales de la dcada de los setenta en todo el subcontinente.

El perodo de las dictaduras militares de seguridad nacional se inicia con el golpe de Estado de 1964 en Brasil contra el presidente Joao Goulart, y concluye en 1990 con el restablecimiento de la democracia burguesa en Chile. Durante tres dcadas (1959‑1989) se mantuvo viva en Amrica Latina y el Caribe la lucha entre las fuerzas nacionalistas, progresistas y revolucionarias, y las fuerzas proimperialistas y contrarrevolucionarias. Entre otros acontecimientos, vale destacar que durante ese perodo se produjeron: la gesta heroica del Comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia (1967); los golpes de Estado de Juan Velasco Alvarado en Per y Omar Torrijos en Panam (1968); el golpe de Estado en Bolivia de Juan Jos Torres (1970); el triunfo del gobierno de la Unidad Popular en Chile encabezado por Salvador Allende (1970); el triunfo del Movimiento de la Nueva Joya en Granada (1979), y el triunfo del Frente Sandinista de Liberacin Nacional en Nicaragua (1979).[7]

En virtud de la accin represiva del imperialismo y sus aliados en la regin, y de las debilidades y errores de sus protagonistas, fueron destruidos todos los procesos polticos de orientacin popular iniciados en Amrica Latina y el Caribe con posterioridad al triunfo de la Revolucin Cubana, tanto de carcter revolucionario como reformista. Merecen destacarse el golpe de Estado que en 1973 derroc al gobierno constitucional chileno de Salvador Allende; la invasin, militar estadounidense que sesg la vida en 1984 a la Revolucin Granadina, y la llamada Guerra de Baja Intensidad que provoc la derrota de la Revolucin Popular Sandinista en las elecciones de febrero de 1990. Con este ltimo acontecimiento, se inici la reestructuracin del sistema de dominacin continental del imperialismo norteamericano.

El sistema de dominacin del imperialismo norteamericano en Amrica Latina y el Caribe

Desde su independencia en 1776, los Estados Unidos se dedicaron a expandirse por medio el despojo de los pueblos indgenas y la anexin de los territorios de Amrica del Norte colonizados por potencias europeas, en particular por Espaa y Francia. Si bien la conformacin de la masa territorial estadounidense concluy con la compra de Alaska (1867) y la incorporacin de Hawai (1900), tras cumplir el destino manifiesto de extenderse hasta el Ocano Pacfico legitimado por el Tratado de Guadalupe Hidalgo en 1948 y de imponerle en 1853 a Mxico una ltima cesin de territorios mediante la llamada compra de Gadsen, en ese ltimo ao se detuvo la poltica de frontera mvil que practic durante casi ocho dcadas. A partir de entonces, la resistencia de Mxico y Centroamrica, unida a la oposicin britnica, le impidieron anexarse nuevos territorios, por lo que la ampliacin de su dominacin prosigui mediante el neocolonialismo, modalidad en la cual la independencia de la neocolonia esconde su subordinacin poltica y dependencia econmica respecto a la metrpoli.

Entre 1853 y 1929, el imperialismo norteamericano expande su control sobre Mxico, Centroamrica, la franja norte de Sudamrica y las naciones independientes del Caribe, mientras Gran Bretaa ejerce la suya en las colonias caribeas que an conservaba y la mayor parte de Amrica del Sur. Esa divisin de esferas de influencia se mantiene hasta que la Gran Depresin (1929‑1933) provoca la quiebra del sistema neocolonial britnico y abre el camino a los Estados Unidos hacia el resto de Sudamrica. No obstante, el afianzamiento de la hegemona estadounidense en el continente solo se completa con el desenlace de la Segunda Guerra Mundial, a partir del cual ese pas emerge como la primera potencia imperialista del planeta y emplea la Guerra Fra como pretexto para imponer gobiernos dciles a sus dictados en toda la regin.

Aunque la fuerza siempre fue el principal recurso utilizado por los Estados Unidos para dominar a Amrica Latina y el Caribe, desde finales del siglo XIX empez a construir el denominado Sistema Interamericano, con el fin de complementar sus acciones de fuerza con la aceptacin por parte de los gobiernos latinoamericanos y caribeos de un conjunto de valores, normas y compromisos que los hacen copartcipes de la dominacin ejercida sobre ellos. Ese fue el principal objetivo de la Primera Conferencia Internacional Americana de 1889‑1890. La tambin llamada Conferencia de Washington cre la Oficina Internacional de las Repblicas Americanas, poco despus transformada en la Unin Panamericana. Sin embargo, solo fue a raz del desenlace de la Segunda Guerra Mundial (1939‑1945) y el despliegue de la Guerra Fra (1946) cuando logr crear un verdadero sistema de dominacin continental, con la suscripcin, en 1947, del Tratado Interamericano de Asistencia Recproca (TIAR) y la fundacin, en 1948, de la Organizacin de Estados Americanos (OEA). Esos mecanismos regionales se sumaron a la Junta Interamericana de Defensa (JID), que haba sido constituida en 1942. La JID, el TIAR y la OEA fueron complementados, en la dcada de mil novecientos sesenta, por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

El imperialismo norteamericano utiliz su propia invasin a Guatemala en 1954 que derroc al gobierno de Jacobo Arbenz con el propsito de sustituir el principio de no intervencin por el derecho de intervencin en el Sistema Interamericano. Lo mismo hizo a raz del triunfo de la Revolucin Cubana, a la cual excluy de dicho sistema en la reunin de Punta del Este (1962). En sentido anlogo, el gobierno de los Estados Unidos utiliz a la OEA en 1965 para encubrir su intervencin militar en Repblica Dominicana como una accin colectiva. Sin embargo, desde ese momento, la OEA qued relegada a planos secundarios y las dictaduras militares de seguridad nacional se convirtieron en el principal instrumento de la dominacin imperialista en la regin, mientras. En particular, durante la presidencia de Ronald Reagan, su apoyo a Gran Bretaa en la Guerra de las Malvinas, su proclividad a la intervencin en Centroamrica y su poltica draconiana frente al estallido de la crisis de la deuda externa, colocaron al Sistema Interamericano en el punto ms bajo de su historia. No es casual que en ese perodo surgiesen mecanismos alternativos de concertacin poltica entre naciones latinoamericanas, como el Grupo de Contadora y el Grupo de Apoyo a Contadora.

Despus de ejercer la vicepresidencia de los Estados Unidos durante los dos mandatos de Ronald Reagan, al asumir el gobierno, en enero de 1989, George Herbert Bush se coloca en posicin de cosechar los frutos de la poltica de fuerza de su predecesor. Reagan concluy la pacificacin de Amrica Latina iniciada en 1964, pero lo hizo al precio de una agudizacin sin precedentes de las contradicciones con las lites de la regin. Tan grave fue el deterioro de las relaciones con los gobiernos latinoamericanos, que le impidi pasar a la fase de negociacin/imposicin de una cobertura institucional para legitimar los cambios impuestos por la fuerza en el sistema de dominacin. Esa fue la misin que le correspondi a Bush.

A la llamada reforma del Sistema Interamericano le antecedieron tres dcadas durante las cuales, por medio de las dictaduras militares de seguridad nacional o de gobiernos civiles autoritarios, fue destruida una gran parte del movimiento popular y de izquierda, desarticulado el sistema de alianzas sociales y polticas establecido durante el perodo nacional‑desarrollista, y transformado el Estado latinoamericano hasta entonces dedicado a la proteccin y el fomento del mercado interno en el principal agente de la desnacionalizacin. Con esos propsitos, en 1964 el presidente Lyndon Johnson abandon la prdica estadounidense sobre la democracia representativa y proclam que prefera contar con aliados seguros en Amrica Latina y el Caribe (Doctrina Johnson). Veinticinco aos despus, a expensas de un costo humano de ms de cien mil muertos, adems de decenas de miles de torturados, presos y exiliados, George H. Bush era el encargado de retomar el culto a la democracia y los derechos humanos, con vistas a institucionalizarlo como pilar poltico e ideolgico de un grado superior de subordinacin de Amrica Latina y el Caribe a los dictados del imperialismo.

A raz del cambio en la configuracin estratgica del mundo, durante la presidencia de George H. Bush (1989‑1993), el gobierno estadounidense inici una reestructuracin del sistema de dominacin continental dirigida a recrudecer el bloqueo contra Cuba y profundizar su control sobre el resto de Amrica Latina y el Caribe. Esa reestructuracin comenz tras la invasin a Panam (diciembre de 1989), la derrota electoral del Frente Sandinista de Liberacin Nacional de Nicaragua (febrero de 1990) y el restablecimiento de la democracia burguesa en Chile (marzo de 1990). Con la destruccin de los restos del proceso nacionalista panameo, la derrota de la Revolucin Popular Sandinista y la consumacin de los objetivos de la dictadura de Pinochet la nica dictadura militar de seguridad nacional que an subsista, el imperialismo complet la acumulacin de premisas para construir una red de mecanismos de dominacin poltica, econmica y militar concebida complemento del esquema de democracia neoliberal que ya vena imponiendo en la regin.

Una vez concluida la pacificacin de Amrica Latina, el imperialismo reemprendi el perfeccionamiento del Sistema Interamericano que haba interrumpido en 1965. Los pilares fundamentales de esa reestructuracin son: la afirmacin de la democracia representativa como nica forma de gobierno legtima en el continente americano (pilar poltico); el inicio de un proceso de negociacin/imposicin de un rea de Libre Comercio de las Amricas y de Tratados de Libre Comercio bilaterales y subregionales (pilar econmico), y el aumento de la presencia militar estadounidense en Amrica Latina y el Caribe, y de su control sobre las fuerzas armadas de la regin (pilar militar).

Como parte de ese proceso, todos los foros, acuerdos y mecanismos regionales y subregionales latinoamericanos asumieron la llamada clusula democrtica, que prohbe la pertenencia de pases en los que no impere la democracia representativa (entindase en sistema poltico capitalista). Los objetivos de este andamiaje son: recrudecer la poltica de bloqueo y aislamiento contra la Revolucin Cubana; establecer un pacto transnacional entre las lites de la regin destinado a evitar el triunfo de nuevas revoluciones o procesos polticos populares, e implantar un mecanismo para reencauzar por vas constitucionales los conflictos interburgueses que pongan en riesgo al sistema de dominacin.

A quince aos de su inicio, qu balance hacemos de la reestructuracin del sistema de dominacin continental del imperialismo norteamericano?

Los acontecimientos ocurridos entre 1989 y 2005 permiten identificar cuatros procesos relacionados entre s: el primero es el perfeccionamiento del sistema continental de dominacin imperialista; el segundo es que ese perfeccionamiento de la dominacin agrava la crisis poltica, econmica y social que azota a la regin; el tercero es que el agravamiento de la crisis estimula el auge de las luchas populares reivindicativas, y el cuarto es que la nueva situacin obliga a la bsqueda de alternativas polticas por parte de la izquierda latinoamericana y caribea.

Lucha social y lucha poltica en Amrica Latina a partir de la dcada de mil novecientos noventa

Existe una relacin indisoluble entre la lucha social y la lucha poltica de la izquierda. Por supuesto, esa relacin tiene caractersticas singulares en cada momento y lugar. En Amrica Latina, los movimientos populares tuvieron un protagonismo indisputable en el perodo 1964‑1989. Eso obedece a que, despus de la represin inicial desatada por las dictaduras militares de seguridad nacional, fueron ellos los que lograron abrir ciertos espacios de lucha, mientras los partidos los movimientos polticos de izquierda todava estaban sometidos a una represin que, en muchos casos, provoc su desarticulacin.

A contracorriente de la avalancha neoliberal, entre los aos ochenta y los noventa, los denominados nuevos movimientos populares actan, por una parte, como refugio de dirigentes y activistas de izquierda desencantados con sus experiencias polticas, o frustrados por la imposibilidad de hacer cambios estructurales y, por otra, como medio de incorporacin, formacin y organizacin de las jvenes generaciones de luchadores. En pases como Brasil, Mxico y Uruguay, esos movimientos fueron activos promotores de los partidos y movimientos polticos en ascenso, que trataban de adecuar a las nuevas condiciones la prctica histrica de combinar la protesta social con la lucha electoral. Con este antecedente, es lgico que el protagonismo de los movimientos populares se multiplique en aos recientes, al menos, por cuatro razones: primera, porque adquirieron vida y razn propia de ser; segunda, porque la crisis socioeconmica se agudiz en extremo; tercera, porque la disgregacin fomentada por el neoliberalismo debilita a los sindicatos y otras formas tradicionales de organizacin social, y cuarta, porque la democracia neoliberal impide a los partidos cumplir, incluso en la medida limitada en que antes lo hacan, la funcin de intermediar entre el Estado burgus y la sociedad.

Varios factores determinan la complejidad de la relacin entre movimientos populares y partidos polticos de izquierda en Amrica Latina, entre los que resaltan: la diversidad y la heterogeneidad de los movimientos populares, en su mayora conformados en torno a un eje nico o principal, que en ocasiones no acopla con la integracin multitemtica de los partidos; la reducida capacidad de los partidos y movimientos polticos de izquierda de arrancar concesiones al Estado neoliberal; el rechazo a la poltica y los partidos inducido por los centros de dominacin imperialista; los traumas provocados por la manipulacin del movimiento popular en funcin de objetivos de corto plazo de muchas organizaciones de izquierda, y el alejamiento de algunos partidos de izquierda de sus bases sociales, con la esperanza de alcanzar metas electorales en funcin de las cuales estn dispuestos a respetar el statu quo neoliberal.

Como demuestra el derrocamiento de los presidentes Carlos Andrs Prez en Venezuela (1993), Abdal Bucaram (1997), Jamil Mahuad (2000) y Lucio Gutirrez (2005) en Ecuador; Fernando de la Ra (2001) y sus sucesores inmediatos en Argentina, y Gonzalo Snchez de Losada (2003) y Carlos Mesa (2005) en Bolivia, en ciertas circunstancias, los movimientos populares latinoamericanos son capaces de provocar la cada de gobiernos neoliberales. Sin embargo, en ninguno de esos casos la cada del gobierno neoliberal condujo a su sustitucin por uno popular. Solo en Venezuela y Bolivia, los dos pases de ese grupo donde surgieron liderazgos de izquierda capaces de acumular polticamente, la crisis cre las condiciones para el triunfo de candidatos presidenciales representativos de los sectores populares: Hugo Chvez triunf en Venezuela un ciclo electoral (de cinco aos) despus de la defenestracin de Prez, y Evo Morales lo hizo en Bolivia en los comicios efectuados seis meses despus de la renuncia de Mesa. En ambos casos, se trata de triunfos polticos, obtenidos por lderes polticos, que fueron capaces de unir y encauzar la fuerza de los movimientos populares cuyos intereses representan.

Las polmicas histricas sobre el concepto de poder poltico y las formas de lucha para acceder a l se replantean hoy en Amrica Latina, en virtud de los cambios en la configuracin estratgica mundial. En las condiciones del mundo unipolar, dos elementos saltan a la vista en la regin: el primero es que se desdibujan los elementos de la situacin revolucionaria cuyo flujo y reflujo caracteriz el perodo 1959‑1989; el segundo es que, por primera vez en la historia, el imperialismo y sus aliados latinoamericanos adoptan una actitud casustica frente a los espacios conquistados por partidos de izquierda en gobiernos locales y estaduales, en legislaturas nacionales, e incluso, en los gobiernos de varios pases. Significa esto que en Amrica Latina se cerr el camino de la revolucin social y se abri el de la reforma progresista del capitalismo? La respuesta es no.

Con la intervencin militar en Panam en diciembre de 1989, la derrota electoral de la Revolucin Popular Sandinista en febrero de 1990 y el retorno a la democracia burguesa en Chile (nico pas que se mantena gobernado por una dictadura militar de seguridad nacional) en marzo de 1990, el imperialismo complet en lo esencial la pacificacin de Amrica Latina, iniciada tras el triunfo de la Revolucin Cubana. En virtud de la nueva situacin mundial, el Frente Farabundo Mart para la Liberacin Nacional (FMLN) sustituy en 1992 la lucha insurgente por la lucha poltica legal. Lo mismo hizo la Unidad Revolucionaria Nacional Guatemalteca (URNG) en 1996. Un camino similar transitaron varias guerrillas colombianas, entre ellas el Movimiento 19 de Abril (M‑19). En los aos noventa, casi se extinguieron los restos de la lucha armada en el continente, menos en Colombia, donde actan las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia Ejrcito del Pueblo (FARC‑EP) y el Ejrcito de Liberacin Nacional (ELN). Sin embargo, es improbable que el conflicto colombiano tenga un desenlace militar, ni a favor del gobierno ni de la insurgencia.

En los entretelones del desmoronamiento del socialismo europeo, el reflujo de las fuerzas revolucionarias y el restablecimiento de la institucionalidad democrtico burguesa en los pases gobernados por dictaduras militares, y como consecuencia de la agudizacin de la crisis econmica y social, cuya manifestacin principal fue el Caracazo de 1989,[8] en la segunda mitad de los aos ochenta se abrieron espacios nunca antes vistos para la lucha electoral de la izquierda latinoamericana. No es casual que el fin de la bipolaridad y el reflujo de ola revolucionaria coincidieran con el mal llamado proceso de democratizacin. En la medida en que emerga el Nuevo Orden Mundial, que las organizaciones insurgentes desaparecan o se convertan en partidos polticos, y que el sistema de dominacin socavaba la independencia de la regin, el imperialismo norteamericano decidi sustituir la oposicin a todo triunfo electoral de izquierda, por un modelo, en apariencia ms flexible, de gobernabilidad democrtica,[9] que impone tantas restricciones a la capacidad de decisin y accin soberana de los Estados, que ya el problema no es tanto quin ejerce el gobierno, sino que respete las reglas del juego.

La gobernabilidad democrtica promueve lo que Zemelman define como alternancia dentro del proyecto, con otras palabras, un esquema de alternancia democrtica entre las personas y los partidos que ejercen el gobierno, pero todos ellos sometidos a un proyecto neoliberal nico, que no pueden sustituir ni modificar ms all de muy estrechos mrgenes.[10] Sin embargo, la alternancia dentro del proyecto marcha hacia el fracaso porque provoca un efecto en cadena de accin y reaccin: el proyecto agrava la crisis, la crisis potencia la lucha social y la lucha social ya comienza a acoplar con la lucha poltica de la izquierda, incluida su expresin electoral. Esa cadena amenaza con romper la camisa de fuerza impuesta por el imperialismo para anular el efecto de los triunfos de la izquierda latinoamericana.

Vale la pena mencionar el balance de triunfos y reveses de los candidatos presidenciales de izquierda entre 1988 y 2005. De veintisiete elecciones efectuadas en ese perodo en las que presentaron candidatos presidenciales de izquierda, estos ltimos sufrieron diecinueve derrotas y obtuvieron ocho victorias. Las derrotas fueron: Mxico, 1988, 1994 y 2002 (Cuauhtmoc Crdenas, PRD); Brasil, 1989, 1994 y 1998 (Luiz Incio Lula da Silva, PT); Uruguay, 1989 (Lber Seregni, FA); 1994 y 1999 (Tabar Vzquez, FA); Nicaragua, 1990, 1996 y 2002 (Daniel Ortega, FSLN); Per, 1990 (Henry Pease, Izquierda Unida); Venezuela, 1993 (Andrs Velsquez, Causa R); Colombia, 1994 (Antonio Navarro, AD‑M19); El Salvador, 1994 (Rubn Zamora, Convergencia), 1998 (Facundo Guardado, FMLN) y 2004 (Schafik Handal, FMLN) y Bolivia, 2002 (Evo Morales, MAS). Los triunfos fueron: Panam, 1995 (Ernesto Prez, PRD) y 2004 (Martn Torrijos, PRD); Venezuela, 1998 y 2001 (Hugo Chvez, MVR); Chile, 2000 (Ricardo Lagos, Concertacin); Brasil, 2002 (Luiz Incio Lula da Silva, PT), Uruguay, 2004 (Tabar Vsquez, FA) y Bolivia, 2005 (Evo Morales, MAS).[11] Si consideramos que las elecciones de Lagos, Prez Balladares y Torrijos derivaron en gobiernos de centroderecha, quedan veinticuatro elecciones, en las que se produjeron diecinueve derrotas y cinco victorias. Estas son las dos victorias de Hugo Chvez, una de Lula, una de Tabar Vzquez y una de Evo Morales.

A partir del anlisis de la relacin entre dominacin imperialista y lucha popular en el perodo 1988‑2005, concluimos que el factor predominante en la situacin de Amrica Latina sigue siendo el sistema de dominacin continental impuesto para evitar o destruir cualquier intento de revolucin social o reforma progresista. En virtud de ese sistema de dominacin, Cuba enfrenta hoy un endurecimiento sin precedentes de la poltica de bloqueo y aislamiento, y los gobiernos de izquierda de Venezuela, Brasil, Uruguay y Bolivia estn sujetos a las condiciones del esquema de gobernabilidad democrtica, que el imperialismo modifica, casi a diario, para que los presidentes Chvez y Morales no quepan bajo su sombrilla legitimadora. No obstante, a pesar de que la injerencia y la intervencin imperialista pueden ser las fuerzas predominantes en la regin durante un largo perodo, y de que en ese perodo habr avances y retrocesos del movimiento popular y de izquierda, podemos aseverar que ese sistema de dominacin perdi la fuerza avasalladora de sus primeros aos, y que ya da seales de agotamiento, entre ellas, las derrotas sufridas por el ALCA en particular, en la Cumbre de Mar del Plata, el estancamiento de varios tratados bilaterales o subregionales de libre comercio, el fracaso del Plan Colombia y la Iniciativa Regional Andina, la negativa de aceptar la presencia militar estadounidense o de concederle inmunidad a sus tropas por parte de varios gobiernos de la regin, y la incapacidad del gobierno de los Estados Unidos de imponer a su candidato favorito en la Secretara General OEA.

Al anlisis dialctico de las fortalezas y debilidades relativas del sistema de dominacin imperialista, es preciso incorporar el balance de las luchas electorales de la izquierda. Cuando los planificadores de la poltica estadounidense decidieron imponer en Amrica Latina la gobernabilidad democrtica, lo hicieron convencidos de que dentro de ese esquema no cabra ningn gobierno que desafiara sus intereses. Como esa premisa no se verific en la prctica, el imperialismo se vio obligado a actuar, de manera diferenciada, en tres escenarios:

- En Centroamrica, la subregin ms sometida a sus dictados, el temor a que triunfen los candidatos presidenciales del FSLN en Nicaragua y el FMLN en El Salvador, lo lleva a una intromisin abierta en los procesos electorales de esos pases, incluida la amenaza de repatriacin masiva de inmigrantes y de interrupcin de las remesas.

- En la regin andina, los triunfos de Hugo Chvez en Venezuela y de Evo Morales en Bolivia se produjeron, a pesar de todos sus esfuerzos para impedirlos, porque la crisis poltica y el apoyo popular a los candidatos de izquierda eran tan grandes que no pudo evitarlos.

- En el Cono Sur y Mxico, donde el PT de Brasil, el FA de Uruguay y el PRD de Mxico enfatizan el respeto al sistema poltico‑institucional, no se opuso a las victorias de Lula y Tabar como es probable que tampoco lo haga a una eventual victoria de Andrs Manuel Lpez Obrador, a partir del clculo de que puede encasillarlos dentro del esquema de alternabilidad dentro del proyecto.

Palabras finales

Los argumentos expuestos en este ensayo demuestran que en Amrica Latina no se produjo ni se est produciendo un proceso de democratizacin, ni una apertura de espacios a la reforma progresista del capitalismo, sino la imposicin de un nuevo concepto de democracia, la democracia neoliberal, capaz de tolerar a gobiernos de izquierda, siempre que se comprometan a gobernar con polticas de derecha. Otra cosa es que el agravamiento de la crisis del capitalismo latinoamericano, y la acumulacin social y poltica alcanzada en algunos pases por la izquierda, le permita a esta ltima conquistar espacios institucionales no previstos por el imperialismo, y utilizarlos de maneras que violentan, en mayor o menor medida, las premisas de la gobernabilidad democrtica.

La historia ensea que la reforma progresista del capitalismo solo prosper en aquellos lugares y momentos en que fue compatible con el proceso de reproduccin del capital. Esa compatibilidad no existe hoy, ni en Amrica Latina, ni en ninguna otra regin del mundo. Puede argumentarse que, a raz del agravamiento de las contradicciones del capitalismo, es imposible que esa compatibilidad vuelva a presentarse. De esta realidad se deriva que, tarde o temprano, el contenido popular y la envoltura capitalista de los procesos polticos desarrollados hoy por la izquierda latinoamericana entrarn en una contradiccin insostenible: solo una transformacin social revolucionaria, cualesquiera que sean las formas de realizarla en el siglo XXI, resolver los problemas de Amrica Latina.

* Roberto Regalado es dirigente del Partido Comunista de Cuba y uno de los principales nexos con la izquierda latinoamericana, participa activamente en los encuentros del Foro de Sao Paulo. El documento que se publica es la ponencia presentada el 4 de diciembre 2005 en la Conferencia de Estudios Americanos organizada por el Centro de Estudios sobre Amrica, La Habana, Cuba, (actualizada en enero 2006 para incluir la eleccin de Evo Morales como presidente de Bolivia). La ponencia presenta las ideas centrales del libro de Regalado titulado "Amrica Latina entre siglos: dominacin, crisis, lucha social y alternativas polticas de izquierda", de prxima edicin por Ocean Press. El documento tambin sera publicado en el prximo nmero de la revista "Cuadernos de Nuestra Amrica", del Centro de Estudios sobre Amrica (CEA) de Cuba.

Notas

[1] Rosa Luxemburgo precisa que quien para transformar la sociedad se decide por el camino de la reforma legal, en lugar y en oposicin a la conquista del Poder, no emprende, realmente, un camino ms descansado, ms seguro, aunque ms largo, que conduce al mismo fin, sino que, al propio tiempo, elige distinta meta: es decir, quiere, en lugar de la creacin de un nuevo orden social, simples cambios no esenciales, en la sociedad ya existente. Rosa Luxemburgo. Reforma Social o Revolucin y otros escritos contra los revisionistas, Distribuciones Fontamara S. A., Mxico, D. F., 1989, pp. 119‑120.

[2] Carlos Marx. Trabajo asalariado y capital, O. E. (en tres tomos), t.1, Editorial Progreso, Mosc, 1973, pp. 169‑171.

[3] Ver: Piero Gleijeses. Misiones en conflicto: La Habana, Washington y frica 1969‑1976, Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2002.

[4] Los procesos de reforma social progresista del capitalismo latinoamericano que se produjeron en ese perodo, casi todos liderados por burguesas desarrollistas, fueron: en Colombia, los gobiernos de Enrique Olaya (1930‑1934) y Alfonso Lpez Pumarejo (1934‑1938 y 1942‑1946); en Mxico, el sexenio de Lzaro Crdenas (1934‑1940) y el de Miguel vila Camacho (1941‑1946); en Chile, el gobierno del Frente Popular encabezado por Pedro Aguirre (1938‑1942) y el de la Alianza Democrtica presidido por Juan Antonio Ros (1942‑1946) y, en Costa Rica, los gobiernos de ngel Caldern (1940‑1944) y Teodoro Picado (1944‑1948). Por su parte, entre los proyectos populistas resaltan: en Brasil, el gobierno de Getulio Vargas (1930‑1945) y, en Argentina, el golpe de Estado de 1943 a partir del cual adquiere relevancia Juan Domingo Pern, electo a la presidencia en 1946. En 1944 es derrocada en Guatemala la dictadura de Juan Jos Ubico y, poco despus, se abre la etapa de los gobiernos antimperialistas encabezados, respectivamente, por Juan Jos Arvalo (1945‑1950) y Jacobo Arbenz (1951‑1954). Ver: Luis Surez. Madre Amrica: un siglo de violencia y dolor [1898 1989], Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2004, pp. 148‑173.

[5] Ver: Ibd., pp. 133‑148. Ver tambin: Sergio Guerra. Etapas y procesos en la historia de Amrica Latina, Centro de Informacin para la Defensa, La Habana, s/f, p. 40, y Sergio Guerra. Historia Mnima de Amrica Latina, Editorial Pueblo y Educacin, La Habana, 2003, p. 253.

[6] A las dictaduras militares de seguridad nacional se les conoce tambin como dictaduras de tercera generacin, porque son un esquema diferente a las dictaduras caudillistas que brotan de la debilidad de las recin surgidas repblicas latinoamericanas tras la independencia de Espaa y Portugal, y tambin diferente a las dictaduras creadas por el imperialismo norteamericano en Amrica Central y el Caribe en las primeras dcadas del siglo XX. La dictadura militar de nuevo tipo, que impera en Amrica Latina entre las dcadas de mil novecientos sesenta y ochenta, tiene un carcter institucional y est concebida para ejercer el poder de las armas como el nico capaz de imponer en la regin la reestructuracin poltica, econmica y social que el imperialismo norteamericano necesita para afianzar su sistema de dominacin continental.

[7] Ver: Luis Surez, ob. cit., p. 256.

[8] El caracazo fue un estallido popular ocurrido en la capital de Venezuela semanas despus del inicio del segundo mandato presidencial de Carlos Andrs Prez, a raz de la aplicacin de un paquetazo de medidas econmicas que incluy el alza de los precios de los combustibles.

[9] El concepto de gobernabilidad (governance) tiene su origen en el informe publicado en 1975 por la Comisin Trilateral, integrada por empresarios, polticos y cientficos sociales de los Estados Unidos, Europa Occidental y Japn, preocupados por la erosin del podero imperialista ocurrida desde finales de la dcada de mil novecientos sesenta. La gobernabilidad no fue concebida como una forma de democracia sino como un modelo de control social, destinado a revertir los excesos democrticos y el igualitarismo que entorpecan la concentracin de la riqueza. El culto a la gobernabilidad, rebautizada como gobernabilidad democrtica y convertida en engranaje del sistema de dominacin continental, se generaliz en Amrica Latina en los aos noventa como panacea capaz de evitar la crisis poltica, sin atender a sus causas econmicas y sociales.

[10] Lo que estamos viendo en este momento en Amrica Latina es que la democracia abierta a la alternancia de proyectos, de la cual Allende fue un ejemplo, se est cerrando. Por el contrario, existe un sistema democrtico impulsado desde los mismos organismos transnacionales como el Banco Mundial, el mismo Fondo Monetario Internacional y ni qu hablar del Departamento de Estado, que estn interesados en una alternancia, por lo tanto, en un juego de mayora y minora pero al interior de los parmetros de un proyecto nico e innegociable, y que se identifica con la democracia; de manera que cualquier idea de alternancia de proyectos es calificada de antidemocrtica por democrtica que sea. Hugo Zemelman. Enseanzas del gobierno de la Unidad Popular en Chile. En: Gobiernos de izquierda en Amrica Latina: el desafo del cambio (Beatriz Stolowicz, coordinadora), Plaza y Valds Editores, Mxico D. F., 1999. pp. 35‑36.

[11] Esos datos no incluyen al Caribe de habla inglesa donde en este perodo fueron electos gobiernos progresistas en Guyana, Dominica y Santa Luca.



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