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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2019

El libro de Christian Harbulot Lart de la Guerre conomique
Un nuevo campo abierto al anlisis de la economa real

Fernando G. Jan
Rebelin


Hay libros que nos sitan en un nuevo campo del saber, que ensanchan nuestros horizontes del pensar, que nos permite enjuiciar la realidad desde una nueva perspectiva o nos trae a primer plano de la reflexin intelectual una manera de analizar postergada, por no decir olvidada. El libro de Christian HARBULOT, Lart de la Guerre conomiqueSurveiller, analyser, proteger, influencer (VA ditions, 2018), posee esas virtudes y nos mueve a analizar la realidad econmica y empresarial con otras antiparras distintas de las habituales en medios acadmicos universitarios, pero que encajan bien en lo que podran considerarse casos particulares acaecidos en el sistema econmico, particularmente en el subsistema de planificacin segn lo entenda John Kenneth Galbraith, en el que se concentra la mayor parte del poder y donde la guerra econmica tiene ms sentido e intereses, tambin por sus vnculos (y puertas giratorias) con el sector pblico y el poder poltico.

Los mritos de Christian Harbulot son muchos, relevantes y especializados en relacin con la materia tratada, dirigiendo, en Pars, la Escuela de Guerra Econmica desde su creacin en el ao 1997, concebida por l mismo y por el general Pichot-Duclos, en relacin con el general Franois Mermet, cuya carrera viene marcada por la creacin de la Direccin de Informacin militar en 1992. De los antecedentes, desde 1990, y carrera profesional de Harbulot, pasando por el inters mostrado por generales del Estado mayor francs, hasta su incorporacin al grupo Planeta, nos da cuenta el prembulo de Philippe Baumard, subrayando que La originalidad de Christian Harbulot, particularmente en La machine de guerre conomique, es haber logrado sustraerse a su pasado de militante [maosta]. Tambin subraya el mtodo pedaggico inventado por Harbulot, que pone a sus alumnos a aprender la asimetra practicndola, sometindolos a prueba mediante casos reales y no con los manoseados estudios de caso de la Harvard Business School, que cuentan historias falsas o deformadas. Los alumnos deben practicar argumentos subversivos en batallas econmicas perdidas por adelantado; probarse en la guerra psicolgica y en los conflictos informacionales entre potencias econmicas yendo a buscar casos de vctimas de conflictos comerciales y proponindoles sostenerlos; meter en el cajn los modelos liberales de informacin perfecta e inventar criterios de interpretacin que integren estos nuevos tableros de ajedrez: la influencia, la contra argumentacin, la desestabilizacin por la informacin, la comunicacin persuasiva en las dimensiones fuera del mercado, la lgica del fuerte al dbil. (p. 14)

Christian Harbulot seala, en la introduccin, lo que persigue en este libro: recorrer, a lo largo de los ltimos treinta aos, la aplicacin de su enfoque de la guerra econmica. Desde la primera guerra del petrleo, los enfrentamientos econmicos estn en el corazn de las relaciones internacionales y su evolucin: petrleo, gas, agua, materias primas, o la potencia econmica de China, estn en la base de la confrontacin; tambin el intento de evitacin de la moneda americana para los intercambios por parte de Rusia e Irn; o la bsqueda y descubrimiento de nuevos recursos en los ocanos o bajo la capa de hielo polar. Aparecen nuevas fuentes de tensin entre estados y entre grupos industriales, al margen de la competencia, falsendola con nuevas barreras proteccionistas, nuevas formas de dumping, mediante leyes restrictivas sobre la propiedad intelectual, o, incluso, con mtodos coercitivos como la aplicacin extraterritorial de sus normas legales por parte de los EE. UU., arma de presin econmica a no dudarlo a la que se somete el resto de los pases occidentales sin rechistar y para vergenza de quienes enarbolan discursos sobre la soberana, como Francia. Internet ha abierto la puerta a una nueva evolucin de los conflictos, dando a la guerra econmica una dimensin multipolar y multidimensional.

Es la guerra econmica un nuevo arte de la guerra?, se pregunta Harbulot a modo de ttulo del primer captulo. Tomando pie en una cita de la obra de Sun Tzu, El arte de la guerra (vase mi comentario en [email protected] N. 83, julio-agosto 2016: Sunzi y su libro El arte de la guerra. Editorial Trotta, S. A. Sptima edicin: 2010): la de que ms vale vencer al enemigo sin combatir, y seala que la mayor parte de las acciones de guerra econmica son de esa naturaleza indirecta, que pueden darse entre potencias bien durante una guerra militar: mediante bloqueos, cierre de los ejes de intercambio, destruccin del aparato industrial del enemigo, bien en tiempos de paz: mediante embargos, sanciones diversas, pillaje tecnolgico, depredacin comercial. En el caso de enfrentamiento competitivo, se trata, ms bien, de trampas puestas al adversario para hacer fracasar sus estrategias de desarrollo, echarle de un mercado, crearle dificultades financieras, o fragilizar su enfoque comercial, para socavar su imagen (p. 21).

Nos brinda su comprimida sntesis de la guerra econmica en sus hitos histricos, siempre bajo el objetivo de querer unos pueblos enriquecerse a costa de otros; su nueva dinmica de origen asitico, con Japn como precursor intentando deshacerse del yugo de la colonizacin occidental tras la II Guerra Mundial, logrando convertirse en la segunda potencia mundial a finales de los aos 80, pero frenada luego por la entente entre los EE. UU. y Europa. Corea del Sur emprendi, tras la guerra de Corea, un camino similar al iniciado por Japn; pero ha sido China el mejor ejemplo de esa interiorizacin asitica, resultado de la combinacin de dos voluntades: la bsqueda del poder y la lucha contra los invasores. La primera ha sido teorizada por Sun Tzu en el siglo V antes de J-C. La segunda por Mao Tse Tung [] el primero puso en perspectiva las relaciones evolutivas entre el fuerte y el dbil. El segundo la ha enriquecido en el siglo XX con los principios del dominado y el dominante. (p. 26) Aunque traducidas sus obras principales, los occidentales no han asimilado su significacin, centrada su atencin en los escritos de Macchiavello, digamos de paso que olvidadizos tambin, muchas veces, del rey Fernando el Catlico, del que Baltasar Gracin escribiera El Poltico en el ao 1640.

Los anlisis y lo que son ms que ancdotas que nos cuenta Harbulot sobre China, as como su encuadre de guerra econmica, nos abrirn los ojos y fundamentarn algunas intuiciones, impresiones o aprensiones que podamos tener con respecto al gigante asitico, que ha sabido utilizar las armas del dbil para no ser dominado. Son ejemplos esclarecedores los del tecno globalismo de Japn, cortocircuitado por los occidentales; las denuncias de pagos de los conglomerados (chabolas) coreanos del sur a la confidente de la presidenta Park-Geun-Hye, desarticulando en parte el ncleo estratgico del aparato industrial sudcoreano, con cuotas de mercado crecientes en los mercados usamericanos y europeos. Occidente, disimulando sus intereses tras un cuerpo de valores morales bajo el nombre de liberalismo, no se ha percatado de que el dbil se ha reapropiado de la retrica del discurso capitalista para invertir la relacin de fuerzas. Brillante idea. Su anlisis de los tres grupos de intereses contradictorios en los EE. UU., es de sumo inters, saznese con mi artculo publicado en el ao 2012: Polticos: entre grandes empresas y poblacin ( http://www.rebelion.org/noticia.php?id=158721 ), complementaria de su afirmacin siguiente: La potencia de un Estado o de una firma multinacional se expresa sobre todo por la capacidad de hacer a los pases dependientes de sus tecnologas, de su influencia financiera y de su influencia en la definicin normativa de las nuevas reglas de la economa de mercado. (p. 35)

En el captulo 2, Las mutaciones de la guerra econmica, retoma la evolucin de la guerra econmica, resaltando y apoyndose en los cambios destacados: antes de la revolucin industrial, los que trajo esta, los que sobresalieron en la primera mitad del siglo XX al paso de los acontecimientos, en primer lugar la revolucin bolchevique de 1917, el uso que hicieron de la III Internacional y de la fe de los proletarios comunistas para hacer llegar a la patria del socialismo tcnicas y saberes capitalistas para el desarrollo industrial. Vendra luego el espionaje industrial alemn durante la Repblica de Weimar para contrarrestar las limitaciones impuestas por el Tratado de Versalles. Lleg la II GM y el hacerse con los conocimientos de los sabios e ingenieros nazis en sectores punta de la industria armamentstica, y luego las concesiones econmicas europeas a los usamericanos a cambio del plan Marshall, hasta, pasados los aos, durante los que Francia rompi la ley del silencio, con el general de Gaulle enfrentndose al poder usamericano en diversos dossiers econmicos de envergadura.

Situados en el ao 1990, el autor trata de casos reales significativos y las tcticas y las armas utilizadas, as, en el enfrentamiento entre dos grandes empresas informticas (una francesa y otra no) para obtener un contrato para la informatizacin de una red de agencias fiscales en Polonia; o entre dos empresas francesas, con el enfrentamiento entre Gmez y Lagardere (empresas Thomson y Matra); o el caso, no ya de conquistas de mercado, sino de penetracin sutil por tercero interpuesto para evitar la imposibilidad, como es el caso de EE.UU. y Vietnam tras la guerra, consiguiendo la dependencia continuada de un pas necesitado (Vietnam y su sistema cartogrfico) por los servicios de consultora y servicios continuado, frente a una propuesta francesa ms circunspecta al proyecto en s, que dio lugar a algunas teorizaciones conocidas como social learning (p. 47). La ayuda humanitaria vino a sumarse a esta tcnica de disimule de objetivos estratgicos, es el caso de la US Agency for International Development (USAID), creada en 1961(en 1999 Bill Clinton la pondra bajo el control del Departamento de Estado), con el objetivo de recuperar el control poltico influyendo sobre los habitantes. El autor nos recuerda la teora de Antonio Gramsci sobre la hegemona cultural y como el social learning permite escabullirse del control de procesos evidentes de hegemona cultural mediante Promotores indoloros e incoloros (consejeros humanitarios, consultores, miembros de la sociedad civil) han utilizado la cultura general, la psicologa y la lingstica (p. 51 y ss., donde encontraremos tambin el concepto de resiliencia, o capacidad de una organizacin para superar una crisis mayor o anticiparla, si es posible) para conseguir fuentes de informacin y objetivos en teatros de operaciones civil-militares, como le inform un oficial francs a su retorno del sudeste asitico. Otro ejemplo que desarrolla es el de la Fundacin Rockefeller con motivo de la eleccin de la ciudad de Pars entre las 100 Ciudades Resilientes sostenido por esa Fundacin.

En el captulo 3, el autor nos gua en la comprensin de la dialctica del fuerte y el dbil, empezando con el ejemplo de la empresa oftalmolgica mundial Tha, atacada con falsedades sobre la seguridad de sus frascos. El atacante era el laboratorio monegasco Europhta, siendo finalmente condenados en justicia el presidente-director general y sus colaboradores responsables de la difamacin orquestada, que revela, para el autor el modo de construccin cognitivo de una ataque informacional. (p. 61)

Si la historia humana se ha basado en que el fuerte siempre gana frente al dbil, Internet ha dado al dbil una capacidad armamentstica informacional indita, alterando aquel orden natural. El fuerte, representado por los Estados, los medios financieros y las grandes empresas multinacionales, dej de ser ya la nica fuente mayor de innovacin en la prctica de la guerra econmica. (p. 62, pero el realce en negritas es mo) El objetivo del dbil deja de ser el beneficio y pasa a convertirse en la reivindicacin de una moral ciudadana a imponer a los medios empresariales cogidos en falta. La guerrilla informacional surgida de la sociedad civil ha cobrado carta de naturaleza. Ah estn los ejemplos de Perrier en relacin con la salud pblica; de Shell con el medio ambiente; de Ford y la fiabilidad tecnolgica; y de Belvdre en relacin con el derecho, que siendo fuertes pasaron a ser dbiles por no respetar principios elementales de buena fe. El autor desarrolla esos ejemplos y aade algn otro, como el de la Unin des Industries du Textil, amenazado en sus mercados por decisiones europeas en los aos 90, y el del ataque de la BNP francesa a la tambin francesa Socit Gnrale, mediante una Oferta Pblica de Intercambio de Acciones en 1999, que fracas merced a una guerra informacional en la que el dbil se haca fuerte por medio de la influencia en la colectividad. El fuerte se convierte en dbil en la guerra de la informacin. Las innovaciones narrativas del storytelling, arma del poltico y del militar, no invalidan la fuerza del dbil y su retrica emocional (p. 73), pues la palabra de ste vende ms.

El tratamiento del dominante y el dominado lo encontramos en el captulo 4, que empieza con una extensa cita de Mao que sintetiza la relacin entre ellos en una confrontacin ideolgica. Harbulot reivindica que esta dialctica est presente frente al discurso neoliberal y los creyentes en la ciudad planetaria, que consideran que la guerra econmica ha desparecido gracias a la apertura de mercados y el advenimiento de la democracia mercantil. l cree que las prcticas subversivas de la extrema izquierda tras la IIGM prefiguraban la intrusin de la sociedad civil en la vida econmica. (p. 88). Sita la primera victoria del dbil en el ao 1998, en la lucha contra el Acuerdo Multilateral para la Inversin y nos muestra el proceso por etapas, que luego dara nacimiento al movimiento antimundializacin. Un enfoque subversivo de la guerra econmica pasa por poner a la luz lo que el adversario oculta en sombras. Este captulo, considerablemente ms breve que el anterior, se centra ms en actos de la poltica mundial que no en empresas y saldr a la palestra Edward Snowden, consultor de la National Security Agency, con sus revelaciones, en el ao 2013, del espionaje americano contra pases aliados, en el que la ley del ms fuerte someti al silencio a los dbiles pases europeos. Su visin del marco geopoltico en el que se ha de desenvolver el futuro es claro: Los pases de la UE tienen divergencias insuperables sobre diversos dossiers; Rusia y China, potencias dominantes, estn vinculados a su pasado; en cuanto a los EE. UU., con cierta irona o retintn nos dice que es para algunos nuestro mejor aliado, pero que ha comprendido que su destino se construye sin nosotros.

El combate por la informacin es el ttulo del captulo 5. En nota al pie (n. 65) nos aclara el significado con que usa metafricamente la palabra tablero y lo define como un espacio sobre el cual cohabitan diferentes actores con intereses convergentes y/o divergentes. Es la representacin por tableros la que permite ir ms all del mero empirismo empresarial y comprender los enfrentamientos econmicos, y son: el de la competencia, el institucional y el de la sociedad civil, con gran permeabilidad entre ellos, indispensables para estudiar la guerra de la informacin que opone a las empresas, por lo que el autor las desarrolla en este captulo aprovechando casos reales, como el de Danone y la dioxina de los envases en Rumana, con consecuencias no desdeables: una bajada de las ventas de un 20% y dao en la imagen del grupo en el pas. Otro ejemplo es ms cercano a nosotros, entre los aos 2007 y 2008: el enfrentamiento entre el grupo francs Eiffage y el grupo espaol Sacyr, cuyo presidente, Lus Del Rivero fue inculpado por difundir informaciones falsas. En el tablero geopoltico, el ejemplo es del ao 2015, con la empresa francesa Veolia abandonando el mercado israel tras veinte aos de presencia y sufrir una campaa de boicot iniciada en la sociedad civil palestina, con consecuencias en los mercados pblicos en Europa y en EE. UU. Una confrontacin de orden interno la ejemplifica con la empresa francesa de cartn ondulado Otor y el fondo de inversin americano Carlyle, accionista que finalmente quiso hacerse con la empresa. El resto del captulo nos introduce en los mtodos de desestabilizacin de la informacin y la evolucin de esta clase de ataques y el modus operandi.

El ltimo captulo antes de las conclusiones, el 6 tiene un ttulo provocador: Osar vencer. Empieza con un sucinto (casi dan ganas de decir una nonada) recorrido de las guerras econmicas a travs de la historia de Francia desde Louis XI hasta De Gaulle, en dos pginas, lo justo para tener nocin de ellas. A destacar, su opinin de que Desde 1945, Francia y ms ampliamente Europa, han vivido globalmente bajo la influencia militar, econmica, cultural y educativa de los Estados Unidos de Amrica. (p. 126), afirmacin que considero rotunda verdad, resaltando yo la cultural y la educativa, que pocas veces se recuerda. Igualmente comparto su severa crtica a las elites francesas por su sumisin a los intereses usamericanos durante la guerra fra. En este captulo encontramos el caso Gemplus, empresa francesa inventora de tecnologa punta con el chip aplicable a los pagos por tarjeta, a los telfonos mviles (SIM) y a la seguridad (cifrado), frente al inters de los EE. UU., con la CIA y la NSA como posibles actores de trastienda del fondo de inversiones TPG. La Escuela de Guerra Econmica particip en la tarea de alumbrar lo oculto con xito.

Bajo el epgrafe La emergencia de una necesidad de solidaridad estratgica, Harbulot nos sita en el mundo actual y la necesaria comprensin por el Estado de las nuevas necesidades para preservar los logros socioeconmicos de su poblacin, y, aunque su reflexin se ilustre con el caso de Francia, no es difcil de extenderla a otros Estados; as por ejemplo la necesidad de replanteamiento de qu sea lo estratgico hoy para un Estado, o nuevas prioridades reforzando la nocin de inters general a travs de la solidaridad estratgica, definida como decisiones de medio/largo plazo para preservar el bien comn. (p. 135), que implica ir ms all de los intereses individuales y evaluar crticamente la bsqueda del beneficio a corto plazo. Aproximacin sta que va ms all de la restrictiva visin militar de la defensa econmica y cuestiona la definicin de intereses estratgicos validada por la Comisin Europea, yendo ms all tambin del pensamiento soberanista, focalizado en la nocin de independencia.

Harbulot atribuye a EE. UU. el nacimiento del mundo inmaterial, en relacin con la aparicin de Internet, con origen en el departamento de Defensa americano. Nuevo tablero de juego en el que EE. UU. tuvo que enfrentarse a cuestiones estratgicas, teniendo en su territorio diez de los trece servidores mundiales, adems de haberse preservado un derecho de fiscalizacin sobre la atribucin de direcciones IP, por ms que sea bajo una sociedad privada de derecho californiano (ICANN). Internet cobr carta de naturaleza en tanto que instrumento de poder, y, pese a pasar inadvertido, durante el segundo mandato del presidente Bill Clinton, las autoridades americanas ya expresaron su deseo de ser lderes mundiales en el comercio de la informacin privada. Lo que conjuntamente con otros elementos constituye lo que para algunos manifiesta la voluntad de conquista del mundo inmaterial, con consecuencias en trminos de relaciones de fuerza, excediendo lo meramente tecnolgico.

Fernando G. Jan es doctor en Economa. Profesor titular del Departamento de Economa y Empresa de la UVIC-UCC.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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