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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2019

Oda al pueblo rebelde afgano

Hjalmar Jorge Joffre-Eichhorn
Ctxt


Una poesa del coraje, una poesa compuesta por varias generaciones que fueron obligadas a vivir una vida sin futuro y sin embargo nunca dejaron de soar y luchar por un futuro con vida

*

Imagnese estar en medio de una manifestacin poltica multitudinaria, la primera en muchsimos aos, en plena capital de su pas. Imagnese gente de toda ndole con sus pancartas, sus eslganes y sus demandas, exigiendo un poquito ms de vida y dignidad no solamente para si mismos sino para la sociedad en su conjunto. Imagnese gente expresando, mejor dicho encarnando, toda una ecologa de afectos profundos (rabia, dolor, amor, solidaridad...) que se fecundan mutuamente y que hacen que el aire que se respira tenga un sabor exquisito nunca antes degustado, nunca antes ni siquiera fantaseado, un sabor indescriptible con palabras, pero palpable con el alma, a poesa. Poesa en su sentido literal de dar luz a algo que antes no exista. Nuevos cuerpos. Nuevas almas. Y en un sentido mucho ms profano pero sin duda no menos importante: nuevas posibilidades de estar en el mundo, de sobrevivir y de perdurar. Vivir y durar. Vidurar. Queremos vidurar!

Es eso lo que miles de cuerpos y almas poticos corean aquel viernes de sol agobiante y esperanza desbordante en Kabul, Afganistn. Queremos vidurar! Queremos vivir durando y durar viviendo! Basta ya de muertes prematuras y vidas abreviadas! Imagnese ahora dos jvenes en medio de esta bella multitud gritando estas mismas consignas, con el mismsimo fervor, y de repente boom! Le vuelvo a pedir: Imagnese ahora dos jvenes en medio de esta bella multitud gritando estas mismas consignas, con el mismsimo fervor, y de repente boom! Los dos jvenes, cada uno cargado de varios kilos de explosivos, se han explotado, creando as un cementerio de cuerpos, almas y sueos despedazados, literalmente despedazados. Se acab la poesa. Comienza el slvese quien pueda. La gente corre por su vida. Cada una por si misma, sin piedad de nadie. Los ms dbiles mueren pisoteados.

Ay, perdn. Le pido disculpas. Me equivoqu. De hecho, no fue as. Imagnese lo que de verdad pas. Los dos jvenes se explotan, despedazando a decenas de personas. Sangre en todas partes. Los cnticos se convierten en un mar de gritos y llantos. Mucha gente corre por su vida (por supuesto que s), pero tambin hay aquellos, y no son pocos, lxs que inmediatamente se dedican a organizarse para atender a lxs cientxs de heridxs e identificar a los muertos para que puedan ser enterrados con un mnimo de dignidad. Usted debe preguntarse cmo es eso de identificar a lxs que acaban de ser despedazadxs. Se lo voy a contar en seguida. Imagnese un grupo de aproximadamente 25 personas, supervivientes de otro ataque suicida, el quinto dentro de dos semanas, todos ellos en el mismo barrio de Kabul. Estas 25 personas, luego de haber apenas sobrevivido lo que posteriormente ser recordado como una de las ms brbaras atrocidades cometidas en 40 aos de guerra ininterrumpida en el pas, y a pesar de su estado de choque y su abismal sentimiento de dolor y rabia acompaado por un profundo deseo de querer estar entre los muertos para por fin dejar de vivir muriendo, estas 25 personas se entregan ahora a recoger y recomponer los cuerpos desmembrados de sus compaerxs de lucha. Imagnese una joven veinteaera con la pierna de un nio en la mano y la cabeza de su mejor amiga en la otra. Imagnese un seor de bastn llorando desconsoladamente mientras alza un torso vestido con una camiseta de Messi. Algunos cuerpos se recomponen. La mayora no. Imagnese el momento en el que llegan los parientes de las vctimas y lo nico que reciben por parte de nuestrxs 25 amigxs son unos cuantos dedos, brazos u orejas de sus seres queridos. Imagnese que muchas de las personas que dejaron sus vidas luchando por un Afganistn ms vivible para todxs, independiente de su estado de (des-)composicin, no sern nunca recibidos por nadie, porque sus familiares viven en algn lugar del campo y solo se enterarn de sus asesinatos das o incluso semanas despus.

Pero esta absurda pesadilla no termina ah. An hay que enterrar a los muertos antes de que el gobierno los haga desaparecer, manipulando el nmero de vctimas para as disimular su absoluta falta de capacidad de satisfacer las necesidades bsicas del pueblo afgano, comenzando por el derecho a la vida y la integridad fsica y mental de cada unx de los casi 35 millones de habitantes del pas. Tenemos menos de 24 horas. Imagnese como dentro de pocos minutos, en plena noche, y pese al desgarrador desconsuelo individual y colectivo, se forma una especie de junta vecinal de emergencia para dividir y efectuar las tareas ms urgentes, entre ellas hablar con las familias de las vctimas identificadas para ver si estn de acuerdo con un entierro poltico (es decir, un entierro colectivo y comunitario en vez de individual) y definir dnde enterrar a los muertos (es decir, o en unos de los innumerables cementerios barriales de la ciudad u ocupando, s ocupando, un sitio con considerable valor simblico para no permitir que se olviden las victimas inocentes de esta guerra sin fin ). Adems, hay que contactar a los varios morda shoye que tienen la difcil responsabilidad de preparar los cadveres para la ceremonia funeraria el da siguiente. Imagnese como a las 22:30 te entregan un bulto sangriento compuesto por algo que apenas unas horas antes era un ser humano de 21 aos, posiblemente un estudiante de filosofa o vendedor de pjaros, aficionado de las cometas o del cricket anglo-colonial y con sueos sencillos como un da poder despertar sin miedo de que l o alguien de su familia, camino a la panadera, pierda la vida por el ms reciente juguete mortal del complejo industrial-militar estadounidense o por un pobre burro-bomba (aunque no me creas, existen los burro-bombas, burritos insurgentes nitroglicerinos).

A propsito, disculpa que te haya comenzado a tutear, pero despus de haberte contado cosas tan ntimas y dolorosas, y gracias a tu capacidad de escucha y lectura solidaria, siento que existe una cierta complicidad entre nosotrxs. Ay, gracias por tu presencia. Da mucha fuerza. No te puedes imaginar cuan solo se siente uno, inundado por toda esta tristeza sofocante. Te agradezco mucho. Estars siempre bienvenidx aqu.

Volviendo a lo del entierro. Se tom la decisin de hacer el entierro poltico, ocupando un sitio simblico en la ciudad. Imagnate el da siguiente, un centenar de personas, en su mayora varones, reunidas a pocos minutos de distancia del parlamento nacional, en un cerro que hasta ayer serva como un lugar de pcnic ahora convertido en un espacio de resistencia contra la cultura de la muerte y la impunidad en Afganistn. Imagnate como estas personas, todos armados con palas y picos, cargados con una inmensa furia e infinita agona, comienzan a cavar con sus propias manos, repito: comienzan a cavar con sus propias manos, una humilde fosa comn, lo suficientemente grande para recibir con lgrimas (es cierto, las fosas tambin lloran) lo que resta de los cuerpos de Ftima, Abdullh y Taman, pero eternamente pequeo para acoger con ternura todos estos sueos y anhelos masacrados, todos estos talentos e inteligencias aniquilados, todas estas sonrisas y alegras exterminadas. Las tumbas no fueron hechas para cobijar las sonrisas genocidadas de un nio incinerado. El entierro termina con una oracin ahogada en un tsunami de lamentos. El aire se vuelve irrespirable. Escuchemos y sintamos. ()

Luego la gente regresa a casa (Imagnate como estarn las mujeres que, mientras lxs otrxs cavaron, se han dedicado a preparar la casa para el fatiha , el velorio, recitando continuamente una de las azoras del Corn para que sus hijxs descansen en paz). Imagnate el cansancio que sienten estxs excavadorxs humanxs. Sus cuerpos fatigados, ojos vacos y corazones derrotados. Su impotencia absoluta. Todxs estamos al borde de la locura. Nadie habla. Afliccin sin cura. Muerte por agotamiento. Hay elegas que solo se expresan con silencios y miradas. Escuchemos y sintamos. () Nos servimos un t. Y por increble que parezca los nimos resucitan. Las bocas cobran vida y formulan nuevos deseos. Vuelve la poesa. Es una poesa muy modesta, una poesa del coraje, una poesa compuesta por varias generaciones de afganxs que fueron obligadxs a vivir una vida sin futuro y sin embargo nunca dejaron de soar y luchar por un futuro con vida. Escuchemos y sintamos. ()

P.D.: Las protestas continan a diario y de manera polifactica. Aqu nadie se rinde. Imagnate juntarte a la lucha para juntxs acabar con la guerra y construir la paz, con justicia y dignidad. Te animas?

Hjalmar Jorge Joffre-Eichhorn es practicante del Teatro del Oprimido boliviano-alemn. Trabaja en Afganistn desde 2007, donde junto a un grupo de activistas afganxs fund la Afghanistan Human Rights and Democracy Organization (AHRDO; www.ahrdo.org), plataforma de teatro poltico y accin directa con sede en Kabul.

Fuente: https://ctxt.es/es/20190206/Firmas/24319/afganistan-kabul-terrorismo-hjalmar-jorge-joffre-eichhorn.htm



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