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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 15-02-2019

La ancianidad

Jaime Richart
Rebelin


Segn parece, despus de Japn Espaa es el pas con la tasa ms alta de esperanza de vida. Dato que paradjicamente est empezando a dar problemas a los depredadores del marco neoliberal y especialmente a los de la sociedad espaola. El incremento de ancianos longevos en este pas alarma a los necios del sistema. Me refiero a los economistas y politicos adictos al rgimen econmico existente que, por eso mismo, por ser adictos, son incapaces de considerar las cosas desde otros puntos de vista; estrbicos o miopes que quiren ignorar enfoques que, aun dentro del sistema mismo, pueden aportar soluciones a ese problema artificialmente generado. Por ejemplo, la reforma fiscal profunda para un ms justo reparto de lo que se produce, sin necesidad de recurrir al socialismo real. Socialismo en el que muchos despiertos y aun acomodados pensamos cuando se hace patente la obstinacin de los dirigentes polticos, bancarios y financieros en favorecer a las clases ya opulentas y acomodadas, en detrimento grave de los derechos de las clases populares. Pero es que su deformacin y su falta de imaginacin llegan tan lejos que, en lugar de buscar la solucin en polticas sociales radicales prefieren inducir al suicidio a la poblaci nanciana. Y no se crea que no ha de hacer estragos esa actiud poltica antihumanista, en mentes ya dbiles como dbil est ya su cuerpo... Es ms, habra que indagar cuntos suicidios de ancianos no obedecen a esa causa. Pues bien, pese a ser una bajeza moral cercana a los mtodos que se atribuye al nazismo, se extiende desde Europa hasta Japn. El ministro de economa nipn no hace mucho hizo un llamamiento en ese sentido a la poblacion de su pas: que los ancianos deben morir cuanto antes para salvar la economa! Y hay que tener presente que el suicidio en aquel pas es ms frecuente de lo que es en occidente por unos u otros motivos . Pero Europa tampoco se ha librado de la abominacin. Ms o menos el mismo llamado hizo la directora del Fondo Monetario Internacional, que es francesa, y la sede del organismo est en Europa.

El caso es que, pese a quien pese, Espaa alberga una enorme nmina de longevos que debiera enorgullecernos cuando en numerosos pases del orbe no se alcanza la cincuentena. Pero est visto que alcanzar los 80 aos ha dejado de ser un honor. O sigue sindolo, pero ultrajado por esos y esas que maldicen la ancianidad por lo que sea, sin pensar que tambin ellos y ellas desean llegar a viejos aunque no lo merecen y s en cambio por malnacidos merecen el infierno de los injustos...

Yo soy anciano. Tengo 80 aos. Y puedo atestiguar que la ancianidad es un privilegio doble que vale la pena vivirse y que, naturalmente, no se puede disfrutar sin llegar a ellos. Porque pese a la alta esperanza de vida entre nosotros, el hecho de llegar a la vejez por s solo lo es. Y porque a condicin de no tener muy quebrantada la salud, lo primero que descubre el anciano es que poco a poco ha ido desapareciendo en l la idea angustiosa de la muerte que le ha asaltado a lo largo de su vida por cualquier motivo, en la medida que ha ido perdiendo la capacidad de asombro. Es ms, el anciano termina encariado con la idea de la muerte. Pues en ella ve una liberacin de las tribulaciones de la vida: aun la ms grata. Y por otro lado, ha cedido ya el deseo, tanto de lo material como de lo inmaterial. Al menos el deseo de lo que razonablemente no es deseable bien porque es imposible conseguirlo, bien porque es absolutamente enfermizo. (La ambicin desmedida de poder y la codicia que en otro caso atacan a algunos ancianos generalmente varones, en lugar de hacerles ms placentera la vida se la hace ms insoportable que al anciano comn).

As es que, desaparecidos el miedo a la muerte y el deseo causante de sinsabores y desgracias, ya est el anciano en condiciones de encontrarse con dos valores inestimables: la esperanza y la confianza. La esperanza en una vida ultraterrena cuya forma y naturaleza no vale la pena esforzarse intilmente en descifrar pero en todo caso feliz, y, en otro caso, la confianza en la nada en cuyo caso nada tiene uno que perder. Esas dos alternativas disipan en el anciano la angustia de la muerte y la incertidumbre del despus, potenciadas por algunas religiones, unas veces, por el nihilismo que lleva al espanto ante el vaco, otras, por la ignorancia del saber a medias, otras, o por la ignorancia extraa, en fin, que encierra el mucho saber: cuatro generadores de pavor y de angustia, mil veces ms perturbador es para el espritu que la ignorancia absoluta del ser vivo que no ha sido todava amaestrado...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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