Pero no bien volvieron a gobernar han mostrado cuan demaggico era ese reconocimiento. Han demostrado que no han aprendido nada de la realidad, aun con las duras derrotas que les fueron propinadas. Podran, a lo mejor, apelar a la vieja idea de la tercera va, diciendo que no tanto mercado, no tanto Estado, al viejo estilo de Tony Blair.

Pero no, no han revelado ningn tipo de imaginacin, ni siquiera al nivel del discurso. Se han puesto, de inmediato, a imponer la prioridad del ajuste fiscal. Porque a esto se reduce su frmula, de nuevo y siempre: recorte de gastos pblicos, prioritariamente de las polticas sociales, de los sueldos de los empleados pblicos, privatizacin de patrimonio pblico, desregulacin de la economa, apertura hacia el mercado externo. Ni ms ni menos de lo que haba tenido tanto xito, en sus inicios, all por los aos 1990.

La vieja cantilena de que los problemas de nuestras economas vienen de los gastos excesivos del Estado y que, por lo tanto, su solucin requiere el adelgazamiento de ste, que los derechos sociales estn de ms y que se ha vivido por encima de las posibilidades (esto es, los pobres habran dilapidado el crecimiento econmico y ahora tienen que ser puestos de nuevo en su debido lugar de mano de obra barata y disciplinada), todo para que los ricos puedan seguir viviendo por encima de nuestras posibilidades.

Como resultado, las economas han vuelto a ser recesivas, los dficit pblicos han aumentado ms todava, la inflacin no ha sido controlada. Es decir, el peor de los mundos para la gran mayora; no obstante, como deca Shakespeare, hay una lgica en esa locura: para que alguien gane, la gran mayora tiene que perder.

Son los bancos, el capital financiero, la especulacin financiera, es decir, una nfima minora que atesora ganancias gigantescas, como vienen demostrndolo sin ningn pudor cada mes los balances de los bancos. De hecho, s hay dinero, pero est en manos de los que no tienen inters en hacer inversiones productivas, menos todava en generar empleos; en manos de los que viven del endeudamiento de los gobiernos, de las empresas y de las familias, que cuanto ms endeudados estn, ms ganancias aportan a los bancos. Es la lgica de la locura de nuestras economas.

Y los gobiernos neoliberales actan en funcin de maximizar esas ganancias parasitarias, estn ya directamente en manos de ejecutivos de los bancos privados, sin ms intermediaciones. Gobiernos as estn condenados a la falta de apoyo popular en tanto que su prioridad es concentrar la renta, la exclusin social, la produccin de recesin y de desempleo. Por esta razn, incluso sus bases, formadas por las capas intermedias de la sociedad, tienden a manifestar un descontento creciente, dejando al gobierno aislado de la sociedad.

La forma de sobrevivir es el archiconocido guin: menos pan, ms palos. Sea por la represin directa, que tiene lmites, sea por la reformulacin del sistema poltico y jurdico, para tratar de impedir que ese descontento creciente alimente alternativas antineoliberales, que afectaran al corazn mismo de los intereses del gran capital, siendo esa la razn de que el poder judicial y la polica vengan desempeando un rol fundamental evitando que el descontento social se traduzca en fuerzas polticas fuertes en la oposicin.

Un modelo como el neoliberal, hoy da, no tiene ninguna capacidad hegemnica, siendo esa la razn por la que requiere un estado de excepcin para instalarse y para mantenerse en el gobierno. Necesita perseguir e intentar impedir que los liderazgos que representan visiones radicalmente antagnicas puedan ser candidatos: ah estn los casos de Lula, Cristina y Rafael Correa.

No es posible un gobierno neoliberal que no sea blindado por estructuras de excepcin. El neoliberalismo solo puede sobrevivir protegido por un estado de excepcin. La lucha antineoliberal es as indisociable de la lucha democrtica, de resistencia a la instalacin de estados de excepcin.