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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2019

Los verdaderos muros de la democracia estadounidense

Jorge Majfud
Rebelin


Los muros de la democracia estadounidense son de dos gneros: uno es cultural y el otro estructural. Ambos, con un antiguo objetivo: mantener el poder en manos de una minora que se representa como mayora.

Veamos el muro cultural, primero, pero empecemos por su lado positivo. Los llamados "Padres fundadores" fueron una elite de intelectuales, reflejo de las nuevas y radicales ideas europeas que, m s o menos, encontraron un espacio en el nuevo continente que no tenan en el viejo, de la misma forma que lo hizo el cristianismo en Europa y no en la Palestina juda. Es decir, un territorio menos codiciado por los imperios del momento y menos acosado por la tradicin milenaria de ideas fosilizadas. Thomas Jefferson se haba hecho ciudadano francs antes de ser presidente de Estados Unidos y todos los dems tenan, de alguna forma, una profunda admiracin por los filsofos de la ilustracin, sino directamente por la cultura francesa. Las ideas de Jefferson, como la de los otros fundadores, no sintonizaban mucho con el resto de la poblacin, al extremo de que sus libros fueron prohibidos en muchas bibliotecas bajo la exagerada acusacin de ser ateo. La idea de crear un muro espeso que separase religin de gobierno era demasiado radical.

Sin embargo, esta elite fundacional comparta con el resto la desgracia del racismo y de la doble vara. El genio de Benjamn Franklin no quera una inmigracin que no fuese blanca y anglosajona. El sabio de Thomas Jefferson no slo abus de una menor a la que hizo madre varias veces, sino que, adems, nunca la liber por ser mulata. La hermosa esclava, Sally Hemings, era la hija ilegtima de su suegro con otra esclava. Por no entrar en la larga y persistente historia de leyes racistas que van desde la idea de la no humanidad de los negros hasta el desprecio de los latinoamericanos por su condicin de hibridez, como las mulas, algo que, segn los periodistas y congresistas del siglo XIX, no agradaba a Dios. El asco por los chinos, por los irlandeses (antes de convertirse en blancos asimilados), por los indios y por los mexicanos complet el mapa del desprecio y el despojo a todo lo que no era anglosajn y protestante. La hermosa frase We the people asuma, de hecho, que con eso de el pueblo no se referan ni a los negros, ni a los indios, ni a nadie que no perteneciera a la raza de los fundadores.

Pero Jefferson estaba en lo cierto cuando dijo que la tierra les pertenece a los vivos, no a los muertos. A los padres Fundadores (y a los lderes que les siguieron) se los suele disculpar porque eran hombres de su tiempo; no se puede juzgar a alguien que vivi hace doscientos aos con los valores de hoy. Sin embargo, un par de aos despus que Jefferson dejara el gobierno en Estados Unidos, un militar rebelde llamado Jos Artigas, quien estaba contra el abuso militar en el gobierno y a favor de una democracia ms directa, apenas tom control de la Unin de los Pueblos Libres (lo que hoy es Uruguay y parte de Argentina) reparti tierras a blancos, indios y negros bajo el lema los ms infelices sern los ms privilegiados. Un principio y una actitud verdaderamente cristiana de un hombre no religioso.

Tampoco es cierto que Estados Unidos nunca tuvo una dictadura. De hecho, sus leyes necesitaron un siglo, hasta despus de la Guerra civil, para reconocer que alguien poda ser ciudadano estadounidense independientemente del color se su piel, aunque luego continu filtrando, tambin por ley, a inmigrantes que no eran suficientemente blancos.

Actualmente, hasta los blancos ms blancos se han convertido en negros. Pero no lo saben y por eso tanto renacido odio a los negros y marrones. Se sienten los nuevos negros, pero no lo reconocen y, por eso, necesitan despreciar al resto para confirmar su antigua condicin de blanco, es decir, de privilegiados.

Mientras tanto, la democracia estadounidense contina secuestrada por el 0,1 por ciento de su poblacin, por los billonarios que financian las campaas polticas, cenan con los ganadores y envan escribas a sentarse en los comits que redactan las leyes que luego aprueban los legisladores, cuya mayora son millonarios.

Ahora echemos una mirada sobre los muros estructurales de la democracia hegemnica. Tambin estos problemas hunden sus races en el racismo y el elitismo social enmascarado en un discurso opuesto.

Veamos esta lgica referida a la obsesin histrica de las burbujas tnicas. La poblacin latina est subrepresentada en extremo porque, al igual que otras minoras como la afroamericana y la asitica, viven en las grandes ciudades y stas estn en los estados ms poblados como California, Texas, Florida, Nueva York e Illinois. De estos estados, slo Texas es un estado con mayora conservadora slida. Florida es pivotante y los dems son tradicionales bastiones progresistas (liberals, en el lenguaje estadounidense). Sin embargo, a pesar de que California tiene una poblacin de 40 millones, slo cuenta con dos senadores. La misma cantidad que Nueva York, otro estado con 20 millones. La misma cantidad de senadores tiene cada uno de los cincuenta estados, como Alaska, un estado cuya poblacin no alcanza los 800 mil habitantes. Una coleccin de estados centrales como las dos Dakotas, Nebraska, etc. rondan apenas el milln de habitantes (Wyoming apenas llega al medio milln) y cada uno cuenta con dos senadores. Lo que significa que el voto de un granjero en cualquiera de esa docena de estados conservadores y despoblados vale entre 30 y 40 veces ms que el voto de cualquier estadounidense que viva en los poblados estados de California, Texas, Florida, Nueva York o Illinois.

Claro, este sistema de eleccin de senadores no es nico en el mundo, pero en Estados Unidos el desbalance poblacional y poltico a favor de los conservadores rurales, desde el siglo XIX, es notable y consistente.

Por si fuese poco, hay que considerar que su sistema de elecciones presidenciales no solo le niega a Puerto Rico, con casi cuatro millones de habitantes (ms que varios estados centrales juntos), la posibilidad de elegir presidente, sino que, adems, el sistema electoral vigente, herencia del sistema esclavista que favoreca a los estados del sur con una escasa poblacin blanca, hace posible que un presidente sea elegido habiendo recibido tres millones de votos menos que el perdedor.

Gracias a este sistema (los electores no solo reproducen el nmero de representantes sino tambin de senadores), estados ms poblados como California, Texas, Illinois o Nueva York (que subsidian econmicamente a estados ms pobres) necesitan el doble o ms de votos que los despoblados estados del centro para alcanzar un elector. Otra razn para entender por qu las minoras, que sumadas no lo son, no son tratadas con la justicia electoral que una verdadera democracia debe garantizar: un ciudadano, un voto.

No por casualidad la poblacin, pese a la vieja manipulacin meditica, suele tener opiniones muy diferentes a sus propios gobiernos. Lo cual apenas importa en esta democracia.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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