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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2019

Cuerpo de la mujer & Mercanca
Ayer fue el voto, hoy es nuestro cuerpo

Pilar Aguilar
www.publico.es

Resulta sorprendente comprobar las similitudes que presentan algunos episodios histricos. Lo pienso comparando el debate sobre el voto femenino en la Segunda Repblica y el actual sobre prostitucin y abolicionismo.


El sufragio femenino

Las posiciones respecto al sufragio femenino pueden resumirse en tres grandes bloques.

En primer lugar, estaban quienes manifiesta y ferozmente se oponan a que las mujeres tuvieran derechos cvicos. Les pareca inconcebible, aberrante, inadmisible y contrario al buen orden social. Cmo iba a reinar la armona en un hogar donde la mujer pudiera disentir de las opciones de su esposo? Ellas solo estaban legitimadas para opinar en cuestiones domsticas y de pequea monta.

Pero, por supuesto, Victoria Kent no sostena tal cosa. Manifest que no se opona al voto de las mujeres: se opona a que se aprobara en ese momento. Segn dijo, en pro de lo que consideraba un mayor bien el triunfo de las fuerzas progresistas- aceptaba renunciar, no sin dolor, al sufragio de las mujeres: Creo que el voto femenino debe aplazarse, lo dice una mujer que, en el momento crtico de decirlo, renuncia a un ideal. Parta del supuesto (era un supuesto, sin pruebas fehacientes) de que, influenciadas por sus maridos y por los curas, las mujeres votaran a la derecha. [Digamos en una breve anotacin irnica que curiosamente Kent nunca pidi que se privara del voto a los curas ni a los maridos conservadores, fuente originaria del mal, sin embargo]. En consecuencia, alegaba que plantearlo divida las fuerzas de izquierdas y, caso de aprobarse, pondra en peligro a la repblica.

Clamaba que, antes de dar el derecho al voto a las mujeres, haba que educarlas. Clara Campoamor, por el contrario, le opuso esta verdad bsica: La libertad se aprende ejercindola.

Y afirm que por encima de los intereses del Estado estaba el principio de igualdad. Y por ello, el derecho de las mujeres al voto no deba sufrir aplazamiento alguno. Es decir, tal y como afirma Amelia Valcrcel: su defensa del voto de las mujeres estaba basada en principios y no en consecuencias.

Regulacin/abolicin

Hoy observamos que tambin en torno a la prostitucin se articulan tres grandes bloques de propuestas.

Estn quienes abierta y manifiestamente la defienden creyndola parte del orden natural de las cosas: los hombres tienen necesidades y para satisfacerlas han de contar con un ejrcito de mujeres a su libre disposicin.

Esta postura considera incuestionable la prostitucin y, en consecuencia, reclama que se legalice. Aunque luego, cada cual la adorna y justifica de diversas maneras: hablando de la libertad de las mujeres, apelando al mal menor, etc. Algunos incluso afirman que lo hacen por el bien de las prostitutas.

Otro bloque sigue la doctrina Kent: dicen no defender la prostitucin pero consideran inconveniente incluirla en la agenda feminista porque No es el momento. Podramos preguntarnos cundo lo ser? Llevan cuarenta aos alegando lo mismo (y si las dejamos, dentro de otros cuarenta oiremos la misma cantinela).

Es triste constatar en la izquierda (de la derecha ni hablo) la recurrente y marcada tendencia a considerar que nunca es el momento de nuestras reivindicaciones. Lo sabemos perfectamente quienes hemos militado en partidos. Y si quienes militan ahora no lo saben es porque prefieren seguir con la venda en los ojos.

Qu decimos las abolicionistas? Pues que s, que ahora es el momento. Ciertamente siguen vigentes muchas otras desigualdades, abusos y atropellos: la brecha salarial, la precarizacin, el paro, el ninguneo, el desigual reparto de las tareas del hogar, del cuidado de hijos y ancianos, el maltrato y la violencia dentro de las parejas, etc. Hay que reivindicar y luchar en todos esos frentes, por supuesto. Pero tambin es hora de denunciar y luchar contra el uso y el abuso de nuestros cuerpos porque es uno de los pilares del patriarcado y fuente de constante violencias y agresiones. El feminismo ha de plantarse: Se acab. No estamos en este mundo para servir ni para dar placer. Es hora de que la igualdad, el buen trato, el cuidado, el goce alcancen tambin a los territorios personales del deseo y la sexualidad.

Sabemos que en Espaa se denuncian una media de tres violaciones diarias. Y constantemente nos enteramos de casos de abusos de nias (y nios) y de personas especialmente indefensas y desprotegidas. Sabemos que las emigrantes son carne de can de los prostbulos y que estn brutalmente chantajeadas y abusadas.

Qu media entre una violacin y un pase de X euros? O dicho de otro modo de qu depende que penetrar genitalmente a una nigeriana tenga o no beneplcito social? Est bien si se paga con el cruce de una frontera? con aspirinas o tampax? (como han mercadeado algunos soldados de la ONU) con comida como a veces ocurre en campos de refugiados? O solo est bien si se paga en euros?

Cmo puede alguien honesto horrorizarse de lo anterior y considerar, al tiempo, que la prostitucin es tema secundario? Qu carga cnica hay que tener para denigrar las violaciones y, al mismo tiempo, pensar que abonando un importe X ya se trata de un el justo y libre comercio?

Pero, adems, si el acceso sexual a un cuerpo es comerciable la violacin no es simplemente un hurto? Qu pena ha de imponerse a quien roba ese servicio? Violar a una prostituta es como bajarse de un taxi sin pagar? Violar a una no-prostituta es como quitarle el mvil? (siempre que el mvil no sea muy caro, porque, si no, lo del mvil es ms grave). Qu nos estn diciendo? Que si eres un seor honrado, pagas, si eres un poco pillo (simpticamente pillo, incluso) y la ocasin se presenta, te lo llevas gratis.

Ha llegado la hora de que el feminismo se oponga frontalmente a que el cuerpo de las mujeres sea mercanca apta para comprarse o alquilarse.

La prostitucin afecta a la igualdad de todas porque naturaliza la cosificacin y la sumisin de nuestros cuerpos.

No oponerse a ella o callar, equivale a dar por bueno lo que hay, a admitir el status quo.

Y va a ser que no, que vamos a hacer como Clara Campoamor con el sufragio femenino, sea o no sea momento (que lo es, lo es).


Fuente: https://blogs.publico.es/dominiopublico/27896/ayer-fue-el-voto-hoy-es-nuestro-cuerpo/



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