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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 21-02-2019

El cinismo en la poltica

Jaime Richart
Rebelin


En el imaginario popular, Maquiavelo est desacreditado slo por una de sus frases en El Prncipe: el fin justifica los medios. Idea que, como tantas otras, se divulgan fuera de contexto. Pues esa frase aluda a la estrategia del mal prncipe, Csar Borgia. El buen prncipe era prudente. El buen Prncipe era Fernando I de Castilla. De modo parecido fue absolutamente desacreditado el Cinismo. En este caso debido al uso caprichoso del lenguaje que no afina y sigue la deriva de la reaccin de la poca contra los seguidores de su Escuela; es decir, por las formas de contestacin de sus filsofos a la sociedad griega, y no por el contenido de la filosofa cnica. En el fondo, otra manera de salir las cosas de contexto...

As es cmo desde aquel entonces y en adelante para la posteridad, resulta que la primera definicin de cinismo en el diccionario de la real academia de la lengua espaola es desvergenza en el mentir o en la defensa y prctica de acciones o doctrinas vituperables. La segunda es impudencia, obscenidad, descaro. Pero tambin, como deca, Cinismo es doctrina de los cnicos ... La Escuela de los Cnicos, fundada en la antigua Grecia durante la segunda mitad del siglo IV a.C, reinterpretando la doctrina socrtica, consideraba que la civilizacin y su forma de vida era un mal, y que la felicidad vena dada siguiendo una vida simple y acorde con la naturaleza; que el ser humano llevaba en s mismo ya los elementos para ser feliz y conquistar su autonoma y eso era de hecho el verdadero bien. Despreciaban las riquezas y cualquier forma de preocupacin material. El ser humano con menos necesidades era el ms libre y el ms feliz. Digenes e Hiparqua, por cierto una de las primeras filsofas de la historia y desde luego la primera feminista, fueron famosos por lo que entonces se consideraban excentricidades. Con stiras y diatribas arremetan contra la corrupcin de las costumbres y los vicios de la sociedad griega de su tiempo...

Como se ve, nada de esta filosofa ha quedado en la etimologa de las nociones de cnico y de cinismo en la sociedad desde entonces hasta hoy. Sin embargo, acaso somos cnicos (segn el fosilizado y denigratorio sentido de la palabra cnico) quienes pensamos y decimos que la civilizacin y su forma de vida estn siendo un mal para la sociedad mundial, para el ser humano y para el planeta que habita, y que la felicidad posible se alcanza mediante una vida simple y acorde a la naturaleza? No. Pero del concepto cnico slo ha quedado la corteza: hablar con desvergenza, contra el sentido comn, escandalizar, mentir, tergiversar, exagerar... Hasta tal punto eso es as que, compartiendo muchos seres humanos hoy el fondo de la doctrina cnica y el sentido primigenio que tiene la filosofa de los cnicos de la antigua Grecia, las sucesivas capas culturales y antropolgicas que se han ido superponiendo desde entonces para desacreditar al cnico en su aspecto supuestamente innoble, han enterrado su significado positivo y hecho del cnico un individuo despreciable.

Pero Espaa (quiz todas las sociedades humanas levantadas sobre la civilizacin grecolatina), es un pas plagado de paradojas, de contrasentidos, de incongruencias y enalbardada por la hipocresa y por el cinismo a partes iguales. En la vida ordinaria el cinismo y la hipocresa, que es esta ltima casi siempre un mecanismo inconsciente de defensa y no un acto de engao consciente, es muy raro que se den en la misma persona. Sin embargo, en el campo de la poltica espaola, hipocresa en su sentido de simulacin y cinismo en su sentido de desvergenza coinciden cada vez con ms descaro en el poltico espaol. Y con mucha mayor frecuencia en el de perfil conservador: en la vida privada es un hipcrita y en la vida pblica un cnico.

Porque en este pas de escaso recorrido democrtico, donde escasean el espritu ingenuo y la diplomacia que no se confunde con la simulacin, y sobran la parresa, es decir, la franqueza hiriente y la rudeza en el hablar, abunda esa clase de polticos hipcritas y cnicos al mismo tiempo, cuyo cinismo encubre su hipocresa y la hipocresa encubre su cinismo segn la circunstancia, el momento y el caso. Pues si la hipocresa apenas admite grados, no es contagiosa ni es imitable pues depende slo de la ndole de la personalidad o de experiencias que dejan huella, el cinismo admite niveles, es contagioso, hace escuela, y no precisamente filosfica, y puede alcanzar cotas superlativas. Y a menudo en poltica va acompaado de grandes dosis de logorrea sin poner lmites a falsedades para minar con juego sucio el crdito del adversario. Esta es la prctica habitual de ese poltico espaol del momento. Ese lder poltico que aade a las funestas consecuencias de la poltica de sus predecesores, la repulsin sentida colectivamente hacia su persona por estar probado que adems es un impostor...

Me refiero al lder de un partido nutrido de centenares o miles de miembros ladrones que, mientras se estaban produciendo los efectos nefastos de una crisis financiera mundial, ellos se dedicaban a desvalijar literalmente las arcas pblicas durante todo el periodo que abarca este remedo de democracia, esclerotizando la vida de millones de espaoles. Poltico y lder cuyas graves falsedades acadmicas si no han calado mucho en la sociedad es por dos motivos: uno, que las bellaqueras informativamente hablando se desplazan vertiginosamente unas a otras como los universos entre s, y otro, que los brazos de su partido son muy largos y alcanzan a los centros neurlgicos del poder, sea el acadmico, el judicial, el Senado, las finanzas, y casi todos los medios de informacin. Y este fantoche, en lugar de pedir perdn a la ciudadana por sus imposturas personales y la corrupcin de sus correligionarios, niega su corrupcin y tiene el cinismo de postularse como el mayor enemigo de la corrupcin... ajena.

Sin embargo, el mundo entero est al corriente de que su cinismo y el cinismo institucional de su partido se elevan al cubo. Pues hay por medio una circunstancia de coyuntura. Y esa es que tras haber desencadenado otra crisis gravsima territorial (despus de la otra, la entrada de Espaa en guerra en Asia), en cuya virtud se estn solventando en estos momentos penas de crcel para siete gobernantes catalanes, este petimetre impostor lder del partido amenaza con aplicar el artculo 155 con su interpretacin ms severa si llega al gobierno. Le importa un comino a este cnico nauseabundo que el presidente de su partido en 2006 exigi en la Cmara Alta al gobierno espaol de entonces un referndum en Catalua!

Confiemos, no obstante, que en una Espaa en la que, salvo cortos espacios de tiempo, nunca rein la cordura poltica, los espaoles no propicien con su voto la involucin de derechos, libertades y esperanzas que se proponen estos cnicos modernos de su misma nacionalidad. Esperemos que al fin est prximo ese momento en que se puedan materializar las palabras del Dante: Incipit vita nuova. Una nueva vida ha comenzado...


Jaime Richart, Antroplogo y jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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