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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2019

Stefan Zweig, el triunfo de la perfeccin sobre el caos

Lola Moreno
El viejo topo


Nota de edicin: Tal da como hoy [22.02] en 1942 Stefan Zweig, exiliado, se quit la vida en Brasil: haba perdido la esperanza. Haba dejado atrs Salzburgo y Viena, de donde tuvo que huir como un criminal, al convertirse en un autor proscrito, con sus obras prohibidas.

Hay autores que no conocen el terror a la pgina en blanco. Mary Shelley, por ejemplo, deca admitir humildemente que la invencin no consiste en crear a partir de la nada, sino a partir del caos, en disponer los materiales y dar forma a sustancias oscuras e informes, en la capacidad de captar las posibilidades de un asunto y en el poder de moldear y adaptar ideas sugeridas en relacin con l.

Cada autor determina los porcentajes exactos de autobiografa, lectura e imaginacin que componen su obra. La propia experiencia vital es fundamental para el proceso creativo. Las lecturas cincelan la sensibilidad y, a travs de la imaginacin, la escritura confiere a lo relatado belleza, en cualquiera de sus interpretaciones, incluida la llamada esttica de la fealdad o de la crueldad, dependiendo de la finalidad y del concepto tico que se maneje, o de la ausencia del mismo.

Multitud de aspectos pueden explicarse desde infinidad de perspectivas y ngulos relacionados con las humanidades. La interrelacin de disciplinas artsticas, es decir, la existencia de dependencias mentales y de estilo entre la msica y la pintura, o entre estas y la literatura, de unos principios y unos efectos psicolgicos comunes a diferentes artes, la transmutacin de sensaciones auditivas en sensaciones visuales o viceversa, es una cuestin naturalmente asimilada y abiertamente reconocida por los autores artsticos actualmente. Pero no siempre ha sido as.

Con la directriz de lo interdisciplinar se debe abordar el arte y la literatura de las primeras dcadas del siglo XX, sobre todo las vanguardias, y se puede profundizar en las que tuvieron lugar en los aos sesenta, momento de eclosin de la msica y de la pintura. El anlisis de todo lo referente a la interaccin de cdigos, sean pictricos, literarios o musicales, la concepcin multidisciplinar, se viene haciendo desde hace tiempo.

En la obra de ficcin de Stefan Zweig (Viena, 28 de noviembre de 1881 Petrpolis, 22 de febrero de 1942) hay verdad y belleza como supremo ejemplo del ideal platnico de la creacin, elevacin estilstica contra el naturalismo, una exquisita sensibilidad, un profundo conocimiento del ser humano en general, y de la psique femenina en particular, minuciosas e insuperables descripciones de los estados de nimo de sus personajes, de estados del alma, psicoanlisis y teora de la interpretacin de los sueos, como admirador y amigo de Freud que fue, influencias de, entre otros, Balzac, Dickens y Dostoievski, poesa msica, en el ms amplio sentido de la palabra. A partir de la obra Epicoene, o la mujer silenciosa, del poeta y dramaturgo del Renacimiento ingls Ben Jonson, compuso el libreto de la pera La mujer silenciosa (Die schweigsame Frau, 1934), de Richard Strauss. Coetneo de varios de los ms grandes compositores clsicos, proclam que el valor ms vivo de su presente fue la gloriosa herencia de la msica, y que lo gloriosamente realizado en el espacio de una manifestacin de arte siempre vale para todas las dems.

Y todo ello como maestro indiscutible de la novela breve, impulsado por su confesa naturaleza de lector impaciente que no soportaba que le hicieran perder el tiempo con pginas superfluas. En suma, el grueso de su obra completa rezuma intelectualidad y sapiencia con maysculas. Las de un premio Nobel.

El misterio de la creacin artstica

Para Zweig, de todos los misterios del universo, ninguno ms profundo que el de la creacin, el arcano ms profundo de nuestro mundo, de naturaleza extraterrenal, a travs del cual lo inmortal se hace visible a nuestro mundo transitorio. Habla entonces de un milagro llevado a cabo por un ser humano, pues la mxima virtud del espritu humano consiste en procurar hacerse comprensible a s mismo lo que en un principio le parece incomprensible.

Nos define la creacin artstica como un proceso interior que tiene lugar en el espacio aislado e impenetrable del cerebro del artista. El esfuerzo supremo y ms noble del que es capaz la humanidad. Un acto sobrenatural en una esfera espiritual que se sustrae a toda observacin. Y considera que toda nuestra fantasa y toda nuestra lgica no pueden facilitarnos sino una idea insuficiente del origen de una obra de arte, el misterio ms luminoso de la humanidad. No estamos en condiciones de participar del acto creador artstico; slo podemos tratar de reconstruirlo, exactamente como nuestros hombres de ciencia tratan de reconstruir, al cabo de miles y miles de aos, unos mundos desaparecidos y unos astros apagados.

La gnesis de la obra de arte y el proceso creativo

Stefan Zweig nos dice sobre su proceso creativo:

En realidad, escribir me resulta fcil y lo hago con fluidez; en la primera redaccin de un libro dejo correr la pluma a su aire y fantaseo con todo lo que me dicta el corazn en cuanto termino de poner en limpio el primer borrador de un libro, empieza para m el trabajo propiamente dicho, que consiste en condensar y componer, un trabajo del que nunca quedo suficientemente satisfecho de una versin a otra Este proceso de condensacin y a la vez de dramatizacin se repite luego, una, dos o tres veces en las galeradas; finalmente se convierte en una especie de juego de cacera: descubrir una frase, incluso una palabra, cuya ausencia no discriminara la precisin y a la vez aumentara el ritmo. Entre mis quehaceres literarios, el de suprimir es en realidad el ms divertido.

Asimismo considera sorprendente el hecho de que poseamos tan pocas confesiones sobre el origen de una obra artstica, y para explicarlo se apoya en el ensayo The philosophy of composition, de Edgar Allan Poe, donde este afirma: yo mismo he pensado muchas veces cun interesante habra de ser un artculo en que un autor si fuera capaz de ello nos describiera con todos los detalles cmo una de sus creaciones alcanz paso a paso el estado definitivo de la perfeccin. Muy a pesar mo, no soy capaz de decir por qu jams ha sido entregado al mundo semejante informe.

Y nos ofrece la respuesta a por qu el artista no nos describe su modo de crear, la experiencia ms importante de su vida. Porque todo proceso creativo verdadero supone un estado apasionado, una situacin de xtasis (del gr. ekstasis, estar fuera de s mismo), un estado de concentracin absoluta que constituye un elemento ineludible, la verdadera mdula del secreto: El artista slo puede crear su mundo imaginario olvidndose del mundo real.

Como ejemplo de la intensidad que puede alcanzar ese olvido de s mismo, esa existencia fuera del mundo verdadero, nos pone a Arqumedes. Y a Balzac de la intensidad que la concentracin espiritual puede alcanzar en grandes hombres creadores. Escribi su biografa, Balzac, la novela de una vida (1920), y la incluy en Tres maestros (Balzac, Dickens, Dostoievski).

Un da que Honor de Balzac se encontraba escribiendo en su estudio, un amigo entr sin avisar. Al notar su presencia, se dio la vuelta y se puso en pie de un respingo. Muy exaltado, se le acerc. Lo agarr del brazo y, con lgrimas en los ojos, exclam: Qu horror! La duquesa de Langeais ha muerto. El amigo, que conoca bien la alta sociedad parisina, se qued perplejo. Nunca haba odo hablar de tal dama. Tras observarlo detenidamente, Balzac repar desconcertado en su propia confusin. La duquesa no exista, era la protagonista de la novela en la que estaba trabajando y, justo en ese instante, l mismo acababa de darle muerte con su pluma sobre el papel.

Debido a ese ensimismamiento absoluto, semejante al del creyente durante la oracin y al del soador durante el sueo, el artista no sabe de qu modo ha procedido, incluso hay veces que ni siquiera sabe lo que ha producido. Como prueba nos seala a Goethe y a Corot, el gran pintor impresionista francs.

Adems incide en que no hay que confundir la inspiracin con la creacin, de la cual resulta la obra artstica. En que, puesto que slo somos capaces de comprender lo que se ofrece visiblemente a nuestros sentidos, la inspiracin de un artista tiene que tomar formas terrenales para resultarnos terrenalmente comprensible.

Y en que slo podemos intentar descubrir algo del secreto del artista, acercarnos humildemente al profundo arcano de sus creaciones, a una parte de cmo se han ido formando las obras que conocemos y admiramos cual perfectas, mediante la observacin de la transicin de la idea a la realizacin artstica en sus trabajos previos, las huellas que deja en el lugar de su accin al realizar su tarea, las nicas huellas visibles, el hilo de Ariadna que nos permite encontrar nuestro camino de regreso en ese laberinto misterioso. De ah la importancia de la conservacin de manuscritos.

En este sentido, a Stefan Zweig le debemos brillantes, como todo lo suyo, descripciones de dos mtodos enormemente diferentes de componer msica, que a su vez precisan de dos estados de nimo dispares durante el rapto creador, pero con similar resultado de genialidad y perfeccin. En uno, el artista parece asumir una actitud meramente pasiva durante la creacin, de modo que el genio de la inspiracin dicta y l no es ms que el escribiente, el instrumento, el ejecutante de una orden superior: No necesita trabajar, luchar, esforzarse por su trabajo, sino que le basta copiar obedientemente lo que se le acerca como en un sueo divino. No trabaja en absoluto; algo trabaja dentro de l y en su lugar.

Fue el caso de Mozart, en su opinin el genio tal vez ms grande de la msica, de Hndel al componer El Mesas, de Schubert en sus lieder, de Bach, Rossini y Haydn. En el lado opuesto sita a Beethoven, genio de igual rango a Mozart, y a Wagner, con un proceso de composicin mucho ms lento y dificultoso, menos divino y mucho ms humano.

En sus ensayos, nos hace saber de Beethoven:

Corra horas enteras campo traviesa, sin fijarse en nadie, cantando, murmurando, gritando salvajemente, ora marcando el ritmo con las manos, ora lanzando los brazos al aire en una especie de xtasis; los campesinos que de lejos le vean, tombanle por un loco y le esquivaban con cuidado. De vez en cuando se detena y registraba con el lpiz unas cuantas de esas notas, apenas legibles, en su cuadernillo de apuntes.

En El amor de Erika Ewald (1904), una de sus primeras novelas, una joven profesora de piano se enamora de un violinista que, pese a su juventud, ha alcanzado una fama completamente fuera de lo comn como virtuoso de su instrumento. La accin se desarrolla en Viena, entonces la ciudad de ms de un milln de habitantes. Y, justo antes de producirse el conflicto, los vemos caminando juntos por una antigua y amplia avenida bordeada de acacias que l le cuenta haba sido el camino favorito de Beethoven, paseando por el cual haba inventado muchas de sus ms hondas creaciones. El nombre del compositor les pone a ambos de un tono serio y solemne, porque les hace pensar en su msica, que haba hecho su vida ms rica y profunda en tantas horas dichosas. De modo que todo les parece ms trascendente y grande porque comienzan a pensar en l.

Acto seguido asisten a una escena en una fonda donde unos msicos callejeros tocan las antiguas melodas populares vienesas y un viejo vals de Johann Strauss, ante el cual Erika se volvi a sentir asombrada del poder que la msica tena sobre su alma, pues de repente se sinti ligera, como mecindose, flotando.

Un poco ms adelante ella se dar cuenta, ante el lento pero despus irreprimible despertar de su sensualidad, de que frente a la vida le faltaba el alegre paso de baile de un temperamento risueo, frvolo, que, olvidando con rapidez, salta por encima de los abismos del dolor, oscuros aunque llenos de secretos. Porque en su naturaleza todos los grandes acontecimientos y todos los sucesos sobresalientes, adems de provocar una conmocin general en el alma, pulsan tambin la cuerda grave y sorda de un secreto dolor y de una ntima melancola, cuyo sonido llega a ser tan elevado y penetrante que todos los dems sentimientos se disuelven en l perdiendo su ser.

La msica ejerce un inmenso poder sobre Erika. Siempre se busca a s misma y a sus sueos en la msica, sus dbiles nervios son fcilmente excitables y sucumben al hechizo de una msica sentimental. Slo conoce las solitarias alegras que con su inocente capacidad potica encuentra en libros, cuadros, paisajes y piezas musicales. Un alma tierna y dbil y tmida, que teme la vida sin ms y su brutal fealdad. A Erika la msica la hechiza, enloquece y eleva en ensoaciones por encima de todas las realidades, especialmente una cancin popular de melanclica meloda, una cancin de amor compuesta por l para ella, y que tendr una importancia capital en el desenlace de la historia, una cancin que la tiene subyugada y dominada sin que ella lo hubiese sospechado desde que l se la interpreta al comienzo de la relacin.

Dos de los captulos o de las catorce miniaturas histricas que conforman su libro Momentos estelares de la humanidad, La resurreccin de Georg Friedrich Hndel, 21 de agosto de 1741 y El genio de una noche, La marsellesa, 25 de abril de 1792, nos instruyen deleitndonos con su vibrante estilo en cmo El Mesas y el himno francs fueron creados en un brevsimo espacio de tiempo. En otro momento, nos cita el rpido proceso de composicin de La marsellesa, de Rouget de Lisle, contrario al de otro de los ms famosos poemas de la literatura universal, El cuervo, de Poe.

Zweig nos explica como pocos autores que en el arte no existe una medida comn, que cada artista tiene su propio mtodo y sus propias dificultades y, en consecuencia, se toma su propio tiempo: Lope de Vega y Balzac mucho menos que Goethe y Flaubert, como en pintura Van Gogh menos que Leonardo, y Goya y Frans Hals menos que Holbein y Durero.

La cuestin moral

Luego el proceso creativo parte de la condicin previa de la concentracin y de dos elementos contrarios, lo inconsciente o lo consciente, la inspiracin divina o el trabajo humano, la alada inspiracin pura o el trabajo consciente y penoso, aunque es cierto que suelen estar mezclados misteriosamente en el artista. Y, segn Stefan Zweig, procedan las ideas, en un instante de iluminacin, bien de las profundidades de la naturaleza humana, bien de la altura del cielo, la frmula verdadera de la creacin artstica es inspiracin, trabajo, trabajo, trabajo, paciencia, deleite y tormento. Cada artista agrega al gran arcano de la creacin uno nuevo: su misterio propio, personal. Las diferencias se hallan en la tcnica, en el mtodo, en el procedimiento de trabajo de los distintas artistas.

En muchos artistas, lo creador es un estado permanente, otros son absolutamente incapaces de escribir siquiera una sola lnea cuando no se sienten llamados interiormente. Para Zweig, la perfeccin lo es todo, y todo camino que conduce a ella es acertado. Cada artista debe ser creador y maestro de su propio arcano.

Aqu radica para l el compromiso tico o moral del artista. De cada hombre slo sabemos verdaderamente lo que es cuando le vemos y conocemos dedicado a su trabajo.

Pero participar del secreto de su creacin no puede ofrecer un deleite artstico perfecto mientras slo sea pasivo. Esto es, que para comprender y aprender no basta con mirar o contemplar la obra ajena, sino que tambin hay que preguntarse y buscar, ya que ninguna obra de arte se manifiesta a primera vista en toda su grandeza y profundidad. Es ms, para Stefan Zweig no tenemos ningn derecho moral a contemplar cmoda y tranquilamente la accin sacrosanta y ms apasionada de otro hombre. Es nuestro deber dar lo mejor de nosotros mismos para comprenderle, esforzarnos por penetrar en su misterio personal y acercarnos as al arcano de su arte para poder admirarnos de su inconmensurabilidad. No tengo yo noticias de deleite y satisfaccin ms grandes que reconocer que tambin le es dado al hombre crear valores imperecederos, y que eternamente quedamos unidos al Eterno mediante nuestro esfuerzo supremo en la tierra: mediante el arte.

La elevacin de lo informe y difuso a la perfeccin: la eterna lucha del arte

Entre otras personalidades, Stefan Zweig tuvo amistad con Arturo Toscanini (Parma, 25 de marzo de 1867 Nueva York, 16 de enero de 1957), considerado por muchos el mejor director de orquesta no slo de su poca sino tambin del siglo XX, clebre por su incansable perfeccionismo. Contrario a los regmenes fascistas de Alemania e Italia, Toscanini emigr a EE. UU., donde dirigi la Orquesta Sinfnica de la NBC, fundada para l en 1937, en la Radio Nacional hasta 1954. Su actividad como director de actuaciones en directo lo convirti en el primer director de orquesta estrella de los modernos medios de comunicacin masivos.

Fruto de esa amistad y de la profunda admiracin, prolog el libro de Paul Stefan dedicado a la figura del director (Toscanini, 1936). Ese prlogo constituye una magnfica loa del afn perfeccionista del artista y, por ende, un esplndido trabajo ensaystico con declaracin de intenciones propias, pues no en balde comienza con la cita de la segunda parte de Fausto: Amo al que pretende lo imposible. Para Zweig, si bien la perfeccin es atributo nicamente de Dios y no del hombre, slo podemos aspirar a alcanzar una extrema aproximacin a ella mediante una lucha paciente, tenaz, atroz y fantica por lo cabal de la cual no se debe desistir, ya que toda voluntad que se observa continuamente en alcanzar lo inalcanzable y en hacer posible lo imposible logra en el arte y en la vida un irresistible poder. Stefan Zweig representa la veneracin del arte en sus formas ms elevadas como manifestacin de lo moral y, si vio en Toscanini a un hombre nico castigado por el demonio de la perfeccin en una poca disuelta y quebradiza, a un hombre extraordinario ejemplo de fidelidad a la visin propia de la obra, que ense a una poca confusa e incrdula el respeto por los valores ms sagrados, l mismo se nos revela as a nosotros. Para l, alcanzar la suprema grada del arte supone hacer parecer natural lo difcil y normal lo perfecto. Y advierte ante posibles autocomplacencias: Lo heroicamente conquistado carece de duracin en su elemento creador, y es imposible de retener para siempre con los sentidos, con el alma. Cada perfeccin debe re-crearse y reconquistarse de obra en obra, de hora en hora. El arte es una lucha eterna, nunca es un fin, sino siempre un comienzo.

Que Toscanini se convirtiera en el primer director de orquesta estrella de los modernos medios de comunicacin masivos le mereci la siguiente reflexin:

Tal severidad moral del concepto y del carcter es un acontecimiento dentro de nuestro arte y de nuestra existencia. Nada hay ms peligroso para la dignidad y el ethos del arte que lo untado y cmodo de nuestra actividad artstica ordinaria, que la ligereza con que, por obra del fongrafo y de la radio, se pone lo ms sublime al alcance aun del ms despreocupado, a cada hora; pues esa comodidad hace olvidar a los ms el esfuerzo de la creacin y los induce a asimilar el arte sin tensin y sin respeto, como la cerveza y el pan. El arte es una labor sacra, una misin apostlica por lo inalcanzablemente divino de nuestro mundo, y no un regalo del azar, sino una merced justa, no un placer tibio, sino tambin una penosa creacin.

Goethe, Hlderlin, Novalis, Nietzsche, Rilke y Hofmannsthal: contra el naturalismo

Stefan Zweig contemplaba su tiempo como una poca dominada por un genio o un demonio que quera del arte slo la realidad inmediata, el presente, lo perecedero, indiferente y hostil a las grandes figuras de smbolo, que haba barrido de sus inclinaciones la poesa, y del teatro, la cohesin del discurso, que renegaba del pasado, de la consagracin de leyes heredadas, de los eternos vnculos de las normas y las formas, de la tradicin sagrada, de las obras eternas, clsicas. En su opinin, Nietzsche fue la ltima voz alemana que cre una gran poesa y levant ditirmbicamente el idioma a nuevas magnificencias. Y que, despus de Nietzsche, slo haba habido dos grandes austracos, Rainer Maria Rilke y Hugo von Hofmannsthal, que se mantuvieron en el terreno alemn de la tradicin clsica como custodios del alto verbo. Valor la muerte de ambos como el fin en las letras alemanas de la supremaca de la pura creacin literaria indiferente a su poca.

Nunca comprendi el naturalismo, el creer suficiente or la lengua de paso en la calle, en una conversacin casual, para crear lo ms valioso. Contrapunto perfecto a esta concepcin suya pueden considerarse las siguientes palabras de Henry Miller en el prlogo de Los subterrneos, de Jack Kerouac, fechado en 1959:

Suele decirse que el poeta, o el genio, se adelanta a su propia poca. Es cierto, pero solamente debido a que es un ser profundamente de su poca. No os detengis!, nos va diciendo. Todo esto ya ha ocurrido antes millones de veces. (Siempre adelante, deca Rimbaud.) Pero los que se resisten a cambiar no entienden esta clase de palabras. (Todava estn rezagados en relacin con Isidore Ducasse.) Qu hacen, pues? Le derriban de su alta percha, le matan de hambre, de una patada le hunden los dientes en la garganta. A veces son menos misericordiosos incluso: hacen como si el genio no existiera. [] El buen poeta, o en este caso el prosista bop espontneo, siempre est atento al son de su poca: el swing, el beat, el ritmo metafrico disyuntivo que brota tan veloz, tan alocada, tan peleonamente, y de forma tan increble y tan deliciosamente salvaje, que nadie llega a reconocerlo una vez transcrito en el libro. Mejor dicho, slo lo reconocen los poetas. [] Cuando alguien pregunta: De dnde saca todo eso?, la respuesta es: De ti. No hay que olvidar que Kerouac se ha pasado toda la noche despierto, escuchando con los ojos y las orejas. Toda una noche de mil aos. Lo oy en el tero, lo oy en la cuna, lo oy en la escuela, lo oy pegando la oreja a la pared de la bolsa de la vida, all donde un sueo vale oro. Y, adems, ya est casi harto de orlo. Quiere dar un nuevo paso adelante. Quiere reventar.

En la oracin conmemorativa para el funeral cvico de Hofmannstahl, celebrado en el Burgtheater de Viena en 1929, Zweig destac el hecho de que aquel empezara a ser reconocido como un poeta justamente en el momento en que se consideraba imposible y anticuada la creacin potica de corte clsico, que supiera encerrar un universo de sentimientos en la materia ms frgil y delicada, que fuera uno de esos jvenes poetas geniales y perfectos considerados en todos los tiempos y en todos los pueblos como la nica prueba valedera de que lo potico procede de los dioses, de que la suprema labor de las artes nunca puede ser conquista y elaboracin, sino slo gracia de las alturas [] nos dio tanto como una generacin entera.

En su dcada lrica, lo consider el mejor poeta moderno despus de Goethe. Y el poeta lrico de mayor envergadura despus de Novalis y Hlderlin. El mayor conocedor de las normas y los valores de la obra de arte. Autor de autnticas obras maestras en su gnero. Un amante heroico de lo eterno e inmaculado, nacido como l en Viena, esta ciudad juguetona e inclinada solamente a la ligereza. Creador de versos magnficamente grabados, como los de Lutero y Hans Sachs, que imprimi a la forma casi superada de la pera, una vez ms, el sello real de lo potico. De El caballero de la rosa dijo que es la ms perfecta comedia austraca, la ms permanente obra escnica de la poca en su comunin de poesa y msica. De sus escritos en prosa, que poetizan y constituyen la cima de la literatura alemana acerca de temas de arte. Y de su prematura muerte, que supuso la cada de la suprema instancia de la justicia normativa de nuestro mundo subvertido en sus valores, de la superioridad del espritu sobre la materia, de la perfeccin sobre el caos, de lo duradero y eterno en una poca que descansa slo en lo deleznable.

Porque, sobre todas las cosas, Stefan Zweig crea posible un arte elevado y noble que ha de servir a lo absoluto.

El alma del austraco

Existe una fotografa en blanco y negro, perteneciente a una serie propiedad de Ullstein Bild/Getty, en la que aparece Stefan Zweig en Ossining (Nueva York), en 1941, a los siete aos de su itinerante exilio huyendo del nazismo y apenas un ao antes de su suicidio en Petrpolis (Ro de Janeiro). Como era su costumbre, impecablemente vestido, camisa blanca, pajarita negra y, en esa ocasin, sin chaqueta, sentado en un pequeo silln de mimbre con las piernas cruzadas, mirando de perfil derecho al horizonte, en el jardn de entrada de una casa cuyo porche principal, con seis peldaos y sostenido por dos columnas con sendos capiteles de estilo jnico, aparece de fondo. No resultara extrao, al menos as me lo imagino yo, que en ese momento resonara en su cabeza una composicin de alguno de los geniales compositores que vio nacer su amada Austria, algn libreto de pera suyo o, simplemente, como haba proclamado en el funeral cvico del gran poeta compatriota y amigo Hugo von Hofmannsthal, una parte del alma del austraco es siempre msica.

Fuente: https://www.elviejotopo.com/topoexpress/stefan-zweig-el-triunfo-de-la-perfeccion-sobre-el-caos/



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