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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2019

El "invierno autocrtico" se expande por el mundo

Diego Herranz
Pblico


El autoritarismo ha llegado... para quedarse? La cuestin queda en el aire, sin respuesta clara. Aunque se pueda decir que ha aterrizado de nuevo y que se ha propagado con rapidez. Auspiciado por el vaco de un orden global que navega a la deriva desde la instauracin del America, first de Donald Trump. Hasta el punto de asegurar que una larga lista de lderes poderosos y ultranacionalistas se han hecho con las riendas de sus pases, donde han impuesto sus manos de hierro.

 

Jinping, Bolsonaro, Netanyahu, Trump, Orbn y Erdogan.

La Primavera rabe surgi como un soplo de aire fresco en el cambio de la dcada actual. Como un sueo democratizador de las naciones de credo musulmn, sometidas, la prctica totalidad de todas ellas, a regmenes autocrticos. Diez aos ms tarde, ha surgido otro movimiento social de signo contrario. No acontece en territorios con dficit democrtico. Ni en latitudes alejadas del primer mundo econmico. Todo lo contrario. Es un fenmeno propio de la cultura occidental y trata de carcomer, poco a poco, sus instituciones polticas.

Este asunto ha sido compilado por numerosa literatura procedente de centros de anlisis, que hablan sin cortapisas de crisis de la democracia liberal. Pero no todos ellos se atreven a aventurar el origen de esta nueva cruzada ideolgica que pretende combatir las libertades cvicas y cercenar la iniciativa individual. Quizs porque comulga con una visin ultramontana del capitalismo, aquel que reniega de los corss regulatorios y de los controles de vigilancia y de supervisin, el de los defensores de los flujos de capital de alto riesgo, que prometen reportar beneficios de varios dgitos con inversiones en activos de alta toxicidad y que suelen estar al alcance de privilegiados, directivos que manejan informacin privilegiada y, sobre todo, de las grandes fortunas.

Y que, en paralelo, sostienen la pervivencia de los parasos fiscales y de territorios propensos al lavado de dinero negro a donde llevar sus patrimonios, los primeros, despus de legalizar su procedencia, los segundos. Ms que una primavera, habra que precisar que lo que se avecina es una glaciacin, el invierno de los autcratas . Una irona en toda regla: la primavera (rabe) no hizo germinar la democracia, pero el invierno (autocrtico), puede hacer florecer, paradjicamente, las dictaduras.

El pasado ejercicio fue el de su consagracin, el de su consolidacin, al calor del orden mundial que ha emanado de Washington. Es decir, que 2018 fue un ao estelar para el autoritarismo. En el que floreci la presidencia vitalicia de Xi Jinping en China y, por tanto, el epitafio del poder colectivo del rgimen de Pekn, cada vez ms propenso a cercenar la iniciativa individual de sus ciudadanos, a controlar las redes sociales y a condenar con penas ejemplarizantes todo conato de disidencia. Jinping se ha hecho con las riendas, a perpetuidad, del aparatik comunista, de la nomenklatura del Estado, del nuevo modelo productivo de la segunda economa del planeta y del mayor ejrcito del mundo. Pero tambin protagoniz uno de los momentos ms ilustrativos de la connivencia -casi comunin- que son capaces de suscitar los lderes autocrticos. No por casualidad, surgi la luna de miel entre el dirigente norcoreano, Kim Jong Un y el presidente de EEUU, Donald Trump, abducido, parece ser por sus comentarios, por la alta calidad y eficacia del control autoritario que es capaz de ejercer la dictadura hereditaria de Pyongyang.

El viraje de Europa e Israel

De igual modo que la cada vez menos democrtica Polonia -que se ha labrado una larga lista de advertencias, sin consumarse, de la UE por la propensin del nacional-catolicismo del gobierno creado por el partido de Jaroslaw Kaczynski , lder en la sombra de Ley y Justicia -el PiS- a seguir la estela del Fidesz hngaro de Vktor Orban , auspiciadores de una hoja de ruta mimetizada en ambos socios del Este -si bien Budapest presenta un itinerario ms prolongado en el tiempo y ms fructfero en sus resultados- en la que se incluyen cambios estructurales de gran calado. Desde reformas educativas que restauran la nostalgia nacionalista y adopta unos criterios de centralizacin que gustan tanto a la Rusia de Vladimir Putin como a la Administracin Trump, hasta nombramientos a dedo de adeptos a sus causas en las altas esferas del Ejrcito, Fuerzas de Seguridad y servicios secretos, o la renovacin, a su antojo, de sus tribunales constitucionales. Mientras lanzan acusaciones de alta toxicidad, como la que seala a la opositora Plataforma Cvica polaca como responsable de la muerte de su gemelo, Lech, en accidente areo, en 2010, cuando ejerca como presidente del pas.

Porque las tesis conspiranoides -inspiradas con fake news desde medios de comunicacin afines, incluidos los canales estatales- estn a la orden del da en ambos pases. Como en EEUU, donde Trump trata de demonizar a los grandes medios de comunicacin escritos o audiovisuales, mientras defiende espacios on line que han abandonado el deber de veracidad y respalda sin paliativos la difusin sin controles deontolgicos de las redes sociales. Sabedores de que una falsa noticia que anteceda en 24 horas cualquier desmentido ha ganado la batalla de la audiencia. La batalla contra las libertades civiles desatada por Budapest y Varsovia, dos Caballos de Troya que buscan la divisin irreparable de la Unin -tesis que apoya el Kremlin desde hace aos- no es balad. Orban se ha erigido en el abanderado de formaciones de ultraderecha en Europa y en el alter ego del primer ministro israel, Benjamin Netanyahu , que le denomin el mejor lder del Viejo Continente, de Trump, quien ha mostrado en varias ocasiones el orgullo que le reportan sus encuentros con el premier hngaro, y de Putin, para el que el primer ministro hngaro, como lder del Grupo de Visegrado -que conforman, adems, Polonia, Eslovaquia y Repblica Checa- representa su punta de lanza en el propsito de Mosc de bombardear proyectos de integracin de la UE y de provocar tensiones geoestratgicas con Bruselas.

El primer ministro hngaro, Orban, su homlogo israel, Netanyahu, y la Administracin Trump ya han tejido una primera alianza ultraderechista a la que han incorporado al brasileo Bolsonaro

Netanyahu y Orban fueron los dirigentes estrella en la reciente toma de posesin del capitn del Ejrcito Jair Bolsonaro como presidente de Brasil. El tridente que revela la alianza de la extrema derecha en el mundo. Los dos primeros, casi sin oposicin interna. El rival de Orban es el Jobbik, ms escorado an a la derecha, con el que suele concertar iniciativas legislativas contrarias a la inmigracin o de corte nacionalista. En Israel, la sociedad hebrea ya ni se plantea que el conflicto palestino acabe mediante una solucin dialogada. Tzipi Livni, la referente del centro-izquierda, que derrot a Netanyahu en 2009 al frente del movimiento centrista Kadima, en pleno descenso a los infiernos del laborismo -creador del Estado de Israel- y, como esta histrica formacin, que an sucumbe en el sueo de los justos, partidaria de la negociacin con los palestinos, acaba de renunciar a la carrera presidencial. A revalidar su lucha electoral contra el mandatario del Likud, porque su actual partido, Hatnuah (El Movimiento), apenas tendra, segn los sondeos, un apoyo del 2% en los comicios legislativos del 9 de abril.

Latinoamrica cambia de rumbo

De Bolsonaro, en su escaso periplo presidencial, ya se puede decir que ha entregado los resortes del poder a sus tres hijos. Todo un acto, flagrante, de nepotismo . A Flvio, sobre el que penden varias denuncias y un mayor nmero de sospechas de fraudes financieros; a Carlos, apodado pitbull, que ha forzado su primera crisis de gobierno con la destitucin del ministro Gustavo Bebianno, el antiguo jefe de su padre en el seno de la formacin, el Partido Social Liberal (PSL) que le ha aupado al poder, y al que Steve Bannon, el fundador de Breitbart, el canal de noticias falsas por antonomasia en EEUU, y mximo asesor de campaa de Trump, ha elegido como uno de los lderes de The Movement, institucin que busca, bajos sus auspicios, aunar a las derechas globales, y a Eduardo, con conexiones en el crimen organizado, pero el diputado ms votado del Congreso.

Todos, entusiastas de las redes sociales y artfices, en gran medida, del ascenso a la jefatura del Estado de su padre, por sus habilidades propagandsticas en el universo on line. Y de la confeccin de un gobierno integrado por militares (ocho de un total de 22 ministros); por economistas ultraliberales y por polticos de marcado acento conservador y religioso en asuntos sociales que ya han dejado trazos de sus intenciones. Con un agresivo plan privatizador -24 empresas dejarn de ser mayoritariamente estatales en este primer trimestre-; retrasos en la edad de jubilacin hasta los 65 aos; proyectos de segregacin en las aulas por sexo, o impunidad a los policas que asesinen a delincuentes. Sin olvidarse de las iniciativas para mercantilizar la Amazona e impulsar, as, los beneficios y la productividad del sector agrcola brasileo ni del empeo personal de su ministro de Economa, Paulo Guedes, un Chicago boy declarado, de emprender una perestroika liberal, primero en su pas y, con posterioridad, en el conjunto de Amrica Latina.

Brasil opera con un gabinete con ocho militares, economistas ultraliberales que desean una perestroika privatizadora y polticos nacional-catlicistas en asuntos sociales con claros signos de nepotismo

Pero la autocracia tambin tiene responsables al otro lado del espectro poltico. Daniel Ortega , en Nicaragua, persiste en su empeo de ser el nuevo Anastasio Somoza, cuatro dcadas despus de que el primero derrocara al dictador -el segundo- en nombre del pueblo. Nicols Maduro y su gestin poltica, econmica y social de la crisis venezolana deja amplios retazos autocrticos. Por mucho que la Casa Blanca -sin descuidar a la extrema derecha latinoamericana y europea- est detrs de la elevada conflictividad y de la emergencia humanitaria que asola a la que lleg a ser tercera economa latinoamericana, que a Trump sea el nico autcrata de todo el planeta que parece no gustarle o de que, en este sentido, al dirigente republicano no le suponga ningn contratiempo que repudie el autoritarismo de Maduro mientras abraza el de Bolsonaro, a quien le envi un tuit alabando su gran discurso inaugural y anticipndole que EEUU est contigo a lo que el dirigente brasileo replic: Juntos, con la proteccin de Dios, traeremos prosperidad y progreso a nuestra gente.

Doctrina Nixon en Oriente Prximo

En otras latitudes, como Oriente Prximo, el drama autoritario tambin ha entrado en escena. Quizs sus dos mejores botones de muestra sean la Turqua de Recep Tayyip Erdogan , quien ha ido acaparando poder mientras se sacude la Espada de Damocles de un Ejrcito, tericamente, llamado a devolver al pas a la senda constitucional marcada por el padre de la patria moderna turca, Mustaf Kemal Atatrk. En los ltimos aos, la deriva islamista, las purgas entre militares y en la sociedad civil y el nepotismo, con nombramientos de familiares y aclitos de su partido, Justicia y Desarrollo, en las ms altas esferas econmicas, polticas y empresariales de una de los mercados emergentes ms boyantes -aunque ahora le asole una crisis monetaria y de deuda de alto voltaje-, han sido asuntos que han estado en la mesa de operaciones de las cancilleras de todo el mundo.

Y la Visin 2030 de Arabia Saud, en manos del prncipe heredero Mohamed bin Salman, acusado del asesinato del periodista Jamal Khashoggi, y que, bajo las pautas de una revolucionaria modernizacin econmica, poltica y social del mayor productor de crudo y lugar santo de la comunidad islmica mundial, esconde un intento denodado por convertir a Riad en la potencia hegemnica de una de las reas ms convulsas del globo terrqueo. Promocionando y sufragando financieramente una guerra eterna como yemen, aislando a su emirato rebelde, Qatar, o ejerciendo la presin econmica y geoestratgica estadounidense sobre Irn. El tercero en discordia de este tringulo autocrtico sera el general Abdel Fattah al Sisi . El lder egipcio no slo ha enterrado cualquier vestigio de primavera rabe en su pas, tambin ha aplastado a los movimientos vinculados a los Hermanos Musulmanes. Como la Administracin Obama, Trump considera al dictador egipcio esencial para los intereses estadounidenses en esta regin.

Pero la severidad autoritaria de Al Sisi no parece generar disidencia en las diplomacias occidentales. A pesar de que su acceso al poder se produjo mediante un golpe de estado, en julio de 2013, que sac de la jefatura del Estado a Mohamed Morsi. O de que su estancia en el poder la haya forjado mediante juicios sumarsimos, torturas o arrestos arbitrarios y desapariciones forzadas, segn denuncia Human Rights Watch. O que forzase una enmienda constitucional para mantenerse como presidente del pas hasta 2034.La autocracia floreci en 2018 porque Washington se dej persuadir por la vuelta a la llamada poltica realista, un intento de control global, que mira con ojos amables a los dictadores porque piensan que son los que mejor pueden ejecutar los deseos de gobernar el mundo. Quien as se expresa es, nada menos, que Robert Kagan, asesor de seguridad de George W. Bush y ensayista neocon. Con Trump, por tanto, reverdece la doctrina Nixon , ideada junto a Henry Kissinger, su secretario de Estado, que reduce la presencia americana fuera de sus fronteras y entrega la llave de sus intereses a autarcas como el Shah iran o la monarqua saud. Pese a que, dcadas despus se pueda decir, sin temor a equivocarse, que esta postura posibilit la revolucin islmica iran y el estallido de un wahabismo que propici que quince los diecinueve terroristas del 11-S fueran saudes.

La orientacin del America first que ha propagado Trump ha disparado la tendencia internacional hacia el autoritarismo

Vctor Menaldo y Michael Albertus, investigadores y autores de un reciente ensayo bajo un ttulo elocuente Autoritarismo y el origen de las elites de las democracias- escriban en The New York Times que la prdida de calidad democrtica no slo afecta a Polonia o Hungra, dentro de la rbita europea. Tambin a Italia, con su fervor antisistema de partidarios de la Liga Norte y del Movimiento Cinco Estrellas que gobiernan los designios del pas; tambin a naciones como Espaa, donde el clima poltico y social se ha escorado a la derecha por la crisis catalana, hasta experimentar la irrupcin de Vox . Debido a la orientacin del America, first que ha propagado Trump y que ha disparado la tendencia internacional hacia el autoritarismo. Entre otros lugares, en Egipto, Honduras, Rusia y Venezuela. Pero, a su juicio, tambin acontecen otros factores.

De peso. Entre ellos, que ms de las dos terceras partes de las naciones que han emprendido una transicin a la democracia desde la Segunda Guerra Mundial la han iniciado con constituciones escritas por las elites autoritarias que les precedieron. Argentina, Chile, Kenia, Mxico, Nigeria, Sudfrica o Corea del Sur estn entre ellos. Y, por efecto rebote, tambin han tenido que asumir un sistema electoral concreto, determinadas rmoras legislativas, anclajes de modelo de estado, un funcionamiento expreso de la mxima corte constitucional, inmunidades legales para ciertos jerarcas o roles de gendarmes de las cpulas militares o polticas de sus antiguos regmenes. En definitiva, una obligacin de operar bajo ciertas salvaguardas, arrastrando un lastre de poderes y privilegios que explican que, a menudo, en estos pases, la experiencia democrtica de sus ciudadanos no sea plena o que la democracia haya sido restaurada dentro de un juego poltico que ha propiciado que la competencia econmica y profesional no responda a los estndares de libertad y de mrito exigibles, aseguran Menaldo y Albertus.

Riesgos geoestratgicos

Este desorden mundial ha generado incertidumbre geoestratgica . As ha quedado patente tras la ltima Conferencia de Seguridad celebrada a mediados de febrero en Mnich. Cita que no ha logrado restituir el tratado de armas nucleares de alcance medio (INF, segn sus siglas en ingls) que ha dominado el orden global desde la Guerra Fra y que acaba de convertirse en agua de borrajas por designacin de Trump, primero, y de Putin, inmediatamente despus. Desde que el presidente americano ha irrumpido en la Casa Blanca, la lista de riesgos geoestratgicos se ha disparado. Irn, Venezuela, Siria, las tensiones nucleares, la carrera armamentstica, la implosin presupuestaria para modernizar los grandes ejrcitos, el brexit o las diferentes longitudes de onda en la que parecen evolucionar aliados de Washington, como los socios del ncleo duro de la UE o Canad, la guerra comercial o el feroz combate contra la inmigracin han hecho mella en un planeta cada vez ms convulso. En medio de peticiones expresas -casi amenazantes- de la Administracin Trump para que Europa asuma el nuevo eje del mal -Irn, Venezuela y Rusia- con notables ramificaciones (China, Siria, Turqua) y de viajes relmpago y con alto voltaje como el del secretario de Estado, Mike Pompeo, antiguo nmero uno de la CIA, al corazn de la Europa oriental eurfoba -Polonia y Hungra- mientras exige a sus socios transatlnticos ms gastos en Defensa para financiar la OTAN.

Voces como la del fundador del World Economic Forum (WEF), Klaus Schwab, reclaman la puesta en marcha de una nueva conferencia internacional. Un mecanismo de refundacin del sistema geopoltico y econmico-financiero. Porque el orden global est en barrena. Se necesita -dice- un nuevo Bretton Woods y nuevas frmulas para gobernar la globalizacin y restablecer la red de multilateralidad que fue capaz de generar la siesta geoestratgica del final de la Guerra Fra; desde la cada del Muro de Berln hasta los atentados del 11-S. Y que, ahora, tras la implantacin del America first ha aislado, con las polticas de Trump, a la primera potencia mundial en una peligrosa senda de proteccionismo e insolacin internacional.

Fuente: https://www.publico.es/internacional/extrema-derecha-invierno-autocratico-expande-mundo.html



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