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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 25-02-2019

Para la guerra, nada

Javier Tolcachier
Rebelin


 

El que espera desespera,
dice la voz popular.
Qu verdad tan verdadera!
La verdad es lo que es,
y sigue siendo verdad
aunque se piense al revs.

Antonio Machado, Campos de Castilla, Proverbios y Cantares XXX

Imagino que el maestro andaluz bien podra haber recitado este poema en el tablao abierto del concierto Para la Guerra Nada, en el lado venezolano del puente Tienditas. Mientras tanto, a pocos cientos de metros, la vulgaridad pop revestida de atuendos nveos en el intento de confundir oscuras intenciones, se desgaitaba para hacer creer al mundo que su objetivo es ayudar a los pobres de Venezuela. Ese concierto, al otro lado de la frontera estatal y moral, fue organizado por ricos como el billonario empresario Branson, quien se mud a las Islas Vrgenes Britnicas uno de los principales parasos fiscales del mundo para no pagar impuestos, o sea, para estafar a los pobres a quienes ahora dice querer ayudar.

Pobres que sin embargo, a pesar de la dificultad manifiesta producida por la guerra poltico-econmica desatada contra la Revolucin Bolivariana, siguen dando la espalda a quienes envueltos en banderas extranjeras piden a gritos una invasin armada.

Pobres, a quienes la misma revolucin sac del analfabetismo, de la falta de establecimientos pblicos de salud cercanos, a quienes facilit estudio, a quienes ofreci vivienda digna, a quienes cobija en la vejez y a quienes invita a ser protagonistas de su propia libertad.

Libertad que tiene en esas tierras un significado diferente a la liberty del Norte. En las tierras del sur, la libertad implica la aspiracin an pendiente de emancipacin colectiva de la dominacin imperial y la superacin de la segregacin social instalada por la historia colonial. La libertad del liberalismo, preeminente en Estados Unidos, es individualista, reactiva al compromiso con la comunidad y propicia a la acumulacin sin lmite. Opuesta, en sus fundamentos, a la liberacin de los pueblos del Sur global.

Esperar desespera, dice el poeta y con razn. Estados Unidos est impaciente. Trabaj durante 20 aos en la oposicin al chavismo con resultados relativamente magros, en relacin a la magnitud del esfuerzo invertido. Controla apenas una oposicin fragmentada y un prescindible encargado, cuyo encargo es cumplir el papel de extra en el guin del extremismo gobernante en Washington, tristemente secundado por gobiernos lacayos.

Ninguno de los objetivos de la estrategia golpista se alcanz. A la idea de una revuelta popular empujada por la estrechez y animada por grupos delictivos en las guarimbas de 2017, pueblo y gobierno respondieron con la victoria de la paz en la eleccin de la Asamblea Nacional Constituyente.

El propsito criminal de desencadenar una guerra civil fracturando a las fuerzas armadas bolivarianas tampoco dio resultado. Las amenazas, la extorsin, la propaganda y la seduccin estadounidense no lograron la sedicin de altos mandos o la desercin masiva. Los casos aislados de algunos efectivos son irrelevantes en nmero y no configuran muestra evidente de que esta artillera pesada psicolgica haya hecho mella en el apego de los militares venezolanos a la Constitucin y al proyecto revolucionario.

El que espera, desespera. Pero la desesperacin es mala consejera.

El fake gobierno

La historia no slo la cuentan los vencedores, segn escribi George Orwell en Febrero de 1944. Tambin intentan escribirla los que van a la zaga, para recuperar terreno y forzar sus objetivos. Relatar la ficcin primero, para que resulte real despus. O insistir en la mentira, como manda Goebbels, para que se transforme en verdad. Bien lo saben Hollywood y Netflix. Cuando la realidad no coopera, se necesita inventarla.

Todo es falso en la ofensiva poltico-diplomtica de EEUU para hacer efectivo el intento de un nuevo golpe de Estado -s, uno ms y en pleno siglo XXI- en Amrica Latina y el Caribe. Falso es el protagonismo de un ignoto diputado del Estado Vargas, catapultado por la ingeniera golpista al estrellato de los medios masivos internacionales. Falsos sus embajadores, falsas las rdenes que emite, desde un sitial ficticio sin potestad alguna. Falsas las declaraciones de gobiernos que apoyan el golpe y reconocen al ttere, mientras exigen al gobierno real y constituido que haga esto o haga lo otro. Falsas las informaciones que muestran los mentimedios concentrados y los trolls de la oposicin en las redes sociales. Falsos los motivos y falsas las acusaciones.

Lo nico verdadero es que el golpe es directamente comandado por los Estados Unidos de Norteamrica y que su inters reside en apropiarse de las reservas naturales de Venezuela, destruir al eje rebelde de la regin y alinearla por completo con sus intereses geopolticos.

El imperio de la ley o la ley del imperio

La inaudita agresin, disimulada bajo el rtulo de ayuda humanitaria, no cuenta con aval mayoritario a nivel internacional. Ni en las Naciones Unidas, ni en la OEA que muestra su verdadera cara al actuar su secretario Almagro por fuera de su mandato formal-, ha conseguido el golpismo los votos necesarios que le permitan al menos una delgada ptina de legalidad. Ni siquiera la Unin Europea, hoy dominada por las derechas, logr consenso en el reconocimiento al gobierno fake a pesar de las temerarias e irresponsables actuaciones de algunos pases, seguramente presionados por las fuerzas de ocupacin de la OTAN.

La Cruz Roja Internacional y la Media Luna Roja se deslindaron de la maniobra mediante una declaracin oficial que implicaba la falta de consenso interno de sus miembros, mientras que un importante nmero de gobiernos y personalidades mundiales advirtieron sobre la vulneracin de soberana y peligro para la paz que representara una invasin militar disfrazada de ayuda humanitaria, tal como ocurri anteriormente en Libia, Irak o Siria.

Trump no cuenta con el visto bueno del Congreso para desatar el infierno en Sudamrica, escenario esquivo que aumentara su debilidad poltica institucional. Al mismo tiempo, una nueva guerra reforzara el amplio rechazo de su poblacin, la que debe lidiar con severas dificultades sociales y est muy poco interesada en cargar con las muertes y los costos derivados de una poltica exterior afiebrada y violenta. Probablemente el pas enfrentara una extendida rebelin interna y una fuerte desestabilizacin. Quizs se, junto a la segura oposicin de Rusia y China en la arena internacional y la probable defeccin de aliados para un eventual ataque, sea un elemento que pese en el clculo del establishment norteamericano para frenar la barbarie.

Una aventura blica en Venezuela no cuenta tampoco con el beneplcito de los militares de pases latinoamericanos. Tanto los altos mandos en Brasil como en Colombia han rechazado al menos hasta ahora- la posibilidad de sumarse a una cruzada intervencionista, oponindose incluso a la posicin poltica de sus propios pases, hoy en situacin de vasallaje imperial.

Y esos mismos gobiernos, nucleados en el crtel de Lima (con la muy honrosa excepcin mexicana), tampoco quieren cargar con el peso que supone la accin militar y temen, justificadamente, el desastre regional que supondra una guerra civil en Venezuela.

Desastre que no solamente segara vidas y destruira infraestructuras, sino que tambin acarreara una oleada imponente de refugiados. La sumisin a la estrategia estadounidense, involucrando a sus pases en una guerra contra hermanos, levantara una ola generalizada de rechazo y pondra en crisis terminal la legitimidad, de por s frgil o inexistente, de sus propios gobiernos.

El nico campo en el que este plan subversivo cuenta con una amplsima mayora es el meditico, a partir del cual se ha elaborado la estrategia de descrdito y de presin contra el gobierno de Nicols Maduro y la nacin bolivariana.

Tal como es la costumbre del actual rgimen estadounidense, cuyo lder no se cansa de repetir America first! -lema que trae a la memoria el Deutschland ber alles [1] del nazismo-, la irracionalidad del comportamiento unilateral parece ser la nica norma. La legitimidad no proviene ya del derecho o los acuerdos internacionales, sino que emana de la fuerza bruta y del propio inters. No es el imperio de la ley, sino la ley del imperio.

A la trinchera de la paz!

Sin embargo, el da anunciado por la oposicin para el ingreso de la ayuda humanitaria, no le trajo los esperados frutos. La escenificacin cont con conocidos cantantes latinos que actuaron como teloneros el da 22, con el propsito de convencer a la audiencia mundial acerca de la supuesta (y en realidad inexistente) catstrofe humanitaria y poltica que atraviesa hoy el pueblo de Venezuela. Las nicas armas de destruccin masiva, como las que sirvieron de pretexto a la destruccin de Irak, son los medios que propagan infundios y ayudan a desatar, ellos mismos, verdaderas catstrofes.

La intrusin de ayuda no solicitada estaba prevista para el sbado 23, desde pasos en la frontera venezolana con Colombia y Brasil. Respecto al programado ingreso desde Roraima, Brasilia se distanci a ltimo momento de apoyar un envo masivo. El gobierno de Curazao, sbdito de Holanda, luego de una nota remitida por el gobierno de Venezuela, seal que no enviara nada desde el centro de acopio instalado en la isla.

Para monitorear y colaborar con la funcin se apersonaron, junto al diputado Guaid, peligrosos intrigantes como Elliot Abrams y Luis Almagro, funcionarios de la USAID y la trada de presidentes de las democracias ms refinadas y respetuosas de los derechos humanos del continente: Sebastin Piera, Ivn Duque y Mario Abdo Bentez.

El cuadro se complet con dirigentes de los partidos de oposicin de derecha Voluntad Popular y Primero Justicia, algunos de ellos probados resistentes en las guarimbas de 2014 y 2017, y un par de centenas de voluntarios cuya apariencia y accionar remite a la probabilidad de bandas alquiladas para la ocasin.

El gobierno venezolano dispuso la noche anterior el cierre de fronteras y por su parte, el gobierno colombiano tambin cerr el paso en el puente internacional Simn Bolvar, con la intencin de impedir el paso a gandolas enviadas por Venezuela con cajas CLAP para las barriadas pobres de la ciudad colombiana de Ccuta. Obviamente una seal del gobierno de Nicols Maduro acerca de las propias insuficiencias sociales existentes a lo largo y ancho del territorio colombiano.

Los objetivos previstos por el montaje opositor eran evidentes. Si el gobierno bolivariano dejaba pasar la ayuda humanitaria, convalidara la primera accin de poder efectivo del presidente ficcional, debilitando al mismo tiempo la posicin inequvoca de proteccin territorial del gobierno y las fuerzas armadas.

Si por el contrario, se detena a los intrusos, abundaran las declaraciones en los medios sobre la sangrienta represin desencadenada por el rgimen dictatorial. Para aumentar la veracidad, estaba previsto que se consumaran auto atentados, tipificados -y no casualmente- en Colombia como falsos positivos.

Ms all del impacto en la opinin pblica, se pretendi generar un quiebre en las fuerzas armadas, mostrando por TV algunas deserciones y convocando a un alzamiento masivo del sector militar contra el gobierno constituido.

Como era previsible, hubo algunas incidencias, algunos heridos, una docena de efectivos desertados, gandolas y buses ardiendo. Como seal un analista, trajeron las guarimbas desde Plaza Altamira (Este de Caracas, bastin opositor) a la frontera con Ccuta.

En relacin a la propaganda y la ambicin opositora, la accin culmin en fracaso total. El movimiento chavista mostr una vez ms su capacidad de movilizacin y el pueblo, junto a la unidad cvico-militar una frrea voluntad de paz y soberana.

La decepcin en las filas de la oposicin y su radical dependencia externa, muy negativa a ojos del venezolano de a pie, podran llevar aunque sin admitirlo y a mediano plazo- a la posibilidad de que una parte importante de ella se avenga a iniciar un nuevo dilogo con el gobierno bolivariano.

El gobierno de Estados Unidos y 13 de los pases del grupo de Lima, no retrocedern, al menos oficialmente. Declararn a principio de semana desde Bogot, en un nuevo acto del grupo de Lima su repetida letana de condena a la violencia del gobierno de Venezuela. El gobierno venezolano, a su vez, ha roto las relaciones diplomticas con Colombia e iniciado un proceso de cooperacin tcnico-humanitaria con Naciones Unidas y con la Unin Europea. Mientras tanto, Guaid sali de escena por una puerta lateral, con destino incierto.

Movida por la falta de xito acumulada en la estrategia golpista, la opcin de la guerra sigue existiendo.

El mundo parece estar inmerso en una corriente de crueldad extrema. Los pueblos somos hoy rehenes de la barbarie financiera que se parapeta detrs del fascismo, sofocando todo impulso libertario. Es preciso fortificar masivamente la trinchera de la paz y los derechos sociales. La lucha por la paz y la soberana en Venezuela es crucial y no admite matices.

Ya preguntaba el poeta, por boca de Juan de Mairena [2] Necesitamos plaideras contra las guerras que se avecinan; madres desmelenadas, con sus nios en brazos gritando: "No ms guerras"? Y la musa colombiana Marta Snchez, le respondi. Para la guerra, nada.

Javier Tolcachier es investigador en el Centro Mundial de Estudios Humanistas y comunicador en agencia internacional de noticias Pressenza.

Notas:

[1] Alemania sobre todo, tambin similar a la consigna que us la campaa de Jair Bolsonaro en Brasil.

[2] Antonio Machado, Juan de Mairena, sentencias, donaires, apuntes y recuerdos de un profesor apcrifo, 1934-1936.

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.  


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