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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2019

Nueva dinmica de movilizacin del levantamiento popular en Sudn
La virtud de aprender del pasado

Khalid M. Medani
Jadaliyya

Traducido del ingls para Rebelin por Sinfo Fernndez


 

Manifestacin celebrada en Marsella en apoyo de las protestas en Sudn. (Imagen va Shutterstock). Tasqut Bas (Vete, eso es todo)

Una serie de protestas masivas vienen producindose sin tregua desde hace ms de dos meses en Sudn exigiendo que el presidente Omar al-Bashir dimita y allane el camino a un perodo de transicin que marque el inicio de una democracia pluripartidista. No resulta sorprendente, al igual que en similares protestas del pasado, que el rgimen de Bashir haya buscado una solucin militar para sofocarlas desplegando a la polica y fuerzas de seguridad paramilitares contra pacficos manifestantes en Jartum y en todo el pas. En el momento de redactar este informe, ms de sesenta personas han muerto asesinadas, muchas de ellas como resultado de las torturas perpetradas en las denominadas casas fantasma del gobierno, y ms de dos mil activistas antigubernamentales siguen detenidos a pesar de la reiterada insistencia del rgimen en que tiene la intencin de liberarlos.

Resulta significativo, pese a los frecuentes pronunciamientos del gobierno alegando que las protestas son relativamente pequeas y tienen poco impacto sobre el rgimen o que las manifestaciones estn esencialmente patrocinadas por saboteadores, matones o elementos extranjeros, que la intifada popular no solo haya producido cambios polticos importantes por parte del rgimen, sino que haya socavado claramente el gobierno de Omar al-Bashir de forma y manera que amenaza con derrocar su autoritario gobierno de treinta aos de duracin.

Durante la ltima semana, a raz de las continuas manifestaciones, huelgas y sentadas de la sociedad civil sudanesa, Bashir se vio obligado a posponer una enmienda constitucional que le iba a permitir postularse para un tercer mandato. Tambin declar el estado de emergencia en Jartum, disolvi el gobierno federal y reemplaz a los gobernadores locales por oficiales superiores del ejrcito en un intento desesperado por mantener su poder. Sin embargo, estas polticas de apaciguamiento y represin parecen haber envalentonado an ms a los manifestantes. El estado de emergencia est claramente diseado para dar carta blanca a las fuerzas de seguridad para que hagan uso de una mayor violencia contra los manifestantes, para restringir an ms las libertades polticas y civiles, as como para reprimir a los activistas y los partidos polticos de la oposicin. Inmediatamente despus de que Bashir decretara el estado de emergencia, los manifestantes regresaron a las calles en ms de cincuenta barrios en todo el pas, especialmente en Jartum y Omdurman, pidiendo una vez ms la destitucin de Bashir. Gritaban, entre otros lemas, uno de los estribillos ms exigentes y populares del actual levantamiento: Tasqut Bas (Vete, eso es todo).

La periferia como catalizador de la intifada

Las recientes protestas estallaron el 19 de diciembre de 2018 en la ciudad obrera de Atbara, en el Estado del ro Nilo, aproximadamente a 320 kilmetros al norte de Jartum. Y estuvieron motivadas por el aumento, hasta el triple, del precio del pan. Comenzaron con protestas lideradas por los alumnos de secundaria. A ellos se unieron muy rpidamente miles de residentes de la ciudad de Atbara. En pocos das, las manifestaciones antigubernamentales se expandieron por una amplia gama de ciudades y pueblos de la regin norte y de la capital, Jartum. Gritando consignas como el pueblo quiere la cada del rgimen (inspiradas por los levantamientos rabes de finales de 2010 y 2011 en Tnez y Egipto, respectivamente), los manifestantes ampliaron rpidamente sus demandas de forma que fueran reflejo de los profundos agravios polticos y econmicos generados por el gobierno autoritario de treinta aos de Omar al-Bashir y su partido gobernante, el Partido del Congreso Nacional (PCN).

Sin embargo, a pesar del hecho de que las quejas y demandas polticas estn ahora muy presentes en el levantamiento, no hay duda de que estas protestas estn particularmente provocadas por agravios econmicos que se remontan a las consecuencias de la secesin de Sudn del Sur en 2011. Como ya se ha sealado ampliamente, este hecho provoc la prdida para Jartum del 75% de los ingresos del petrleo, ya que dos tercios de los recursos petroleros se concentran en el Sur y representan aproximadamente el 60% de los ingresos en moneda extranjera. El efecto fue que, a partir de 2012, el rgimen de Bashir puso en marcha una serie de medidas de austeridad que motivaron diversas protestas en aquel momento, en su mayora en Jartum y, por lo tanto, ms centralizadas que las protestas actuales.

De forma parecida, uno de los factores principales de las manifestaciones actuales es la implementacin de las medidas de austeridad respaldadas por el FMI, que han llevado a la eliminacin de los subsidios al pan y al combustible, y que rpidamente provocaron la primera de las manifestaciones el 19 de diciembre de 2018. Sin embargo, es importante destacar que estas protestas no solo tienen su raz en la oposicin a las medidas de austeridad econmica. Constituyen la reaccin de una oposicin, entendida en sentido amplio, a dcadas de corrupcin rampante, incluidas las polticas de privatizacin que transfirieron activos y riqueza a los partidarios del rgimen y el robo del oro, as como de miles de millones de dlares de las ganancias del perodo del boom del petrleo en el pas.

Un nuevo modelo de movilizacin y protesta

En Jartum, siguiendo el liderazgo de las ciudades de la periferia, las protestas comenzaron tambin como respuesta a una profunda crisis econmica asociada con el aumento de los precios del combustible y del pan, as como a una grave crisis de liquidez. Pero estas demandas se convirtieron rpidamente en llamamientos para expulsar a Bashir del poder. Es importante destacar que la Asociacin de Profesionales Sudaneses (APS), que asumi el liderazgo en la organizacin y programacin de las protestas, a finales de diciembre organiz una marcha inicial hacia el Parlamento en Jartum para exigir aumentos salariales para los trabajadores del sector pblico y la legalizacin de sindicatos y asociaciones profesionales. Sin embargo, como las fuerzas de seguridad actuaron con violencia contra estas protestas pacficas, estas demandas se convirtieron rpidamente en un llamamiento a la eliminacin del Partido del Congreso Nacional gobernante, la transformacin estructural de la gobernanza en Sudn y una transicin a la democracia.

Estas demandas son similares a las relacionadas con anteriores protestas populares contra el rgimen, incluidas las de 2011, 2012 y 2013. Sin embargo, lo ms importante a tener en cuenta con respecto a las mismas es que no tienen precedentes en trminos de duracin y sostenibilidad (ahora van ya por su tercer mes), su distribucin geogrfica por todo el pas y una notable coalicin de grupos de jvenes, organizaciones de la sociedad civil y partidos polticos de oposicin. Igualmente importante es que la coordinacin de estas manifestaciones ha seguido un proceso notablemente distinto, innovador y sostenido. Es fundamental resaltar esto porque muestra claramente que, al igual que el rgimen dictatorial de Omar Bashir se ha enorgullecido de debilitar a la oposicin para impedir cualquier amenaza a su rgimen desmantelando los sindicatos, estableciendo una amplia gama de milicias paramilitares vinculadas al Estado y derribando a la oposicin armada as como a activistas antigubernamentales en la sociedad civil, estos manifestantes tambin han aprendido de las infructuosas protestas del pasado contra el rgimen.

Dirigidos por la recin creada APS, las manifestaciones en curso han sido coordinadas, programadas y diseadas estratgicamente para subrayar los siguientes aspectos: la sostenibilidad a lo largo del tiempo en lugar de los nmeros absolutos; su extensin a las clases medias, trabajadoras y a los barrios pobres; y la coordinacin con los manifestantes en regiones lejanas de Jartum, incluido el Estado oriental en el Mar Rojo, y Darfur, al extremo oeste del pas.

Adems, las consignas promovidas y utilizadas por los manifestantes se han estructurado a propsito para incorporar tambin las quejas de un espectro ms amplio de sudaneses y no solo las de la clase media y las lites tnicas y polticas centradas en Jartum y en las regiones del norte del pas. Estas consignas se enmarcan esencialmente en formas diseadas para movilizar el apoyo a travs de categoras tnicas y raciales, enfatizando que la nica forma de avanzar es expulsando del poder a Omar Bashir y al rgimen gobernante. De esta forma subrayan el nivel endmico y sin precedentes de corrupcin del rgimen y sus aliados, las dcadas de violaciones de los derechos humanos contra civiles en el pas por parte de una amplia gama de fuerzas de seguridad y las brutales guerras emprendidas por el rgimen en Darfur, el Estado del Nilo Azul, en la frontera con Sudn del Sur, y las montaas Nuba, en Kordofn del Sur.

De hecho, quiz uno de los aspectos ms destacados de estas protestas, que las distinguen en gran medida de los levantamientos anteriores, no es solo la escala regional de las manifestaciones, sino el alto nivel de solidaridad, hasta ahora sin precedentes, a travs de divisiones de clase en el pas. Los jvenes activistas y los miembros de las asociaciones profesionales no solo han desafiado el discurso poltico del Estado, sino que han desempeado un papel importante en el desarrollo de alianzas entre clases sociales en el contexto de estas manifestaciones.

Durante la ltima semana se llevaron a cabo huelgas, paros laborales y sentadas no solo en los campus universitarios y las escuelas secundarias, sino tambin entre los empleados y trabajadores del sector privado y del sector pblico. Como ejemplos destacados tenemos las huelgas en curso de los trabajadores de Puerto Sudn en el Mar Rojo, que exigen la anulacin de la venta del puerto sureo a una empresa extranjera, y varios paros laborales y protestas encabezados por los empleados de algunas de las compaas de telecomunicaciones ms importantes y otras empresas privadas del pas.

Escenarios: La perspectiva de una transicin pacfica a una democracia multipartidista

Hay un aspecto igualmente importante sobre la evaluacin de las perspectivas de un levantamiento que pudiera conducir a una transicin a la democracia que tiene que ver con la naturaleza evolutiva y cada vez ms sofisticada de las demandas de los manifestantes, ya que las protestas han continuado sin cesar. Los objetivos iniciales de los manifestantes eran simplemente expulsar del poder a Omar Bashir y su rgimen. El nivel de quejas e indignacin entre la poblacin hizo de esto la prioridad ms importante al comienzo de la protesta. Sin embargo, a medida que la coordinacin de estas protestas se iba sofisticando cada vez ms, especialmente bajo el liderazgo de la APS, en la actualidad los objetivos de la mayora de los manifestantes no solo incluyen poner fin al rgimen dictatorial de Omar Bashir, que sigue siendo una prioridad, sino tambin preparar el camino para un perodo de transicin de cuatro aos de duracin que marcara el comienzo de una democracia multipartidista en el pas.

Por el momento, los activistas sudaneses, los partidos polticos de la oposicin y una amplia franja de organizaciones de la sociedad civil estn debatiendo una variedad de posibles escenarios, incluida la perspectiva de que las Fuerzas Armadas de Sudn (FAS) se pongan del lado de las protestas y supervisen la transicin democrtica como en el pasado: un golpe interno dentro de las Fuerzas Armadas, que consolidara esencialmente el gobierno autoritario bajo un nuevo liderazgo, o la desintegracin del Estado como sucedi, por ejemplo, en Libia y Somalia. En ltima instancia, el resultado de estas protestas depender, y no es de extraar, de la continuada unidad y sostenibilidad de los manifestantes, del poder y fuerza de los servicios de inteligencia y seguridad nacionales y de las milicias paramilitares, as como de la medida en que los poderes regionales externos decidan apoyar al rgimen de Jartum por temor a que sus intereses regionales puedan verse socavados tras el derrocamiento de Bashir del poder.

Este equilibrio entre activistas antigubernamentales nacionales y organizaciones de la sociedad civil, el aparato de seguridad del Estado y el patrocinio externo es, por supuesto, fundamental a la hora de disear cualquier escenario en el futuro. Lo interesante es que las acciones ms recientes de Bashir estn indicando que estas manifestaciones han alterado las dinmicas y los clculos internos del rgimen. Como consecuencia del aumento de las protestas en las regiones ante las continuadas torturas y violencia contra los manifestantes, Bashir viaj a lugares que nunca antes haba visitado y realiz algunas propuestas tibias, como la liberacin de algunos presos polticos, pero al no apaciguarse las manifestaciones, sus leales dentro de su propio parlamento han propuesto recientemente que declare formalmente que no modificar la constitucin ni se postular para la presidencia por un tercer mandato.

Hay pocas dudas de que esto refleja la visin que tienen algunos en su crculo ntimo a la hora de buscar una salida para Bashir que logre calmar las protestas, los paros y huelgas laborales y las sentadas que han transformado las quejas iniciales de las llamadas protestas callejeras en un movimiento social que va a alterar el panorama poltico y cultural de Sudn en las prximas dcadas. Un aspecto central de este cambio ha sido la crtica incisiva, e incluso la aversin, por parte los activistas ante el proyecto islamista del gobernante Partido del Congreso Nacional de Bashir y sus partidarios islamistas, proyecto que, a los ojos de la mayora de los sudaneses, ha convertido a ese rgimen nada menos que en una junta militar gobernante compuesta por tujjar al-din (mercachifles de la religin).

Segn informaciones, la amplia oposicin al rgimen se ha extendido hasta tal punto que la propia consejera de Bashir ha reconocido que la oposicin est ahora presente en todos los hogares, por no mencionar las muchas mezquitas en Jartum y en todo el pas. En el momento de redactar este informe, parece que estn surgiendo profundas divisiones dentro del propio rgimen. En la maana del 22 de febrero, el poderoso jefe de los Servicios de Inteligencia y Seguridad Nacional de Sudn (NISS, por sus siglas en ingls), Salah Gosh, anunci que Bashir va a renunciar como jefe del gobernante Partido del Congreso Nacional y que no se va a modificar la constitucin para que permita su reeleccin en 2020. Pero en un discurso televisado esa misma noche, Bashir contradijo las declaraciones de su jefe de inteligencia y afirm que, aunque pospondr el voto parlamentario para enmendar la constitucin, permanecer como jefe del Estado y declarar el estado de emergencia durante un ao.

Hay pocas dudas ya de que estas manifestaciones han conseguido un xito notable a un nivel que pocos habran imaginado antes del 19 de diciembre. Se ha producido, ante todo, un notable fortalecimiento de la sociedad civil sudanesa, a pesar de las dcadas de gobierno autoritario y de una poltica de divisin en lneas tnicas, raciales y de clase. Pero, a ese respecto, debe concretarse ms. No se trata del surgimiento de una sociedad civil fuerte en un sentido vago, sino ms bien de la revitalizacin de los sindicatos independientes, laborales y profesionales en un momento en que la mayora habra predicho y afirmado su desaparicin. Puede apreciarse asimismo un notable empoderamiento del activismo juvenil y su utilizacin de las redes sociales en la coordinacin de las manifestaciones a travs de lneas de clase, regionales y raciales, en vez de haberse limitado a expresar una sensibilidad poltica particularmente estrecha de clase media y lite, que es una crtica que suele dirigirse al activismo juvenil en toda la regin.

Claro est que la valenta y el coraje de los jvenes activistas en Sudn y en la regin no se ponen en duda. Sin embargo, lo que vemos en Sudn hoy, adems de una demostracin de increble valenta, es que existe una estrecha coordinacin entre activistas en los barrios de clase media y trabajadora, en las repetidas campaas para demandar apoyos en las zonas rurales, as como una notable cooperacin a travs de la divisin de gnero, todo lo cual ha sustentado el cambio poltico y cultural que estas manifestaciones han logrado. Cuando Bashir, en reconocimiento del papel prominente de las mujeres en las manifestaciones, pidi recientemente cambios en la Ley de Orden Pblico que lleva dcadas maltratando y degradando a las mujeres sudanesas, las activistas respondieron rpidamente que su lucha no se limita a la Ley de Orden Pblico, sino que se centra especficamente en la eliminacin de un rgimen autoritario y en la expansin de las libertades polticas y civiles para todos los sudaneses.

El amplio alcance y sostenibilidad del levantamiento en Sudn no tienen precedentes en la historia del pas. Y, ms especficamente, la coordinacin y los vnculos entre asociaciones profesionales formales, sindicatos, organizaciones de la sociedad civil y activistas juveniles con los segmentos populares y de la clase trabajadora de la poblacin (que son esencialmente trabajadores de la economa informal) constituyen una de las razones ms importantes de la durabilidad de las protestas. En ltima instancia, es el xito de la organizacin en todo el espectro social formal-informal lo que ha sostenido dichas protestas. La idea de que los profesionales y los sindicatos deberan colaborar ms estrechamente con los activistas y trabajadores de la calle en la economa informal no fue precisamente una visin que promovieran muchos de los actores polticos involucrados en las anteriores protestas populares. Este desarrollo ha jugado un papel clave para sostener las protestas y socavar el rgimen de Bashir a tal nivel que no era fcil de imaginar cuando estall el levantamiento en Atbara, la ciudad de al-hadid wa-al-nar (acero y fuego) en el Estado del ro Nilo.

Khalid Mustafa Medani es profesor adjunto en el Instituto de Estudios Islmicos de la Universidad McGill (Montreal).

Fuente: http://www.jadaliyya.com/Details/38376/Quick-Thoughts-The-Sudanese-Protests-with-Khalid-Medani

Esta traduccin puede reproducirse libremente a condicin de respetar su integridad y mencionar al autor, a la traductora y a Rebelin.org como fuente de la misma.



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