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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 28-02-2019

El pueblo espaol y sus gobernantes

Jaime Richart
Rebelin


Espaa, vista como ese punto del sur del continente europeo donde habitan pueblos en territorios de muy diferente sensibilidad y mentalidad, pudiera ser un lugar apasionante digno de estudio. Y no puede extraar, por tanto, que algunos hispanistas del siglo XX que han tratado de desmontar la Leyenda Negra se maravillen de su fiesta y sus costumbres, valoren la naturaleza extraordinaria propia de un subcontinente y saluden a tanta insigne individualidad en la historia del arte, de la ciencia, de la invencin y de los descubrimientos. Todo ello, ms all de una bandera con un emblema reciente y un himno nacional para el que a pesar de la larga historia del pas, todava no hay consenso a la hora de elegir una letra digna musical... Pero desmontar la Leyenda Negra cuyo origen unos sitan en Inglaterra y los Pases Bajos, y otros en Italia, no es tarea fcil. Pues, por distintos conductos verificables, cuando el espaol se encuentra en ventaja, su insolencia, su soberbia y llegado el caso su crueldad son insoportables. Y cuando se ve reducido por la circunstancia a su verdadera dimensi n, es mezquino y adulador, un cobarde cuya afici n a las conjuras y traiciones s lo es inferior a su incapacidad para llevarlas a buen t rmino .

Sin embargo analizado el asunto a vista de p jaro , es proverbial que las gentes en su conjunto que viven en Espaa son abiertas de carcter, campechanas, inteligentes, avispadas, comunicadoras, solidarias y generosas. Pero, por otro lado, millones de esas mismas gentes no tienen escrpulos en elegir a sus verdugo; malhechores; que saquearon al pas durante al menos dos dcadas, se valieron de normas de hace casi dos siglos y promulgaron otras que han ido dando lugar a sucesivos dramas del abandono de la vivienda que habitaban decenas o centenares de miles de personas. Lo que da mucho que pensar sobre la verdadera inteligencia colectiva de la poblaci n espa ola , sobre su sensibilidad y sobre su aptitud para elegir a los individuos ms capaces que les gobiernen. Es por ello que Espaa es desconcertante. Cualquier situacin por disparatada, esperpntica o falta de lgica que sea, puede suceder. Y aunque son muchos sus atractivos, su s riqueza s natural es , su variedad monumental y art stica y un clima an templado que invita a vivir, que favorece la imaginacin y facilita la desenvoltura en el trato social, a veces da la impresi n de que ms que por todo eso Espaa atrae al mundo como anomala de un pblico laboratorio social. Pues las singularidades, los excesos, las extravagancias y las contradicciones centrifugadas en un matraz de mentalidades incompatibles , estn siempre en las cabeceras de la noticia. Donde adems las tensiones y enfrentamientos por la cuesti n territorial son habituales. Lo que vuelve a decir muy poco a favor de la inteligencia colectiva del espaol para resolver problemas de largo alcance y hondo calado. Pues si en lugar de predominar o dominar en la sociedad toda (la econmica, la financiera, la empresarial, la judicial y la meditica) las clases que fueron caldo de cultivo de la dictadura, empe adas en la una grande y libre -divisa de la dictadura-, ellas mismas propiciasen el autogobierno de los distintos territorios, se abrir an de par en par las puertas a la estabilidad social y con ella la prosperidad...

Porque la Leyenda Negra podr estar fundamentada o no. Pero lo cierto es que la condicin personal de quienes han detentado u ostentado el poder poltico, judicial, militar, policial, empresarial y financiero, es bien diferente de la condicin personal de quienes han tenido que soportarles. Razn por la que el divorcio entre gobernantes y s bditos o gobernados ha sido una constante en la vida pblica de este pas, y siempre escandalosa. Por lo que si la Leyenda Negra tiene mucho o poco de inexacta o de imprecisa debiera, por encima de toda otra consideracin, intentar desmontarse a partir de la distincin entre la culpabilidad de los gobernantes y los dueos de hecho de Espaa, y la responsabilidad de los ciudadanos, tteres en manos del absolutismo monrquico, antes, y de la dictadura despus. Sin embargo esa distincin no la hacen ni los propagadores de la Leyenda Negra ni quienes la rebaten. La metonimia ( figura retrica que consiste en tomar el todo por la parte o la parte por el todo) siempre est presente. Sea como fuere, no puede pasarse por alto el dato incontestable de que el absolutismo monrquico, que en Inglaterra puede decirse que termina en el siglo XIII y en Francia se liquida con la Revolucin Francesa y cuyos efectos alcanzaron a la mayora de los dems pases europeos... en Espa a dur hasta bien entrado el siglo XIX y, prcticamente a rengln seguido, le sucedi una dictadura. Por consiguiente, la mayor parte de su historia los espaoles han sido sbditos, no ciudadanos...

Pues desde el propsito de los Reyes Catlicos de compactar en una sola nacin a Espaa, dejando atrs a los los reinos de Taifas, y salvo alguna excepcin, el resto de los personajes que han encarnado el poder poltico en Espaa han sido en general nefastos. Unas veces por la indudable influencia de la iglesia cat lica, otras por la inercia y la pujanza de los poderes f cticos, otras por su debilidad, otras por su incompetencia, y siempre por que despreciar on la voluntad popular. Aunque tampoco hay que desdear la estampa frecuente en el buen espa ol , ese que f cilmente se transforma cuando tiene alguna clase de poder; se cuyas nobles cualidades las pierde en cuanto se ve a s mismo con una gorra, con un uniforme, con una toga o con un traje talar. Pero en todo caso, si la Leyenda Negra es merecida, no ser por culpa del pueblo espaol sino por la baja estofa de sus gobernantes en quienes la prudencia, la virtud poltica por antonomasia, siempre ha brillado por su ausencia en las decisiones que tomaron. Lo que ha impedido enlazar a Espaa con los caminos que han tomado en su historia los principales pases de la Europa que nos atae. Y si algn gobernante lo ha intentado, ha durado muy poco tiempo al frente de la empresa. Por consiguiente, la conclusin es que si el pueblo espaol y sus virtudes tienen un valor humansticamente estimable, sus reyes, sus gobernantes y sus caciques han sido una calamidad a la que se aaden la fcil sumisin de sus habitantes y la ya reseada escasa inteligencia colectiva...

En cierto modo todo esto puede explicar en t rminos propositivos antropolgicos que tambi n a la Comunidad Econ mica Europea le convino la incorporacin de Espaa en 1985. Por razones econmicas, pero tambin por otras variadas, alguna de ellas de extraa ndole... De entrada era un estado democr tico recin nacido casi de la noche a la maana, incipiente desde el punto de vista poltico, pero tambin desde el econmico y el diplomtico. Por de pronto se converta en un potente seuelo para los bancos y finanzas europeas como suculento prestatario y futuro deudor. Por otra parte, al serle recortadas severamente su industria y ganadera se haca tambin de l un Estado excesivamente dependiente, y al mismo tiempo se le converta en una colosal taberna, en un recoleto caf cantante y en un para so semi bananero , barato y al alcance de la mano. Pero es que adems, al ser un lugar donde abunda la bravuconer a, donde siguen ms o menos enterrados los rencor es resultantes de una guerra civil, y donde lucen las excentricidades pol ticas entre absurdas e infantiles , haran de l para una Europa espectadora de excepcin, un permanente y jocoso espect culo sociol gico de primera categora...

Jaime Richart, antroplogo y jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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