Portada :: Economa
Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2019

Cuaderno postcrisis: 16
Milagro o espejismo?

Albert Recio Andreu
mientras tanto


I

En tiempos electorales las cifras econmicas se convierten en elementos de propaganda, en uno u otro sentido. Y ya se sabe, la propaganda es enemiga del anlisis. Pablo Casado, este hooligan de la derecha, ya ha lanzado la primera andanada recordando que su partido ha liderado una poltica que ha generado dos milagros econmicos, refirindose a los periodos de crecimiento, el de 1995-2008 (aunque Aznar acab su mandato en 2004) y el de 2014-2018. Pedro Snchez no puede presumir tanto, debido a su breve mandato, aunque exhibe tambin las cifras de empleo que son, en trminos muy generales, buenas.

No hay mucho que hablar del primer milagro. Los anlisis de la crisis pusieron en evidencia que el modelo se haba basado en el binomio construccin-turismo (y recalentado por los faranicos planes de inversin en infraestructuras), alimentado por la enorme capacidad de endeudamiento que facilitaron los mercados internacionales de capitales. El final del milagro es conocido: una fuerte crisis de endeudamiento privado, un abrupto parn de la actividad constructiva, que arrastr a otros muchos sectores productivos, paro masivo, la crisis de las hipotecas y los desahucios, la crisis bancaria que dio lugar a un costoso salvamento pblico Ms que un milagro fue una ensoacin que acab en pesadilla. Una pesadilla que millones de personas siguen soportando en diferentes formas de pobreza. El segundo milagro tiene bastante de espejismo si nos atenemos al anlisis de la desigualdad. Pero para situarnos mejor conviene analizar ms en detalle en qu ha consistido la ltima fase de crecimiento.

II

Si algo caracteriza a la economa espaola de las ltimas dcadas es su enorme volatilidad. En las fases de expansin crea ms empleo que ninguna otra en Europa; en las fases recesivas es la lder en la destruccin de empleo. Parte de ello se debe a la enorme flexibilidad del mercado laboral propiciada por una legislacin que facilita los ajustes (contratos temporales, facilidades para el despido improcedente). Pero esta volatilidad se debe sobre todo a la elevada especializacin sectorial en mbitos como la construccin, que experimenta un elevado nivel de fluctuacin a lo largo del ciclo. En tanto persista la misma estructura laboral y sectorial, hay que esperar que la economa espaola siga manteniendo un alto grado de volatilidad a lo largo del ciclo econmico.

Analizar la influencia de las acciones polticas sobre la marcha de la economa es siempre complejo. En economas capitalistas abiertas al exterior hay muchos factores que influyen y siempre es difcil saber qu parte del resultado obedece a cada elemento. Los mtodos economtricos utilizados para la evaluacin son a menudo discutibles: los datos de partida no siempre estn disponibles o son los adecuados, los modelos utilizados tienen sesgos diversos y suelen ignorar elementos esenciales de la realidad, y como a menudo lo que se busca es un resultado publicable, suele haber mucha cocina para adaptar los datos a las hiptesis. Son loables los intentos de mejora de las tcnicas, pero no se puede decir que se haya alcanzado una forma satisfactoria de solventar la cuestin. Por ejemplo, los modelos economtricos que usan las grandes instituciones fueron completamente incapaces de pronosticar la crisis de 2008, bsicamente porque su diseo olvidaba variables y procesos que se mostraron esenciales para entender la dinmica econmica. Elementos que s tomaban en consideracin un puado de economistas heterodoxos cuyos modelos avisaban de la catstrofe. Pero, como comenta irnicamente James K. Galbraith, para las lites de la profesin los heterodoxos son nadie, y por eso afirmaron que Nadie poda haber previsto la crisis.

Reconociendo esta dificultad, podemos tratar de ver qu hizo el Partido Popular para generar el milagro. Y, alternativamente, qu otras fuerzas pueden explicarlo. Las polticas anticrisis del Partido Popular fueron bsicamente los recortes brutales del gasto pblico, una reforma laboral justificada como medio para provocar una devaluacin (bajada) salarial con el objetivo de mejorar la competitividad exterior, el salvamento de la banca, y algunas polticas industriales a las que luego me referir.

El impacto de la primera medida es evidente: en dos aos (2012 y 2013) se destruyeron 1,2 millones de empleos (del orden de 600.000 al ao). En los cinco aos posteriores se han creado 2,61 millones de empleos, con un ritmo inferior de creacin que el de destruccin precedente. En trminos netos de todo el perodo el balance es ms modesto, aunque no despreciable (contando que parte de 2018 ha tenido un Gobierno del PSOE): entre 2012 y 2018 se han creado 1,41 millones de empleos netos. Otra cosa son sus condiciones, con una fuerte recuperacin del empleo temporal (mucha parte de muy corta duracin), de empleo a tiempo parcial, y de bajos salarios.

Podra argumentarse que lo que ha impuesto el PP es una devaluacin salarial exitosa. Es decir, que gracias a que han empeorado los salarios, se ha creado empleo para ms gente. Y gracias a esta cada salarial, las empresas espaolas han podido bajar precios y han sido ms competitivas, y han mejorado su posicin en el mercado mundial. Cuando se analizan los datos, las cosas resultan ms que discutibles. La cada salarial ha existido, pero sta no se ha traducido en una bajada de precios, sino en un aumento de los mrgenes empresariales. O sea no hay pistas que induzcan a pensar que ha tenido lugar esta competitividad va precios. En cambio, resulta evidente que ha aumentado la parte del pastel que va a beneficios, y se ha hundido la que va a salarios. Lo explican en un brillante artculo Ignacio Alvarez, Jorge Ux y Eladio Febrero (International devaluation in a wage-led economy: the case of Spain. Cambridge Journal of Economics, 2018, 1-26).

Lo que realmente ha sucedido es que la economa espaola se ha beneficiado de un viento de cola favorable en diversos aspectos. De una parte, una economa altamente endeudada se ha visto favorecida por la cada de los tipos de inters propiciada por las polticas del Banco Central Europeo. Las grandes empresas han tenido que soportar costes financieros ms bajos (la renegociacin de deuda ha pasado a formar parte de su actividad habitual), y adems han podido reducir deuda en parte vendiendo activos (o sea perdiendo oportunidades de negocio) y endosando parte de la deuda al sector pblico. En segundo lugar, el bajo coste del petrleo. Al tratarse de un producto que directa o indirectamente participa de todas las actividades econmicas, su abaratamiento tiene un efecto importante. Adems al tratarse del principal producto de importacin, la cada del precio mejora la posicin internacional del conjunto de la economa, de la balanza de pagos. Y, en tercer lugar, se ha producido una nueva oleada de llegada de turistas, en parte debido a la enorme oferta hotelera del pas, al impulso dado al turismo por los viajes areos low cost, a la situacin poltica del Mediterrneo, que desva turistas apocados de otros destinos y, finalmente, debido tambin a que la devaluacin del euro al inicio del perodo permiti una cierta mejora de la competitividad. El resultado de todo ello fue un cierto impulso econmico que una vez iniciado se refuerza a travs de los mecanismos bien explicados por los economistas post-keynesianos y que en parte ya intuy Marx. En una economa deprimida, un aumento de la demanda y el empleo en un sector (pongamos el turismo) se convierte en mayor consumo, y ste alimenta ms empleo y ms inversiones, y as se mantiene la dinmica durante un tiempo. Es tambin posible que la mejora en los costes del endeudamiento, debido a la poltica monetaria heterodoxa practicada por el BCE, hayan permitido una cierta alegra en la inversin y la actividad econmica, tal como explica Steve Keen.

Pero estos han sido vientos transitorios, que cuando dejen de soplar pueden generar el efecto contrario. Y es que, en todo este tiempo de bonanza, no se han puesto las bases de transformacin estructural de la economa. De hecho, el PP no llev a cabo casi ningn tipo de poltica de transformacin. Las pocas polticas que realiz con ahnco estaban ms bien diseadas para reforzar el viejo modelo: Planes Renove para reforzar las ventas de coches y, sobre todo, polticas en apoyo de la actividad inmobiliaria: permisos de residencia para compradores de casas, instauracin de las Socimis, cambios en la ley de costas para ampliar el espacio edificable, modificacin de la ley de alquileres. Duros recortes en polticas de investigacin, de formacin de personas en paro, de educacin. Y cercen el desarrollo de las energas renovables para defender los intereses de las grandes compaas energticas. Es decir, ninguna orientacin seria de ayudar a transformar las bases materiales de la actividad econmica.

Es impredecible saber cundo acabar la buena racha, aunque los informes econmicos oficiales apuntan a una ralentizacin de la actividad econmica europea, que podra ser el inicio de una nueva fase de problemas graves. Lo que s parece claro es que cualquier cambio en las variables que han impulsado esta fase de crecimiento puede tener efectos nefastos para el funcionamiento normal de la Economa espaola. Y el presunto milagro puede dar paso a una nueva pesadilla.

III

En diez aos no ha habido ninguna reflexin profunda ni ningn planteamiento poltico serio de cmo reconducir nuestro modelo econmico. A lo sumo, ha habido conciencia de alguno de los ms graves costes del mismo en clave social (desigualdad) y ambiental. Por no haber, ni siquiera se ha producido un planteamiento serio de pensar cmo evolucionarn los sectores convencionales. Un ejemplo lo tenemos en la industria automovilstica, una de las protagonistas de la fase expansiva. Una industria totalmente dependiente de los grandes grupos mundiales, y que ahora est amenazada por la crisis del disel y el cambio de modelos, que pueden dejar alguna de las plantas sin carga de trabajo. Cuando es cada vez ms obvia la necesidad de un cambio en las formas de la movilidad, seguir confiando que las multinacionales mantendrn el nivel de actividad en las plantas espaolas es una inconsciencia.

No hacen falta milagros (casi siempre escasos, cuando no meras ensoaciones). Lo que se requiere es considerar, de una vez por todas, la necesidad de reconducir el modelo de produccin y consumo a la luz de los problemas ambientales y sociales. Pensando tambin en las restricciones que impone el entorno internacional. Y eso supone pensar las polticas en toda su complejidad y extensin. Hemos perdido una dcada, en la que mucha gente ha sufrido mucho. Por esto es urgente generar un debate social y unas iniciativas que impulsen el cambio. Y, tambin para ello, hace falta alterar el clima poltico.

Fuente: http://www.mientrastanto.org/boletin-177/notas/milagro-o-espejismo

 



Envía esta noticia
Compartir esta noticia: delicious  digg  meneame twitter