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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 04-03-2019

Mundo de vanaglorias

Ilka Oliva Corado
Rebelin


Vivimos en un mundo de vanaglorias, donde se premia lo ms ruin, a quien traiciona, a quien no tiene escrpulos, a quien pisotea con tal de lograr objetivos propios. En un mundo de farsas, donde lo nico real es la burla. se es el mundo que creamos y alimentamos todos los das con nuestras acciones o pasividades; dependen stas de lo que nos convenga segn sean los vientos que soplen hacia nuestra burbuja de indiferencia y egolatra.

Un mundo de irrespeto al otro y a todo ser viviente. Somos sociedades de individuos desechables y peleles. Individuos que han perdido toda integridad, que la han vendido a cambio de lo efmero que dura lo que una patada en el culo. Estamos hechos de autodestruccin, una humanidad que da a da se empea en su lucha por desaparecer; no sin antes llevarse todo a su paso, todo lo que no le pertenece pero que se lo ha apropiado descaradamente creyndose autosuficiente y dueo, peor que eso: patrn!

Y bajo esa premisa muchos andamos por la vida creyendo que otros nos deben pleitesa y que se deben arrastrar ante nosotros para darles lo que por derecho les corresponde pero que necesitamos que se humillen para que nos vean hacia arriba, en esa altura de donde cualquiera con una brisa puede caer hasta el culo del guindo.
Y pensamos ingenuamente que nos hace un apellido, un ttulo, un puesto de trabajo, una marca de ropa o una locin. Y cuando en realidad lo que nos hace, lo que nos crea, lo que nos convierte en seres humanos es nuestra capacidad para sentir el dolor del otro, para ver con los ojos del otro, ponernos en los zapatos del otro. Nos convierten en seres humanos nuestras acciones ante la injusticia, ante la burla, ante la deslealtad y la opresin. Ante la avaricia de unos pocos que creyndose patrones y caporales quedados en La Patria del Criollo pisotean los derechos de miles.

Nos creemos los seres evolucionados del universo y al contrario; somos el retroceso constante y la prdida, adrede. Creemos que lastimando a otros estaremos a salvo, que el dolor de otros nunca nos tocar, que la sed de otros nunca la tendremos y que nuestras deslealtades, nuestras traiciones, nuestras egolatras sern suficientes para no caer nunca en el fondo de ese abismo al que tanto miedo le tenemos: el de la pobreza y miseria a la que hemos obligado a vivir a miles.

En el culo del abismo ya estamos como humanidad y si no tenemos la capacidad de reaccionar y pensar en colectivo, dndole contenido a nuestra existencia y unificando criterios, propuestas, acciones; acabaremos por la autodestruccin definitiva. Y no habrn ttulos, ni lociones, ni puestos de trabajo, ni nfula alguna que pueda rescatarnos.

Es comn que veamos las faltas de los otros y que cobardes nos escondamos de las nuestras, deberamos tal vez empezar por nosotros mismos con ese ejercicio tan simple de vernos frente al espejo y conversar con nuestra memoria individual y colectiva acerca de esa humanidad que se cree autosuficiente cuando ni siquiera puede respirar por s misma.

Ojal que algn da aprendamos a vernos sin vestiduras y aprendamos de nuestra fragilidad e inconsistencia y, que no sea tarde en esta marcha sin retorno que hemos emprendido con nuestro mundo de vanaglorias.

Blog de la autora: https://cronicasdeunainquilina.com

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso de la autora mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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