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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2019

Entrevista a Ricardo Rodrguez sobre Los impuestos en la ciudad democrtica
La poltica fiscal espaola no cumple ni de lejos el mandato contenido en el artculo 31 de la Constitucin

Salvador Lpez Arnal
El viejo topo


Ricardo Rodríguez nació en 1968 en Cabezamesada (Toledo) y en la actualidad reside en Leganés (Madrid). Sumados a relatos como La caravana, El sueño de la razón y La parábola del ingeniero, entre sus obras cabe citar Cucharadas de mar (Huerga & Fierro editores, 2003) y La moral del verdugo (Mondadori, 2005). Ha coordinado y prologado además la edición de la obra El realismo social en la literatura española (CEDMA, 2007), trabajo colectivo en homenaje a Juan García Hortelano. Recordemos tambin El secreto de Sócrates (Piel de zapa, 2015). Nuestra conversacin se centra en su ltimo libro publicado por El Viejo Topo en 2018.

 

Qu hermoso ttulo el de tu nuevo libro editado por El Viejo Topo en septiembre de 2018! Enhorabuena. En quines has pensado al escribirlo?

R: Gracias. El ttulo del libro es un pequeo homenaje a mi admirado Manuel Vzquez Montalbn; se inspira en el de su ensayo La literatura en la construccin de la ciudad democrtica. Como es de imaginar, la materia de la que ambos libros tratan es muy diferente, pero creo que existe una aspiracin comn de construccin de una ciudad de cuyo destino sean dueos sus ciudadanos y no poderes ajenos a todo control cvico. Vzquez Montalbn se preguntaba por la aportacin de las artes y las letras en la formacin de la conciencia democrtica y yo me pregunto por la aportacin de la ciudadana en el sostenimiento material de los bienes comunes que hacen que la vida de la inmensa mayora sea posible. En todo caso, soy uno de tantos que echa de menos la lucidez de don Manuel en el turbio panorama poltico, social y cultural espaol de estos tiempos. Y, como l, en ocasiones me siento atrapado en una ciudad que, en el camino de superar su condicin de franquista, pas a convertirse en postmoderna, sin otra alternativa, una ciudad de mercados, nica y exclusivamente.

A qu aludes con esa ciudad democrtica de la que hablas en el ttulo?

R: La ciudad de la que se habla est entendida en su sentido ms amplio como sociedad moderna e industrializada, y que podr ser democrtica si depende de todas nosotras y nosotros la produccin y conservacin de los bienes y servicios comunes. Se trata, por tanto, de una concepcin profundamente material de democracia. Es inusual que se vea la relacin entre sistema tributario y democracia y es an ms infrecuente que tal relacin aparezca en los debates polticos y periodsticos habituales sobre fiscalidad, pero se trata de una relacin bien precisa. Se ha dicho tambin que los impuestos constituyen el precio de la civilizacin; tal vez sea una formulacin ms trascendental, pero posee un fondo similar. En la actualidad, cada vez financiamos una porcin mayor de bienes y servicios pblicos por medio de deuda, y esto constituye un severo peligro no slo econmico sino tambin, y sobre todo, para la democracia, porque pone nuestro destino en manos de nuestros acreedores. Por eso es tan importante y es tan grave la insuficiencia de nuestra Hacienda Pblica. Me result muy emocionante, al leer hace unos aos su asombroso libro titulado Etocracia, comprobar que el barn de Holbach haba advertido de este peligro hace ms de dos siglos. Va siendo hora de que aprendamos.

Entro en materia propiamente. Cmo definiras el concepto de impuesto?

R: A m me parece buena la definicin que da la Ley General Tributaria. Existen tres grandes figuras en nuestro sistema tributario, que son los impuestos, las tasas y las contribuciones especiales. La primera de estas figuras es con diferencia la de mayor entidad cuantitativa, y tambin la que tiene mayor capacidad para cumplir el mandato constitucional de justicia, igualdad y progresividad. Dice el artculo 2 de la Ley General Tributaria que los impuestos son tributos que se exigen sin contraprestacin como consecuencia de la realizacin de negocios, actos o hechos que pongan de manifiesto capacidad econmica. Hay aqu dos elementos esenciales. En primer lugar, que el impuesto no es un precio que pagamos a cambio de un determinado servicio, sino nuestra contribucin al sostenimiento general de todos los bienes y servicios pblicos, de los cuales tenemos derecho a disfrutar en la medida de nuestra necesidad precisamente porque somos ciudadanos. En segundo lugar, que la medida de lo que pagamos no es lo que individualmente recibimos a cambio del pago sino nuestra capacidad econmica. Es corriente or a ciudadanos decir que tienen derecho a recibir buenos servicios porque pagan impuestos, y lo cierto es que sta no es una afirmacin muy exacta, o no lo es al menos salvo que se haga desde una acepcin rigurosamente colectiva de ciudadana. Tenemos derecho a recibir los bienes y servicios pblicos que cubran nuestras necesidades bsicas porque somos ciudadanos, y hemos de contribuir a su sostenimiento en la medida de nuestra capacidad econmica justamente tambin porque somos ciudadanos. sta es, a mi juicio, la idea correcta. Ya sabes, el clsico habra dicho: de cada cual segn su capacidad, a cada cual segn su necesidad.

La izquierda, las izquierdas estn suficientemente informadas e interesadas en esta temtica?

R: Aparentemente s. Desde luego, le convendra tomrselo muy en serio porque ser imposible cualquier mejora sustancial de la justicia social sin una reforma en profundidad de nuestro sistema tributario. Tambin es innegable que los impuestos estn casi siempre en el discurso poltico de la izquierda, se admite su necesidad para el sostenimiento de los servicios pblicos esenciales y se defiende el aumento de la progresividad y el predominio de impuestos directos sobre los indirectos. Resulta esperanzador que se haya recuperado gran parte de este discurso despus del destrozo ideolgico y cultural ocasionado por aquello de que bajar impuestos es de izquierdas que pregon el ltimo gobierno de Rodrguez Zapatero (y quiero recordar que as se justific la supresin del Impuesto sobre Patrimonio, nada menos, uno de los tributos ms progresistas del sistema). Lo que se echa ms de menos es concrecin y capacidad para abordar la raz de los problemas, carencias a mi juicio sintomticas de que el inters an no es por completo sincero. Todo esto se expresa en el apartado fiscal del acuerdo presupuestario suscrito por Unidos Podemos y Gobierno del PSOE.

Me das un buen argumento que critique-desmonte las estrategias de algunos ciudadanos, que no son pocos, para evitar pagar impuestos o pagar, si es el caso, los mnimos posibles?

R: Es de una evidencia emprica aplastante que el sostenimiento de un amplio conjunto de servicios pblicos bsicos es solamente posible con un potente sistema tributario que exija la aportacin de una parte sustancial de la renta y la riqueza de toda la ciudadana a un fondo comn y que tal aportacin se ajuste progresivamente a la capacidad econmica de cada quien. Se trata de un pilar ineludible del Estado de Bienestar social, y hablo, por supuesto, no de ningn pas socialista, sino de las sociedades capitalistas avanzadas europeas. Debemos entender que a lo largo de casi toda la historia de las sociedades humanas, slo una exigua minora disfrutaba del bienestar que hoy nos parece irrenunciable. La satisfaccin de las necesidades bsicas de gran parte de la poblacin, su acceso a la educacin y a la sanidad, se concentran en un periodo muy reducido de la historia, a partir de la Segunda Guerra mundial, y en una regin tambin muy determinada del mundo, y slo puede sostenerse sobre la base de una gran recaudacin de recursos. Conviene no perderlo de vista, porque las medidas de las mal llamadas polticas de austeridad demuestran que lo que se gan tras muchas y duras luchas sociales puede perderse con facilidad. La inmensa mayora de nosotros, incluso quienes disfruten de ingresos medios, se arruinara en apenas dos aos si tuviese que costearse un tratamiento de cncer. Es lo que sucede a ms del 40% de los enfermos de cncer en Estados Unidos segn datos publicados recientemente. Es justo que los ciudadanos protestemos por las injusticias del sistema, es justo que exijamos que la distribucin del gasto sea lo ms eficaz posible, es justo que denunciemos la corrupcin y el fraude de las grandes fortunas. Pero el bienestar social es imposible si no contribuimos todos y la conciencia fiscal consiste en la conviccin de que yo debo contribuir.

En tu opinin, es justa o razonablemente justa la poltica fiscal espaola en estos momentos?

R: Evidentemente no. Es ms, no cumple ni de lejos el mandato contenido en el artculo 31 de la Constitucin: ni contribuye todo el mundo, ni se ajusta a la capacidad econmica, ni el sistema es tampoco igual para todos, ni es progresivo, ni mucho menos es justo.

Ser de derechas, de centro o de izquierdas hace que seamos defensores de una u otra poltica fiscal, o nuestras posiciones en este nudo son independientes de nuestra concepcin poltica?

R: Tradicional y tericamente s que influye, y mucho. Haciendo abstraccin del centro -un espacio poltico de realidad siempre incierta- y a grandes rasgos, la izquierda aspira a una mayor recaudacin fiscal para lograr sostener un conjunto amplio de bienes y servicios pblicos y para alcanzar una ms equilibrada redistribucin de la riqueza. Es partidaria asimismo de un peso mayor de los impuestos directos y del incremento de la progresividad. La derecha entiende que es preferible dejar un volumen ms grande de recursos en manos privadas, tambin porque cree que los servicios pblicos deben ser reducidos y transferidos a la iniciativa privada en su mayora. Uno de sus mitos recurrentes es el de la curva que ideara el economista norteamericano Laffer, que probara que llegado un punto determinado, que ya se habra alcanzado en las sociedades occidentales en los aos 70, los incrementos de tipos en la imposicin directa detraen la actividad econmica y reducen los ingresos pblicos y a la inversa. Como asesor fiscal del gobierno de Reagan, y gracias a esta poltica de reduccin de impuestos, combinada ciertamente con el aumento de gasto militar, llev a Estados Unidos al dficit ms colosal de su historia, pero esta parte se cuenta menos veces.

Ahora bien, si en la teora las diferencias son claras, en la prctica a menudo las cosas resultan ms confusas. Por una parte, muchos gobiernos de derechas han llevado a cabo muy significativas subidas de impuestos, como es bien conocido. Por otra parte, la socialdemocracia en las ltimas dcadas ha ido asimilando aspectos centrales de la poltica fiscal tradicional de la derecha, incluidas las argumentaciones. Algunos sectores de la nueva izquierda nacida en torno a movimientos como el del 15 M no estoy muy seguro de que hayan entendido la trascendencia de esta materia. Y, para finalizar, la tentacin de obtener fondos elevando impuestos indirectos afecta con frecuencia a gobiernos de muy distintos colores polticos, an a despecho de la justicia, porque los impuestos indirectos y al consumo suelen ser de devengo inmediato y permiten conseguir dinero rpido, que es lo que busca el gobernante mediocre que pretende tapar un agujero sin abordar los problemas de fondo de la sociedad.

Desde 1977, pongamos por caso, cmo ha evolucionado esa poltica fiscal de la que hablamos? Ha sido, para peor o para mejor?

R: A mi juicio claramente para peor. Hay un dato muy significativo que doy en el libro y que he repetido en alguna otra entrevista. El primer IRPF de la democracia, establecido por un gobierno de UCD e inspirado por Enrique Fuentes Quintana, nada sospechosos ninguno de los dos de radicalismo izquierdista, tena casi treinta tramos y un tipo marginal mximo de ms del 65%, aun cuando haba tambin un tipo medio mximo del 40% para el IRPF y conjunto del 55% para el IRPF y el Impuesto sobre Patrimonio. Y, lo que es ms importante, se trataba de un impuesto sinttico en el que pagaban por igual todas las rentas con independencia de su origen. As fue, de hecho, hasta mediados de los 90. El IRPF actual slo dispone de cinco tramos y el marginal mximo se sita ms o menos, dependiendo de la Comunidad Autnoma, en el 45%, es decir, 20 puntos menos que en 1978. A lo que hay que aadir que las llamadas rentas del ahorro, esto es, bsicamente rendimientos de capital y ciertas ganancias patrimoniales, tributan a un tipo mximo del 23%. En el IVA, el tributo indirecto ms importante del sistema, la evolucin ha sido justamente la opuesta: naci en 1986 con un tipo general del 12% que hoy se halla en el 21%, casi 10 puntos ms. Hay, por supuesto, muchos otros cambios abiertamente regresivos. En el Impuesto sobre Sociedades, ms gravedad que la reduccin de tipos nominales, que tambin ha sido significativa, ha tenido la erosin creciente de las bases imponibles por el juego mal controlado de la contabilidad financiera y la fiscalidad y el manejo de bases negativas y de determinadas deducciones y exenciones. Impuestos como el de Patrimonio y el de Sucesiones y Donaciones se encuentran en vas de extincin y sometidos a la presin de campaas mediticas y sociales favorables a su abolicin basadas en muy buena medida en falacias. A pesar de alguna de sus disfunciones, que habra que corregir con la pertinente reforma, como los efectos perversos para muchas familias de la sobrevaloracin catastral de inmuebles en zonas rurales, por ejemplo, se trata de dos tributos esenciales para la justicia del sistema. El Impuesto sobre Patrimonio podra cumplir, bien gestionado, una misin capital para la economa de forzar la movilizacin de recursos ociosos y el de Sucesiones mitiga la perpetuacin de las diferencias de riqueza que se produce por el derecho de herencia. Es asombrosa la escasa batalla que ha presentado la izquierda en este campo, por no hablar de la asimilacin por gran parte de la socialdemocracia de los postulados ms conservadores. Y no sobrar sealar que la transferencia de su gestin a las Comunidades Autnomas ha estimulado una nefasta competencia fiscal a la baja que a la larga ha perjudicado a todos los territorios, aparte de diferencias de todo punto injustificables entre ciudadanos (por ejemplo, entre herederos segn fueran de uno u otro territorio). Sinceramente creo que lo ms racional es que en tributos como ste la competencia la conserve el Estado.

Aunque pueda parecer evidente. permteme esta pregunta tonta: a qu podemos llamar fraude fiscal?

R: Existen varios niveles de definicin. Desde un punto de vista penal, en rigor hablaremos de fraude fiscal para referirnos al delito de defraudacin tributaria, por lo que habrn de darse los elementos del tipo, en esencia que el importe dejado de pagar a la Hacienda Pblica exceda de un umbral, hoy establecido en 120.000 euros para cada periodo fiscal, y que concurra dolo, que adems ha de probarse, dado que, como es lgico, en este delito tambin rige el principio de presuncin de inocencia. Otro nivel es el administrativo, que se diferencia del penal en que no es preciso superar un importe de impago de impuestos y en que tampoco es precisa la concurrencia de dolo. Pero s la culpabilidad, aunque sea en grado de negligencia. Si cabe entender que el contribuyente ha puesto la diligencia necesaria en el cumplimiento de sus obligaciones fiscales, la Administracin podr cobrarle lo que dej de pagar por error o por una mala interpretacin de la norma, pero no sancionarle, y no siendo sancionable el comportamiento de un ciudadano, tampoco a mi juicio se podra hablar aqu de fraude. De una manera todava ms amplia, cabra identificar el fraude fiscal con lo que se llama evasin fiscal , que alude a un impago de impuestos contrario a la ley, por contraposicin a lo que se denomina elusin fiscal , que supone la reduccin de impuestos basndose en la propia ley, con frecuencia en operaciones de sofisticada planificacin econmica que roza el fraude pero sin caer de manera abierta y clara en la ilegalidad. Y aqu reside el mayor problema de nuestro sistema y el reto de ms enjundia de toda reforma: el volumen ms cuantioso de prdida de ingresos procede de operaciones de optimizacin fiscal que muy a menudo no pueden calificarse de defraudadoras en un sentido jurdico estricto y que, en consecuencia, no pueden tampoco recuperarse. Se precisa por tanto la creacin de mecanismos antielusin que, por encima de la letra de la ley, consideren la evaluacin de la capacidad econmica, lo que a fin de cuentas es un mandato constitucional, es decir, de la ley de leyes.

Quines defraudan con ms frecuencia y entusiasmo? Cul es el importe aproximado de fraude en Espaa en estos ltimos aos?

R: Las cifras que se han dado de fraude fiscal en Espaa varan mucho, y esa disparidad y la ausencia de unos clculos oficiales fiables constituyen un grave problema. Desde un estudio de GESTHA, el sindicato de Tcnicos de Hacienda, que hablaba 90.000 millones de prdida anual de ingresos fiscales, aunque no se atrevieran a calificar la totalidad de esa cifra como fraude, a la cantidad calculada por el Consejo General de Economistas, que rondaba los 26.000 millones anuales, ha habido estudios que han arrojado resultados con enormes diferencias. La cuantificacin exacta del fraude es por supuesto imposible, dado que el fraude proviene de rentas y activos ocultos, y que en tanto que tales no pueden contabilizarse, pero s es posible realizar estimaciones. Una de las primeras medidas de una reforma a fondo del sistema debera contemplar la realizacin de un clculo peridico oficial por el Estado de lo que los norteamericanos llaman la brecha fiscal , la diferencia entre lo que se debera recaudar y lo que de verdad se recauda, para que al menos tuvisemos constancia de los efectos de los cambios legales y reglamentarios que se acometan. Por otra parte, salvando el muy optimista estudio del Consejo de Economistas, todos los dems encuentran que la cuanta de fraude en Espaa es colosal y se halla por encima de la media europea.

El mayor volumen de fraude se concentra sin duda en grandes fortunas y grandes grupos empresariales, que disponen de instrumentos jurdicos de evasin o de elusin que no estn al alcance de la mayora. Pero tambin hay un volumen considerable de fraude intermedio de profesionales o empresarios medianos, a menudo estrechamente entrelazado e incluso instrumental del gran fraude. El nico mbito en el que es muy exiguo es en el IRPF de las que se llaman rentas cautivas, esto es, las de pensionistas y trabajadores por cuenta ajena, dado que su aportacin principal le es retenida por sus pagadores antes de que declaren. Un dato muy singular es que en un estudio sobre IRPF difundido hace unos aos por FEDEA (la Fundacin de Estudios de Economa Aplicada) se llegaba a la conclusin de que la tributacin de estas rentas se situaba en el 105% de la debida. Es decir, en realidad globalmente pagan ms de lo que les corresponde, justo lo opuesto de lo que ocurre en cualquiera de las otras fuentes de renta gravadas, sean de actividades econmicas, rentas de capital mobiliario o inmobiliario o ganancias patrimoniales.

Te pregunto ahora por el pago de los ricos en Espaa. Descansemos un momento 

De acuerdo.

Fuente: El Viejo Topo, enero de 2019.


Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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