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Aumentar tamaño del texto Disminuir tamaño del texto Partir el texto en columnas Ver como pdf 05-03-2019

El pueblo espaol y sus gobernantes (y II)

Jaime Richart
Rebelin


Decamos ayer que la mayor parte de su historia los espaoles han sido sbditos, no ciudadanos. Mejor dicho, sbditos y feligreses, pues el bautismo era en la prctica obligatorio y dar la espalda a la iglesia era comprometedor para el sbdito. En esas condiciones ha vivido la poblacin espaola de todos los tiempos casi hasta ayer. La mismsima Constitucin de 1812 (sobre la que la mayora de historiadores apuntan como el momento del nacimiento de la idea de Espaa como nacin, aunque oficialmente slo estuvo en vigor dos aos) consagra a Espaa como Estado confesional catlico, prohibiendo expresamente cualquier otra confesin. Por su parte el rey, lo segua siendo por la gracia de Dios y la Constitucin. Por cierto, el texto constitucional no reconoca ningn derecho para las mujeres, ni siquiera el de ciudadana...

A pesar de ser muy deficiente, vista con los ojos de hoy, esa Constitucin da fin al Antiguo Rgimen. La burguesa pasa a controlar, en teora, las decisiones polticas sustituyendo a la nobleza y al clero. Pero en todo caso el siglo XIX es un periodo marcado por constantes cambios y transformaciones polticas y sociales. No obstante, a partir de esa breve Constitucin, la historia poltica de Espaa es la historia de una convulsin permanente; un relato de lo provisional que, con el parntesis de la guerra civil y un periodo econmico bonancible de unos veinte aos, explotado en su exclusivo provecho por los que han estado mangoneando en este pas durante cuarenta y ahora en su mayora est rindiendo cuentas a la justicia, sigue teniendo efecto sobre la crnica inestabilidad poltica y social que llega hasta hoy mismo. Inestabilidad, atemperada por la mera pertenencia de Espaa a la Comunidad Econmica Europea, a la que todo gobierno de uno u otro modo debe rendir cuentas econmicas pero tambin polticas de acuerdo con el Tratado. De no ser as, es difcil que no hubiese vuelto Espaa a las andadas del ao 36, dado el carcter pendenciero y prepotente de las clases que se han impuesto en esta sociedad desde tiempos oscuros y lo van legando de padres a hijos...

La democracia es un mtodo. El mtodo de organizarse la sociedad. Y como todo mtodo requiere aprendizaje, entrenamiento y ejercicio. No se aprende de la noche a la maana. Por eso, Espaa no se puede medir ni comparar en el modo de ejercer el mtodo, su mtodo, con pases como Francia o Inglaterra que llevan siglos practicndolo. Y por eso en Espaa slo los necios, juristas o no, jueces o no, magistrados o no, lo tienen todo muy claro y a todo dan pronta respuesta. Pues, habida cuenta que las seales para saber en qu nivel de democracia est un pas es conocer hasta qu punto todo el mundo est relativamente insatisfecho, Espaa, la Espaa dominante, la Espaa de la burguesa y del acomodo, razona e interpreta las leyes exclusivamente desde la literalidad. No atiende ordinariamente al espritu de la ley que precisamente a Montesquieu dio causa para escribir Lesprit des lois. Como dije en otro sitio, el absolutismo monrquico apenas erradicado, el espritu dogmtico de la filosofa religiosa de siglos apenas debilitado y el espritu castrense que subyace en los abundantes restos de la mentalidad de la dictadura franquista ofuscan con facilidad a todos, incluidos los expertos de las leyes que tienden a atenerse slo a la letra de la ley segn uno o los tres condicionantes. Por eso reina tanta confusin y por eso tanta controversia en tanto asunto delicado que vive este pas.

Por ejemplo, ahora mismo se sustancia un proceso penal contra siete dirigentes catalanes que llevan ms de un ao en prisin preventiva, por un delito que no han cometido pero que el aparato de la justicia de los fiscales s crey y cree ver. Sin embargo, los artculos 506 bis, 521 bis y 576 bis del Cdigo Penal Espaol, antes de 2005 contemplaban penas de crcel de tres a cinco aos de prisin e inhabilitacin a la autoridad que convocara procesos electorales o consultas populares por va de referndum, careciendo de competencias para ello, y penalizaba a quienes facilitaran, promovieran o aseguraran la realizacin de tales procesos o consultas. Pero los tres fueron derogados y suprimidos del Cdigo Penal en el ao 2005

Entonces, si estn derogados, cmo es posible que no siendo delito convocar una consulta popular que slo poda ser simblica y no vinculante, cuya finalidad era despejar para los gobernantes de una Comunidad Autnoma la proporcin de los favorables a la independencia y los que no lo eran, terminase encarcelando el Estado a siete personas y desembocando en un gravsimo conflicto poltico de funestas consecuencias personales, sociales y econmicas al menos para dicha Comunidad? La respuesta compleja slo puede estar en el predominio de la mentalidad autoritaria de los poderes del Estado, prolongacin de la franquista. Y la respuesta simple, en la bajsima calidad democrtica de este pas.

Y todo esto ocurre siendo as que, como se ha visto a lo largo de las muchas elecciones celebradas en estos cuarenta aos, Espaa, en trminos sociales, no es, ni mucho menos, mayoritariamente conservadora, es decir, neoliberal, es decir, privatizadora. Desde luego el nmero de votos a las izquierdas, ms la cifra de los que no votan da un resultado inequvocamente progresista, es decir socializante; habida cuenta que el abstencionismo es fruto de la desgana o del escepticismo, por definicin del talante de izquierdas que desconfa del poder, mientras ni la una ni el otro es cosa de las derechas que van siempre a por todas. (Hay, por cierto, un marcado paralelismo en esta cuestin con la democracia estadounidense. Pues en Estados Unidos la poblacin afroamericana y la hispana dan una tasa muy baja de participacin por el mismo motivo: una absoluta desconfianza en los poderes del Estado).

En definitiva, en Espaa el retraso democrtico hunde sus races (casi podramos decirlo as) en los genes de la poblacin ms activa y dominante configurada por una combinacin de una religiosidad fosilizada, de un componente abiertamente intolerante y de una idea contumaz sobre el concepto de unidad poltica: lo que hace mucho ms graves los problemas econmicos, sociales y econmicos que comparten todos los pases del sistema. No puede ser ms elocuente el siguiente dato: cinco planes de enseanza contrapuestos entre s, solamente en cuatro dcadas, lo dice todo sobre el dficit democrtico en este Estado espaol, que sigue siendo mitad republicano, mitad franquista; mitad prudente, mitad matona. Como antes de la guerra civil

Jaime Richart es antroplogo y jurista

Rebelin ha publicado este artculo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.



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